Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO XLVI: Dios no entiende más que por su esencia

CAPÍTULO XLVI

Dios no entiende más que por su esencia

Es evidente, después de lo que hemos probado, que el entendimiento divino no entiende nada por ninguna especie que sea distinta de su propia esencia.

La especie inteligible es, en efecto, el principio formal de la operación intelectual; como la forma de cualquier agente es el principio de su propia operación. Pero la operación intelectual divina es su propia esencia, como vimos. Si, pues, el entendimiento divino entendiera mediante una especie inteligible que no fuera su propia esencia, habría otra cosa que sería principio y causa de la esencia divina. Lo que contradice a las verdades ya expuestas.

Por la especie inteligible el entendimiento conoce, de la misma manera que el sentido siente mediante la especie sensible. Por tanto, la especie inteligible es al entendimiento como el acto es a la potencia. Sí, pues, el entendimiento divino conociese por una especie inteligible que no fuera él mismo, estaría en potencia respecto de algo. Y esto, como ya se ha demostrado, es imposible.

La especie inteligible que se halle en el entendimiento siendo distinta de su esencia, tiene un ser accidental; y de aquí que nuestra ciencia se cataloga entre los accidentes. Pero en Dios no puede haber algo accidental, como se probó arriba. Por consiguiente, no hay en su entendimiento especie alguna inteligible distinta de la misma esencia divina.

La especie inteligible es la semejanza de algún objeto entendido. Si, pues, en el entendimiento divino hay alguna especie inteligible distinta de su esencia, habría la semejanza de un objeto entendido. Ahora bien, o es semejanza de la esencia divina, o es de cualquiera otra cosa. Pero es imposible que sea de la esencia divina, porque en este caso la divina esencia no sería inteligible de por sí, sino que dicha especie la haría inteligible. Tampoco puede haber en el entendimiento divino una especie inteligible distinta de su esencia, que sea semejanza de otra cosa. Pues esta semejanza sería impresa en Él por alguien; es imposible que sea por sí mismo, porque, en este caso, la misma cosa sería a la vez agente y paciente; además existiría un agente que infundiría en el paciente, no su propia semejanza, sino otra distinta, y, por do tanto, no todo agente produciría algo semejante a sí mismo. Tampoco ha sido impresa por otro, porque entonces existiría un agente anterior a Él. Por lo tanto, es imposible que haya en Dios una especie inteligible distinta de su esencia.

Se ha demostrado que el entender de Dios es su propio ser. Si, pues, entendiese por una especie que no fuese su esencia, sería por algo distinto de su esencia, lo que es imposible. Por consiguiente, no conoce por una especie que no sea su esencia.

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