Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO 10: La itinerancia de los religiosos

CAPÍTULO 10

La itinerancia de los religiosos

Ahora, en tercer lugar, hay que ver las acusaciones contra los religiosos, motivadas por sus desplazamientos locales.

[Argumentos de la impugnación]

Alegan el dicho del Apóstol: Hemos oído que algunos entre vosotros andan inquietos (2 Tes 3,11). Por lo cual los catalogan [a los religiosos] como giróvagos.

Para burlarse, citan palabras de Agustín, el cual, señalando a ciertos monjes, dice: Verás que no han sido enviados a ninguna parte, que no tienen permanencia fija, que no están de pie ni sentados.

Jesús dice a los apóstoles: cuando entréis en una casa, permaneced allí (Mc 6,19). La Glosa refuerza la idea de estabilidad, diciendo: No está bien que el predicador ande correteando de casa en casa, sería una manera de violar lo establecido en materia de hospitalidad. También el evangelio de Lucas pide permanencia en la misma casa (Lc 10,7). La Glosa sobre este pasaje dice: No se puede permitir la superficialidad del vagabundeo; es necesario perseverar en la peculiar característica del amor que se abre a la hospitalidad.

Hace también al caso aquello de le di voces a causa de esto: todo es soberbia. Estate quieto (Is 30,7). La Glosa viene a confirmar la idea: quieto en tu tierra.

Por último, las palabras este pueblo prefirió vagar y no dio descanso a sus pies. Pero a Yahvé no le dio gusto (Jer 14,10).

[Exposición doctrinal de la cuestión]

Esta burla no es nueva. Como refiere Dionisio, en carta a Apolófano, cuando él era gentil, se burlaba de Pablo diciendo de él que era un «trotamundos», pues cumplía diligentemente el mandato del Señor, el cual dijo: Id al mundo entero y predicad el evangelio a toda la creación (Mc 16,15). Juan, por su parte, refiere otras palabras que el Señor dijo a los discípulos: Yo os he elegido para que vayáis y deis fruto (Jn 14,16).

Este desplazamiento de los predicadores está expresado ya en las palabras las nubes derraman su luz. Por los designios de Yahvé se revuelven las nubes en derredor, para hacer sobre la faz del mundo, en la tierra, lo que él les mande (Job 37,11-12). La Glosa lo explica diciendo: Las nubes que derraman su luz están significando a los predicadores santos, los cuales, obrando y hablando, hacen que se multipliquen unos modelos de vida que realizan su recorrido también en derredor, porque con la luz de la predicación iluminan el mundo entero, hasta sus extremos límites.

Se dice también: ¿Quién dio cauce a la lluvia torrencial? (Job 38,25). Tanto la Glosa como Gregorio ven en ello una referencia al predicador que va de un sitio a otro, en desplazamientos rápidos para repartir lluvia de gracia.

En Zac 6,7 se dice: Los más robustos de todos salieron y se fueron deseando caminar y moverse por toda la tierra. La Glosa entiende este pasaje de los predicadores apostólicos.

Acerca del pasaje saludad a los de la familia de Narciso (Rom 16,11), dice la Glosa: Hay referencia de que este Narciso era un presbítero, el cual, como quien hace peregrinación, se desplazaba para confirmar a sus hermanos ministros.

En Is 27,6 se lee: quienes con vigor y rapidez parten de Jacob llenarán con su semilla el mundo entero. La Glosa lo entiende de quienes salen para el recorrido de la predicación con la cual esparcen la buena semilla. El Salmo 18,5 dice de ellos que su voz resonó por toda la tierra.

En Prov 6,3 se dice: Ponte en camino, date prisa, haz despertar a tu amigo. La Glosa lo refiere al ministerio de despertar al amigo del sueño del pecado. Ahora bien, esto es lo que se pretende con la predicación. Por consiguiente, el desplazamiento de los predicadores motivado por la salvación de las almas, ha de ser encomiado.

En Ez 1,13 se dice: La visión hacía contemplar a quienes se desplazaban en medio de los animales. Sobre este pasaje dice Gregorio: Quienes tienen cura de almas y asumieron la responsabilidad de apacentar la grey, de ningún modo deben cambiar de sitio. Aquellos otros, sin embargo, que por amor de Dios se desplazan para predicar son ruedas que arden en su fuego, porque, yendo de lugar en lugar y ardiendo en deseo de él, con aquello en que arden encienden a los demás. En este pasaje se contienen dos cosas importantes, a saber: quienes no son prelados pueden predicar y estos predicadores deben ir de lugar en lugar, sin permanecer en uno solo.

Sobre el pasaje de Ez 1,24 cuando se movían, hacían ruido como de multitud, como vocerío de campamentos, dice también Gregorio: Otros son como campamentos de predicadores que van de sitio en sitio y trabajan por guardar las almas dentro del recinto del bien obrar.

Después de todo lo dicho es evidente que la itinerancia de los predicadores para procurar el bien de las almas, es una práctica merecedora de encomio.

[Respuesta a los argumentos de la impugnación]

La Sagrada Escritura desaprueba la itinerancia por tres motivos. Cuando procede de inconstancia o ligereza de espíritu, como ocurre principalmente en quienes van de una parte a otra sin producir fruto. También, cuando por codicia de bienes terrenos, alguien viaja en busca de ganancias. Por último, cuando el desplazamiento o cambio de lugar obedece a una intención torcida que busca el mal. Acerca de estos tres motivos se encuentran pasajes bíblicos. En la carta de Judas, por ejemplo, se lee: ¡Ay de ellos! Han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré (v.11). Es el caso de quienes van de sitio en sitio, con intención pecaminosa. Continúa la carta: Éstos son manchas en los banquetes que, comiendo impúdicamente, se apacientan a sí mismos; nubes sin agua llevadas de acá para allá por los vientos (v.12). Son los que viajan por codicia de bienes. Por último: Arboles otoñales que no dan fruto (v.12). Son los superficiales.

Cuando el Apóstol reprende a algunos por inquietos, se refiere a la ligereza o a la codicia, como se ve por lo que añade la Glosa citada: Son quienes con bochornosa solicitud buscan lo necesario, creando desasosiego.

De manera semejante, lo que dice Agustín de algunos monjes nunca enviados, nunca fijos, nunca de pie, nunca sentados, es una reprensión para quienes andan de lugar en lugar por ligereza. O quizá más por codicia, porque añade que cambiaban de sitio en busca de ganancias.

Los pasajes de Mc 6,19 y de Lc 10,2 prohíben claramente cambiar de una casa para otra, es decir, cambiar de hospedaje. Es un cambio motivado frecuentemente por la codicia, como ocurre a quienes no contentos con lo que tienen, buscan cosas más exquisitas. Por esto van de casa en casa.

Lo de Is 30,7 se refiere a la ligereza de espíritu, a causa de la cual el hombre no queda fijo en Dios, y anda cambiando por ver si encuentra reposo. Esto precisamente es lo que, como reprensión, se dice a los judíos que, no poniendo la confianza en el auxilio divino, querían retornar a Egipto, para vivir bajo la protección de los egipcios.

De manera semejante, lo que se dice en Jer 14,10 está motivado por la ligereza, como lo muestran las palabras mismas: tiene el gusto de andar moviéndose. Para quienes se mueven por ligereza, el moverse es un gusto. La Glosa aplica el movimiento de los pies a los cambios afectivos.

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