Santo Tomás de Aquino

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CAPÍTULO XC: Sólo al cuerpo humano se une la substancia intelectual como forma

CAPÍTULO XC

Sólo al cuerpo humano se une la substancia intelectual como forma

Como ya está demostrado (c 68) que alguna substancia intelectual se une al cuerpo como forma, es decir, el alma humana, resta por estudiar si alguna otra substancia intelectual se una a otro cuerpo como forma. Y como anteriormente ya se expuso (c. 70) que los cuerpos celestes están animados con alma intelectiva, según el sentir de Aristóteles, que Agustín puso en duda, el presente estudio versará solamente sobre los cuerpos elementales.

Es evidente que la substancia intelectual no se une como forma a ningún cuerpo elemental, excluido el humano. Pues, si se uniera a otro cuerpo, éste sería compuesto o simple. Si compuesto, debería ser de exacta composición entre todos los de su especie, pues vemos que en tanto los cuerpos mixtos están dotados de más nobles formas en cuanto más se aproximan a esa calidad; y así, el que tiene una forma nobilísima, cual es la substancia intelectual, si es cuerpo mixto, debe de estar completamente atemperado. Así vemos que las carnes muelles y el tacto exquisito, señal de exacta complexión, son indicios de buen entendimiento. La complexión más exacta es la del cuerpo humano. Luego si la substancia intelectual se une a algún cuerpo mixto, tal cuerpo deberá ser de la misma naturaleza que el humano. Y su forma sería de la misma naturaleza que el alma humana. En consecuencia, no habría diferencia entre ese animal y el hombre.

Tampoco puede unirse a cuerpo simple, como el aire, el agua, el fuego y la tierra, pues cada uno de estos cuerpos es semejante en el todo y en las partes: de la misma naturaleza y especie es una parte del aire y todo el aire, porque tienen el mismo movimiento; y así todos los demás. Ahora bien, a motores idénticos corresponden idénticas formas. Por lo tanto, si alguna parte de dichos cuerpos estuviera animada con alma intelectual, todo el aire, por ejemplo, y todas sus partes estarían, por la misma razón, animados. Esto es manifiestamente falso, pues ninguna operación vital aparece en las partes del aire o de los otros cuerpos simples. Por consiguiente, la substancia intelectual no se une como forma a parte alguna del aire o de otro cuerpo simple.

Si la substancia intelectual se uniere como forma a alguno de los cuerpos simples, o tendría solamente entendimiento o las demás potencias, como las sensitivas y nutritivas que tiene el hombre. Ahora bien, si tiene sólo entendimiento, en vano se une al cuerpo; pues toda forma corporal tiene operación propia por el cuerpo, y el entendimiento no tiene operación alguna corporal, excepto mover el cuerpo, porque el acto de entender no es operación que se ejerza por órgano corpóreo, y del mismo modo el acto de querer. Mas el movimiento de los elementos proviene de sus motores naturales generadores, y no se mueven a sí mismos. Luego no deben ser animados por su movimiento. Pero si la substancia intelectual, que se supone pueda unirse a lo elemental, tiene otras partes del alma, como éstas son partes de algunos órganos, será necesario poner en el cuerpo elemental diversidad de órganos. Esto se opone a su simplicidad. Luego la substancia intelectual no puede unirse como forma a lo elemental o a sus partes.

Cuanto más cerca está de la materia prima un cuerpo, tanto es menos noble, por estar más en potencia y menos en acto completo. Pues bien, los cuerpos elementales son más próximos a la materia prima que los mixtos, porque son materia próxima de éstos; y así son menos nobles específicamente que ellos. Y pues el cuerpo más noble tiene más noble forma, es imposible que una forma tan noble como es el alma intelectiva esté unida a cuerpos elementales.

Si así fuera, sucedería que los cuerpos más próximos a los elementos estarían más cerca de la vida, cosa que no sólo no aparece, sino que es al revés. Porque las plantas participan menos la vida que los animales, y, en cambio, están en la tierra; y los mismos minerales carecen de ella. Por lo tanto, la substancia intelectual no se une a ningún cuerpo elemental o a parte del mismo como forma.

La vida de todo viviente corruptible desaparece por desequilibrio de uno de los contrarios que la integran, pues vemos morir a animales y plantas por demasiado frío, calor, humedad o sequedad. Mas en los elementos tienen su asiento los contrarios con exceso, y así no es posible que haya vida en ellos. Luego no es posible que la substancia intelectual se una a ellos como forma.

Aunque los elementos, considerados como un todo, sean incorruptibles, no lo son cada una de sus partes, que llevan en sí contrarios. Por lo tanto, si alguna de estas partes se une a substancias cognoscitivas, habría que asignarle forzosamente una potencia para discernir los contrarios, cuál es el sentido del tacto, que distingue el frío del calor, y los demás contrarios; pero eso, como necesario para preservarse de la desintegración, lo tienen todos los animales. Mas no es posible que el cuerpo simple tenga este sentido, ya que no se da órgano del tacto con contrarios en acto, sino en potencia, como sucede en los cuerpos mixtos y templados. Luego no es posible que algunas partes de los cuerpos elementales estén animadas con alma intelectiva.

Todo cuerpo viviente es movido por el alma a su manera localmente: así, los cuerpos celestes, si es que son animados, se mueven con rotación; los animales perfectos andan; las ostras se abren y cierran; las plantas crecen y decrecen, que es como un movimiento local. Pero en los elementales no se aprecia movimiento alguno vital, sino sólo natural. Luego no son cuerpos vivos.

Y si se dijere que la substancia intelectual, aunque no se una como forma al cuerpo elemental o a una de sus partes, se une, sin embargo, como motor, por ejemplo, al aire, esto no es posible; pues sus partes no son terminables, y, aunque lo fueran, no pueden tener movimiento propio por el que se les una la substancia intelectual.

Si alguna substancia intelectual se une naturalmente como motor al móvil propio, su potencia motora se debe coartar solamente al móvil; pues ésta, en todo motor, no excede a su móvil. Ahora bien, seria cosa ridícula decir que el poder de toda una substancia intelectual no pueda extenderse más que a una determinada parte de un elemento o a un solo cuerpo mixto. Y así no puede aceptarse que la substancia intelectiva se una naturalmente como motor a cuerpo elemental sin que se una también como forma.

El movimiento del cuerpo elemental puede resultar de otros principios que no son la substancia intelectiva. Por lo tanto, sería vano que mediante este movimiento se le uniera naturalmente la substancia intelectual.

Por todo lo dicho se rechaza la opinión de Apuleyo y de algunos platónicos, que afirmaron que “los demonios son animales con cuerpo aéreo, racionales por la mente, con alma posible y eternos en el tiempo”; y también la de algunos paganos, que sostuvieron que los elementos son animados, y por eso les daban culto; también queda refutada la opinión de que los ángeles y demonios tienen cuerpos, unidos naturalmente de elementos superiores e inferiores.

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