Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 15: De las ideas

Cuestión 15: De las ideas

Estudiado lo referente a la ciencia divina, es preciso tratar ahora de las ideas, y en esta materia se han de averiguar tres cosas.
Primera: si existen las ideas.
Segunda: si hay muchas o una sola.
Tercera: si Dios tiene ideas de todo lo que conoce.

ARTÍCULO 1
Si existen las ideas
Dificultades. Parece que las ideas no existen.
1. Porque dice Dionisio que Dios no conoce las cosas por ideas. Pues las ideas no tienen más objeto que el de conocer por ellas las cosas. Luego no existen.
2. Según hemos dicho (S.Th. 1, 14, 2), Dios conoce todas las cosas en sí mismo. Pero como a sí mismo no se conoce por medio de ideas, tampoco conoce por ellas lo demás.
3. La idea se considera como principio de conocimiento y de operación. Pero, como la esencia divina es principio suficiente para conocer y hacer todas las cosas, síguese que no hay necesidad de ideas.
Por otra parte, dice San Agustín: “Tan grande es el poder de las ideas, que, sin entenderlas, nadie puede ser sabio”.
Respuesta. Es necesario que haya ideas en la mente divina. “Idea”, palabra griega, significa lo mismo que la latina “forma”, y de aquí que por idea entendamos la forma de una cosa existente fuera de ella. La forma de un ser que existe fuera de él puede tener dos objetos: o bien servir de ejemplo modelo de aquello de que es forma, ser principio de su conocimiento, y así es cómo la forma de lo cognoscible está en el que conoce. Pues por ambos conceptos son necesarias las ideas.
La razón es porque, si se exceptúa lo producido por casualidad, el fin que se persigue en la producción de todos los seres es su forma. Pero el agente no obraría con vistas a la forma si en sí mismo no tuviese su semejanza, cosa que puede ocurrir de dos maneras. Hay agentes en quienes la forma de lo que han de hacer preexiste en su ser natural, cual sucede en los que obran por naturaleza, como en el hombre cuando engendra a otro hombre, en el fuego cuando enciende fuego. Pero en otros está por su ser inteligible, y así está en los que obran por el entendimiento; y de este modo preexiste la semejanza de un edificio en la mente del arquitecto, y a esto puede llamarse idea del edificio, porque el arquitecto se propone hacerlo semejante a la forma que concibió en su entendimiento.
Por consiguiente, como el mundo no es producto del acaso, sino fabricado por Dios, que, como adelante veremos (S.Th. 1, 19, 4; q.44, 3), obra por entendimiento, es necesario que en el entendimiento divino exista la forma a cuya semejanza fue hecho el mundo, y esto es lo que entendemos por idea.
Soluciones. 1. Dios no conoce las cosas por ideas existentes fuera de Él, y este es el motivo por que Aristóteles combate la teoría de las ideas de Platón, el cual admitió ideas subsistentes por sí y no en un entendimiento.
2. Si bien Dios se conoce a sí mismo y a los otros seres por su esencia, sin embargo, la esencia divina, que es principio operativo de lo demás, no lo es de sí mismo, y, por consiguiente, tiene razón de idea si se la compara con las cosas, pero no comparada con el mismo Dios.
3. Dios por su esencia es semejanza de todas las cosas, y, por tanto, la idea en Dios no es más que la esencia divina.

ARTÍCULO 2
Si hay muchas ideas
Dificultades. Parece que no hay muchas ideas.
1. Porque la idea en Dios es su esencia, y puesto que no hay más que una sola esencia divina, no debe haber más que una sola idea.
2. Si la idea es principio de conocimiento y operación, también lo son el arte y la sabiduría. Pero en Dios no hay muchas artes ni sabidurías. Luego tampoco habrá muchas ideas.
3. Si se contesta que las ideas se multiplican por sus relaciones con las diversas criaturas, replico: La pluralidad de las ideas es eterna. Si, pues, hay muchas ideas, y las criaturas son temporales, se sigue que lo temporal es causa de lo eterno.
4. O bien estas relaciones no son reales más que en las criaturas o lo son también en Dios. Si lo primero, como las criaturas no son eternas, tampoco lo será la pluralidad de ideas en Dios, supuesto que tales relaciones sean lo único que las multiplica. Si también son reales en Dios, síguese que en Dios hay una pluralidad distinta de la pluralidad de Personas, cosa opuesta al Damasceno, cuando dice que en Dios es todo uno, menos la “ingeneración”, la “generación” y la “procesión”. Por consiguiente, no hay muchas ideas.
Por otra parte, dice San Agustín: “Las ideas son ciertas formas especiales, o razones de las cosas, estables e inmutables, porque no han sido formadas, y por ello son eternas y permanecen siempre en el mismo ser, que están contenidas en la inteligencia divina. Pero, no obstante que no nacen ni mueren, sin embargo, con arreglo a ellas se dice que está formado todo lo que puede nacer y morir y todo lo que nunca muere”.
Respuesta. Es necesario que haya muchas ideas en Dios. Para explicarlo, tómese en cuenta que en la producción de todo efecto, lo que propiamente intenta el agente principal es lo que constituya el fin último, y por esto el objeto propio de la labor de un general es la buena organización del ejército. Ahora bien, lo mejor de cuanto existe es el orden del universo, como dice el Filósofo. Por tanto, el orden del universo es algo buscado o intentado por Dios, y no algo fortuito que provenga de una cadena de agentes, como han dicho los que opinan que Dios solamente hizo la primera criatura, y ésta creó la segunda, y así sucesivamente hasta que fue producida tanta multitud de cosas como vemos, ya que, con arreglo a este parecer, Dios no tendría idea más que de lo primero que creó. Pues, si Dios creó y se propuso directamente el orden del universo, es necesario que tenga idea de él. Pero no es posible tener idea de un todo si no se tiene concepto propio de cada uno de los elementos que lo integran, y así un arquitecto no puede tener idea de un edificio si no la tiene de cada una de sus partes; y, por consiguiente, es necesario que en la mente divina existan las ideas o razones propias de todas las cosas, y por esto dice San Agustín que “cada cosa fue creada por Dios según su propia razón”.
Cómo se compagina esto con la simplicidad divina, es cosa fácil de entender si se considera que la idea del efecto está en el agente como lo que se conoce, y no como la especie por la que se conoce, que esto lo es la forma que pone al entendimiento en acto; y así, la forma del edificio es en la mente del arquitecto algo que él conoce y a cuya semejanza construye el edificio material. Pues bien, a la simplicidad del entendimiento divino no se opone que conozca muchas cosas; lo que se opondría es que lo informasen muchas especies; y, por consiguiente, en la mente divina hay muchas ideas con carácter de objetos conocidos.
Puede esto entenderse de la siguiente manera: Dios conoce su esencia con absoluta perfección, y, por tanto, la conoce de cuantos modos es cognoscible. Pero la esencia divina se puede conocer no sólo en si, misma, sino también en cuanto participable por las criaturas según los diversos grados de semejanza con ella, ya que cada criatura tiene su propia naturaleza específica en cuanto de algún modo participa de semejanza con la esencia divina. Por consiguiente, Dios, en cuanto conoce su esencia como imitable en determinado grado por una criatura, la conoce como razón o idea propia de aquella criatura. Pues lo que sucede con una sucede con todas, y así se comprende que Dios entiende muchas razones propias de muchas cosas, que son otras tantas ideas.
Soluciones. 1. La idea no designa la esencia divina en cuanto esencia, sino en cuanto semejanza o razón de esta cosa o de la otra, y, por tanto, decir que en Dios hay muchas ideas equivale a decir que hay muchas razones entendidas en su única esencia.
2. El arte y la sabiduría designan en Dios aquello por lo que entiende, y, en cambio, la idea designa lo que entiende. Pues bien, Dios con un solo acto conoce muchas cosas, y no sólo las conoce como son en sí mismas, sino también en cuanto entendidas, ya que en esto consiste el entender muchas razones de las cosas; y por esto, cuando un arquitecto conoce la forma de una casa construida, decimos que entiende la casa; pero cuando piensa en la forma de una casa en cuanto proyectada por él, en virtud de que conoce que la entiende, entiende la idea o razón de tal casa. Ahora bien, Dios no sólo conoce muchas cosas en su esencia, sino que, además, entiende por su esencia que las conoce, y esto es entender muchas razones de las cosas o haber en el entendimiento divino muchas ideas en cuanto conocidas.
3. Las relaciones que originan la multiplicación de las ideas, no son causadas por las criaturas, sino por el entendimiento divino al comparar su esencia con las cosas.
4. Las relaciones que multiplican las ideas, no están en las criaturas, sino en Dios; pero no son reales, como las que distinguen a las personas, sino relaciones que Dios conoce.

ARTÍCULO 3
Si hay ideas de todas las cosas que Dios conoce
Dificultades. Parece que Dios no tiene en sí mismo ideas de todo lo que conoce.
1. En Dios no hay idea del mal, porque se sigue que habría mal en Dios. A pesar de ello, Dios conoce los males. Luego no hay ideas de todo lo que Dios conoce.
2. Según hemos dicho (S.Th. 1, 14, 9), Dios conoce las cosas que ni han existido, ni existen, ni existirán. Pues de estas cosas no hay idea, porque dice Dionisio que “los ejemplares son las voluntades divinas determinadoras y productoras de las cosas”. Luego Dios no tiene en sí mismo idea de todo lo que conoce.
3. Dios conoce la materia prima, de la cual no puede haber idea, porque no tiene forma. Luego se deduce la misma consecuencia.
4. Consta que no sólo conoce Dios las especies, sino también los géneros y los accidentes. Pero de nada de esto hay ideas, según la doctrina de Platón, que fue el primero en introducir las ideas, como dice San Agustín. Por tanto, no hay ideas de todo lo que conoce Dios.
Por otra parte, las ideas son las razones existentes en la mente divina, como enseña San Agustín. Pues en Dios están las razones propias de todos los seres que conoce. Luego tiene ideas de todos ellos.
Respuesta. Si Platón admitió las ideas como principios de conocimiento y de producción de las cosas, este doble carácter tienen, tal como nosotros las ponemos en la mente divina. En cuanto principios de la producción de las cosas, pueden llamarse “ejemplares”, y pertenecen a la ciencia práctica. En cuanto prin¬cipios cognoscitivos, se llaman con propiedad “razones”, y pueden pertenecer, además, a la ciencia especulativa. Por consiguiente, en cuanto ejemplares, se refieren a lo que Dios hace en cualquier tiempo que sea, y en cuanto principios cognoscitivos, a todo lo que conoce, incluso a lo que nunca se hará, y a todo lo que conoce en sus razones propias, en cuanto las conoce especulativamente.
Soluciones. 1. Dios no conoce el mal por su razón propia, sino por la razón del bien, y por esto no hay en Dios idea del mal, ni en cuanto idea ejemplar ni en cuanto razón.
2. De las cosas que ni existen, ni existieron, ni existirán, no tiene Dios conocimiento práctico, sino sólo virtual, y, por consiguiente, respecto de ellas no hay idea en Dios en el sentido de idea ejemplar, sino sólo en el de razón.
3. Platón, según algunos lo interpretan, supuso que la materia prima es increada, y por esto no admitía que hubiese idea de ella, sino que era concausa suya. Pero como nosotros sostenemos que la materia ha sido creada por Dios, si bien nunca sin la forma, síguese que hay en Dios idea de ella, aunque no distinta de la idea del compuesto, pues la materia en sí misma no tiene ser ni es cognoscible.
4. Si la idea se toma como ejemplar, no pueden tener los géneros idea distinta de la idea de especie, pues nunca se produce el género si no es en alguna especie, y lo mismo se ha de decir de los accidentes que acompañan inseparablemente al sujeto, ya que se producen juntamente con él. En cambio, los accidentes que sobrevienen al sujeto tienen idea especial, y así, un arquitecto, por ejemplo, hace por la forma o idea que tiene del edificio todos los accidentes que éste ha de llevar desde el principio; pero los que se le añadan después de construido, como las pinturas y otros análogos, los proyecta por formas o ideas distintas. Respecto a los individuos, no hay, según Platón, más idea que la de la especie, ya porque los singulares se individualizan por la materia, que, según algunos lo interpretan, suponía increada y concausa de la idea, o también porque lo que la naturaleza se propone es la especie, y si produce individuos no es más que para que en ellos se salven las especies. No obstante, la providencia divina no solamente se extiende a las especies, sino también a los individuos, como adelante veremos (S.Th. 1, 22, 2).

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