Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LXXVII: La multiplicación de objetos queridos no se opone a la simplicidad divina

CAPÍTULO LXXVII

La multiplicación de objetos queridos no se opone a la simplicidad divina

Síguese de lo precedente que la multitud de objetos queridos no se opone a la unidad y simplicidad de la naturaleza divina. En efecto:

Los actos se diferencian por sus objetos. Si los muchos objetos queridos por Dios produjesen en El una multitud, seguiríase que no tendría una sola operación volitiva, lo que va contra lo anteriormente demostrado.

Se ha demostrado que Dios quiere los otros seres en cuanto quiere su bondad, pues se comparan a su voluntad como son comprendidos por su bondad. Pero en su bondad todos los seres son uno: están en Él según su modo propio, es decir, lo material inmaterialmente y lo múltiple en unidad, como consta por lo dicho (c. 58). Queda, pues, que la multitud de Objetos queridos no multiplica la substancia divina.

El entendimiento y la voluntad divinos son iguales en simplicidad: ambos son la substancia divina, como está probado (cc. 45, 73). Y la multitud de objetos entendidos ni provoca una multitud en la substancia divina ni composición en su entendimiento. Luego la multitud de objetos queridos no producirá tampoco una diversidad en la esencia divina ni composición en su voluntad.

Hay esta diferencia entre conocimiento y apetito: el conocimiento se realiza según que lo conocido está de alguna manera en el cognoscente; el apetito no es así, sino que, por el contrario, según que el apetito se ordena al objeto apetecible, objeto que busca o en el que descansa quien apetece. Por esta razón, el bien y el mal, que miran al apetito, están en las cosas; lo verdadero y lo falso, en cambio, que miran al conocimiento, están en la mente, como dice el Filósofo en el libro VI de los “Metafísicos”. No es opuesto, por lo tanto, a la simplicidad de un ser el que se relacione con muchas cosas, pues hasta la unidad es el principio de muchos números. La multitud de objetos queridos por Dios no repugna, por consiguiente, a su simplicidad.

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