Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO XIII: Razones para probar que Dios existe

CAPÍTULO XIII

Razones para probar que Dios existe

Aclarado ya que no son inútiles los intentos de demostrar la existencia de Dios, expondremos ahora las razones con que los filósofos y doctores católicos la probaron.

Daremos en primer término los argumentos con que Aristóteles prueba la existencia de Dios. Lo que intenta probar partiendo del movimiento, mediante dos vías.

La primera es: Todo lo que se mueve es movido por otro. Mas el testimonio de los sentidos atestigua que hay algo que se mueve, por ejemplo, el sol. Recibe, pues, el movimiento de otro. Ahora bien, o este motor se mueve o no. Si no se mueve, tenemos lo intentado, es decir, que hay necesariamente un motor inmóvil. Y a éste llamamos Dios. Si, por el contrario, se mueve, es movido por otro. Luego se ha de proceder indefinidamente o se ha de llegar a un motor inmóvil. Como es imposible proseguir indefinidamente, necesariamente hemos de admitir un motor inmóvil.

En esta prueba hay dos proposiciones que han de ser probadas, a saber: que “todo lo que se mueve es movido por otro”, y que “en los seres motores y movidos no hay que proseguir indefinidamente”.

El Filósofo prueba la primera de tres maneras: 1. Si un ser se mueve a sí mismo, es necesario que tenga en sí el principio de su movimiento; de lo contrario, sería movido por otro. También es necesario que “sea primordialmente movido”, es decir, que se mueva por sí mismo y no por virtud de una de sus partes, como el animal que se mueve por el movimiento del pie, pues no sería movido todo él por sí mismo, sino por una de sus partes, y una movería a la otra. Es necesario, asimismo, que sea divisible y que tenga partes, porque todo lo que se mueve es divisible, como se prueba en el VI de los “Físicos”

Esto supuesto, razona así: El ser que se supone movido por sí mismo es primordialmente movido. De donde, paralizada una de sus partes, sigue la paralización del todo. Pues si se mueve una parte y otra está en reposo, el todo no sería movido el primero, sino la parte que se mueve. Nada que entra en reposo por el reposo de otro se mueve por sí mismo; porque, cuando el reposo de un ser sigue al reposo de otro, es necesario que su movimiento siga el movimiento del otro, y así no se movería a sí mismo. Luego el ser que se suponía como movido por sí mismo, en realidad no se moverá a sí mismo. En consecuencia, lo que se mueve es necesariamente movido por otro.

A esta razón no se opone el que alguno, tal vez, pudiera decir que la parte de lo que se mueve a sí mismo no puede estar en reposo, y, además, que la parte no está en reposo o se mueve si no es accidentalmente, como interpreta falsamente Avicena. Porque la fuerza del argumento se funda en esto: que si algo se mueve primordialmente y por sí, no en virtud de sus partes, es necesario que su movimiento no dependa de otro; mas el moverse de lo divisible, como su propio ser, depende de sus partes; y por esto no puede moverse primordialmente y por sí mismo. Luego para la verdad de la conclusión deducida no se requiere que se suponga como verdad absoluta que una parte de lo que se mueve a sí mismo esté en reposo; sin embargo, es necesario que esta condicional sea verdadera, o sea, “si la parte estuviera en reposo”, estaríalo también el todo. Cosa que puede en realidad ser verdadera aunque su antecedente sea imposible, tal cual lo es la siguiente condicional: “si el hombre es asno, es irracional”.

La segunda prueba (de Aristóteles) es por inducción. Todo lo que se mueve accidentalmente, no se mueve a sí mismo. Pues se mueve al moverse otro. Igualmente, tampoco se mueve a sí mismo lo que es movido por violencia; cosa evidente. Como tampoco lo que se mueve por su movimiento natural, como los animales, quienes consta son movidos por el alma. Ni, en fin, lo que se mueve por natural impulso, como lo pesado y lo leve, que son movidos por quien les da el ser y aparta el impedimento. Es así que todo lo que se mueve o se mueve por sí mismo o accidentalmente. Mas, si es por sí, o es por violencia o por naturaleza; y esto último, o por movimiento intrínseco, como el animal, o extrínseco, como lo grave o lo leve. Luego todo lo que se mueve es movido por otro.

La tercera prueba es como sigue: Nada está simultáneamente en acto y potencia respecto de una misma cosa. Mas todo lo que se mueve, en cuanto se mueve, está en potencia, porque el movimiento es “acto del existente en potencia, en cuanto tal”. Pero todo lo que se mueve, como moviente, está en acto, pues nada obra sino en cuanto está en acto. Luego nada es, respecto a un mismo movimiento, motor y movido. Y, de este modo, nada se mueve a sí mismo.

Debe saberse, sin embargo, que Platón, al afirmar que todo motor Se mueve, tomó la palabra “movimiento” en sentido más universal que Aristóteles. Porque Aristóteles propiamente toma el movimiento en cuanto es el acto del existente en potencia como tal, cual es exclusivamente el de las cosas divisibles y de los cuerpos, como se prueba en el VI de los “Físicos”. Mientras que, según Platón, lo que se mueve a sí mismo no es cuerpo; pues tomaba el movimiento en sentido de operación, así como entender y opinar son un cierto moverse; expresión igual a la que Aristóteles apunta en el III “Del alma”. En atención a esto, decía Platón que el primer motor se mueve a sí mismo en cuanto se entiende y se quiere o ama. Lo cual, en cierto sentido, está en conformidad con las razones de Aristóteles; pues no hay diferencia en llegar a un primer motor que se mueva, según Platón, y en llegar a un primer motor absolutamente inmóvil, según Aristóteles.

Mas la otra proposición, a saber, que “en los motores y movidos no es posible proceder indefinidamente”, pruébala con tres razones:

La primera de ellas es: Si hay proceso infinito en los motores y movidos, es necesario que todos esos infinitos lean cuerpos, porque, como se probó en el VI de los “Físicos”, todo lo que se mueve es divisible y cuerpo. Ahora bien, todo cuerpo que mueve, al moverse, a la vez que mueve es movido. Luego todos estos infinitos se mueven simultáneamente cuando uno de ellos se mueve. Pero este uno, como es finito, se mueve con tiempo finito. Luego, todos aquellos infinitos se mueven con tiempo finito. Mas esto es imposible. Luego es imposible también que en los motores y movidos se dé proceso infinito.

Además, que sea imposible que los citados infinitos se muevan con tiempo finito lo prueba de este modo: El que mueve y lo movido deben ser simultáneos: como lo demuestra valiéndose de las particulares clases de movimiento. Mas los cuerpos no pueden estar simultáneamente si no es por continuidad o por contigüidad. Luego, como todos los motores y movidos son cuerpos, como ya se probó, deberán ser como un solo móvil por continuidad o contigüidad. Y así un solo infinito se mueve con tiempo finito. Lo que es imposible, como se demostró en el VI de los “Físicos”.

La segunda razón para probar lo mismo es: En los motores y movidos subordinados, o sea, de los cuales uno es movido por el otro ordenadamente, ha de darse necesariamente lo siguiente, que, quitado el primer motor o cesando en su movimiento, ninguno de los otros moverá ni será movido, porque el primero es causa del movimiento de todos los demás. Mas si estos motores y movidos subordinados se multiplicaran infinitamente, no habría algún primer motor, pues todos serían como medios para mover. Luego ninguno de ellos podría moverse, y así nada se moverá en el mundo.

La tercera prueba recae sobre lo mismo, aunque alterando el orden, es decir, comenzando por lo superior. Y es así: Lo que mueve instrumentalmente no puede mover si no hay algo que mueva como causa principal. Pero si fuera posible proceder indefinidamente en los motores y movidos, todos ellos serían como instrumentos para mover, puesto que se toman como motores movidos, y ninguno do ellos es considerado como motor principal. Luego nada se moverá.

Esto evidencia lo prueba de las dos, proposiciones supuestas en la primera vía de demostración, mediante la cual prueba Aristóteles que el “primer motor es inmóvil”.

La segunda vía es ésta: Si todo motor se mueve, esta proposición o es verdadera en sí o lo es sólo accidentalmente. Si es accidentalmente, no es necesaria, porque lo accidentalmente verdadero no es necesario. Luego es contingente que ningún motor se mueve. Mas, si el motor no se mueve, es imposible que mueva, como dice el adversario. Luego es contingente que nada se mueve, porque, si nada mueve, nada se mueve. Pero Aristóteles considera imposible que nunca haya habido movimiento. Luego el primero no fue contingente, porque de una falsedad contingente no se sigue una falsedad imposible. Y así, esta proposición: “todo lo que se mueve es movido por otro”, no fue verdadera accidentalmente.

Además, si dos cosas están unidas en una accidentalmente, y una de ellas puede prescindir de la otra, es probable que la otra pueda prescindir también de aquélla. Por ejemplo, si el ser blanco y músico se encuentran en Sócrates, y en Platón sólo hallamos el ser músico, sin la blancura, es probable que en otro individuo se encuentre la blancura y no sea músico. Luego si el motor y lo movido están juntos en un sujeto accidentalmente, y el movido está en algo sin que esté el que lo mueve, es probable que el motor se encuentre sin aquello que le mueva. Y no cabe invocar contra esto el que uno dependa del otro, porque los que son tales no se juntan esencial, sino accidentalmente.

Pero, si la proposición citada fuera verdadera en sí, resultarían las mismas imposibilidad e inconveniencia. Porque o el motor debería mover con la misma especie de movimiento con que mueve o con otra. Si fuera la misma, será necesario que el que altera se altere, y Bsiguiendo el procesoB el que sana sane, y el que enseña aprenda lo que ya sabe. Cosa esta imposible, pues es necesario que quien enseña tenga la ciencia, como también lo es que quien aprende carezca de ella; de esto se seguiría que un sujeto tendría y no tendría la misma cosa, lo cual es imposible. Mas si el motor tuviera otra especie de movimiento para moverse, de tal modo, a saber, que el que altera se mueva localmente y el motor localmente aumente, etc., como los géneros y especies de movimiento son finitos, no sería posible, en consecuencia, proceder indefinidamente. Y de esto resultaría la existencia de un primer motor no movido por otro. A no ser que diga alguno que el retroceso se haga de esta manera: una vez terminados todos los géneros y especies de movimiento, se deba volver al primero de nuevo. Por ejemplo: si el motor se altera localmente y el que altera aumenta, de nuevo el que aumenta se mueva localmente. Pero el resultado sería el mismo que el anterior, o sea, que lo que mueve con una especie determinada de movimiento se mueva con la misma, aunque no inmediata, sino mediatamente.

Luego, en conclusión, es necesario admitir “un primero que no es movido por algo exterior”.

Mas como, dado que haya un primer motor que no se mueve por algo exterior, no se sigue que sea totalmente inmóvil, por eso Aristóteles va más allá, diciendo que eso puede ser de dos maneras: una, que tal primer motor sea absolutamente inmóvil, y, supuesto esto, tenemos lo que buscarnos, o sea, que hay algún primer motor inmóvil. Otra, que dicho primer motor se mueva a sí mismo. Y esto parece probable, porque lo que es por sí es anterior a lo que es por otro; por eso en los movidos es razonable que el primer motor se mueva por sí mismo y no por otro.

Y, dado esto, síguese nuevamente lo mismo. Porque no se puede decir que el que mueve su todo sea movido por el todo, pues de ello se seguirían los inconvenientes ya mencionados, o sea, que un sujeto enseñaría y simultáneamente sería enseñado, sucediendo lo mismo con los demás movimientos; además, que una cosa estaría a la vez en potencia y en acto, porque el que mueve, en cuanto tal, está en acto, y el movido, en cuanto tal, está en potencia. Conclúyese, pues, que una de sus partes es solamente motor y la otra movida. Y tal resultado es igual que el anterior, o sea, que algo es motor inmóvil.

Tampoco es posible decir que se muevan ambas partes moviendo una a la otra, ni que una parte se mueva a sí misma y mueva a la otra, ni que el todo mueva a la parte ni ésta al todo, porque se seguirían los mismos inconvenientes, es decir, que una cosa simultáneamente se movería y movería con la misma clase de movimiento, y que estaría a la vez en potencia y en acto, y, además, que el todo no sería lo primeramente que se movería sino por razón de su parte. Conclúyese, pues, que de las partes de quien se mueve a sí mismo, una sea inmóvil y motora de la otra. Pero como, entre nosotros, en los que se mueven a sí mismos, o sea, en los animales, la parte motor, es decir, el alma, aunque en sí es inmóvil, se mueve, no obstante, accidentalmente, demuestra también que la parte del primer semoviente, al mover, no se mueve ni esencial ni accidentalmente.

Como los animales, que son los semovientes que nosotros vemos, son corruptibles, su parte motora se mueve accidentalmente. Si, pues, es necesario reducir los semovientes corruptibles a un primer motor que sea sempiterno, deberá existir, por tanto, un primer motor que se mueva a sí mismo que no sea movido ni esencial ni accidentalmente.

Y que la existencia de este primer motor sempiterno es necesaria, manifiéstase en conformidad con su parecer. Porque si, como supone él, el movimiento es sempiterno, es necesario que la generación de los semovientes generables y corruptibles sea perpetua. Y ninguno de dichos semovientes puede ser causa de tal perpetuidad, pues no ha existido siempre. Ni pueden serlo tampoco en conjunto, porque ni existen a la vez ni son infinitos. Dedúcese, pues, que es necesario exista un semoviente perpetuo, causa de la perpetuidad de la generación de todos estos semovientes inferiores. Y, en consecuencia, su motor no se moverá ni esencial ni accidentalmente.

Además, de entre los semovientes vemos que algunos comienzan a moverse de nuevo por otro movimiento que no proviene del mismo animal, por ejemplo, en virtud de la comida ya digerida o por alteración del aire; movimiento este que hace que el semoviente se mueva accidentalmente. Siguiéndose de esto que ningún semoviente, cuyo motor se mueve esencialmente, se mueve siempre. Sin embargo, el primer semoviente muévese siempre, porque de no ser así no habría movimiento sempiterno, ya que todo movimiento es producido por el movimiento del primer semoviente. Dedúcese, pues, de esto que el primer semoviente se mueve por un motor que no es movido ni esencial ni accidentalmente.

En nada contraría a este argumento el que los motores de los orbes inferiores produzcan movimiento sempiterno, aunque ellos se mueven accidentalmente. Pues se dice que se mueven accidentalmente no en atención a sí mismos, sino en atención a sus propios móviles, que siguen el movimiento del orbe superior.

Pero como Dios no es parte de ningún semoviente, Aristóteles investiga después en su “Metafísica”, descontado este motor que es parte del semoviente, otro motor totalmente separado, que es Dios. Pues como todo semoviente muévase por apetito, es necesario que el motor que es parte del semoviente mueva por el apetito de algo apetecible. Y lo apetecible es superior al propio motor, porque quien apetece es en cierto sentido un motor movido, mientras que lo apetecible es motor absolutamente no movido. Luego debe existir “un primer motor separado absolutamente inmóvil”, que es Dios.

Sin embargo, ambos procesos demostrativas parece se apoyaran en dos puntos débiles. El “primero” de ellos es que se parte de la suposición de la eternidad del movimiento, cosa que los católicos creen ser falsa. Mas a esto se contesta que la vía más eficaz para demostrar la existencia de Dios es la que parte de la suposición de la eternidad del mundo, y si la aceptamos, parece menos claro que Dios exista. Porque, si tanto el mundo como el movimiento tienen comienzo, es evidente que es necesario suponer alguna causa que produzca de nuevo al mundo y al movimiento, porque todo lo que comienza a ser de nuevo ha de tomar necesariamente su origen de un innovador, pues nada se reduce por sí de la potencia al acto o del no ser al ser.

El “segundo” es que en dichas demostraciones se supone que el primer movido, o sea, el cuerpo celeste, se mueve por sí mismo. De lo que se sigue que es animado. Cosa que muchos no conceden.

Y a esto se contesta que, si el primer motor no se supone semoviente, es necesario que sea movido inmediatamente por el que es totalmente inmóvil. Por eso Aristóteles incluye la disyuntiva en esta conclusión, es decir, o que es necesario llegar inmediatamente al primer motor inmóvil separado o al semoviente, mediante el cual llégase nuevamente al primer motor inmóvil separado.

Procede, además, Aristóteles por otra vía para demostrar que en las causas eficientes no es posible proceder indefinidamente, siendo necesario llegar a una causa primera, a la que llamamos Dios. Y tal es esta vía: En todas las causas eficientes ordenadas, lo primero es causa del medio, y lo medio de lo último, ya sea un solo medio o ya sean varios. Y, quitada la causa, desaparece lo causado. Luego, quitado lo primero, el medio no podrá ser causa. Y si se procediese indefinidamente en las causas eficientes, ninguna sería causa primera. Luego desaparecen todas aquellas que son medias. Esto es, sin embargo, manifiestamente falso. Luego debe suponerse que “existe la primera causa eficiente”, que es Dios.

Todavía puede sacarse otra razón de las mismas palabras de Aristóteles. En el II de los “Metafísicos” demuestra que aquellas cosas que son verdaderas en grado sumo tienen, a la vez, el ser en grado sumo. Mas en el IV de la misma obra prueba que existe algo verdadero en grado sumo, por el hecho de que, si vemos que entre dos cosas falsas una lo es más que la otra, será necesario que una de ellas sea más verdadera que la otra, según su aproximación a lo que es esencialmente y en sumo grado verdadero. De lo que se deduce, en última instancia, que existe algo que es ser en sumo grado, que llamamos Dios.

Para probar esto adúcese también otra razón del Damasceno, tomada del gobierno de las cosas, que también nota el Comentarista en el II de los “Físicos”. Y es: Es imposible que cosas contrarias y disonantes convengan siempre o las más de las veces en un orden si alguien no las gobierna, haciéndolas tender a todas y cada una a un fin determinado. Si, pues, vemos que en el mundo las cosas de naturaleza más diversa convienen en un orden, no casualmente y rara vez, sino siempre o casi siempre, debe existir “alguien por cuya providencia es el mundo gobernado”. Y a ese tal llamamos Dios.

Si encuentras un error, por favor selecciona el texto y pulsa Shift + Enter o haz click aquí para informarnos.

1 comentario

Añadir un comentario
  1. Solo quiero agradecerles por sus publicaciones que me an ayudado mucho a entender sobre la ecxistencia de DIOS. Que Dios los vendiga y sigan adelante con su buen trabajo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Quot articulos tot miracula - All rights reserved - IVE 2013 Frontier Theme