Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LXV: El alma no es cuerpo

CAPÍTULO LXV

El alma no es cuerpo

Y hubo otros, más equivocados, que dijeron que el alma es cuerpo. Bastará refutar en común sus opiniones, aunque son varias y diversas.

Los vivientes, como son cosas naturales, están compuestos de materia y forma. Pues compónense de cuerpo y alma, la cual los hace vivientes en acto. Por tanto, uno de estos componentes ha de ser la forma y el otro la materia. Mas el cuerpo no puede ser la forma, porque el cuerpo no está en otro como en su materia y sujeto. Luego el alma es la forma. Por consiguiente, el alma no es cuerpo, porque ningún cuerpo es forma.

Es imposible que dos cuerpos ocupen el mismo sitio simultáneamente. Es así que el alma no está separada del cuerpo mientras vive. Luego el alma no es cuerpo.

Todo cuerpo es divisible. Y todo divisible precisa de algo que una y contenga sus partes. Si, pues, el alma fuera cuerpo, tendría algo que la contendría; y ello fuera mejor el alma, porque vemos que, apartándose el alma, el cuerpo se disuelve. Y si el continente fuera nuevamente divisible, debería llegarse a algo indivisible e incorpóreo, que sería el alma; o proceder “in infinitum”, que es imposible. Luego el alma no es cuerpo.

Como ya se probó anteriormente (c. 13) y se prueba en el VIII de los “Físicos”, todo semoviente puede ser considerado en dos aspectos, como moviente no movido y como movido. El animal es semoviente: quien mueve en él es el alma, y el cuerpo es el movido. Luego el alma es moviente no‑movido. Y como ningún cuerpo mueve si no es movido, como ya se dijo (lib. 1, c. 20), por consiguiente, el alma no es cuerpo.

Demostróse anteriormente (c. 62) que el entender no puede ser acción de un cuerpo. Es acto del alma. Luego por lo menos el alma intelectiva no es cuerpo.

Es fácil refutar los argumentos de quienes se empeñaron en probar que el alma es cuerpo. Declaran estos que el alma es cuerpo, basándose en que el hijo se asemeja al padre incluso en los accidentes del alma, a pesar de que el hijo es engendrado por el padre por escisión corporal. Segundo, porque el alma padece juntamente con el cuerpo. Y tercero, porque se separa del cuerpo, y separarse es propio de cuerpos tangentes.

Mas en contra de esto ya se dijo (c. 63) que la complexión del cuerpo es algunas veces causa de las pasiones del alma, pero causa dispositiva. Además, el alma padece con el cuerpo accidentalmente, porque, como es forma del cuerpo, movido éste, se mueve ella accidentalmente. Además, el alma se separa del cuerpo no como el tangente de lo que toca, sino como la forma de la materia. Aunque existe un cierto tacto de lo incorpóreo a lo corpóreo, como anteriormente se demostró (c. 56).

Dio origen a esta opinión la creencia de muchos, que pensaban que lo que no es cuerpo no existe, los cuales no tuvieron valor para trascender la imaginación, que versa únicamente sobre lo corpóreo. Esta opinión se atribuye a los insensatos, quienes dicen del alma: “Humo y aire es nuestro aliento, y el pensamiento una centella del latido de nuestro corazón”.

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