Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULO XXII: De qué diversas maneras se ordenan las cosas a sus propios fines

CAPÍTULO XXII

De qué diversas maneras se ordenan las cosas a sus propios fines

Podemos ver por lo dicho que lo último por lo que una cosa se ordena al fin es su propia operación, aunque diversamente, según la diversidad de operaciones.

Pues hay operaciones que consisten en mover a otro, como el calentar y el cortar. Otras, en ser movidos por otro, como ser calentado o cortado. Y otras son una perfección de quien, existiendo en acto, no intenta provocar un cambio en otro ser; y éstas se diferencian en primer lugar de las pasiones y movimientos, y en segundo, de la acción que cambia una materia exterior. Y son: entender, sentir y querer. De donde se sigue evidentemente que los seres que solamente se mueven y obran, pero ni mueven ni obran en otros, tienden a asemejarse a Dios conservando su propia perfección; sin embargo, los que obran y mueven, en cuanto tales, tienden a asemejarse a Dios en lo de ser causas; por último, aquellos que, por el hecho de moverse, mueven, intentan asemejarse a Dios en ambas cosas.

Pero los cuerpos inferiores, como se mueven con movimientos naturales, se consideran únicamente como movidos, y no como motores, a no ser accidentalmente; porque a veces sucede que una piedra, al descender, empuja a lo que le estorba. Lo mismo acontece con la alteración y otros movimientos. Por eso la finalidad de su movimiento es alcanzar la divina semejanza conservando su propia perfección, que consiste en mantener la forma propia y “su” lugar.

Sin embargo, los cuerpos celestes mueven moviéndose. Por eso la finalidad de su movimiento es el conseguir la divina semejanza de las dos maneras. Respecto a su propia perfección, en cuanto que el cuerpo celeste está actualmente en un lugar donde antes se encontraba en potencia. -No obstante, aunque permanezca en potencia respecto al lugar en que antes se encontraba en acto, no por eso consigue menos su perfección. Porque del mismo modo tiende la materia prima a su perfección al adquirir en acto la forma que antes tenía en potencia, aunque para ello deje de tener la forma que antes tenía en acto; pues ésta es la manera como la materia recibe sucesivamente todas las formas a que está en potencia, con el fin de que toda su potencia sea reducida en acto sucesivamente, lo cual no podría hacerse simultáneamente. Luego como el cuerpo celeste se encuentra en potencia al lugar, igual que la materia prima respecto a su forma, conseguirá su perfección cuando toda su potencia al lugar se reduzca al acto sucesivamente, ya que no puede realizarlo simultáneamente.

Y, considerados los cuerpos celestes como motores que mueven, la finalidad de su movimiento es conseguir la semejanza divina, siendo ellos causas de otros. Y lo son, en realidad, puesto que causan la generación y corrupción y otros movimientos en las cosas inferiores. Luego los movimientos de los cuerpos celestes, tomados como motores, están ordenados a la generación y corrupción de las cosas inferiores. -Y no hay inconveniente en admitir que los cuerpos celestes muevan a la generación de los inferiores, aunque éstos sean menos nobles que ellos, porque el fin debe valer más que lo ordenado a él. Pues el generante obra en orden a la forma del engendrado, y éste no es más digno que aquél, si bien, en el grado de los agentes unívocos, tenga su misma especie. La razón es que el generante intenta la forma del engendrado, la cual es el fin de la generación, no como un fin último; porque, para él, el fin último es asemejarse al ser divino en perpetuar la especie y difundir la bondad, dando su forma específica a otros y siendo causa de los mismos. Igualmente, los cuerpos celestes, a pesar de ser más dignos que los inferiores, intentan engendrarlos y actualizar sus formas con su propio movimiento; pero esto no es su último fin, el cual consiste en asemejarse a Dios siendo causas de otros seres.

También se ha de tener en cuenta que, según sea lo que un ser participe de la semejanza de la bondad divina, que es el objeto de la voluntad de Dios, así será lo que participe de la semejanza de dicha voluntad, que es la causa de la existencia y conservación de las cosas. Los seres superiores participan la semejanza de la divina bondad de un modo más simple y universal; y los inferiores, de una manera más particular y más dividida. Por eso, entre los cuerpos celestes y los inferiores, no se mira la semejanza en un plano de igualdad, como entre los que pertenecen a una misma especie, sino que se ha de comparar a la que existe entre un agente universal y su efecto particular. Luego, así como la intención de un agente particular inferior se circunscribe al bien de esta especie o de la otra, así también la intención del cuerpo celeste se dirige al bien común de la substancia corporal, que se conserva, multiplica y aumenta por medio de la generación.

Y como, según dijimos, cualquier cosa movida tiende al moverse a la semejanza divina, con el fin de alcanzar su propia perfección, y se es perfecto cuando se está en acto, será preciso que la intención de todo lo que existe en potencia consista en tender al acto mediante el movimiento. Ahora bien, cuanto más posterior y perfecto es un acto, tanto más particularmente tiende hacia él el apetito de la materia. Es preciso, pues, que el apetito con que la materia apetece la forma tienda, como a último fin de la generación, hacia el acto último y perfectísimo que ella sea capaz de alcanzar. Pero en los actos de las formas existe una graduación. Pues la materia prima está en potencia, en primer lugar, con respecto a la forma elemental. Y bajo la forma elemental se encuentra en potencia para la mixta, y bajo ésta, para el alma vegetativa, porque el alma de tal cuerpo es también un acto. Además, el alma vegetativa está en potencia para la sensitiva, y ésta para la intelectiva. Lo cual puede verse en el proceso de la generación: en la generación, lo primero en vivir es el feto, que vive la vida vegetal, después la animal y, por último, la vida humana. Y tras esta forma no hay otra posterior ni más digna en los seres generales y corruptibles. Así, pues, el último fin de la generación de todo es el alma humana, y a ella tiende la materia como a su última forma. Luego las cosas elementales existen para las mixtas; éstas, para los vivientes; y, entre éstos, las plantas para los animales, y éstos, para el hombre. En consecuencia, el hombre es el fin de toda la generación.

Y como las cosas son engendradas por la misma razón que se conservan en el ser, resulta que, según sea el orden establecido para la generación, así será el orden de la conservación. Por eso vemos que los cuerpos mixtos se mantienen por las convenientes cualidades de los elementos; las plantas se nutren de los cuerpos mixtos; los animales, de las plantas; y así, lo más perfecto y poderoso con lo más imperfecto y débil. No obstante, el hombre se sirve de todo género de cosas para su utilidad. De unas, para comer; de otras, para vestirse. Por eso nace desnudo, como capacitado para procurarse el vestido con otras cosas; y tampoco encuentra ningún alimento dispuesto naturalmente para él, a no ser la leche, para que así trabaje en adquirirlo de las diversas cosas. Y de otras cosas se sirve como de medios, pues en velocidad de movimientos y en resistencia para el trabajo es inferior a muchos animales, y ello le obliga a servirse de los mismos para ayudarse. Y, por último, se vale de todas las cosas sensibles para perfeccionar su conocimiento intelectual. Por este motivo, en un salmo dirigido a Dios se dice del hombre: “Todo lo pusiste a sus pies”. Y Aristóteles, en el I de los “Políticos”, dice también que el hombre tiene dominio natural sobre todos los animales.

Luego si el movimiento celeste está ordenado a la generación, y ésta se ordena totalmente al hombre, como fin último de este género, es evidente que el fin del movimiento celeste está ordenado al hombre, considerado como último fin de las cosas generables y corruptibles.

Por esto se dice en el Deuteronomio que Dios hizo los cuerpos celestes “para ayuda de todas las gentes”.

Si encuentras un error, por favor selecciona el texto y pulsa Shift + Enter o haz click aquí para informarnos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Quot articulos tot miracula - All rights reserved - IVE 2013 Frontier Theme