Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LVIII: Dios no entiende componiendo y dividiendo

CAPÍTULO LVIII

Dios no entiende componiendo y dividiendo

Apoyándonos en los mismos principios, podemos establecer que el entendimiento divino no conoce a modo de entendimiento que sintetiza y analiza. En efecto:

Dios conoce todas las cosas viendo su esencia. Y no conoce su esencia componiendo y dividiendo, pues se conoce a sí mismo tal como es, y en El no hay composición. No conoce, por lo tanto, a modo de entendimiento que sintetiza y analiza.

Los objetos que son compuestos y divididos por el entendimiento, están en condición de ser considerados por él mismo separadamente, pues no habría necesidad de composición y división si, por el hecho de aprehender lo que es un objeto cualquiera, se descubriese ya lo accidental que en gel mismo hay o no hay. Si, pues, Dios conociese a modo de entendimiento que compone y divide, seguiríase que no consideraría todos los seres en un solo acto intuitivo, sino cada uno por separado. Pero ya se ha demostrado lo contrario anteriormente.

En Dios no puede haber anterior y posterior. Ahora bien, la composición y división es posterior a la consideración de la quididad, que es su principio. Por lo tanto, en la operación del entendimiento divino es imposible la composición y división.

La quididad es el objeto propio del entendimiento; por esto acerca de ella no se equivoca sino accidentalmente; y, en cambio, se equivoca en la composición y división. Igualmente, el sentido siempre es verdadero cuando se trata de objetos propios y se equivoca acerca de los otros objetos. Ahora bien, en el entendimiento divino no hay algo accidental, sino sólo lo que es esencial. Por lo tanto, en él no se da composición y división, sino únicamente la simple aprehensión del objeto.

La composición de una proposición formada por el entendimiento, que compone y divide, existe en el entendimiento, no en el objeto exterior. Si pues, el entendimiento divino juzga de las cosas de la misma manera que un entendimiento que compone y divide, será un entendimiento compuesto. Pero esto es imposible.

El entendimiento que compone y divide juzga de los diferentes objetos e o n diversas composiciones, pues la composición del entendimiento no excede los términos de la misma composición; y por esto no juzga con la misma composición que el triángulo es una figura geométrica y que el hombre es animal. La composición o la división es una operación del entendimiento. Si, pues, Dios considera las cosas componiendo y dividiendo, síguese que su entendimiento no es uno, sino múltiple; y, en consecuencia, su esencia tampoco es una, como quiera que su operación intelectual es su esencia.

Sin embargo, no es licito afirmar, basándonos en esto, que ignore lo que se enuncia por una proposición. Porque su esencia, siendo una y simple, es el ejemplar de todos los seres múltiples y compuestos. Y, por lo tanto, mediante ella, Dios conoce toda multitud y composición, tanto natural como de razón.

Además, esta doctrina es conforme a lo que dice la Sagrada Escritura, pues se lee en Isaías: “Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos”. Y, sin embargo, se dice en el Salmo: “Dios conoce los pensamientos de los hombres”; pensamientos que resultan de la composición y división del entendimiento.

El Dionisio dice también: “La sabiduría divina, conociéndose a sí misma, conoce todas las cosas: las materiales, inmaterialmente; las divisibles, indivisiblemente; las muchas, juntamente”.

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