Santo Tomás de Aquino

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Cuestión 10: De la eternidad de Dios

Cuestión 10: De la eternidad de Dios

Debemos tratar ahora de la eternidad, y en esta materia se han de esclarecer seis puntos.

Primero: qué cosa sea la eternidad

Segundo: si Dios es eterno

Tercero: si ser eterno es propio de Dios

Cuarto: si la eternidad difiere del tiempo

Quinto: de la diferencia entre el evo y el tiempo

Sexto: si no hay más que un evo, como hay un solo tiempo y una sola eternidad

ARTÍCULO 1 : Si está bien definida la eternidad diciendo que es la posesión total, simultánea y perfecta de la vida interminable

Dificultades. No parece aceptable la definición de eternidad que trae Boecio, al decir que eternidad es “la Posesión total, simultánea y perfecta de la vida interminable”.

1. Porque interminable es término negativo, y la negación, que sólo entra en el concepto de los seres deficientes, no es aplicable a la eternidad. Por tanto, en su definición no debe figurar la palabra “interminable”.

2. Eternidad significa una determinada duración. La duración más afecta al ser que a la vida, y, por tanto, en la definición de eternidad, en lugar del término “vida”, debió ponerse el de “ser”.

3. Se llama todo a lo que tiene partes, cosa que no compete a la eternidad, porque es simple. Luego es impropia la palabra “todo”.

4. Ni muchos días ni muchos tiempos pueden existir simultáneamente. Pero en la Escritura se habla en plural de días y de tiempos de la eternidad, y así, en Miqueas se dice (Miq 5,2): “Su origen se remonta al principio, a los días de la eternidad”; y en la Epístola a los Romanos (Ro 16,25): “Según la revelación del misterio, callado desde los tiempos de la eternidad”. Por tanto, la eternidad no “existe toda a la vez”.

5. Todo es lo mismo que perfecto. Si, pues, la eternidad es “toda”, fue superfluo añadir “perfecta”

6. La posesión nada tiene que ver con la duración. Si, pues, la eternidad es una cierta duración, síguese que no es “posesión”.

Respuesta. Sin embargo, como nosotros, para conocer lo simple, necesitamos partir de lo compuesto, así también al concepto de eternidad llegamos por el de tiempo, que no es otra cosa que “el número del movimiento según el antes y el después”. En efecto, como en todo movimiento hay sucesión y una de sus partes viene después de otra, por el hecho de contar el antes y el después del movimiento, adquirimos la noción del tiempo, que no es más que lo anterior y posterior en el movimiento, y, en cambio, no es posible distinguir un antes y un después en lo que no tiene movimiento y permanece siempre en el mismo ser. Por consiguiente, así como el concepto de tiempo consiste en enumerar el antes y el después del movimiento, el de eternidad proviene de concebir la uniformidad de lo que en absoluto está exento de movimiento.

Además, el tiempo sólo mide lo que en el tiempo tiene principio y fin, como dice Aristóteles en la “Física”, porque en todo lo que se mueve hay que tomar algún principio y algún fin, y, en cambio, en lo totalmente inmutable, como no hay sucesión, tampoco puede haber principio ni fin.

Por consiguiente, formamos concepto de la eternidad por dos cosas: Primera, porque lo eterno es “interminable”, esto es, no tiene principio ni fin (pues el “término” afecta a ambos extremos). Segunda, porque en la eternidad no hay sucesión, ya que toda ella existe a la vez.

Soluciones. 1. Lo simple se acostumbra a definir en forma negativa, y así, por ejemplo, decimos que punto es “lo que no tiene partes”; pero no porque la negación forme parte de su esencia, sino porque nuestro entendimiento, que ante todo entiende lo compuesto, no puede llegar al conocimiento de lo simple más que eliminando la composición.

2. Lo que en verdad es eterno, no solamente tiene ser, sino también vida; y el vivir, de algún modo, se extiende a la operación, cosa que no sucede al ser. Por tanto, la amplitud o prolongamiento de la duración más bien parece que se ha de tomar de la operación que del ser, y sin duda por esto se define el tiempo como número del movimiento.

3. Se llama “toda” a la eternidad, no porque tenga partes, sino porque nada le falta.

4. Lo mismo que la Escritura aplica metafóricamente a Dios, que es incorpóreo, nombres de seres corporales, así también aplica nombres temporales sucesivos a la eternidad, que existe toda a la vez.

5. Dos cosas hay que distinguir en el tiempo: el tiempo mismo, que es sucesivo, y el “ahora” del tiempo, que es imperfecto. Pues bien, para eliminar el tiempo, se dice que es toda a la vez, y para excluir el ahora del tiempo, que es “perfecta”.

6. Se posee aquello que se tiene de modo seguro y estable, y por esto, para designar la inmutabilidad e indeficiencia de la eternidad empleó Boecio el término de “posesión”.

ARTÍCULO 2 : Si Dios es eterno

Dificultades. Parece que Dios no es eterno.

1. Porque nada producido se puede atribuir a Dios, y la eternidad es producida, pues dice Boecio que “el ahora que fluye hace el tiempo, y el ahora permanente hace a la eternidad”, y San Agustín dice que “Dios es autor de la eternidad”. Por tanto, Dios no es eterno.

2. No se mide por la eternidad lo que existía antes y sigue existiendo después de ella. Pues Dios existía antes de la eternidad, como se lee en el libro “De Causis”, y también después, ya que en el Éxodo se dice que “el Señor reinará por toda la eternidad y más allá” (Ex 15,18). Luego ser eterno no conviene a Dios.

3. La eternidad es una determinada medida. Mas, como a Dios no le compete ser medido, síguese que tampoco le conviene ser eterno.

4. En la eternidad no hay presente, pasado ni futuro, ya que, como hemos dicho (a.1), existe toda a la vez. Pero la Escritura aplica a Dios verbos de tiempo presente, pasado y futuro. Por consiguiente, Dios no es eterno.

Por otra parte, dice San Atanasio: “Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo”.

Respuesta. Según hemos visto (a.1), el concepto de eternidad se deriva del de inmutabilidad –como el de tiempo del de movimiento–, y puesto que Dios es lo más inmutable, a Él compete ser eterno en grado máximo. Y no solamente es eterno, sino que es su misma eternidad; y, en cambio, ninguna otra cosa es su propia duración, porque ninguna es su ser. Pero Dios es su ser uniforme, por lo cual, lo mismo que es su esencia, es también su eternidad.

Soluciones. 1. Al “ahora permanente” se le llama productor de la eternidad por exigencia de nuestro modo de conocer, pues lo mismo que nuestra noción del tiempo está causada por la percepción del fluir del ahora, la de eternidad lo está por la idea del ahora permanente. –Él texto de San Agustín, “Dios es autor de la eternidad”, se entiende de una eternidad participada, pues Dios comunicó a algunos su eternidad, al modo como les comunicó su inmutabilidad.

2. De aquí se deduce también la respuesta a lo segundo; pues, al decir que Dios existe antes de la eternidad, se trata de la eternidad participada en las criaturas inmateriales, y por esto se lee allí mismo que el ser intelectual se equipara a la eternidad. –Respecto al texto del Éxodo (Ex 16,18), “el Señor reinará por toda la eternidad y más”, adviértase que allí la palabra eternidad equivale a siglo, como dice otra versión. Se dice, pues, que reinará más allá de la eternidad, porque su reino se extiende más que cualquier siglo, esto es, más que cualquiera duración determinada; pues siglo no es más que el período de duración de una cosa cualquiera, como dice Aristóteles. Es también correcto decir que Dios reinará más allá de la eternidad, porque, aun en la hipótesis de que alguna otra cosa haya existido y existiese para siempre (como, en opinión de algunos filósofos, el movimiento del cielo), Dios, sin embargo, reinaría más allá, por cuanto su reino existe todo a la vez.

3. La eternidad no es otra cosa que el mismo Dios. Por consiguiente, no se dice de El que sea eterno como si de algún modo fuese medido, pues el concepto de medida solamente interviene aquí debido a nuestro modo de conocer.

4. Si a Dios se aplican verbos en distintos tiempos, es porque la eternidad incluye todos los tiempos, y no porque Dios sufra mudanzas de presente, de pasado o de futuro.

ARTÍCULO 3 : Si ser eterno es propio de Dios

Dificultades. Parece que ser eterno no es propio solamente de Dios.

1. Porque en el profeta Daniel se dice que “los que instruyen a la muchedumbre en la justicia, serán como estrellas en perpetuas eternidades” (Dn 12,3). Pero como no habría muchas eternidades si únicamente Dios fuese eterno, síguese que no sólo Dios es eterno.

2. En el Evangelio se lee (Mt 25,41): “Id, malditos, al fuego eterno”. Luego no sólo Dios es eterno.

3. Todo lo que es necesario es eterno, y cosas necesarias hay muchas; v. gr., todos los principios de demostración y todas las proposiciones demostrativas. Por consiguiente, no es Dios lo único eterno.

Por otra parte, dice San Jerónimo: “Dios es el único que no tiene principio”. Pues si lo que tiene principio no es eterno, síguese que sólo Dios es eterno.

Respuesta. Únicamente en Dios hay eternidad en sentido propio y riguroso, porque, conforme hemos visto (a.1), la eternidad sigue a la inmutabilidad, y sólo Dios es absolutamente inmutable, según hemos demostrado (S.Th. 1, 9, 2). –Sin embargo, en la medida en que los seres obtienen de Dios la inmutabilidad, así participan de su eternidad.

Hay seres que obtienen de Dios la inmutabilidad, en cuanto al hecho de que nunca dejarán de existir, y en este sentido dice de la tierra el Eclesiástico que “permanece eternamente” (Eclo 1,4). Otros hay que, por su mucha duración, son calificados en la Escritura de eternos, aunque sean corruptibles; y así, en un salmo se habla de “montes eternos” (Ps 75,5), y en el Deuteronomio, “de los collados eternos” (Dt 33,15). Hay otros que participan en mayor grado del concepto de eternidad, pues son inmutables en cuanto al ser y, además, en cuanto a la operación, como sucede a los ángeles y bienaventurados, que gozan del Verbo, ya que en cuanto a la visión del Verbo no hay en los santos “pensamientos volubles”, como dice San Agustín; y por esto se dice de los que ven a Dios que tienen la vida eterna, según aquello del evangelista San Juan (Jn 17,3): “Esta es la vida eterna: que te conozcan”, etc.

Soluciones. 1. Respondo, pues, a la primera dificultad, que se habla de muchas eternidades, porque son muchos los que por la contemplación de Dios, participan de la eternidad.

2. Se llama eterno el fuego del infierno por la sola razón de que no acaba nunca. No obstante lo cual, hay cambios en las penas de los condenados, pues, como se dice en el libro de Job (24,19), “de un calor intolerable pasarán a aguas de nieve”, por lo cual no hay en el infierno verdadera eternidad, sino más bien tiempo, según las palabras del Salmo: “Su tiempo durará por los siglos” (Ps 80,16).

3. El término “necesario” significa un modo de la verdad, y la verdad, según el Filósofo, está en el entendimiento. Por consiguiente, lo verdadero y necesario es eterno, porque está en el único entendimiento eterno, que es el divino; de lo cual no se sigue que haya cosa alguna eterna fuera de Dios.

ARTÍCULO 4 : Si la eternidad difiere del tiempo

Dificultades. Parece que la eternidad no es cosa distinta del tiempo.

1. Porque no es posible que existan simultáneamente dos medidas de duración más que cuando una forma parte de la otra, y por esto no existen simultáneamente dos días ni dos horas, sino el día y la hora, porque la hora es parte del día. Pero el tiempo y la eternidad coexisten, y uno y otro son cierta medida de duración. Si, pues, la eternidad no es parte del tiempo, porque lo incluye y desborda, parece que el tiempo debe ser parte de la eternidad, y no cosa distinta de ella.

2. Según el Filósofo, el “ahora” del tiempo permanece invariable mientras éste dura. Pues permanecer invariablemente idéntico durante todo el transcurso del tiempo parece ser lo que constituye el concepto de eternidad. Luego la eternidad es el “ahora” del tiempo. Mas como el ahora del tiempo no es en esencia distinto del tiempo mismo, síguese que tiempo y eternidad no son substancialmente distintos.

3. Si, como dice Aristóteles, la medida del movimiento primero es medida de todos los movimientos, parece que la medida del ser primero debe ser también medida de todo ser. Pues la eternidad es la medida del ser primero, que es el ser divino. Luego será medida de todo ser. Pero, como el ser de las cosas corruptibles se mide por el tiempo, síguese que el tiempo es la eternidad, o siquiera algo de ella.

Por otra parte, la eternidad existe toda simultáneamente, y en el tiempo hay antes y después. Por consiguiente, tiempo y eternidad no son una misma cosa.

Respuesta. Es evidente que el tiempo no se identifica con la eternidad. Mas, en cuanto al fundamento de su diversidad, consiste para algunos en que la eternidad carece de principio y de fin, y el tiempo, en cambio, tiene principio y fin. Pero esta diferencia es accidental y no esencial, porque, aun en la hipótesis de que el tiempo no hubiese tenido principio ni haya de tener fin, como admiten los que tienen por sempiterno el movimiento del cielo, todavía quedaría en pie la diferencia entre tiempo y eternidad, como dice Boecio, debido a que la eternidad existe toda a la vez, cosa que no compete al tiempo, porque la eternidad es la medida del ser permanente, y el tiempo lo es del movimiento.

No obstante, si aplicamos la antedicha diferencia, no a la medida, sino a lo medido, tiene el argumento alegado su razón de ser, porque, efectivamente, sólo se mide con el tiempo lo que en el tiempo tiene principio y fin, como dice Aristóteles; y, por tanto, en el caso que el movimiento del cielo durase siempre, si bien el tiempo no lo mediría en toda su duración, ya que lo infinito no puede ser medido, sin embargo, mediría cada una de sus rotaciones, pues éstas tienen principio y fin en el tiempo.

Y aun desde el punto de vista de la medida de duración se puede justificar esta diferencia, si principio y fin se consideran en estado potencial, porque aun dado que el tiempo durase siempre, todavía es posible señalar el principio y el fin de algunas de sus partes, como señalamos principio y fin del día o del año, cosa que no sucede en la eternidad.

Sin embargo, estas diferencias presuponen lo que es diferencia por sí misma, o sea, que la eternidad existe toda a la vez, y el tiempo no.

Soluciones. 1. La razón alegada sería aceptable si tiempo y eternidad fuesen medidas del mismo género, cosa evidentemente falsa, como se ve por los seres cuya medida es el tiempo y la eternidad.

2. El “ahora” del tiempo, subjetivamente, es idéntico mientras el tiempo dura, pero es diferente según nuestro modo de verlo. Débese esto a que el tiempo corresponde al movimiento, y el “ahora” del tiempo al móvil, y el móvil es el mismo durante todo el transcurso del tiempo, aunque aparece distinto según se le considere aquí o allí. Pues este alternar de posiciones es el movimiento, así como el continuo deslizarse del “ahora”, en cuanto alternado y numerado por la razón, es el tiempo. La eternidad, en cambio, permanece la misma en sí y en el entendimiento, y por gesto la eternidad no es lo mismo que el “ahora” del tiempo.

3. La eternidad es la medida propia del ser, como el tiempo lo es del movimiento. Luego cuanto una cosa esté más apartada de la permanencia en el ser y sometida a cambios, tanto estará más alejada de la eternidad y sujeta al tiempo. Por consiguiente, el ser de las cosas corruptible, que es mudable, no se mide por la eternidad, sino por el tiempo. Pero el tiempo no sólo mide lo que actualmente cambia, sino también lo que puede cambiar, por lo cual no sólo mide el movimiento, sino también el reposo, que es el estado de un ser que puede estar en movimiento y no se mueve.

ARTÍCULO 5 : De la diferencia entre el evo y el tiempo

Dificultades. Parece que el evo no es cosa distinta del tiempo.

1. Dice San Agustín que “Dios mueve a la criatura espiritual en el tiempo”. Pero si el evo es, como comúnmente se dice, la medida de las substancias espirituales, síguese que no difiere del tiempo.

2. Según hemos visto (a.1), es de esencia del tiempo tener antes y después, y de la eternidad existir todo simultáneamente. Pero el evo no es la eternidad, pues en el Eclesiástico se dice que la sabiduría eterna “es anterior al evo” (Eccl 1,1). Por consiguiente, el evo no existe todo a la vez, sino que tiene antes y después, y por esto es tiempo.

3. Si en el evo no hubiese antes ni después, se seguiría que en los seres eviternos, sería lo mismo ser que haber sido y haber de ser. Pero, como es imposible que los seres eviternos no hayan existido, también lo será que no hayan de existir en el futuro, y esto es falso, ya que Dios puede reducirlos a la nada.

4. Puesto que la duración de las cosas eviternas que existen no tiene fin, si el evo existiese todo a la vez, síguese que habría algún ser creado actualmente infinito, cosa imposible. Por tanto, el evo no difiere del tiempo.

Por otra parte, dice Boecio: “Tú que mandas salir al tiempo del evo”.

Respuesta. El evo difiere del tiempo y de la eternidad como una cosa media entre ambos. En cuanto a la diferencia entre estas tres cosas, hay quienes la hacen consistir en que la eternidad no tiene principio ni fin; el evo tiene principio, pero no fin, y el tiempo tiene principio y fin. –Pero, según hemos dicho (a.4), estas diferencias son accidentales, porque lo mismo si suponemos que lo eviterno fue y haya de ser por siempre, según quieren algunos, como en el caso de que alguna vez deje de existir, cosa que Dios puede hacer, todavía se distinguiría el evo del tiempo y de la eternidad.

Hay otros que hacen consistir la diferencia en que la eternidad no tiene antes ni después; el tiempo tiene antes y después con renovación y caducidad, y el evo tiene antes y después sin renovación ni caducidad. -Pero esto es contradictorio, como se ve, sin lugar a duda, si la innovación y la caducidad se refieren a la medida de duración, porque, como el antes y el después de la duración no pueden ser simultáneos, si el evo tiene antes y después, es indispensable que, pasada una parte del evo, la reemplace de nuevo la siguiente, con lo cual habrá innovación en el evo como la hay en el tiempo. Si, en vez de aplicar estas diferencias a la medida, las aplicamos a lo medido, tampoco se obvian los inconvenientes; porque, si las cosas temporales envejecen con el tiempo, es debido a que su ser es mudable, y precisamente de la mutabilidad del ser medido proviene el antes y el después de la medida, como se ve en la “Física” de Aristóteles. Por consiguiente, si lo eviterno no es susceptible de innovación ni caducidad, será debido a que su ser es inmutable, por lo cual su medida no tendrá antes ni después.

Por todo lo cual debemos decir que, como la eternidad es la medida del ser permanente, cuanto una cosa se aleja más de la permanencia en el ser, tanto más se aparta de la eternidad. Y hay cosas que de tal manera se alejan de la permanencia, que su ser consiste en la mudanza, o, a lo menos, está sujeto a ella, cual sucede al movimiento y a la naturaleza de las cosas perecederas, y éstas se miden por el tiempo. Hay otras que están menos alejadas de la permanencia en el ser, porque ni su ser consiste en el cambio ni está sujeto a él, aunque tengan anejas a su ser algunas mudanzas, sean éstas actuales o potenciales. Tal sucede a los cuerpos celestes, cuyo ser substancial es inmutable, pero que junto con la inmutabilidad en el ser tienen el poder cambiar de lugar. Algo parecido ocurre a los ángeles, que, no obstante la inmutabilidad de su ser, tienen por naturaleza posibilidad de cambiar en cuanto a la elección, y también de variar de pensamientos, de afectos y, a su modo, de lugares. Estos son, por tanto, los seres que se miden por el evo, que ocupa una posición media entre el tiempo y la eternidad; pues el ser que la eternidad mide, ni es mudable ni tiene aneja mudanza. –Por consiguiente, el tiempo tiene antes y después; el evo no tiene antes ni después en sí mismo, pero pueden juntársele, y la eternidad no tiene antes ni después ni es compatible con ellos.

Soluciones. 1. Las criaturas espirituales, en cuanto a los pensamientos y afectos, en los cuales hay duración, se miden por el tiempo, y por esto allí mismo dice San Agustín que ser movido en el tiempo es ser movido en los afectos. Pero, en cuanto a su ser natural, se miden por el evo, y en cuanto a la visión beatífica participan de la eternidad.

2. Aunque el evo existe todo a la vez, no por ello es la eternidad, porque es compatible con el antes y el después.

3. En el ser del ángel, considerado en sí mismo, no hay diferencia entre presente, pasado y futuro, y sólo la hay en razón de los cambios, anejos a él; y el es, fue y será, que empleamos al hablar del ángel, sólo difieren en nuestro entendimiento, que concibe su ser por comparación con las diversas partes del tiempo. Sin embargo, cuando decimos que el ángel es o fue, suponemos algo cuyo contrario no está sujeto a la omnipotencia divina; y, en cambio, al decir que será, nada suponemos. En efecto, como el ser y el no ser del ángel dependen de la omnipotencia divina, puede Dios en absoluto hacer que el ángel no exista en lo futuro, pero no puede hacer que no exista mientras existe, o que no haya existido después que existió.

4. La duración del evo es infinita, porque no está limitada por el tiempo, Por lo demás, no hay inconveniente en que exista una criatura infinita en cuanto no está limitada por otra cosa.

ARTÍCULO 6 : Si hay un solo evo

Dificultades. No parece que hoja un solo evo.

1. En los apócrifos de Esdras se dice: “La majestad y el poder de los evos está en ti, Señor”.

2. Los seres de diversos géneros tienen distintas medidas. Pero entre las cosas eviternas, unas son del género corporal, como los cuerpos celestes, y otras substancias espirituales, como los ángeles. Por consiguiente, no hay un evo solo.

3. Como el evo es una duración, las cosas que tengan el mismo evo tendrán la misma duración, y, sin embargo no es la misma la de todos los seres eviternos, pues unos empiezan a existir después de otros, como se comprueba, sobre todo, en las almas humanas. Por tanto, no hay un solo evo.

4. No parece que tengan la misma medida de duración las cosas que no dependen unas de otras, pues la razón de que todos los seres temporales tengan, al parecer, el mismo tiempo, es porque el primer movimiento, que es lo primero que el tiempo mide, de algún modo es causa de todos los demás. Pero como los seres eviternos no dependen entre sí, pues un ángel no es causa de otro, síguese que no hay un evo solamente.

Por otra parte, el evo es más simple que el tiempo y más cercano de la eternidad. Pues, si tiempo no hay más que uno, con mucha mayor razón habrá un solo evo.

Respuesta. Acerca de esto corren dos opiniones, pues unos dicen que hay un solo evo, y otros que hay muchos. Cuál de las dos sea la más aceptable se ha de averiguar por la causa de la unidad del tiempo, ya que por lo corporal llegamos al conocimiento de lo espiritual.

Dicen algunos que las cosas corpóreas tienen un mismo tiempo, porque uno mismo es el número de todo lo que se enumera, y, según el Filósofo, el tiempo es número. Pero esto no es suficiente, porque el tiempo no es el número en cuanto abstracto e independiente de lo que se numera, sino en cuanto existente en lo numerado, condición indispensable para que sea continuo, por lo cual diez brazas, v. gr., de paño, tienen continuidad, no por el número, sino por el paño. Por consiguiente, el número que hay en las cosas numeradas no es el mismo para todas, sino distinto en las que son diversas.

En vista de esto, señalan otros como causa de la unidad del tiempo la unidad de la eternidad, que es el principio de toda duración, y de este modo todas las duraciones tienen, unidad, en razón de ser principio, aunque, debido a la diversidad de lo que recibe duración por influjo del primer principio, sean múltiples. Otros, por fin, creen que la unidad del tiempo proviene de la materia prima, que es el primer sujeto del movimiento medido por el tiempo. -Pero ninguna de estas explicaciones parece suficiente, porque los seres cuya unidad depende de su sujeto o de su principio, máxime si éste es remoto, no son del todo unos, sino sólo en algún aspecto.

Por consiguiente, la razón de la unidad del tiempo es la unidad del primer movimiento, por el cual, en virtud de que es simplicísimo, se miden todos los otros, como dice Aristóteles. Así, pues, el tiempo se compara con aquel movimiento, no sólo como la medida con lo medido, sino también como el accidente con el sujeto, y por esto recibe de él la unidad. En cambio, con los demás movimientos se relaciona solamente como la medida con lo medido, y, por tanto, no se multiplica al multiplicarse éstos, por que una medida, independiente de lo medido sirve para medir muchas cosas.

Esto supuesto, nótese que acerca de las substancias espirituales hubo dos opiniones. Algunos, como orígenes, pensaron que todas, o a lo menos muchas de ellas, según creyeron otros, fueron creadas por Dios en cierta igualdad. En cambio, otros opinaron que todas ellas procedieron de Dios con un determinado orden y gradación, y esto parece ser lo que piensa

Dionisio, pues dice que entre las substancias espirituales las hay primeras, intermedias y últimas, incluso en un mismo orden angélico. Así, pues, según la primera opinión, es preciso decir que hay muchos evos, porque hay muchos seres eviternos primeros, puesto que son iguales. En cambio, conforme a la segunda, hay un solo evo, porque si, como dice Aristóteles, cada cosa se mide por lo más simple en su género, el ser de todas las cosas eviternas se medirá por el del primer eviterno, que tanto más simple es cuando con mayor razón sea el primero. Pues como, según adelante veremos (S.Th. 1, 47, 2; q.50, 4), la más aceptable de estas opiniones es la segunda, nos atenemos por ahora a que hay un solo evo.

Soluciones. 1. Algunas veces la palabra evo se toma como siglo, o período de duración de un ser, y por esto se habla de muchos evos en el sentido de muchos siglos.

2. Si bien los cuerpos celestes difieren de los seres espirituales en que sus naturalezas son de distinto género, convienen, sin embargo, en que su ser es más inmutable, y por esto se miden por el evo.

3. Tampoco las cosas temporales empiezan todas a la vez, y, sin embargo, hay un solo tiempo para todas ellas, por venir esta unidad del primer ser que el tiempo mide. Pues del mismo modo, todos los seres eviternos tienen, a causa del primero, el mismo evo, aunque no todos empiecen a la vez.

4. Para que varias cosas se midan por una determinada, no se requiere que ésta sea causa de todas las otras, sino que sea más simple.

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