Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO I: Conexión de lo que sigue con lo anterior

CAPÍTULO I

Conexión de lo que sigue con lo anterior

Medité en todas tus obras y consideré lo hecho por tus manos (Ps. 143,5).

No es posible conocer una cosa a perfección desconociendo su obrar, porque por el modo y clase de la acción se aprecia el alcance y carácter de la facultad, que a su vez muestra la naturaleza de la cosa, ya que todo agente tiende a obrar según la naturaleza que le cabe en suerte cuando va a obrar.

Mas hay dos clases de acciones, según enseña el Filósofo en el libro IX de los “Metafísicos”: unas que permanecen en el agente y le perfeccionan, como el sentir, el entender y al querer; otras que tienen un efecto exterior y son perfección del efecto mismo que es resultado de la acción, colmo el calentar, el cortar y el edificar.

Ambas convienen a Dios: unas, en cuanto entiende, quiere, goza y ama; otras, en cuanto da el ser a las cosas, las conserva y las gobierna. Mas como las acciones de la primera clase son perfección del agente, y las de la segunda lo son del efecto, y, por otra parte, el agente precede por naturaleza al efecto y es causa del mismo, es natural que las primeras sean razón de las segundas y las precedan naturalmente, como la causa al efecto. Cosa que aparece manifiesta en lo humano, pues el plan y el propósito del arquitecto son principio y razón de la edificación.

Por esto, la primera de estas acciones, como simple perfección del agente, se apropia el nombre de “operación” o de “acción”, mientras que la segunda, por ser perfección de la obra, toma el nombre de “factura”; de donde viene “manufactura”, pues así se llama a lo que procede del arquitecto en virtud de esta acción.

De la primera de estas acciones divinas ya hablamos en el libro anterior, donde se trató del conocimiento y voluntad divinos. De aquí que, para dar un tratado completo de la verdad divina, falta estudiar ahora la segunda clase de acciones, a saber: aquellas por las cuales Dios produce y gobierna las cosas.

El orden a seguir lo podemos tomar de las palabras que nos han servido de lema. En efecto, habla éste, en primer lugar, de lo perteneciente a la meditación de la primera clase de acciones al decir: “Medité en todas tus obras”, refiriéndose “obras” al entender y querer divinos; y continúa hablando de la meditación de la “hechura”, cuando dice: “y consideré lo hecho por tus manos”, dándonos a entender con esto de “efectos de sus manos” el cielo, la tierra y todo aquello cuyo ser depende de Dios, como del arquitecto proceden las manos de obras.

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1 comentario

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  1. Es sabio aquel que al iniciar la obra conoce el buen fin de ella por que fur motivada para el bien de los individuos la satisfaccion del arquitecto es ver el cumplimiento de la obra

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