Santo Tomás de Aquino

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CAPÍTULO LXXXVII: El alma humana existe por creación divina

CAPÍTULO LXXXVII

El alma humana existe por creación divina

Por lo que hemos dicho se puede demostrar que solamente Dios puede dar el ser al alma humana.

En efecto, todo lo que recibe el ser, o lo recibe siendo engendrado esencial o accidentalmente, o lo recibe por creación. El alma humana no es esencialmente engendrada, porque no está compuesta de materia y de forma, como antes se probó (c. 50). Ni tampoco se engendra accidentalmente, porque, como es forma del cuerpo, sería producida por generación corporal, que procede de la virtud activa del semen; lo que quedó refutado en el capítulo anterior (c. 86). Porque comienza a existir, el alma no es eterna ni existió antes que el cuerpo, como se probó antes (c. 83). Solamente resta afirmar que existe por creación. Ahora bien, ya quedó anteriormente probado que solamente Dios puede crear. Luego sólo Él puede dar el ser al alma humana,

Todo aquello cuya substancia no es su misma existencia, tiene un autor de su existencia, como también hemos visto antes (c. 15). Pero el alma humana no es su existencia, pues eso es propio solamente de Dios, como antes se probó. El alma humana tiene, por lo tanto, una causa activa de su existencia. Ahora bien, el que tiene el ser por virtud propia obra también por propia virtud; y, al contrario, el que no tiene el ser por virtud propia, sino en dependencia de otro, no se hace a sí mismo, sino que es hecho por otro, como la forma del fuego nace del fuego producido. Pero el alma humana tiene como propio, entre las demás formas, el subsistir en sí misma, y es esta misma existencia propia lo que comunica al cuerpo (c. 68). El alma tiene, por lo tanto, su modo esencial de llegar a la existencia, diferente del de las otras formas que se constituyen accidentalmente de elementos hechos. Ahora bien, como el alma humana no tiene la materia como parte de sí misma, no puede hacerse de algo material. Sólo queda, pues, concluir que es creada de la nada. Y así es. Por consiguiente, como la creación es obra propia de Dios, como arriba se probó (c. 21), hay que concluir que el alma es creada directamente por Dios.

Es propio de lo que es del mismo género que tenga idéntico modo de recibir el ser, como ya hemos probado (c. 16). Ahora bien, el alma es del género de las substancias intelectuales, que no pueden existir si no es por vía de creación. Luego el alma humana aparece en la existencia por creación divina.

Todo lo que recibe el ser de algún otro agente, recibe del mismo algo que es principio de ser en tal especie o bien el mismo ser absoluto. Ahora bien, el alma no puede recibir la existencia como algo por lo que comienza a existir, como acontece en los compuestos de materia y forma, que por la generación reciben la forma en acto, pues el alma no tiene en sí misma algo que sea principio de existencia, porque es substancia simple, como se probó antes (cc. 50, 65) Resuélvese, por fin, que el alma no recibe el ser de otro sino de aquel que lo tiene de modo absoluto. El ser como tal es efecto propio del agente primero y universal, pues los agentes secundarios obran en cuanto Imprimen en las cosas hechas semejanzas de sus formas, que son formas de lo hecho. Por consiguiente, el alma no puede ser producida sino por el agente primero y universal, que es Dios.

El fin de una cosa corresponde al principio de la misma, pues tanto más perfecta es ella cuanto más se aproxima a su mismo principio o por semejanza o de cualquier otro modo. Ahora bien, el fin del alma humana y su última perfección es que transcienda por el conocimiento y el amor todo el orden de las criaturas y llegue al primer principio, que es Dios. Luego el alma, tiene en Dios su primer principio.

Esto mismo parece también indicar la Sagrada Escritura en el Génesis, pues cuando habla de la creación de los otros animales atribuye a las almas de éstos otras causas, como cuando dice: “Produzcan las aguas reptiles vivos”, y lo mismo hablando de los otros animales; pero al tratar del hombre indica que su alma es creada por Dios, al decir: “Formó Dios al hombre del barro de la tierra e insufló en su frente el soplo de la vida”.

Por esto queda refutado el error de los que dicen que las almas fueron creadas por los ángeles.

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