Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LII: Ninguna substancia creada puede llegar por su propio poder a ver a Dios por esencia

CAPÍTULO LII

Ninguna substancia creada puede llegar por su propio poder a ver a Dios por esencia

No es posible que una substancia creada pueda alcanzar por su propio poder aquel modo de visión divina.

Lo que es propio de una naturaleza superior no puede ser alcanzado por la inferior sin la acción de la naturaleza superior a la cual pertenece: así, el agua no puede ser cálida sin la acción del fuego. Como el ver a Dios por la misma esencia divina es lo propio de la naturaleza divina -pues es propio de quien obra que obre por su propia forma-, síguese, pues, que ninguna substancia intelectual puede ver a Dios por la misma esencia divina si El no lo hace.

La forma propia de un ser no se convierte en forma de otro sin que él lo haga, pues el agente hace algo semejante a sí al comunicar a otro su propia forma. Ahora bien, no es posible ver la substancia de Dios si la misma esencia divina no es forma del entendimiento por la cual entienda, según se probó (c. prec.). Luego es imposible que una substancia creada llegue a dicha visión sin contar con la acción de Dios.

Si dos cosas se han de unir de manera que una sea el elemento formal y la otra el material, es preciso que la unión de ambos se realice por la acción de aquello que constituye lo formal y no por la del elemento material, pues la forma es principio de acción y la materia lo es de pasión. Para que el entendimiento creado vea la substancia de Dios es preciso que la misma esencia de Dios se una al entendimiento como forma inteligible, según hemos probado (cf. antes). Luego no es posible que ningún entendimiento creado llegue a dicha visión sin contar con la acción divina.

“Lo que es por si es causa de aquello que es por otro”. El entendimiento divino ve por sí mismo la substancia divina, pues él es la misma esencia divina, por la cual se ve la substancia de Dios, como se probó en el libro primero (c. 45). Pero el entendimiento creado ve la substancia divina por la esencia misma de Dios, como por otro distinto de sí. Luego tal visión no puede sobrevenir al entendimiento creado sin la acción de Dios.

Todo lo que rebasa los límites de una naturaleza no puede sobrevenirle sin la acción de otro, como el agua no tiende hacia arriba si otro no la mueve. Ahora bien, el ver la substancia de Dios trasciende los límites de toda naturaleza creada; pues lo propio de toda naturaleza creada es que entienda en conformidad con su modo de ser substancial, y así no puede entender la substancia divina, como antes se demostró (c. 49). Luego es imposible que por un entendimiento creado se llegue a tal visión de la substancia divina sin la acción de Dios, el cual trasciende a toda criatura.

Por esto se dice a los Romanos: “La gracia de Dios es la vida eterna”. Pues hemos demostrado que en esa visión divina consiste la felicidad del hombre, que se llama vida eterna; a la cual decimos que únicamente llegamos por la gracia de Dios, porque tal visión excede todo el poder de la criatura, y no es posible llegar a ella sin un don divino; y todo cuanto le viene a la criatura de este modo se considera como gracia de Dios. Pues dice el Señor en San Juan: “Me manifestaré yo mismo a él”.

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