Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO 7: Perfección de amor divino que cae bajo consejo

CAPÍTULO 7

Perfección de amor divino que cae bajo consejo

El Apóstol, después de haber dicho no es que la haya alcanzado ya, es decir, que haya logrado la perfección, añade esto otro: Sigo en pos de ella, por si logro apresarla. Y hace esta reflexión: Todos los que somos perfectos, pensemos esto mismo (Flp 3,12-15). De estas palabras se sigue claramente que, si bien la perfección de los comprehensores no nos es posible en esta vida, debemos, sin embargo, vivir con la aspiración de que, en la medida de lo posible, alcancemos alguna semejanza de aquella perfección. En esto consiste una perfección posible en esta vida, a la cual somos invitados por medio de los consejos [evangélicos].

Es un hecho manifiesto que el corazón humano se dirige tanto más intensamente a lo uno cuanto más apartado está de aquello en que hay muchas cosas. Por consiguiente, el espíritu del hombre es llevado a amar a Dios con tanta mayor perfección, cuanto más separado está de apego a las cosas temporales. Por lo cual dice Agustín que el veneno dela caridad es la codicia de bienes temporales; cuando la codicia disminuye, la caridad aumenta. Y cuando la codicia desaparece, la caridad llega a perfección.

Ahora bien, todos los consejos por los que somos invitados a la perfección, se orientan a esto: a que el espíritu del hombre se aparte del apego a cosas temporales para que, de este modo, la mente tienda con mayor libertad hacia Dios, por la contemplación, el amor y el cumplimiento de su voluntad.

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