Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LXI: Por la visión de Dios se hace uno participante de la vida eterna

CAPÍTULO LXI

Por la visión de Dios se hace uno participante de la vida eterna

Lo que hemos dicho demuestra que el entendimiento creado se hace participante de la vida eterna por dicha visión.

La eternidad se diferencia del tiempo en que éste logra su ser a través de cierta sucesión, mientras que la eternidad tiene todo su ser simultáneamente. Y ya hemos demostrado que en dicha visión no hay sucesión alguna, puesto que todo cuanto por ella vemos se ve simultáneamente y con una sola mirada. Luego tal visión se perfecciona con cierta participación de la eternidad. Pues dicha visión es cierta vida, ya que la acción del entendimiento es un cierto vivir. Según esto, el entendimiento creado se hace participante de la vida eterna por dicha visión.

Los actos se especifican por sus objetos. Ahora bien, el objeto de dicha visión es la substancia divina en si misma y no una semejanza creada de ella (c. 50), como se demostró Pero el ser de la substancia divina es eterno, mejor, la misma eternidad. Luego dicha visión es una participación de la eternidad.

Si una acción se da en el tiempo, será o por causa del principio de acción, que se encuentra en el tiempo, como las acciones de las cosas naturales son temporales; o será por causa del término de la operación, como las substancias espirituales -que están sobre el tiempo-, las cuales ejercen su actividad sobre las cosas sujetas a tiempo. Pero dicha visión no se da en el tiempo por parte de lo que se ve, pues esto es la substancia eterna. Ni tampoco por parte de aquello por lo que vemos, que es también la substancia eterna. Ni siquiera por parte del que ve, que es el entendimiento, cuyo ser no está sujeto al tiempo, puesto que es incorruptible, según probamos (l. 2, capítulos 55, 59). Luego tal visión se da participando la eternidad, al Margen absolutamente del tiempo.

El alma intelectiva ha sido creada “en el confín de la eternidad y del tiempo”, como se dice en el libro “De las causas”, y puede verse por lo ya expuesto (l. 2, c. 68); pues es la última en el orden de los seres inteligibles, y, sin embargo, su substancia está sobre toda materia corporal, sin depender de ella. Pero la acción con que se une a las cosas inferiores, que están en el tiempo, es temporal. Luego la acción con que se une a las superiores, que están sobre el tiempo, participa de la eternidad. Ahora bien, la principal acción de esta clase es la visión con que ve la substancia de Dios. Luego por semejante visión se hace participante de la eternidad, y, por la misma razón, cualquier entendimiento creado que vea a Dios.

Por esto dice el Señor en San Juan: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero”.

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