Santo Tomás de Aquino

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CAPÍTULO LXXXII: Las almas de los animales brutos no son inmortales

CAPÍTULO LXXXII

Las almas de los animales brutos no son inmortales

Todo lo dicho demuestra evidentemente que las almas de los brutos no son inmortales.

Ya se declaró (cc. 66‑67) que ninguna operación de la parte sensitiva puede realizarse sin el cuerpo. En las almas de los brutos no puede hallarse operación alguna superior a las operaciones de la parte sensitiva, porque ni entienden ni razonan. Lo evidencia el hecho de que todos los animales de una misma especie obran del mismo modo, como movidos por la naturaleza y sin valerse de artificios; así, toda golondrina hace un nido igual, y toda araña, igual tela. Luego ninguna operación del alma de los brutos puede realizarse sin el cuerpo. Y como toda substancia tiene su propia operación, el alma del bruto no podrá estar sin el cuerpo. Luego, pereciendo el cuerpo, también perece ella.

Toda forma separada de la materia es entendida en acto; pues de este modo hace el entendimiento agente las especies inteligibles en acto, es decir, cuando las abstrae de la materia, como consta por lo dicho (capítulo 77). Si, pues, el alma del bruto permanece, corrompido el cuerpo, será una forma separada de la materia. Y, en consecuencia, una forma entendida en acto. Y como “en los seres separados de la materia el inteligente y lo entendido son una misma cosa”, como dice Aristóteles en el III “Sobre el alma”, por consiguiente, el alma del bruto, si después del cuerpo permanece, será intelectual, que es cosa imposible.

En cualquier cosa capacitada para alcanzar cierta perfección se encuentra el apetito natural de dicha perfección, pues “el bien es lo que todos apetecen”, pero en este sentido: que “cada cual apetece su propio bien”. En los brutos no existe apetito alguno del ser perpetuo, salvo el de la perpetuidad de la especie, dado que se encuentra en ellos el apetito procreador que perpetúa la especie; y no sólo en ellos, sino incluso en las plantas y en los seres inanimados, aunque en estos últimos sin la característica de apetito animal tal, que es el apetito derivado de la aprehensión. Y como el alma sensitiva sólo aprehende lo concreto y presente, es imposible que apetezca el ser perpetuo, ni siquiera con apetito animal. Luego el alma del bruto no es capaz del ser perpetuo.

Como “las delectaciones perfeccionan las operaciones”, según consta en el X de los “Éticos” de Aristóteles, la operación de cualquier cosa se ordena como al fin a aquello en que su delectación se concreta. Las delectaciones de los animales brutos se ordenan todas a la conservación del cuerpo, pues no se deleitan con los sonidos ni con los olores y miradas sino en cuanto son indicios de los alimentos y de la sensualidad, objetivos exclusivos de todos sus deseos. Luego su operación está ordenada, como al fin, a la conservación del ser corporal. Luego fuera de éste no hay en ellos otro ser.

La doctrina de la fe católica está en conformidad con esta sentencia. Dícese en el Génesis, c. 9, del alma del bruto: “Su alma está en la sangre”; como si dijera, “su ser depende de la permanencia de la sangre”. Y en el libro de “Los dogmas eclesiásticos”: “Decimos que solamente el hombre tiene alma substancial”, o sea, que vive “por sí”; mas “las almas de los brutos perecen con sus cuerpos”.

Aristóteles también, en el II “Sobre el alma”, dice que “la parte intelectiva del alma se diferencia de las otras como lo incorruptible de lo corruptible”.

Con esto se excluye la opinión de Platón, quien dijo que las almas de los brutos son inmortales.

Sin embargo, parece que pudiera probarse que las almas de los brutos son inmortales. Quien puede obrar por sí e independientemente es por sí subsistente. Es así que en los brutos hay una operación del alma sensitiva que en su ejecución no precisa del cuerpo, cual es el “mover”; porque el que mueve está compuesto de estas dos cosas, el motor y lo movido; y como el cuerpo es movido por el alma, el alma será el motor. Luego es por sí subsistente. Por tanto, aunque el cuerpo se corrompa, no podrá corromperse accidentalmente, pues sólo se corrompen accidentalmente los que no son subsistentes. Y substancialmente no puede corromperse, porque no tiene contrarios ni de ellos se compone. Luego dedúcese que es absolutamente incorruptible.

A esto parecía reducirse el argumento con que Platón probaba que “toda alma es inmortal”, porque “el alma se mueve a sí misma”, y todo lo que se mueve a sí mismo debe ser inmortal. Pues el cuerpo no muere mientras no se separa aquello que le mueve, y nadie puede separarse de sí mismo. De donde se sigue, según él, que lo que se mueve a sí mismo no puede morir. Y así resolvía que toda alma motora, incluso la de los brutos, era inmortal. Y éste es el enlace natural de esta razón con la primera, porque como, según Platón, nada se mueve si noes movido, lo que se mueve a sí mismo es motor en sí, y por esto tiene una operación propia.

Y no sólo para moverse, sino también para sentir atribuía Platón al alma sensitiva una operación propia. Porque decía que sentir es cierto movimiento del alma que siente; y ella, movida de este modo, movía al cuerpo para sentir. Por esto, al definir el sentido, decía que es “un movimiento del alma a través del cuerpo”.

Es evidente que estas cosas que hemos dicho son falsas. Porque sentir, más que mover, es ser movido; pues, por la potencia que siente, siente actualmente el animal los sensibles que alteran sus sentidos. Mas no puede decir que el sentido es afectado por el sensible de igual manera que el entendimiento es afectado por el inteligible, sacando de esto que sentir pudiera ser una operación del alma sin instrumento corpóreo, como lo es el entender; porque el entendimiento aprehende las cosas hecha ya la abstracción de la materia y de las condiciones materiales, que son principios de individuación; pero el sentido, no. Lo que manifiesta esta razón: porque el sentido versa sobre cosas particulares, mas el entendimiento sobre universales. Por donde se ve que los sentidos son afectados por las cosas tal cual éstas se encuentran en la materia; el entendimiento, sin embargo, en cuanto están abstraídas. Luego el entendimiento puede ser afectado sin materia corporal, no así el sentido.

Los sentidos diversos son recipientes de diversos sensibles: la vista, de los colores, y el oído, de los sonidos. Y esta diversidad obedece claramente a la diversa disposición de los órganos; porque el órgano de la vista debe estar en potencia para recibir todos los colores, y el órgano del oído, para todos los sonidos. Pero, si la recepción se hiciese sin órgano corpóreo, una sola potencia sería el recipiente de todos los sensibles; porque la potencia inmaterial está de sí igualmente dispuesta para recibir todas las cualidades. Por eso, el entender, como no precisa de órgano corpóreo, conoce todo lo sensible. Luego el sentir no se realiza sin órgano corpóreo.

El sentido se estraga por los sensibles excesivos; mas el entendimiento no, porque “el que entiende lo más inteligible, no menos, sino mejor, podrá especular lo demás”. Luego no afecta del mismo modo el sensible al sentido que el inteligible al entendimiento. Porque el entendimiento es afectado sin mediar órgano corporal; mas el sentido lo es a través de un órgano corpóreo, desapareciendo su recíproca armonía a causa de sensibles excesivos.

A juzgar por las apariencias de los cuerpos, parece cierto lo que dijo Platón: que “el alma se mueve a sí misma”. Pues ningún cuerpo se mueve, al parecer, si no es movido. De esto dedujo Platón que todo lo que se mueve es movido. Y como no vale llegar hasta el infinito para explicar que lo movido se mueve por otro, estableció en cada orden un primer motor que a sí mismo se mueve. Y do esto se seguía que el alma, primer motor de los motores animados, era algo que a sí mismo se mueve.

Dos razones demuestran claramente la falsedad del argumento. Primera, porque ya se probó (l. 1, c. 13) que todo lo que se mueve por sí es cuerpo. Luego, como el alma no es cuerpo, es imposible que se mueva por sí misma, a no ser accidentalmente.

Segunda, porque lo que se mueve, en cuanto tal, está en acto, y lo movido, como tal, está en potencia; y como nada puede estar simultáneamente en acto y potencia en referencia a una misma cosa, es imposible que sea a la vez motor y movido; será necesario, pues, que lo que se mueve a sí mismo tenga una parte que mueva y otra movida. Y de esta manera se dice que el animal se mueve a sí mismo, porque el alma es el motor y el cuerpo el movido. Pero como Platón no dio al alma ser corporal, aunque usó de la palabra Amovimiento”, que es propio de los cuerpos, no se refería al movimiento, propiamente dicho, sino que lo tomó en la acepción común de operación, al igual que Aristóteles cuando, en el III “Sobre el alma”, dice que “sentir y entender son ciertos movimientos”. En este sentido, el movimiento no es el acto de lo que se halla en potencia, sino el acto de lo perfecto. Luego, cuando dijo que el alma se mueve a sí misma, intentaba decir con esto que obra sin la ayuda del cuerpo, contrariamente a lo que sucede con otras formas que no obran sin su materia; “así, el calor no opera aisladamente, sino que calienta lo cálido”. Y de esto quería deducir que toda alma que mueve es inmortal, porque quien obra por sí e independientemente puede tener existencia propia.

Pero ya se demostró que la operación del alma del bruto, que es “sentir”, no puede ejecutarse sin el cuerpo. Y esto se ve mejor en su otra operación, o sea, la del “apetito”. Pues cuantas cosas pertenecen al apetito de su parte sensitiva producen a las claras una transformación corporal; por esto se llaman Apasiones” del alma.

De esto se sigue que tampoco el “mover” es operación del alma sensitiva, que prescinde de órgano. Porque el alma del bruto no se mueve sino a través del sentido y del apetito. Pues la facultad que se llama “ejecutora del movimiento” hace que los miembros obedezcan al impulso del apetito. Luego más que potencias que mueven son potencias que perfeccionan al cuerpo para moverse.

Así, pues, es evidente que ninguna operación del alma del bruto puede prescindir del cuerpo. Y de esto necesariamente se deduce que el alma del bruto muere con el cuerpo.

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1 comentario

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  1. de qué libro es este capítulo? Muchas gracias por promover al Aquinate!!

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