Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO XCVIII: Cómo puede Dios obrar o no fuera del orden de su providencia

CAPÍTULO XCVIII

Cómo puede Dios obrar o no fuera del orden de su providencia

Lo dicho (c. prec.) da lugar a la consideración de dos órdenes, uno de los cuales depende efectivamente de la primera causa universal, y por eso comprende todas las cosas; y el otro, particular, que depende de alguna causa creada y contiene cuanto está sometido a ella. Y este orden es múltiple en conformidad con la diversidad de causas existente en las criaturas. Sin embargo, uno esta contenido bajo el otro, al igual que una causa está bajo otra. Por eso es preciso que todos los órdenes particulares estén contenidos bajo aquel orden universal que se encuentra en las cosas y desciendan de él, en cuanto que dependen de la causa primera. Tenemos un ejemplo de esto en el orden político: todos los domésticos de un cabeza de familia guardan un cierto orden entre sí según como le están subordinados. Por otra parte, tanto ese cabeza de familia como todos los otros que hay en su ciudad guardan un cierto orden entre sí y con respecto al jefe de la ciudad; y éste, junto con los demás que hay en el reino, está subordinado al rey.

Además, el orden universal, mediante el cual ordena la divina providencia todas las cosas, se puede considerar de dos maneras, a saber: en atención a las cosas que están sujetas al orden y en atención a la razón del orden, la cual depende del principio del mismo. Ahora bien, se ha demostrado ya en el libro según do (c. 23 ss.) que las cosas que Dios ha colocado bajo el orden provienen de Él, no como de un agente que obra por necesidad de naturaleza o por cualquier otro motivo, sino de su simple voluntad, sobre todo en lo que se refiere a su primera institución. Dedúcese, pues, que Dios puede hacer algo al margen de cuanto cae bajo el orden de su divina providencia, porque su poder no está obligado a solas ciertas cosas.

Pero, si considerarnos dicho orden en cuanto a la razón dependiente del principio, entonces Dios no puede hacer nada al margen del mismo. Porque dicho orden procede, según demostramos (c. prec.), de la ciencia y voluntad divinas, que todo lo ordenan a su bondad como a su fin. Y no es posible que Dios haga algo que no sea querido por Él, ya que las criaturas proceden de Él, no naturalmente, sino voluntariamente, según se demostró (cf. supra). Y tampoco es posible que haga algo que su ciencia no comprenda, porque la voluntad versa siempre sobre algo conocido. Además, tampoco es posible que realice algo en las criaturas y no esté ordenado a su bondad como al fin, porque su bondad es el objeto propio de su voluntad. Igualmente, siendo Dios absolutamente inmutable, no es posible que quiera lo que antes no quiso, o sepa de nuevo alguna cosa, o la ordene nuevamente a su bondad. Según esto, nada puede hacer Dios que no esté bajo el orden de su providencia, como nada puede hacer que no esté sujeto a su operación. Sin embargo, puede hacer algunas cosas además de las que están sometidas a su providencia y operación, si consideramos su poder en absoluto; pero no puede hacer algo que no estuviere desde la eternidad bajo el orden de su providencia, puesto que no puede ser mudable.

Pero algunos, no teniendo en cuenta esta distinción, cayeron en diversos errores. Pues unos se empeñaron en aplicar a las cosas mismas que caen bajo el orden la inmutabilidad del orden divino, diciendo que es necesario que todo sea como es; mientras que otros dijeron que Dios no puede hacer más que lo que hace. Contra lo cual se dice en San Mateo: “¿Acaso no puedo pedir a mi Padre, y me enviará de inmediato más de doce legiones de ángeles?”

Otros, por el contrario, aplicaron a la divina providencia la mutabilidad, de las cosas sometidas a la misma, pensando materialmente que Dios, como el hombre carnal, tiene voluntad variable. Y en contra de esto se dice en los Números: “No es Dios como el hombre, para que mienta; ni como el hijo del hombre, para que se cambie”.

Y otros substrajeron la contingencia a la divina providencia. Contra ellos se dice en los Trenos: “¿Quién es este que dijo que se hará algo, no mandándolo Dios?”

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