Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LXXIX: Las substancias intelectivas inferiores son regidas por las superiores

CAPÍTULO LXXIX

Las substancias intelectivas inferiores son regidas por las superiores

Como entre las criaturas intelectuales unas son más altas que otras, según consta por lo dicho (l. 2, capítulos 91, 95), es menester que las naturalezas intelectuales superiores gobiernen a las inferiores.

Las virtudes más universales, según se ha dicho (c. prec.), mueven a las particulares. Mas entre las naturalezas intelectuales, las superiores tienen formas más universales, como consta (l. 2, c. 98). Luego ellas son las que gobiernan a las inferiores.

Vemos siempre que la potencia intelectiva más próxima a su principio gobierna a la potencia intelectiva que dista más de él. Cosa que se manifiesta tanto en las ciencias especulativas como en Das prácticas, pues la ciencia especulativa que recibe de otra sus principios de demostración, se dice que le está subalternada; y la ciencia práctica más próxima al fin, que es principio para las operativas, es directora de la más distante. Si, pues, entre las substancias intelectuales hay algunas que están más próximas al primer principio, o sea, a Dios, según se demostró en el libro segundo (c. 95), esas mismas deberán gobernar a las demás.

Las substancias intelectuales superiores reciben en sí mismas la influencia de la sabiduría divina mejor que todas las demás, porque cada cual recibe según su natural disposición. Es así que todas las cosas son gobernadas por la sabiduría divina. Y, según esto, es preciso que las que más participan de la sabiduría divina gobiernen a las que menos participan. En consecuencia, las substancias intelectuales superiores gobiernan a las inferiores.

Se llaman, pues, espíritus superiores y “ángeles”, en cuanto que dirigen a los espíritus inferiores anunciándoles algo, pues la palabra ángel equivale a “nuncio”, y “ministros”, en cuanto que con sus obras ejecutan, incluso en las cosas corporales, el orden de la divina providencia, porque el ministro, según el Filósofo, es “como un instrumento animado”. Y por esto se dice en el salmo: “Quien hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llamas de fuego”.

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