Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO LXXXV: La voluntad divina ni quita la contingencia de los seres ni les impone una necesidad absoluta

CAPÍTULO LXXXV

La voluntad divina ni quita la contingencia de los seres ni les impone una necesidad absoluta

Podemos concluir ahora que la voluntad divina no quita la contingencia de los seres ni les impone una necesidad absoluta.

Dios quiere, según se ha dicho (capítulo 83), todo lo que exige la cosa que quiere. Pero ciertas cosas, en virtud de su naturaleza, han de ser contingentes, no necesarias. Quiere, pues, que haya ciertos seres contingentes. Pero la eficacia de la voluntad divina exige que no solamente exista lo que Dios quiere, sino que exista de la manera que Él quiere; pues hasta en los mismos agentes naturales, si la potencia agente es fuerte, se asimila su efecto, no sólo en cuanto a la especie, sino también en cuanto a los accidentes, que son ciertos modos de la misma cosa. Por lo tanto, la eficacia de la voluntad divina no destruye la contingencia de los seres.

Dios quiere mucho más el bien universal de todos sus efectos que un bien particular, porque en él hay una semejanza más completa de su bondad. Y la integridad del universo exige que existan algunos seres contingentes; de lo contrario, no habría en él todos los grados del ser. Quiere, pues, Dios que existan algunos seres contingentes.

El bien del universo, como consta por el libro XI de los “Metafísicos”, consiste en un cierto orden. Y el orden del universo exige que haya algunas causas variables, siendo así que los cuerpos que no mueven sino movidos concurren a la perfección del universo. Ahora bien, de causas variables proceden efectos contingentes, pues el ser del efecto no puede ser más firme que su causa. Por esto vemos que, aunque la causa remota sea necesaria, si la próxima es contingente, el efecto es también contingente; cosa manifiesta en lo que sucede con los cuerpos inferiores, que son contingentes por la contingencia de las causas próximas, aunque las remotas, que son los movimientos celestes, sean necesarias. Dios quiere, pues, que alguna cosa proceda contingentemente.

La necesidad hipotética de la causa no puede producir una necesidad absoluta en el efecto. Y Dios quiere algo de las criaturas, no con necesidad absoluta, sino hipotéticamente, como queda demostrado (c. 81). De la voluntad divina, por tanto, no puede proceder una necesidad absoluta en las criaturas. Pero sólo esta necesidad excluye la contingencia, pues lo contingente puede ser necesario hipotéticamente, como sería necesario, por ejemplo, que Sócrates se mueva si corre. La voluntad divina, por lo tanto, no excluye la contingencia de los seres que quiere. En fin: de que Dios quiera algo no se sigue que tenga que acontecer eso necesariamente, sino que la verdad y necesidad afecta sólo a esta condicional: si Dios quiere algo, eso sucederá. Lo que no significa que el consiguiente sea necesario.

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1 comentario

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  1. Busco lo que dijo santo Tomás acerca de la fisiología de los cuerpos resucitados. Podrán ayudarme.
    Gracias y saludos

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