Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO XXI: Dios es su propia esencia

CAPÍTULO XXI

Dios es su propia esencia

De lo dicho puede deducirse que Dios es su propia esencia, quididad o naturaleza.

En todo ser que no es su propia esencia o quididad, es necesario admitir alguna composición. En efecto, como quiera que todo ser tiene su esencia, si existe alguno que nada tenga sino su esencia, todo lo que dicho ser es pertenecerá a su esencia, y así él mismo será su propia esencia. Si, pues, hubiere alguno que no fuera su propia esencia, necesariamente se daría en él algún elemento extraño a ella, y, por tanto, ya tendría composición. De aquí que en los seres compuestos aun la esencia es denominada por uno de los componentes como la humanidad en el hombre. Pero ha quedado ya demostrado que en Dios no hay composición. Dios, por tanto, es su propia esencia.

Sólo está fuera de la esencia o quididad de un ser lo que no entra en su definición, pues la definición significa qué es una cosa. Pero únicamente los accidentes no entran en la definición de los seres. Los accidentes, por tanto, son lo único que está en el ser fuera de su esencia. Ahora bien, como probaremos más adelante, en Dios no hay accidentes. Nada hay en Él, por consiguiente, además de su esencia. Es, pues, su propia esencia.

Las formas que no se predican de cosas subsistentes, ya se las considere en general o individualmente, son formas que de por sí no subsisten singularmente individualizadas en sí mismas. No se dice, en efecto, que Sócrates, o el hombre, o el animal, sean la blancura, porque la blancura no subsiste en sí singularmente, sino que se individualiza en el sujeto subsistente. De igual modo, las formas naturales no subsisten de por sí singularmente sino cuando se individualizan en sus propias materias: por eso, no decimos que este fuego, o simplemente el fuego, sea su propia forma. Las mismas esencias o quididades de los géneros y especies se individualizan por la determinada materia de tal o cual individuo, aunque la quididad del género o de la especie contengan la forma y la materia en general; y así, no se dice que Sócrates o el hombre son la humanidad. Ahora bien, la esencia divina es por sí substancia singular o individualizada en sí misma al no estar en materia alguna. Por consiguiente, la esencia divina se predica de Dios de modo que se puede decir: Dios es su propia esencia.

La esencia de un ser, o es el mismo ser o de algún modo es su causa, pues los seres se especifican por su esencia. Pero nada hay que pueda ser en modo alguno causa de Dios, por ser el Primer Ser, como ya se ha demostrado; por lo tanto, es su propia esencia.

Lo que no es su propia esencia es en parte, con respecto a la misma, como la potencia respecto al acto. Por esto la esencia se considera a modo de forma; la humanidad, por ejemplo. Pero en Dios, como ha quedado demostrado, no hay potencialidad. Luego necesariamente Dios es su propia esencia.

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