Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO 25: Razones que pretenden demostrar el estado de perfección de arcedianos y párrocos aunque no se constituyan mediante alguna bendición o consagración

CAPÍTULO 25

Razones que pretenden demostrar el estado de perfección de arcedianos y párrocos aunque no se constituyan mediante alguna bendición o consagración

Anteriormente se demostró que ni arcedianos ni párrocos se encuentran en estado de perfección. Veamos ahora cómo intentan eludir estas pruebas. Se dijo anteriormente que lo que en la Iglesia constituye estado es conferido con alguna consagración o bendición: lo cual no se cumple en la encomienda de la parroquia o del arcedianato. Esta prueba intentan desvirtuarla de muchos modos.

Lo primero que se alega es que en la consagración tanto del obispo como del sacerdote, las palabras empleadas son las mismas: Sean consagradas y santificadas, Señor, estas manos…

Si se dice que al obispo le es dada la unción en la cabeza y al sacerdote no, esto no viene a propósito: Antiguamente también eran ungidos en la cabeza los reyes, los cuales no pueden reclamar para sí un estado de perfección. Por consiguiente, la unción en la cabeza no da motivo para decir que el obispo se halla en un estado de perfección superior al del presbítero con cura pastoral.

El mérito se adquiere no por la consagración, sino por las buenas obras. A veces es consagrado un mal obispo; y esto, más bien, hace desmerecer. A este respecto, el derecho dice: El que vive en estado más honorífico, no por eso es más justo; antes bien, el más justo merece un honor más alto. Se dice también: No es el lugar ni la ordenación recibida lo que nos hace estar cercanos a Dios. Lo que nos acerca o nos aparta de él son nuestros méritos buenos o malos. Por último: Ocupan el lugar de los santos no los hijos de los santos, sino aquellos que practican las obras de los santos. Por consiguiente, el hecho de que los obispos hayan recibido una consagración de nivel más alto no implica que se encuentren en un estado más perfecto que el de los párrocos.

La consagración en la cabeza es más bien un signo y grado de sacerdocio. Ahora bien, el episcopado no es un orden nuevo, sino un grado en el orden: de otro modo habría más de siete órdenes. Ahora bien, la perfección de la caridad pertenece al mérito de la santidad, no a un grado del orden. Por consiguiente, la unción en la cabeza que confiere a los obispos un grado superior de sacerdocio en el orden, no los coloca en un estado más perfecto.

El obispo instituye al arcediano, al sacerdote rural, al párroco mediante un libro o con un anillo, como consta en el derecho. Cuando el Papa manda que en una iglesia alguien sea instituido canónigo, o hermano, o servidor rural, o párroco, manda que sea instituido con todos los honores. Así, pues, arcedianos y párrocos poseen un estado del que no pueden ser removidos.

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