Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO XII: En qué sentido se llama Sabiduría al Hijo de Dios

CAPÍTULO XII

En qué sentido se llama Sabiduría al Hijo de Dios

Mas, como en el capítulo anterior hemos aplicado a la generación del Verbo lo que se dice de la Sabiduría divina, será lógico manifestar que por Sabiduría divina -en cuya persona se proponen las citadas palabras- puede entenderse el Verbo de Dios.

Y para llegar al conocimiento de lo divino, partiendo de las cosas humanas, es preciso considerar que se llama sabiduría en el hombre a cierto hábito que perfecciona nuestro entendimiento en el conocimiento de las cosas más altas, y tales son las divinas. Mas, cuando se forma en nuestro entendimiento algún concepto sobre las cosas divinas conforme al hábito de la sabiduría, este mismo concepto del entendimiento, que es el verbo interno, suele recibir el nombre de sabiduría, según aquella manera de hablar por la que los actos y los efectos se denominan con los nombres de los hábitos de que proceden. Por ejemplo, lo que se hace justamente, se llama alguna vez justicia; y lo que fuertemente, fortaleza; y, en general, lo que se hace virtuosamente, se llama virtud. Y, de igual modo, lo que uno idea sabiamente se llama sabiduría de una cosa.

En Dios, empero, es preciso decir que hay sabiduría por el hecho de que se conoce a sí mismo; y como no se conoce por medio de alguna especie, sino por su misma esencia Baún más, su mismo entender es su esencia-, la sabiduría de Dios no puede ser un hábito, sino que es la misma esencia divina. Pero consta por lo dicho (c. prec.) que al Hijo de Dios es él Verbo y la concepción de Dios entendiéndose a sí mismo. Síguese, pues, que el mismo Verbo de Dios sea llamado con toda propiedad “Sabiduría concebida” o “engendrada”, como sabiamente concebido por el entendimiento divino; por eso, el Apóstol llama a Cristo “Sabiduría de Dios”.

Ahora bien, la misma palabra sabiduría, concebida por el entendimiento, es una manifestación de la sabiduría del inteligente, porque, incluso en nosotros, todos los hábitos se manifiestan por sus actos. En conclusión, como la sabiduría se llama luz, en cuanto que consiste en un puro acto de conocimiento; y la manifestación de la luz es el propio esplendor que procede de ella, con toda conveniencia también el Verbo de la Sabiduría divina se llama “esplendor de luz”, según aquello del Apóstol, que dice del Hijo: “Siendo el esplendor de su gloria”. Por eso se atribuye el Hijo la manifestación del Padre, cuando dice: “Padre, he manifestado tu nombre a los hombres”.

Sin embargo, aunque el Hijo, que es el Verbo de Dios, se llame propiamente “Sabiduría concebida”, el nombre de “Sabiduría”, absolutamente dicho, es común necesariamente al Padre y al Hijo, por ser la sabiduría, que resplandece por el Verbo, la esencia del Padre, según se ha dicho, y por ser la esencia del Padre común a El y al Hijo.

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