Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO 18: Requisitos del estado de perfección

CAPÍTULO 18

Requisitos del estado de perfección

Como ha sido dicho ya, la perfección no es sólo hacer lo perfecto, sino también prometerlo con voto. De ambas cosas se da consejo, como ha sido dicho también. Quien practica una obra por voto alcanza una doble perfección. Se ve, por ejemplo, en la continencia. Quien se limita a guardarla, se ejercita en una sola forma de perfección; en cambio, quien se obliga a ella por voto y lo cumple, consigue la perfección de la continencia y la del voto.

La perfección derivada del voto cambia la condición de la persona, por cuanto se dice que la libertad y la servidumbre son condiciones o estados diversificados de vida. En este sentido hay que entender las palabras del Papa Adriano, cuando dice: Si surge la necesidad de hacer interpelación por causa capital o relativa al estado, no se ha de actuar por medio de terceros sino personalmente.

Cuando uno promete guardar continencia, se quita a sí mismo la libertad de casarse. Quien sin voto guarda castidad, no se priva de aquella libertad. Por consiguiente, su condición eclesial no sufre cambio, como de hecho lo sufre la de quien hace voto. En el orden humano, ocurre algo semejante. Si uno presta servicios a otro, no introduce cambio alguno en su condición; pero si se obliga a servir, su condición cambia.

La libertad puede uno quitársela totalmente, o sólo respecto a alguna cosa. Si alguien, ante Dios o ante otro hombre, se obliga a hacer alguna cosa especial por algún tiempo, no se quita la libertad más que en relación con aquello a que se obligó. En cambio, si alguien se pone por completo bajo la potestad de otro, sin reservarse libertad para nada, esa persona cambió condición y se sometió a servidumbre total.

Ahora basta hacer la aplicación. Si alguien hace a Dios voto de una obra particular, como, por ejemplo, una peregrinación, un ayuno, o cosa semejante, no cambió su condición ni su estado más que en relación con aquello a que se obligó. Pero quien, con voto, se obliga ante Dios para servirle durante toda la vida en obras de perfección, hizo un cambio total en su condición o estado de vida: asumió la condición y estado de perfección.

Puede ocurrir que alguien practique obras de perfección sin haber hecho voto de ellas, como puede ocurrir también que quienes se obligan para toda la vida a obras de perfección no las cumplan. Queda, pues, claro que hay cristianos perfectos que no tienen estado de perfección, y que hay también quienes, teniendo estado de perfección, no son perfectos.

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