Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 11: De la unidad de Dios

Cuestión 11: De la unidad de Dios

Después de lo tratado, debemos estudiar lo referente a la unidad divina, acerca de la cual hay que averiguar cuatro cosas.

Primera: si ser uno añade algo al ser

Segunda: si entre uno y muchos hay oposición

Tercera: si Dios es uno

Cuarta: si es uno en sumo grado

ARTÍCULO 1 : Si ser uno añade algo al ser

Dificultades. Parece quo ser uno añade algo al ser.

1. Porque todo lo que pertenece a un género cualquiera, proviene de añadir algo al ser, que se extiende a todos los géneros. Pues la unidad pertenece a un género determinado, porque es principio del número, que a su vez es una especie de la cantidad. Por tanto, añade algo al ser,

2. Lo que divide una cosa común o muchas tiene calidad de añadido a ella. Pero el ser se divide en uno y muchos. Luego el uno añade algo al ser.

3. Si ser uno no añade nada al ser, lo mismo es decir “uno” que “ser”. Pero si decir “ser ser” es una tautología, también lo será decir “ser uno”, y esto es falso. Por consiguiente, uno añade algo al ser.

Por otra parte, dice Dionisio que “nada existe sino en cuanto es uno”, cosa que no sucedería si uno añade al ser algo que lo restrinja. Por tanto, ser uno nada añade al ser.

Respuesta. Ser uno no añade al ser más que la negación de división, pues uno no significa otra cosa que el ser no dividido; por donde se comprendo que uno se identifica con ser. El ser, en efecto, o es simple o compuesto. Si es simple, es de hecho indiviso y, además, indivisible. Si es compuesto, no adquiere el ser mientras sus componentes estén separados, sino cuando, unidos, constituyen el compuesto; por donde se ve que el ser de cada cosa consiste en la indivisión, y por esto las cosas ponen el mismo empeño en conservar su ser que su unidad.

Soluciones. 1. Algunos, por confundir el uno que se identifica con el ser con el uno que es principio del número, se dividieron en opiniones contrarias. Pitágoras y Platón, convencidos de que el uno que se identifica con el ser no le añade nada, y sólo significa su misma substancia en cuanto indivisa, pensaron que lo mismo, debe suceder con el uno, principio del número; y como el número se compone de unidades, creyeron que los números son las substancias de todos los seres. –En cambio, Avicena, percatado de que el uno, principio del número, añade algo a la substancia del ser (pues, de lo contrario, el número compuesto de unidades no sería una de las especies de la cantidad), pensó que el uno que se identifica con el ser añade algo a su substancia, lo mismo que la blancura lo añade al hombre. –Pero todo esto es, sin duda, falso, porque cada ser es uno por su substancia, y si lo fuese por algo distinto de ella, como este algo es también uno, si lo es a su vez por otro, entraríamos en el camino de lo infinito, por lo cual es preciso atenerse a lo primero. –Por consiguiente, se ha de decir que el uno que se identifica con el ser no le añade nada, y, en cambio, el que es principio del número, añade al ser algo perteneciente al género de la cantidad.

2. No hay inconveniente en que el mismo ser que en un sentido está dividido, en otro sea indiviso; por ejemplo, lo dividido en el orden numérico e indiviso en el específico; y, por tanto, que el mismo ser sea uno en un aspecto y en otro múltiple. Pero adviértase que si se trata de un ser de suyo indiviso, bien porque lo sea en cuanto a su esencia, aunque por razón de sus elementos no esenciales esté dividido, como sucede en lo que es uno por substancia y múltiple por sus accidentes; o bien porque de hecho no está dividido, aunque potencialmente sea divisible, cual sucede a lo que es uno en cuanto todo y múltiple por razón de sus partes, en este caso tenemos un ser que de suyo es uno y en ciertos aspectos es múltiple. Si, por el contrario; tomamos un ser que de suyo es múltiple, y bajo algún aspecto es uno, por ejemplo, múltiple por su esencia y uno porque así lo concibe nuestro entendimiento, o por razón de su principio o causa, éste de suyo es múltiple y en ciertos aspectos uno, como sucede a lo que numéricamente es múltiple, y uno por la unidad de su especie. Por tanto, decir que el ser se divide en uno y múltiple, significa que de suyo es uno y en determinados aspectos es múltiple, pues la misma multitud no estaría comprendida en el ser si de algún modo no lo estuviese en la unidad. Esto es lo que enseña Dionisio cuando dice que “no hay multitud que no participe de la unidad, pues lo múltiple por sus partes, es uno en el todo; lo múltiple por los accidentes, tiene unidad de sujeto; lo múltiple en número, es uno por su especie; lo múltiple en especie, tiene unidad de género, y lo múltiple por sus derivaciones, tiene unidad de principio”.

3. No hay tautología al decir “ser uno” porque uno añade un concepto al ser.

ARTÍCULO 2 : Si hay oposición entre uno y múltiple

Dificultades. Parece que no hay oposición entre lo uno y lo múltiple.

1. Porque nunca se atribuye a un ser lo opuesto a él. Pero si, como hemos visto (a.1 ad 2), la multitud en algún aspecto es una, síguese que uno no se opone a lo múltiple.

2. Lo que entra en la composición de un ser no es opuesto a él. Pero uno es parte integrante de la multitud. Por consiguiente; no es opuesto a ella.

3. A uno se opone otro, y lo mucho a poco, pero no al uno.

4. Si uno se opone a la multitud, se le opondrá como lo indiviso a lo dividido, o sea, como la privación al hábito. Esto, sin embargo, parece inadmisible, pues se seguiría que lo uno es posterior a lo múltiple, y por lo múltiple habría que definirlo. Pero, como precisamente es lo múltiple lo que se define por lo uno, habrá un círculo vicioso en la definición, cosa que debemos evitar. Por tanto, el uno y lo múltiple no son opuestos.

Por otra parte, son opuestas las cosas cuyas nociones se oponen. Pero, como la noción de uno consiste en la indivisibilidad, y la de multitud implica división, síguese que uno y muchos son opuestos.

Respuesta. Uno se opone a muchos, pero de diversas maneras. La unidad, que es principio del número, se opone a la multitud como la medida a lo medido; pues la unidad tiene razón de primera medida, y el número es una multitud medida por la unidad, como dice Aristóteles. En cambio, lo uno que se identifica con el ser, se opone a la multitud como lo indiviso a lo dividido, o sea como una privación.

Soluciones. 1. Ninguna privación anula, enteramente el ser; pues, como enseña el Filósofo, la privación es negación de algo en un sujeto. Sin embargo, toda privación despoja de alguna manera de ser, por lo cual, dada la universalidad de éste, ocurre que la privación de ser está fundada en el mismo ser, cosa que no sucede en la privación de las formas particulares, como la de la vista, o de la blancura, o de otras similares; y esto que decimos del ser se ha de extender también a lo que con él se identifica, como lo uno y lo bueno, ya que la privación del bien está fundada en algún bien, y la negación de unidad está apoyada en lo que es uno; de donde resulta que la multitud es en cierto modo una; y el mal, un cierto bien; y el no-ser, cierto ser. Sin embargo, no por esto atribuimos a las cosas algo opuesto a ellas, porque, uno de los caracteres se lo atribuimos de lleno, y el otro, sólo en algún aspecto. Por ejemplo, lo que sólo en cierto sentido es ser, v. gr., los seres en potencia, en absoluto, es decir, en acto, es no-ser; lo que de por sí es ser en el género de la substancia, es de algún modo no-ser en cuanto al ser accidental; y de la misma, manera, lo que sólo de algún modo es bueno, de suyo es malo, y a la inversa, como lo que es uno de por sí, es de algún modo muchos, y viceversa.

2. Hay dos clases de todo: el todo homogéneo, compuesto de partes semejantes, y el heterogéneo, compuesto de partes desemejantes. El primero está compuesto de partes que tienen la naturaleza del todo; así, cada parte del agua es agua, y ésta es la manera como lo continuo está formado de partes. En cambio, en el todo heterogéneo, ninguna parte tiene la forma del todo; por ejemplo, ninguna parte de una casa es casa, ni miembro alguno del hombre es hombre, y esta clase de todo es la multitud. Por consiguiente, debido a que las partes de la multitud no tienen su misma forma, la multitud se compone de unidades, a la manera como una casa se compone de partes que no son casas, pero no porque las unidades formen la multitud por lo que tienen de indivisas, que es precisamente por lo que se oponen a ella, sino por lo que tienen de entidad, al modo como las partes que integran una casa la forman por ser cuerpos y no por no ser casas.

3. La palabra muchos tiene dos sentidos. En sentido absoluto se opone a uno, y en cuanto implica cierto exceso, se opone a pocos; y por esto, en el primer sentido, dos son muchos, y en el segundo, no.

4. Cierto que lo uno se opone a lo múltiple a modo de privación, en cuanto el concepto de muchos supone que están divididos; por lo cual es necesario que la división o diversidad sea anterior a la unidad, pero no de suyo, sino por exigencia de nuestro modo de entender, ya que conocemos las cosas simples por las compuestas, y por esto definimos el punto diciendo “que no tiene partes” o que “es principio de la línea”. Sin embargo, la multitud viene después de lo uno, incluso según nuestro modo de entender, pues no concebimos las cosas diversas como multitud, sino atribuimos unidad a cada una de ellas; y por esto, lo uno entra en la definición de la multitud, y no la multitud en la definición de uno. La división, en cambio, La entendemos primeramente como negación del ser, de tal suerte que lo primero que concebimos es el ser; después vemos que este ser no es el otro ser, y de este modo percibimos en segundo lugar el concepto de división; en tercer lugar, el de unidad, y en cuarto, el de multitud.

ARTÍCULO 3 : Si Dios es uno

Dificultades. Parece que Dios no es uno.

1. Porque dice el Apóstol que “hay muchos dioses y muchos señores” (1Co 8,5).

2. No se puede atribuir a Dios el uno, principio del número, porque en Dios no hay cantidad; ni tampoco el que se identifica con el ser, porque implica privación, y toda privación es una imperfección, cosa que no se halla en Dios. Por tanto, no se puede decir que Dios es uno.

Por otra parte, se dice en el Deuteronomio: “Escucha, Israel; el Señor, tu Dios, es uno” (Dt 6,4).

Respuesta. Que Dios es uno, se puede demostrar de tres maneras. En primer lugar, por su simplicidad. Aquello por virtud de lo cual una cosa singular es precisamente “esta cosa”, no puede comunicarse a otros. Por ejemplo, lo que hace que Sócrates sea hombre pueden tenerlo muchos; pero lo que hace que sea este hombre, sólo puede tenerlo uno. Por consiguiente, si lo que h a c e que Sócrates sea hombre hiciese también que fuese este hombre, por lo mismo que no puede haber muchos Sócrates, tampoco podría haber muchos hombres. Pues éste es el caso de Dios, que, según hemos visto (S.Th. 1, 3, 3), es su propia naturaleza; por lo cual, lo mismo que hace que sea Dios, hace también que sea este Dios. Por tanto, es imposible que haya muchos dioses.

En segundo lugar, por su infinita perfección. Hemos visto (S.Th. 1, 4, 2) que Dios encierra en sí todas las perfecciones del ser. Pero en el caso de haber muchos dioses, tendrían que ser distintos, y, por tanto, algo habría de tener uno que no tenga otro. Pues bien, si este algo fuere una privación, el afectado por ella no sería absolutamente perfecto. Si, por el contrario, fuese una perfección, le faltaría a uno de los dos. Por consiguiente, es imposible que haya muchos dioses. Esta verdad es la que forzó a los filósofos antiguos que admitieron la existencia de un principio infinito a deducir que no había más que uno.

En tercer lugar, por la unidad del mundo. Vemos que todas las cosas existentes están ordenadas entre sí, ya que unas sirven a otras. Pero cosas tan diversas no se coordinarían en un solo plan si algo que sea uno no las ordenase, pues en toda multitud, mejor impone el orden uno que muchos, ya que uno es de suyo causa de la unidad, y muchos no causan la unidad más que accidentalmente, esto es, en cuanto de alguna manera son uno. Por tanto, como lo que ocupa el primer lugar ha de ser lo más perfecto en cuanto tal y no accidentalmente, lo primero que somete todas las cosas al mismo orden, necesariamente ha de ser uno y único, y esto es Dios.

Soluciones. 1. Se habla de muchos dioses por referencia al error de los que rendían culto a muchas divinidades, creyendo que los planetas y otros astros, o también cada una de las partes del mundo, son dioses; por lo cual se añade: “mas para nosotros hay un solo Dios” (1Co 8,6).

2. Ser uno, en cuanto uno es principio del número, no se atribuye a Dios, sino exclusivamente a las cosas materiales, porque este uno tiene sentido matemático, que sólo conviene a lo que subsiste en la materia, aunque las matemáticas hacen la abstracción de ella. En cambio, el uno que se identifica con el ser, es metafísico, y su ser no depende de la materia. Y si bien es cierto que en Dios no hay privación alguna, sin embargo, dado nuestro modo de entender, no le conocemos más que utilizando la privación y la remoción; por lo cual no hay inconveniente en aplicar a Dios algunas denominaciones privativas, como decir que es incorpóreo o infinito, y, por la misma razón, que es uno.

ARTÍCULO 4 : Si Dios es uno en grado sumo

Dificultades. Parece que no sea Dios el ser más uno.

1. Uno significa privación de división. Pero como la privación no admite más y menos, síguese, que Dios no es más uno que cualquier otro ser.

2. Nada hay más indivisible que lo que ni está dividido ni se puede dividir, cual el punto y la unidad. Pues, si tanto más uno es un ser cuanto más indivisible, síguese que Dios no es más uno que el punto y la unidad.

3. Lo que es bueno por esencia, es bueno en sumo grado; luego lo que es uno por su esencia, es también uno en grado sumo. Pero dice el Filósofo que todo ser es uno por su esencia; luego todo ser es uno en grado sumo. Por consiguiente, no es Dios más uno que cualquier otro ser.

Por otra parte, dice San Bernardo que “entre todos los seres que son uno, ocupa la cúspide la unidad de la Trinidad divina”.

Respuesta. Como uno es el ser indiviso, para que algo sea uno en grado máximo, es indispensable que lo sea como ser y como indiviso. Pues bien, ambas cosas competen a Dios. Es ser en grado sumo, porque no es el suyo un ser determinado por una naturaleza que lo reciba, sino el mismo ser subsistente y de todo punto ilimitado. Es también el más indiviso, porque ni de echo ni en potencia admite especie alguna de división, pues, según hemos dicho (S.Th. 1, 3, 7), es absolutamente simple; por donde se ve que Dios es uno en grado máximo.

Soluciones. 1. Si bien la privación en sí no admite más y menos, sin embargo, en la medida en que su contrario sea mayor o menor, decimos que está más o menos privado un ser. Por tanto, según que un ser esté más dividido o sea más divisible, o lo esté menos, o no sea divisible de ningún modo, decimos que es más o menos, o sumamente uno.

2. Ni el punto ni la unidad, principio del número, son seres máximos, porque para tener ser necesitan de un sujeto. Por tanto, ninguno de ellos es uno en grado máximo, pues así como el sujeto no es lo más uno por la diversidad entre sujeto y accidente, por la misma razón tampoco lo es el accidente.

3. Aunque todo ser sea uno por su substancia, sin embargo, no todas las substancias causan de igual modo la unidad, pues la de unos seres es compuesta, y la de otros, no.

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