Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO XLII: En esta vida no podemos entender las substancias separadas, como afirma Alejandro

CAPÍTULO XLII

En esta vida no podemos entender las substancias separadas, como afirma Alejandro

Como Alejandra afirmó que el entendimiento posible es generable y corruptible, como si fuera “cierta preparación de la naturaleza humana resultante de la mezcla de elementos”, según se expuso en el libro segundo (c. 62); y no siendo posible que tal virtud se eleve sobre lo material, supuso que nuestro entendimiento posible no podrá llegar nunca al conocimiento de las substancias separadas. No obstante, afirmó que nosotros podemos conocer las substancias separadas en el estado actual de vida.

Y pretendió demostrarlo de esta manera: cada cual, al llegar al término de su generación y a su última perfección substancial, realiza su propia operación, sea ésta una acción o una pasión. Porque así como la operación viene después de la substancia, así también la perfección de la operación responde a la perfección substancial; por eso el animal, cuando es totalmente perfecto, puede andar por sí mismo. Ahora bien, la operación del entendimiento habitual -que no es más que “las especies inteligibles hechas existentes en el entendimiento posible por el agente- es doble: una, para convertir en acto los inteligibles en potencia -operación que se debe al entendimiento agente-, y otra, que consiste en entender los inteligibles en acto; y estas dos cosas las puede hacer el hombre por el entendimiento habitual. Luego, cuando termina la generación del entendimiento habitual, se realizan en él ambas operaciones. Pero cada vez que adquiere nuevas especies inteligibles se acerca al término de su generación; y, según esto, es necesario que alguna vez, de no haber impedimento, llegue su generación a término, porque ninguna generación tiende al infinito. Así, pues, el entendimiento habitual será completado por ambas operaciones cuando convierta en acto todos los inteligibles en potencia, lo cual es el complemento de la primera operación; y también cuando entienda todas las cosas inteligibles, separadas o no separadas.

Pero como el entendimiento posible no puede -según su opinión- entender las substancias separadas, como ya dijimos, se empeña en que las entendamos mediante el entendimiento habitual cuando el entendimiento agente -que, según él, es substancia separada- se convierte en forma del entendimiento habitual y nuestra; de manera que entenderíamos por él tal como ahora entendemos por el entendimiento posible. Y como la operación propia del entendimiento agente es hacer de todos los inteligibles en potencia inteligibles en acto y entender las substancias separadas, síguese que en el estado actual entenderemos las substancias separadas y todos los inteligibles no separados.

Y así, mediante este conocimiento que procede de los fantasmas llegaremos al conocimiento de las substancias separadas; pero no como si los fantasmas mismos y lo entendido por ellos fueran un cierto medio para conocer las substancias separadas (como sucede en las ciencias especulativas y sostenía la opinión anterior -c. prec.-), sino porque las especies inteligibles son ciertas disposiciones que tenemos para una forma determinada, que es el entendimiento agente. Y ésta es la primera diferencia entre ambas opiniones.

Por lo tanto, cuando el entendimiento habitual fuere perfeccionado por dichas especies inteligibles producidas en nosotros por el entendimiento agente, éste se convertirá en forma nuestra, según se dijo. Y lo llama “entendimiento adquirido” porque, según dicen, Aristóteles afirmó que procedía “ab extrinseco”. Y así, aunque en las ciencias especulativas no esté la última perfección humana, como suponía la opinión anterior, sin embargo, el hombre se dispone por ellas para conseguir la última perfección. Y ésta es la segunda diferencia entre ambas opiniones.

La tercera diferencia está en que, según la opinión primera, el entender al entendimiento agente es la causa de que se nos una. Pero según la segunda opinión sucede al revés; pues por el hecho de unírsenos como forma resulta que lo entendemos a él y a las otras substancias separadas.

Mas esto se dice sin fundamento alguno. Pues, según Alejandro, tanto el entendimiento habitual como el posible es generable y corruptible. Ahora, según él, lo eterno no puede hacerse forma de lo generable y corruptible, y por esto dice que el entendimiento posible, que se nos une como forma, es generable y corruptible; pero que el agente, que es incorruptible, es substancia separada. Luego, como el entendimiento agente es, según Alejandro, cierta substancia separada eterna, será imposible que el entendimiento agente se haga forma del entendimiento habitual.

Además, la forma del entendimiento, en cuanto entendimiento, es lo inteligible, como la forma del sentido es lo sensible; pues el entendimiento, hablando con propiedad, sólo recibe inteligiblemente, igual que el sentido sólo recibe sensiblemente. Así, pues, si el entendimiento agente no puede ser inteligible por el entendimiento habitual, en modo alguno podrá ser su forma.

Por otra parte, decimos que entendemos mediante una cosa de tres maneras: primera, cuando entendemos por el entendimiento, que es la potencia de que deriva tal operación; por eso se dice que el mismo entendimiento entiende y que su entender se convierte en el nuestro. -Segunda, cuando entendemos por especie inteligible; y decimos que entendemos por ella, no como si ella entendiera, sino porque la potencia intelectiva se convierte por ella en acto, como la potencia visual por la especie de color. -Tercera, cuando entendemos por un medio cuyo conocimiento nos lleva a conocer otra cosa.

Luego, si el hombre conoce alguna vez por el entendimiento agente las substancias separadas, es preciso que ello sea por alguna de las maneras indicadas. Según la tercera no puede ser, porque Alejandro no admite que el entendimiento posible o el habitual entiendan al entendimiento agente. Según la segunda tampoco, porque el entender por especie inteligible se atribuye a la potencia intelectiva, de la cual es forma dicha especie inteligible; y Alejandro no admite que el entendimiento posible o el habitual entiendan las substancias separadas; por eso no es posible que entendamos las substancias separadas por el entendimiento agente a la manera que entendemos algunas cosas por la especie inteligible. -Mas, si es por la potencia intelectiva, es preciso que el entender mismo del entendimiento agente sea también el entender del hombre. Y esto no es posible si antes no se hace con la substancia del entendimiento agente y la del hombre un solo ser; porque es imposible, si existen dos substancias diversas en su ser, que la operación de una sea también la de la otra. Luego el entendimiento agente formará con el hombre un solo ser, y no un ser accidental, porque el entendimiento agente ya no seria entonces una substancia, sino un accidente. Por ejemplo, con el color y el cuerpo se constituye una unidad accidental. Sólo resta, pues, que el entendimiento agente forme con el hombre una unidad substancial. Y entonces será, o el alma humana o una parte de la misma, pero no una substancia separada, como supone Alejandro. Por lo tanto, no es posible que, conforme a la opinión de Alejandro, pueda el hombre entender las substancias separadas.

Si el entendimiento agente puede hacerse alguna vez forma de este hombre, de modo que por él entienda, por idéntica razón podrá hacerse también forma de otro hombre, que entienda igualmente por él. Y de esto resultará que dos hombres entenderán simultáneamente por el encendimiento agente como por su propia forma. Y esto en el sentido, como dijimos, de que el entender mismo del entendimiento agente sea el entender de quien por él entiende. Luego dos inteligentes tendrán un idéntico entender. Lo cual es imposible.

Y la razón que daba Alejandro es totalmente vana. En primer lugar, porque, cuando termina la generación de algún género, es menester que termine también su operación, aunque en conformidad con el modo de ser de su propio género y no del de otro superior; por ejemplo, cuando termina la generación del aire, tiene éste completos su generación y también su movimiento hacia arriba, y no para moverse hacia el lugar del fuego. Igualmente, cuando termina la generación del entendimiento habitual, termina también su operación, que es el entender, y a su manera, y no a la manera como entienden las substancias separadas, es decir, para que pueda entenderlas. Resulta, pues, que de la generación del entendimiento habitual no puede deducirse que el hombre entienda alguna vez las substancias separadas.

En segundo lugar, porque tanto el complemento de una operación como la operación misma pertenecen a la misma potencia. Luego, si el entender las substancias separadas es el complemento de la operación del entendimiento habitual, síguese que dicho entendimiento entenderá alguna vez las substancias separadas. Y esto no lo afirma Alejandro; porque resultaría que el entender las substancias separadas tendría lugar en las ciencias especulativas, que caen bajo el entendimiento habitual.

En tercer lugar, porque las cosas que empiezan a engendrarse llegan en su mayoría al término de la generación, ya que todas las generaciones de cosas obedecen a causas determinadas que alcanzan sus efectos siempre o casi siempre. Luego, si a la terminación de la generación sigue el complemento de la acción, es menester que la operación completa siga también a las cosas que se engendran siempre o casi siempre. Pero quienes se dedican a acrecentar en sí el entendimiento habitual, nunca llegan a entender las substancias separadas; es más, nadie ha manifestado haber conseguido esta perfección. Luego el entender las substancias separadas no es un complemento de la operación del entendimiento habitual.

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