Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LXVI: Nada da el ser si no obra por virtud divina

CAPÍTULO LXVI

Nada da el ser si no obra por virtud divina

Esto demuestra que ningún agente inferior da el ser si no obra por virtud divina.

Pues nada da el ser sino en cuanto es ente en acto. Mas Dios conserva las cosas en el ser mediante su providencia, como queda probado (capítulo prec.). Luego quien da el ser lo da por virtud divina.

Cuando varios agentes diversos están ordenados bajo un solo agente, es necesario que el efecto común producido por ellos les pertenezca en cuanto que se unen para participar del movimiento y el poder de dicho agente, pues varias cosas no hacen una sola si no se unen previamente; como vernos que todos los que forman en el ejército trabajan para conseguir la victoria, que causan en cuanto que están bajo las órdenes del jefe, cuyo efecto propio es la victoria. Pero hemos demostrado en el libro primero (c. 13) que el primer agente es Dios. Por lo tanto, siendo el efecto común de todos los agentes el ser, pues toda agente da el ser actual, es preciso que produzcan este efecto en cuanto que están ordenados bajo el primer agente y obran en virtud del mismo.

En todas las causas agentes ordenadas, lo que es primero en la generación y último en la intención es el efecto propio del primer agente; la forma de la casa, por ejemplo, que es el efecto propio del constructor, viene posteriormente a la preparación del cemento, de las piedras y de las maderas, que realizan los artífices inferiores supeditados al constructor. Ahora bien, en toda acción, lo primero que se persigue es el ser actual, que es lo último en la generación; pues, conseguido, cesa la acción del agente y el movimiento del paciente. Luego el ser es el efecto propio del primer agente, es decir, de Dios, y todos cuantos dan el ser lo dan en cuanto obran por virtud divina:

Entre lo que puede un agente secundario, lo último en bondad y perfección es aquello en que puede obrar por virtud del agente primero, porque el complemento de la virtud del agente secundario procede del agente primero. Es así que el ser es el más perfecto de todos los efectos, porque cualquier naturaleza o forma se perfecciona cuando tiene ser actual, y es, por comparación al ser actual, como una potencia respecto de dicho acto. Según esto, el ser es lo que producen los agentes secundarios por virtud del agente primero.

Según el orden de las causas, así es el orden de los efectos. El primero de todos los efectos es el ser, porque todos los demás efectos no son más que concreciones del mismo. Así, pues, el efecto propio del primer agente es el ser, y todos las demás lo producen en cuanto obran por su virtud. Sin embargo, los agentes secundarios, que hacen como particularizar y determinar la acción del primer agente, producen como propios efectos otras perfecciones que determinan el ser.

Lo que es tal por esencia es causa propia de lo que es tal por participación, como el fuego es la causa de todo lo encendido. Únicamente Dios es ente por su propia esencia, y todos los demás lo son por participación, porque solamente en Dios se identifican la esencia y la existencia. Según esto, el ser de cualquier existente es efecto propio de Dios, de modo que todo aquel que da el ser a una cosa lo hace en cuanto obra por virtud divina.

Por esto se dice en la Sabiduría: “Dios creó para que existiesen todas las cosas”. Y en muchos lugares de la Escritura se dice que Dios lo hace todo. -Incluso en el libro “De las causas” se dice que la inteligencia sólo da el ser “cuando es divina”, o sea, cuando obra por virtud divina.

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