Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO C: Las substancias separadas conocen lo singular

CAPÍTULO C

Las substancias separadas conocen lo singular

Si las semejanzas de las cosas están en el entendimiento de la substancia separada de modo más universal que en nuestro entendimiento y tienen más eficacia para ser conocidas por ellas, las substancias separadas no sólo conocen lo material en su razón de género y diferencia, como nuestro entendimiento, sino en cuanto individuos.

Las especies de las cosas que existen en el entendimiento deben de ser inmateriales; mas no pueden ser principio de conocer les singulares al modo que están en nuestro entendimiento, individuadas por la materia; por aquello de que en nuestro entendimiento están tan coartadas, que una sólo conduce al conocimiento de una cosa. De donde, así como la semejanza de la naturaleza del género no puede darnos el conocimiento del género y de la diferencia, rara así conocer la especie, de la misma suerte no llevan al conocimiento de los principios individuantes, que son principios materiales, para por ellos conocer al individuo en su singularidad. Mas la semejanza del entendimiento de la substancia separada es de capacidad universal; siendo una e inmaterial, puede conducir al conocimiento de los principios de la especie y de los individuantes, de modo que la substancia separada no sólo conozca la naturaleza del género y de la especie, sino también el individuo con su intelección; no siguiéndose que la forma, por la que conoce, sea material o que sean infinitas según el número de individuos.

Lo que puede una potencia inferior puédelo la superior de modo más eminente. Por lo tanto, si necesita para obrar de muchos, la superior obra con uno solo, ya que cuanto es más superior, tanto más se recoge en sí y se da unidad, mientras que la inferior se divide y multiplica; por eso vemos que los diversos géneros de sensibles que caen bajo cinco sentidos percíbelos la sola potencia del sentido común. Ahora bien, el alma humana es de inferior orden que la substancia separada, y es cognoscitiva de lo universal y singular por el sentido y el entendimiento; en cambio, aquélla es más alta, conociéndolos por manera más alta con sólo el entendimiento.

Las especies inteligibles de las cosas llegan a nuestro entendimiento y al de la substancia separada por orden inverso: al nuestro, por vía de resolución, por abstracción de las condiciones materiales e individuantes; de aquí que por ellas no conocemos lo singular. Al entendimiento de la substancia separada llegan por vía de composición, pues la tienen en cuanto que se asemejan a la primera especie inteligible del entendimiento divino, que no está abstraída, sino que es factiva de las cosas, no ya sólo de la forma, sino también de la materia, que es el principio de individuación. En consecuencia, no están privadas las substancias separadas del conocimiento de los singulares, aunque el nuestro no los pueda conocer.

Si los astros son movidos por substancias separadas, según opinión de los filósofos, y no obran ni mueven éstas sino por el entendimiento, conviene que conozcan a su móvil, que es algo particular, pues lo universal es inmoble. No pueden desconocer los sitios mismos que se renuevan con el movimiento y son singulares. Por todo lo cual, hemos de decir que las substancias separadas conocen los singulares de estas cosas materiales.

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