Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LXXXIX: Solución de las objeciones anteriores

CAPÍTULO LXXXIX

Solución de las objeciones anteriores

Para solucionar con mayor facilidad las objeciones expuestas, debemos anticipar algunas cosas, exponiendo el orden y proceso de la generación del hombre y, en general, del animal.

Y así, en primer lugar, ha de saberse que es falsa la opinión de quienes dicen que las operaciones vitales que aparecen en el embrión antes de su total desarrollo no hay que atribuirlas a ningún alma o a potencia del alma existente en él, sino al alma de la madre. Mas, si esto fuera verdadero, el embrión no sería animal, porque todo animal consta de alma y cuerpo. Además, las operaciones vitales no provienen de un principio activo extrínseco, sino de una virtud interior, cosa en que principalmente parecen distinguirse los no vivientes de los vivientes, de quienes es propio moverse a sí mismos. Por otra parte, lo que se nutre asimilase el alimento; por lo tanto, debe haber en él una virtud activa de nutrición, ya que todo agente hace a su semejanza. Cosa esta que se ve con mayor claridad en las operaciones del sentido, porque tanto el ver como el oír conviénenle a un sujeto en virtud de su propia potencia y no de otro. Por donde, existiendo en el embrión las operaciones de nutrirse y de sentir antes de su completo desarrollo, no deben atribuirse al alma de la madre.

Tampoco puede decirse que el alma está desde un principio en el semen con su esencia completa, aunque sus operaciones no aparezcan por defecto de los órganos. Porque, como el alma se une al cuerpo como forma, no se une sino al cuerpo del cual es acto. Pues el alma es “el acto del cuerpo organizado”. Luego, antes de estar organizado el cuerpo, el alma no está en el semen actualmente, sino sólo en potencia o virtualmente. Por eso dice Aristóteles en el II “Sobre el alma” que “el semen y el fruto tienen la vida en potencia cuando pierden el alma”, a saber, “si carecen de ella; mientras que el ser cuyo acto es el alma, tiene la vida en potencia, pero sin perder el alma”.

Si el alma estuviese desde un principio en el semen, seguiríase también que la generación animal sería solamente por sección o corte, como en los animales anillados, en los que de uno se hacen dos. Porque si el semen, en el momento de separarse, ya tuviese el alma, tendría la forma substancial. Pero toda generación substancial precede a su forma substancial, no la sigue; porque si a la forma substancial síguenla algunas transformaciones, éstas no son en orden al ser del engendrado, sino a su bienestar. Pues de esta manera la generación animal terminaría en la separación del semen, y todas las otras transformaciones consiguientes nada tendrían que ver con la generación.

El ridículo es todavía mayor si esto se dijera del alma racional. En primer lugar, porque es imposible que se divida cuando el semen se divide para poder estar en él. Y en segundo, porque de eso se seguiría que en las soluciones en que no hay concepción se multiplicarían, sin embargo, las almas racionales.

Tampoco puede afirmarse lo que dicen algunos: que aunque al principio de dividirse el semen no esta el alma actualmente, sino sólo virtualmente, a causa de la deficiencia orgánica, sin embargo, la virtud del semen, que es un cuerpo organizable, todavía no organizado, será proporcionalmente con respecto al semen un alma, no en acto, sino en potencia; de esta manera, como la vida de la planta requiere menos órganos que la vida animal, organizado el primer semen suficientemente para la vida de la planta, su virtud seminal producirá el alma vegetal; después, multiplicados y más perfeccionados dichos órganos, esa misma virtud seminal se convertirá en alma sensitiva, y, por último, perfeccionados ya los órganos, el alma sensitiva se convertirá en racional, no por obra de la virtud seminal, sino por influjo de un agente exterior; porque sospechaban que, al decir Aristóteles que “el entendimiento procede “ab extrínseco”, de fuera -en el libro “Sobre la generación de los animales”-, hacía referencia a esto. -Según, pues, esta opinión, seguiríase que una virtud o potencia, numéricamente la misma, ahora sería alma vegetal, después alma sensitiva; y de este modo una misma forma substancial se iría continuamente perfeccionando más y más. Y seguiríase también que, no simultáneamente, sino sucesivamente, pasaría la forma substancial de la potencia al acto. Y, además, que la generación sería un movimiento continuo, como lo es la alteración. Todas estas cosas son imposibles, naturalmente.

Seguiríase también de esto un gran inconveniente, es decir, que el alma racional sería mortal. Nada de lo que le sobrevenga formalmente a una cosa corruptible la hará incorruptible por naturaleza; porque, si así fuera, lo corruptible se cambiaría en incorruptible, lo que es imposible, porque “ambos difieren genéricamente”, como se dice en el X de los “Metafísicos”. Mas la substancia del alma sensitiva, como se supone engendrada accidentalmente por el cuerpo engendrado en el citado proceso, se corromperá necesariamente al corromperse el cuerpo. Luego si dicha substancia se hace racional por cierta luz que se le comunica interiormente, y que es como su forma, porque lo sensitivo es intelectivo en potencia, síguese necesariamente que el alma racional se corromperá al corromperse el cuerpo. Cosa esta imposible, como se demostró anteriormente (c. 79) y enseña la fe católica.

Luego la virtud que con el semen se separa y se llama “formativa”, no es el alma, ni se convierte en ella a través del proceso de la generación; pero, como ella se funda como en su propio sujeto en el espíritu contenido en el semen, que es cierta substancia espumosa, contribuye a la formación del cuerpo en cuanto obra en virtud del alma del padre, al cual se atribuye la generación como al principio generador; pero no obra en virtud del alma del ser concebido, aunque éste tenga ya alma, porque el ser concebido no se engendra a sí mismo, sino que es engendrado por el padre. Y esto se ve analizando separadamente las potencias del alma. Tal virtud no puede atribuirse al alma del embrión por razón de la potencia generadora: bien porque la potencia generadora no está en disposición de obrar antes de acabar la nutrición y el desarrollo, que para ella sirven, porque el engendrar es dote del ser perfecto; o bien porque el acto de la generación no se ordena a la perfección del individuo, sino a la conservación de la, especie. Tampoco puede atribuirse a la potencia nutritiva, cuya finalidad es la asimilación del alimento, cosa que aquí no aparece; porque, mientras dura la formación, el alimento no tiende a asemejarse a algo preexistente, sino a perfeccionar la forma más y más hasta que adquiera la semejanza paterna. Igualmente, tampoco se atribuye a la potencia de aumento, porque ésta tiene por finalidad cambiar la cantidad, no la forma. Ahora bien, las potencias sensitiva e intelectiva es evidente que no toman parte en esta formación. Dedúcese, pues, que la formación del cuerpo, principalmente en cuanto a sus partes primeras y principales, no pertenece al alma del engendrado ni a la virtud formativa de un agente que por ella obre, sino al agente proveniente del alma generativa del padre, cuyo fin es hacer algo semejante al que engendra dentro su especie.

Luego esta virtud formativa permanece la misma en el espíritu ya citado desde el principio hasta el fin de la formación. Sin embargo, la especie del formado no permanece idéntica, pues primeramente tiene forma de semen, después de sangre, y así sucesivamente hasta que llega a su plenitud. Aunque la generación de los cuerpos simples no esté sujeta al orden, puesto que cada uno de ellos tiene la forma inmediata de la materia prima, sin embargo, en la generación de los otros cuerpos debo haber un orden de generaciones, por las muchas intermedias entre la primera forma del elemento y la última, a la cual está ordenada la generación. En consecuencia, hay muchas generaciones con sus consiguientes corrupciones.

Y no es obstáculo alguno si algún intermedio es engendrado e inmediatamente se interrumpe; porque los intermedios no tienen la especie completa, sino que están como en camino para adquirirla; por lo tanto, no son engendrados para que permanezcan, sino como medios para llegar al último engendrado. -Y no hay por qué admirarse de que todo el cambio que se opera en la generación no sea continuo, pues que hay muchas generaciones intermedias; porque esto mismo sucede también en la alteración y en el aumento, pues ninguno de los dos es continuo, siéndolo únicamente el movimiento local, como consta en el VIII de los “Físicos”.

Cuanto más noble es una forma y más lejos está de la forma elemental, tanto más formas intermedias debe haber, por las cuales se llegue gradualmente a ella, y, en consecuencia, más generaciones medias. Por esto en la generación del hombre o en la del animal, como la forma es perfectísima, hay muchas formas y generaciones intermedias, y, por consiguiente, corrupciones, porque la generación de uno es la corrupción de otro. Luego el alma vegetal, que aparece en el momento en que el embrión vive la vida vegetativa, se corrompe, sucediéndole un alma más perfecta, que es a la vez nutritiva y sensitiva, y entonces el embrión vive la vida animal; mas, corrompida ésta, sucédele el alma racional, infundida por un agente extrínseco, aunque las precedentes estaban en la virtud seminal.

Consideradas estas cosas, es fácil responder a las objeciones. Contra la primera objeción, de que el alma sensitiva debe tener el mismo origen en el hombre que en los brutos, porque el concepto “animal” se predica unívocamente de todos ellos, decimos que no es necesario. Pues aunque el alma sensitiva, tanto del hombre como del animal, convengan en razón del género, se diferencian, sin embargo, en virtud de la especie, como los seres de los que son formas; porque, así como el animal que es hombre se diferencia de todos los animales específicamente porque es racional, así también el alma sensitiva humana se diferencia específicamente de la sensitiva del bruto porque es a la vez intelectiva. Luego el alma del bruto tiene únicamente lo sensitivo, y por eso ni su ser ni sus operaciones rebasan lo corpóreo; de donde es preciso que simultáneamente con la generación del cuerpo se engendre y simultáneamente también con la corrupción corporal se corrompa. Mas el alma sensitiva humana, como tiene, además de la naturaleza sensitiva, la potencia intelectiva, por la cual es preciso que su substancia rebase en su ser y en sus operaciones 19 corporal, ni se engendra por la generación corporal ni se corrompe con su corrupción. Luego el diverso origen de dichas almas no obedece a la parte sensitiva, de la que se toma la razón de género, sino a la intelectiva, de la que se toma su diferencia específica. Luego no hay, por consiguiente, diversidad genérica entre ambas, sino sólo específica.

Lo que se dice en la segunda objeción, que el animal es concebido antes que el hombre, no vale para demostrar que el alma racional se propague con el semen. Porque el alma sensitiva, por la que era animal, no permanece, sino que le sucede el alma que es a la vez sensitiva e intelectiva, por la que es simultáneamente animal y hombre, como consta por lo dicho.

El argumento de la tercera objeción, de que las acciones de agentes diversos no terminan en un sujeto hecho, ha de entenderse exclusivamente de los agentes diversos no ordenados. Pues si están mutuamente ordenados deben producir un solo efecto, porque la causa agente primera obra en el efecto de la segunda causa agente con más eficacia que la misma causa segunda; de donde vemos que el efecto que mediante un instrumento hace el agente principal se atribuye con más propiedad al agente principal que al instrumento. Y sucede alguna vez que la acción del agente principal llega a producir en la obra cosa que el instrumento no puede alcanzar; así, por ejemplo, la fuerza vegetativa llega hasta la conversión del alimento en carne, mientras que el calor ígneo, que es su instrumento, no lo puede, aunque obre dispositivamente resolviendo y consumiendo. Luego, como toda potencia activa de la naturaleza es comparada con Dios como instrumento del primer y principal agente, no hay inconveniente para que en un mismo ser engendrado la acción de la naturaleza termine en algo propio del hombre y el complemento lo ponga Dios. Luego el cuerpo humano se forma simultáneamente por virtud divina, como agente primero y principal, y por virtud seminal, como agente segundo; pero la acción de Dios produce el alma humana, que no puede producir la virtud seminal, pues ésta sólo dispone a ella.

Con esto se soluciona la cuarta objeción. De este modo engendra el hombre a su semejante en la especie, en cuanto su virtud seminal obra dispositivamente en orden a la última forma, por la cual recibe la especie. (A la quinta). Y no hay inconveniente en que Dios coopere con los adúlteros en la acción natural. Porque no es mala la naturaleza de los adúlteros, sino su voluntad. Y como la acción de su virtud seminal es natural y no voluntaria, no hay inconveniente para que Dios coopere en dicha operación dando la última perfección.

Lo que se objeta en la sexta es evidente que no concluya necesariamente. Supuesto que el cuerpo del hombre no se forme antes de que el alma sea creada, o viceversa, no se sigue que el hombre mismo sea anterior a sí mismo, porque el hombre no es su cuerpo, como tampoco su alma. De lo que se sigue que una de sus partes es anterior a la otra. Y no hay inconveniente alguno, pues la materia es temporalmente anterior a la forma; y digo materia en cuanto se halla en potencia para la forma, no en cuanto está perfecta en acto por la forma, porque entonces ambas existen simultáneamente. Luego el cuerpo humano, en cuanto está en potencia con relación al alma, careciendo de ésta, es anterior temporalmente al alma; pero entonces no es humano actualmente, sino sólo potencialmente. Mas cuando es actualmente humano, como perfeccionado por el alma humana, no es ni anterior ni posterior a ella, sino que existe simultáneamente con la misma.

Tampoco se sigue, si la virtud seminal produce sólo el cuerpo y no el alma, que tanto la operación de Dios como la de la naturaleza sea imperfecta, como indicaba la séptima razón. Porque por divina virtud se hacen ambas cosas, o sea, el cuerpo y el alma; aunque la formación del cuerpo hácela mediante la virtud seminal, mientras que el alma prodúcela inmediatamente. Tampoco se deduce que la acción del poder seminal sea imperfecta, pues perfecciona a lo que está ordenada.

Se ha de saber que en el semen se hallan virtualmente cuantas cosas no exceden la virtud corpórea, tales como la hierba, la caña, los internodios y semejantes. De esto, pues, no puede concluirse que lo que excede toda la potencia corporal del hombre está contenido virtualmente en el semen, como, concluía la octava razón.

Aunque parezca que las operaciones del alma progresan paralelamente con las partes del cuerpo, tal cosa no evidencia que el alma y el cuerpo humano tengan idéntico principio, como se decía en la novena razón; lo que sí demuestra es que, para que el alma pueda obrar, las partes del cuerpo se han de encontrar en disposición.

Lo que se objeta en la décima, que el cuerpo se configura al alma, y que por eso se prepara un alma semejante a sí, en parte es verdadero y en parte falso. Si se refiere al alma de quien engendra, es verdadero; mas no lo es en atención al alma del engendrado. Pues el cuerpo, en cuanto a sus primeras y principales partes, no se forma por la virtud del alma del engendrado, sino por la del alma del generante, como anteriormente (en este c.) se demostró. De este mismo modo, toda materia se configura a su forma, proviniendo tal configuración no de la forma del engendrado, sino de la forma del generante.

Lo que se dice en la undécima sobre la vida del semen en el momento de la escisión, es evidente, por lo ya dicho, que se dice de una vida en potencia. Luego no tiene el alma actualmente, sino virtualmente. En el proceso de la generación tiene el alma vegetativa y la sensitiva por la virtud seminal; mas éstas pasan, sin permanecer, al sobrevenir el alma racional.

Además, si la formación del cuerpo precede a la formación del alma, tampoco se sigue que el alma sea por el cuerpo, como concluía la duodécima razón. Pues una cosa puede ser por otra de dos maneras: Primera, con respecto a su operación, o conservación, o cualquier otra cosa de las que siguen al ser; todo lo cual es posterior a aquello para lo que es; así, los vestidos son para el hombre, y los instrumentos para el artífice. Segunda, una cosa es por otra en cuanto al ser, y así es anterior temporalmente, pero posterior por naturaleza. De este modo el cuerpo es por el alma, tal como toda materia es por la forma. Sucedería lo contrario si de la unión del alma y del cuerpo no resultara una unidad substancial, como dicen los que no admiten que el alma sea la forma del cuerpo.

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