Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LXIII: El alma no es el temperamento, como dijo Galeno

CAPÍTULO LXIII

El alma no es el temperamento, como dijo Galeno

Parecida a la opinión de Alejandro sobre el entendimiento posible es la opinión del médico Galeno sobre el alma. Pues dice que el alma es el “temperamento”. Movióse a afirmar esto en vista de que diversos temperamentos producen en nosotros diversas pasiones, las cuales se atribuyen al alma; así, los que tienen cierta complexión, por ejemplo, colérica, fácilmente se aíran; mientras que los melancólicos fácilmente se entristecen. Esta opinión, por consiguiente, puede refutarse por las mismas razones con que se refutó la opinión de Alejandro y con otras propias.

Demostróse ya anteriormente que la operación del alma vegetativa y el conocimiento sensitivo exceden el poder de las cualidades activas y pasivas; y mucho más las excede la operación del entendimiento. Y como el temperamento es producido por las cualidades activas y pasivas, no puede ser, por tanto, principio de las operaciones del alma. Por consiguiente, es imposible que cualquier alma sea el temperamento.

Como el temperamento es algo constituido de cualidades contrarias y como un medio entre las mismas, es imposible que sea forma substancial, porque “la substancia ni tiene contrario ni es susceptiva de más o de menos”. Mas el alma es forma substancial y no accidental; de lo contrario, no se obtendría por el alma el género o la especie. Luego el alma no es el temperamento.

El temperamento no mueve al cuerpo animal con movimiento local. De ser así, seguiría el movimiento del dominante y siempre tendería hacia abajo. Sin embargo, el alma mueve al animal en todas direcciones. Luego el alma no es el temperamento.

El alma rige al cuerpo y resiste a las pasiones que brotan del temperamento. Porque, por temperamento, unos son más inclinados que otros a las concupiscencias o a las iras, y, a pesar de esto, se abstienen sobremanera por algo que los frena, como sucede con los continentes. Y esto no lo hace el temperamento. Luego el alma no es el temperamento.

Parece que Galeno se equivocó por no haber considerado que las pasiones se atribuyen unas veces al temperamento y otras al alma. Porque atribúyense al temperamento como a causa disponente y en razón de lo que hay de material en ellas, como es el hervor de la sangre y otras cosas semejantes; mientras que al alma se atribuyen como a su causa principal y en razón de lo que es formal en las mismas, como el apetito de venganza con respecto a la ira.

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