Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO XIV: El mal es una causa accidental

CAPÍTULO XIV

El mal es una causa accidental

Vemos, pues, por lo anterior, que el mal, aunque de por sí no es causa, lo es, sin embargo, accidentalmente.

Si una cosa es causa propia de otra, lo que le sobrevenga será a la vez causa accidental de la otra; por ejemplo, la blancura que le sobreviene al constructor es causa accidental de la casa. Sabemos que todo mal se encuentra en algún bien (c. 11). Y todo bien es en cierto sentido causa de algo; por ejemplo, la materia es de algún modo causa de la forma, y viceversa; igualmente, el agente con respecto al fin. Por eso no hay lugar para un proceso indefinido de causas, si algo es causa de otro, en razón del círculo existente entre causas y causados según las diversas especies de causas. Luego el mal es una causa accidental.

El mal es cierta privación, según hemos dicho (c. 7). Y la privación es un principio accidental en las cosas mudables, así como la materia y la forma lo son de por sí. Por lo tanto, el mal es causa accidental de algunas cosas.

Un defecto de la causa se reproduce en el efecto. Ahora bien, un mal es un defecto de la causa. No puede, sin embargo, ser causa de por sí, porque una cosa no es causa por lo que tiene de deficiente, sino por lo que tiene de entidad; pues si fallara totalmente no podría ser causa de nada. Luego el mal es causa del algo, no propia, sino accidental.

Discurriendo a través de todas las especies de causas, encontramos que el mal es causa accidental. Efectivamente, en la especie de causa eficiente, porque por la deficiente virtud de la causa agente síguese un defecto en el efecto y en la acción. En la especie de causa material, porque por la indisposición de la materia se produce un defecto en el efecto. En la especie de causa formal, porque siempre se añade a una forma la privación de otra. Y en la especie de causa final, porque el mal va unido al fin indebido, puesto que por él se impide el debido fin.

Se ve, pues, que el mal es causa accidental y que no puede ser causa de por sí.

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