Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO 23: Calumnias a los religiosos como lobos, ladrones, depredadores de casas

CAPÍTULO 23

Calumnias a los religiosos como lobos, ladrones, depredadores de casas

Ahora hay que ver cómo cargan sobre los religiosos aquellos crímenes que se cometen a través de todo el desarrollo del tiempo de la Iglesia; entre ellos sobresale el de considerarlos ladrones, salteadores y depredadores de casas.

Lo de ser ladrones y salteadores, pretenden demostrarlo porque, según ellos dicen, cuando [los religiosos] oyen confesiones, predican y enseñan, no entran por la puerta en el redil de las ovejas (cf. Jn 10,1). Con esto quedan convictos de vivir en la ‘insipiencia’. La puerta es Cristo, como dice la Glosa acerca del lugar citado. El prelado no puede ser llamado puerta; por lo cual la citada Glosa dice: El ser puerta, Cristo lo reservó para sí mismo solamente. El hecho de no entrar por la puerta no quiere decir que alguien no entra a través del prelado, sino que no entra a través de Cristo. Como ejemplo, se puede pensar en los judíos, los gentiles, los filósofos, los fariseos y los herejes: de acuerdo con lo que la citada Glosa dice seguidamente. Éstos son llamados ladrones, porque lo que es ajeno, dicen ser suyo; o sea, presumen que las ovejas de Dios son de ellos. Como resultado, no las convierten a la doctrina de Cristo, sino a la de ellos mismos. Son también salteadores, porque lo que roban lo matan, apartando de la fe: como se puede ver por diversas palabras de Glosas acerca del tema. Aunque el nombre de ladrones y salteadores fuese dado a quienes anuncian doctrina verdadera, sin contar con los prelados de la Iglesia, es evidente que esto no podría ser aplicado a los religiosos, como está bien claro por lo anteriormente dicho: a no ser que alguien profese el error de pensar que el obispo y el papa no son prelado inmediato de cualquiera que está sometido al párroco.

Los llaman también lobos rapaces, porque, según dicen, cuando se acercan a los fieles de Cristo para administrarles los alimentos espirituales, en su interior buscan ser alimentados con los bienes corporales de ellos, de manera semejante a como los lobos se acercan a las ovejas para comer sus carnes. En esto quedan manifiestamente convictos de voluntad de engañar. Está bien claro que el Señor distingue entre mercenario y lobo (cf. Jn 10,12). Lo que cargan al lobo, la Glosa lo atribuye al mercenario, diciendo: Es mercenario quien busca lo suyo, no lo de Cristo; quien sirve a Dios, no por Dios, sino con el fin de recibir alguna recompensa. Quienes pecan solamente en esto, o sea, en ir tras de lo temporal y hacerlo motivo de predicación, son mercenarios, no lobos, a no ser que ellos, con su poder, causen destrozos corporales, como los tiranos, o arruinen los espíritus, como el diablo y los herejes, que vienen a ser sus ministros: que es lo que dice la Glosa acerca del lugar citado. El Apóstol nos instruye acerca del particular diciendo: Sé que después de mi partida vendrán a vosotros lobos rapaces. A este respecto dice la Glosa: Se trata de los herejes, astutos para engañar, firmes en la discusión, crueles hasta dar muerte. Lo de Mt 7,15, por dentro son lobos rapaces, lo expone la Glosa diciendo que esto se entiende especialmente los cuales, con un espíritu lleno de veneno y con el afán de hacer daño, son lobos rapaces; si tienen posibilidad de perseguir, actúan a la vista; o, en todo caso, corrompen la interioridad [deforman la fe]. Por lo dicho anteriormente, se comprende cuánta es la temeridad de quienes, juzgando acerca de algunas personas, les atribuyen que buscan principalmente bienes corporales, aunque éstos los reciban cuando ellos siembran los espirituales.

Los censuran también de ser invasores de las casas por el hecho de que oyen confesiones sin licencia de los párrocos, con lo cual perturban las casas de las conciencias. Como prueba alegan la explicación dada por una Glosa. En relación con las palabras hay entre ellos quienes se introducen en las casas (2 Tim 3,6) se dice: Se introducen en las casas, es decir, escudriñan la peculiaridad de cada uno y a quienes consideran idóneos se los llevan cautivos. Ahora bien, no podrían escudriñar la peculiaridad de cada uno si no oyeran confesiones. Dado que pretenden tener firme apoyo en esta ‘autoridad’, veamos cuál es su sentido.

Un poco antes, el Apóstol dice: En los últimos días sobrevendrán tiempos difíciles, porque habrá hombres que sólo se aman a sí mismos, avaros, altivos, orgullosos… (2 Tim 3,1-2). Últimos días, como dice Agustín en carta a Hesiquio, a veces remite al tiempo de los apóstoles. Las palabras de Joel relativas a la efusión del Espíritu en los últimos días (cf. JI 2,28) se cumplieron, según Pedro, el día de Pentecostés (cf. Hch 2,17). A veces, día último es el último de todos, como cuando Jesús dice: Yo lo resucitaré en el último día (Jn 6,55). En el caso de que ahora se trata, ‘últimos días’ son los más cercanos al último de todos, puesto que el Apóstol dice con referencia al futuro: Sobrevendrán tiempos peligrosos… Este pasaje parece estar en la línea de palabras evangélicas, según las cuales la caridad de muchos se enfriará y la perversidad abundará (Mt 24,12). Por este motivo, la Glosa añade: Por esto el Apóstol, acerca de las citadas palabras del Apóstol habrá hombres apegados a sí mismos, dice lo siguiente: Las palabras del Apóstol no quieren decir que no haya habido tiempo alguno en que no hayan existido los vicios de que hace enumeración, sino que en el futuro crecerán a causa del acrecentamiento de la perversidad. En la Iglesia primitiva había también quienes abundaban en otros muchos vicios. De lo contrario, carecería de sentido decir a Timoteo que evitase también a ésos. Y, dando la impresión de que Timoteo le pregunta: ¿Cómo podré evitar a quienes todavía no están presentes?, el Apóstol responde: entre ellos están quienes revuelven las casas. Los vicios señalados antes son cosa del futuro. Pero cuando dice: entre ellos están quienes revuelven las casas, habla en presente. Por eso dice ‘revuelven’, no ‘revolverán’; los llevan cautivos, no los ‘llevarán’. No cabe pensar que en este pasaje el Apóstol haya sufrido la confusión de poner en presente lo que debería haber puesto en futuro. Ya Agustín lo hizo notar en la carta que acaba de ser citada. Por consiguiente, en la Iglesia primitiva había quienes eran conocidos por revolvedores de casas, o sea, hombres envueltos en aquellos vicios de los cuales, en los últimos tiempos, habrá mayor abundancia.

Quiénes hayan sido éstos, lo dice más expresamente en otra parte: Hay muchos indisciplinados, charlatanes, embaucadores, sobre todo los de la circuncisión, a los cuales es preciso hacer callar; revuelven completamente las casas, enseñando lo que no deben por afán de torpe ganancia (Tit 1,10-11). Por consiguiente, cuando habla de quienes ‘revuelven las casas’, está hablando de quienes ocultamente daban vueltas por las casas, enseñando falsa doctrina, ya se trate de la casa de la conciencia, ya de la material, y atrapaban con las ataduras del error. Por eso el Apóstol hace notar que eran personas de mente corrompida, cuya fe merecía reprobación. El Apóstol no dice lo que éstos [los maestros de París] pretenden, o que quienes ahora son los revolvedores de casas, en el futuro vayan a ser quienes profesen fe errada, merecedora de desaprobación. Esto es evidente, porque el Apóstol sigue hablando en presente. Dice, por ejemplo: Éstos se oponen a la verdad (2 Tim 3,8). Y de manera parecida dice después: No tendrán resultado, porque su insensatez es manifiesta (v.9). En relación con el tema, dice la Glosa: La manifestación es realizada por los buenos, principalmente por Juan, a través del cual predice que, en Asia, los herejes serán desbaratados. Con esto queda claro que el Apóstol habla de los herejes. Por lo cual, aun dado que los religiosos oyeran confesiones sin licencia de los prelados, siempre que no sembraran doctrina herética, no podrían ser calificados con las palabras usadas por el Apóstol.

De este modo queda excluida la invención con que fantasean a propósito de estas palabras del Apóstol, o sea, que los religiosos que oyen confesiones son señal de que están amenazando los peligros de los últimos tiempos. La legitimidad y el provecho del ministerio de los religiosos, en lo relativo a oír confesiones, consta por lo ya dicho cuando se trató de esto.

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