Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

CAPÍTULOS XIII Y XIV: Cómo se predican tales relaciones de Dios

CAPÍTULOS XIII Y XIV

Cómo se predican tales relaciones de Dios

No se puede decir que tales relaciones existen fuera como si fuesen ciertas cosas fuera de Dios.

Si así fuese, siendo Dios el primer ente y el sumo bien, sería necesario acudir a otras relaciones en Dios que le pusiesen en comunicación con aquellas otras que se han supuesto como cosas. Y si a éstas se las conceptúa de nuevo como cosas, será necesario admitir otras terceras, y así indefinidamente. Por tanto, las relaciones por las que se relaciona Dios con las otras cosas no son cosa alguna que exista fuera de Dios.

La predicación denominativa puede Verificarse de dos maneras: predicando de una cosa algo que está fuera de ella, como por razón del lugar se dice que alguien está “en alguna parte”, y por razón del tiempo, que está “alguna vez”; o predicando de ella algo que le es inherente, como por razón de la blancura se dice que está “blanco”. Ahora bien, en la relación no se encuentra nada que permita ser denominada como algo existente fuera, sino como algo inherente; pues no llamamos padre a alguien si no es por razón de la paternidad que hay en él. Por tanto, habiéndose demostrado que en El no son reales y que, sin embargo, se predican de Él, resta por decir que se le atribuyen según nuestro modo de entender solamente, o sea, en cuanto que todas las cosas se refieren a El; pues nuestro entendimiento, al entender la relación que tiene una cosa con otra, coentiende la relación que tiene ésta con aquélla, aunque en realidad a veces no haya tal relación.

Con esto queda también claro que dichas relaciones se predican de Dios de distinto modo como se predica lo demás. Porque todo lo demás, como la sabiduría y la voluntad, son predicados de su esencia; pero de ninguna manera estas dos relaciones, sino solamente según nuestro entender. Pero esto no quiere decir que haya falsedad en el entendimiento, pues por lo mismo que nuestro entendimiento entiende que las relaciones de los efectos divinos terminan en el mismo Dios, le atribuye a El mismo relativamente ciertas cosas, a la manera como entendemos y definimos lo cognoscible relativamente, por la relación que guarda con él la ciencia.

[CAPÍTULO XIV.] Queda con esto demostrado también que no se opone a la divina simplicidad atribuir pluralidad de relaciones a Dios, aunque no afecten a su esencia, pues son fruto del entender. Efectivamente, nada impide a nuestro entendimiento entender muchas cosas y referirse de muy diversas maneras a algo que es en sí simple, considerando de este modo tal simple bajo variadas relaciones. Pues cuanto algo es más simple, tanta más potencialidad tiene y es principio de más cosas; y por esto se le entiende mucho más relacionado, así como el punto es principio de más cosas que la línea, y la línea que la superficie. Luego el hecho mismo de que se consideren en Dios muchas relaciones atestigua su simplicidad suma.

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