Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 21: De la justicia y misericordia de Dios

Cuestión 21: De la justicia y de la misericordia de Dios

Tras el estudio del amor de Dios, corresponde tratar ahora de su justicia y de su misericordia, y acerca de esto se han de averiguar cuatro cosas.

Primera: si en Dios hay justicia.

Segunda: si su justicia se puede llamar verdad.

Tercera: si en Dios hay misericordia.

Cuarta: si en todas las obras de Dios resplandece la justicia y la misericordia.

ARTÍCULO 1

Si en Dios hay justicia

Dificultades. Parece que en Dios no hay justicia.

1. La justicia se divide contra la templanza. Pero en Dios no hay templanza. Luego tampoco hay justicia.

2. El que lo hace todo según place a su voluntad, no obra en justicia. Pues Dios “hace todas las cosas conforme al consejo de su voluntad” (Ef 1,11), como dice el Apóstol. Luego no se le debe atribuir justicia.

3. El acto de justicia consiste en dar lo debido. Pero Dios no debe a nadie. Luego no hay por qué le competa la justicia.

4. Todo lo que hay en Dios es su esencia. Pero ser esencia divina no compete a la justicia, porque dice Boecio que “el bien se refiere a la esencia, y lo justo, en cambio, a la acción”. Luego la justicia no es cosa que competa a Dios.

Por otra parte, se dice en un salmo (Ps 10,8): “El señor es justo y ama las justicias”.

Respuesta. Hay dos clases de justicia: una que consiste en el dar y recibir mutuos, v. gr., la compraventa y las comunicaciones o conmutaciones análogas. El Filósofo la llama justicia conmutativa o reguladora de las conmutaciones o comunicaciones, y no compete a Dios, porque, como dice el Apóstol, “¿quién primero le dio, para exigir retribución?” (Ro 11,35).

La otra, que consiste en distribuir, se llama justicia distributiva, y por ella el gobernante o administrador da a cada cual lo que corresponde a su dignidad. Pues bien, así como el conveniente orden de una familia, o de cualquier otra multitud gobernada, demuestra que el gobernante posee esta justicia, así también el orden del universo, que resplandece lo mismo en los seres naturales que en los dependientes de la voluntad, demuestra la justicia de Dios, y por esto dice Dionisio: “Que la justicia de Dios es la verdadera, se comprueba viendo que da a todos los seres lo que les corresponde según la dignidad de cada cual, y que conserva la naturaleza de cada cosa en su propio sitio y con su propio poder”.

Soluciones. 1. De entre las virtudes morales, unas tienen por objeto las pasiones, como la templanza, que se refiere a las concupiscencias; la fortaleza, a los temores y audacias; la mansedumbre, a la ira. Estas virtudes no se pueden atribuir a Dios más que en sentido metafórico, porque, según hemos dicho (S.Th. 1, 20, 1 ad 1), ni en Dios hay pasiones, ni siquiera apetito sensitivo, que es el sujeto de la pasión, como dice el Filósofo. Otras, como la justicia, la liberalidad y la magnificencia, se refieren a las operaciones, v. gr., a los gastos o a las dádivas. Estas no están en la parte sensitiva, sino en la voluntad, por lo cual no hay inconveniente en atribuirlas a Dios, aunque no en cuanto regulan acciones civiles, sino las propias acciones de Dios, pues, como dice el Filósofo, sería ridículo alabar a Dios por sus virtudes políticas.

2. Puesto que el objeto de la voluntad es el bien conocido, no es posible que Dios quiera sino lo contenido en la razón idea de su sabiduría, que es precisamente la que equivale a su ley de justicia y la que hace justa y recta su voluntad. Por consiguiente, lo que Dios hace según su voluntad, es justo y recto, por la misma razón que es justo lo que nosotros hacemos según ley, con la diferencia que nosotros obedecemos la ley de un superior, y Dios, en cambio, es ley para sí mismo.

3. A cada cual se le debe lo que es suyo. Decimos que es de alguien lo que está ordenado a él, y así el esclavo es del señor, y no a la inversa, porque libre es precisamente el que dispone de sí mismo. Por tanto, la palabra deuda implica cierto orden de exigencia o de necesidad de algo con respecto a aquello a que se ordena. Pues bien, en las cosas hay dos clases de orden: el que hace que una cosa creada esté ordenada a otra, también creada, como lo están las portes al todo, los accidentes a la substancia y cada cosa a su fin, y el que hace que todas las cosas estén ordenadas a Dios. Por consiguiente, la palabra deuda, respecto a la operación divina, se puede tomar en dos acepciones: por lo que se debe a Dios y por lo que se debe a las criaturas, y en ambos aspectos la satisface Dios. Lo debido a Dios es que se cumplan en las cosas lo que su sabiduría y voluntad tienen determinado y lo que manifiesta su bondad, y en este aspecto la justicia de Dios mira por su propio decoro, que exige se dé a sí mismo lo que se le debe. Lo debido a cualquier criatura es que tenga lo que a ella se ordena: al hombre, por ejemplo, que tenga manos y que le sirvan los otros animales; y también en este aspecto obra Dios en justicia dando a cada cual lo que por su naturaleza y condición se le debe. Pero adviértase que esta deuda depende de la primera, porque lo debido a cada uno es aquello que se ordena a él según el plan de la sabiduría divina, y si bien Dios paga lo que por este concepto debe a cada cual, no es, con todo, deudor, porque El no se ordena a las criaturas, sino más bien éstas a El; y por esto, lo que en Dios se llama justicia es unas veces lo congruente a su bondad, y otras, el hecho de premiar merecimientos. A estos dos modos de justicia alude San Anselmo diciendo: “Cuando castigas a los malos, obras con justicia, porque lo merecen, y cuando los perdonas, eres justo, porque obras con arreglo a tu bondad”.

4. Cierto que la justicia está en los actos, pero no por ello se excluye que esté en la esencia de Dios, porque también los elementos esenciales pueden ser principios de acción. El bien, en cambio, no siempre está en los actos, porque se llama bueno a un ser no sólo por lo que hace, sino también por cuanto es perfecto en su esencia, y por esto se dice en el mismo pasaje que lo bueno se compara con lo justo como lo general con lo particular.

ARTÍCULO 2

Si la justicia de Dios es la verdad

Dificultades. Parece que la justicia de Dios no es la verdad.

1. La justicia está en la voluntad; es, dice San Anselmo, “la rectitud de la voluntad”; y la verdad, en cambio, está en el entendimiento, como dice el Filósofo. Luego la justicia no es la verdad.

2. Dice el Filósofo que la verdad es una virtud distinta de la justicia. Luego la verdad no entra en el concepto de justicia.

Por otra parte, se dice en un salmo (Ps 84,11): “La misericordia y la verdad saliéronse al encuentro”, y aquí “verdad” quiere decir justicia.

Respuesta. Según hemos dicho (S.Th. 1, 16, 1), la verdad consiste en la adecuación del entendimiento con las cosas. Ahora bien, el entendimiento, que es causa de las cosas, es asimismo su regla y su medida; mas, respecto al que toma su ciencia de ellas, sucede todo lo contrario. Por consiguiente, cuando las cosas son regla y medida del entendimiento, la verdad consiste en que el entendimiento se acomode a las cosas, y esto es lo que sucede en nosotros; pues de que las cosas existan o no, depende que nuestro parecer sea verdadero o falso. Pero cuando el entendimiento es regla y medida de las cosas, la verdad consiste en que éstas se acomoden al entendimiento, y por esto decimos que un artista hace obra verdadera cuando ésta coincide con la idea artística. Pues bien, entre una obra artística y las reglas de su arte hay la misma proporción que entre un acto de justicia y ha ley que lo regula; y, por tanto, la justicia de Dios, que establece en las cosas un orden en conformidad con la razón o idea de su sabiduría, que es su ley, con razón se llama “verdad”, y por esto, incluso entre nosotros, hablamos de la “verdad de la justicia”.

Soluciones. 1. La justicia, en cuanto ley reguladora, está en el entendimiento; pero en cuanto es mandato por el que se regulan las obras conforme a ley, está en la voluntad.

2. La verdad de que allí habla el Filósofo, es una virtud por la que alguien se manifiesta en sus palabras y acciones tal como es. Por tanto, consiste en la conformidad del signo con lo significado, y no en la conformidad de un efecto con su causa o regla, que es lo que hemos dicho (in c) de la verdad de la justicia.

ARTÍCULO 3

Si compete a Dios la misericordia

Dificultades. Parece que no compete a Dios la misericordia.

1. Dice el Damasceno que la misericordia es una de las especies de la tristeza. Pero en Dios no hay tristeza. Luego tampoco misericordia.

2. La misericordia es una relajación de la justicia. Pero Dios nada puede omitir de lo que pertenece a su justicia, porque dice el Apóstol (2Tm 2,13): “Aun si no creemos, Él permanece fiel; que no puede negarse a sí mismo”, y se negaría, dice allí mismo la Glosa, si negase sus palabras. Luego no le compete la misericordia.

Por otra parte, se dice en un salmo (Ps 110,4): “Compasivo y misericordioso es el Señor”.

Respuesta. Se debe atribuir a Dios la misericordia en grado máximo, aunque no por lo que tiene de afecto pasional, sino por lo que tiene de eficiente. Para entender esto, adviértase que decir de alguien que es misericordioso es como decir que tiene el corazón “lleno de miserias”, o sea, que ante la miseria de otro experimenta la misma sensación de tristeza que experimentaría si fuese suya; de donde proviene que se esfuerce en remediar la tristeza ajena como si de la propia se tratase, y éste es el efecto de la misericordia. Pues bien, a Dios no le compete entristecerse por la miseria de otro; pero remediar las miserias, entendiendo por miseria un defecto cualquiera, es lo que más compete a Dios, pues lo único que remedia las deficiencias son las perfecciones que confiere el bien, y el primer origen de toda bondad es Dios, como hemos dicho (S.Th. 1, 6, 4).

Adviértase, sin embargo, que otorgar perfecciones a las criaturas pertenece, a la vez, a la bondad divina, a la justicia, a la liberalidad y a la misericordia, aunque por diversos conceptos. La comunicación de perfecciones, considerada en absoluto, pertenece a la bondad, según hemos dicho. Pero en cuanto Dios las concede en proporción de, lo que corresponde a cada ser, pertenece a la justicia, según acabamos de decir (a.1); en cuanto no las otorga para utilidad suya, sino por sola su bondad, pertenece a la liberalidad, y que las perfecciones que concede sean remedio de defectos, pertenece a la misericordia.

Soluciones. 1. En el argumento se toma la misericordia en el sentido de afecto pasional.

2. Cuando Dios usa de misericordia, no obra contra su justicia, sino que hace algo que está por encima de la justicia, como el que diese de su peculio doscientos denarios a un acreedor e, quien no debe más que ciento, tampoco obraría contra justicia; lo que hace es portarse con liberalidad y misericordia. Otro tanto hace el que perdona las ofensas recibidas, y por esto el Apóstol llama “donación” al perdón. “Donaos unos a otros como Cristo os donó” (Ef 4,32). Por donde se ve que la misericordia no destruye la justicia, sino que, al contrario, es su plenitud, y por esto dice el apóstol Santiago: “La misericordia aventaja al juicio” (St 2,13).

ARTÍCULO 4

Si en todas las obras de Dios hay justicia y misericordia

Dificultades. Parece que no en todas las obras de Dios se halla la justicia y la misericordia.

1. Unas obras de Dios, v. gr., la justificación del pecador, se atribuyen a la misericordia, y otras, como la condenación del impío, a la justicia; y por esto dice el apóstol Santiago (St 2,13): “Sin misericordia será juzgado el que no hace misericordia”. Luego no en todas las obras de Dios aparecen la justicia y la misericordia.

2. El Apóstol (Ro 15,8s) atribuye la conversión de los judíos a la justicia y a la verdad, y la de los gentiles, en cambio, a la misericordia. Luego no en cada una de las obras de Dios hay justicia y misericordia.

3. Muchos justos sufren aflicciones en este mundo. Pero esto es injusto. Luego no en todas las obras de Dios hay justicia y misericordia.

4. Lo propio de la justicia es dar lo que se debe, y lo propio de la misericordia, remediar las miserias, por lo cual una y otra presuponen algo anterior a su acción. Pero la creación nada presupone. Por consiguiente, en la creación no hay justicia ni misericordia.

Por otra parte, se dice en un salmo (Ps 24,10): “Todos los caminos del Señor son misericordia y verdad”.

Respuesta. Es necesario que en cada una de las obras de Dios se hallen la misericordia y la verdad, con tal que por misericordia se entienda el remedio de un defecto cualquiera, no obstante que no se pueda llamar con propiedad defecto a toda miseria, sino sólo al defecto de la criatura racional, que es la que puede ser feliz, pues miseria es lo que se opone a la felicidad.

La razón de esta necesidad es porque, como lo debido que se paga por justicia divina, o se debe a Dios o se debe a las criaturas, ni una ni otra deuda pueden quedar al descubierto en ninguna obra de Dios. En efecto, es imposible que Dios haga cosa alguna que no sea digna de su sabiduría y bondad, que es por lo que dijimos que se debe algo a Dios; y, asimismo, cuanto hace en las criaturas lo hace con el debido orden y proporción, que es en lo que consiste la razón de justicia. Por consiguiente, es necesario que en toda obra de Dios haya justicia.

Pero la obra de la justicia divina presupone siempre la obra de la misericordia. Porque nada se debe a una criatura si no es por motivo de algo que en ella preexiste o se presupone; y si esto es a su vez cosa que se le debe, será en virtud de algo anterior; y como no vamos a llegar así hasta lo infinito, es necesario llegar a algo que dependa exclusivamente de la bondad de la voluntad divina, que es el límite supremo: es como si dijéramos, por ejemplo, que se debe al hombre que tenga manos en atención al alma racional, y que tiene alma racional para que sea hombre, y que es hombre por la bondad de Dios. Por tanto, en la raíz de toda obra divina aparece la misericordia, cuya virtud o influjo se prolonga en todo lo que se sigue, e incluso es la que actúa en ello con mayor energía, por lo mismo que la causa primera influye más vigorosamente que la segunda; y de aquí que Dios, por su inmensa bondad, otorga a una criatura lo mismo que le debe con mayor largueza de lo que en justa proporción le corresponde, ya que, para conservar el orden de la justicia, habría bastante con menos de lo que concede su bondad, que sobrepasa toda proporción exigida por has criaturas.

Soluciones. 1. Se atribuyen unas obras a la justicia y otras a la misericordia, porque en unas aparece con mayor relieve la justicia y en otras la misericordia. Esto no obstante, en la condenación de los réprobos aparece la misericordia, si no perdonando del todo, mitigando de algún modo las penas, puesto que no los castiga cuanto ellos han merecido. Como asimismo aparece la justicia en la conversión del pecador, por cuanto “Dios le perdona” sus culpas por el amor que El mismo, misericordiosamente, le infunde, como leemos de la Magdalena: “Le son perdonados muchos pecados porque amó mucho”.

2. Tanto en la conversión de los judíos como en la de los gentiles aparecen la justicia y la misericordia, si bien en la de los judíos hay cierta razón de justicia que no aparece en la de los gentiles, cual es la de que se salvan por las promesas hechas a los patriarcas.

3. Incluso en el hecho de que los justos sufran castigos en este mundo, aparecen la justicia y la misericordia, por cuanto sus aflicciones les sirven para satisfacer por los pecados leves, y para que, libres de afectos a lo terreno, se eleven mejor a Dios, conforme a lo que dice San Gregorio: “Los males que nos oprimen en este mundo, nos fuerzan a ir a Dios”.

4. La creación nada presupone en el orden de las realidades, pero presupone algo en el pensamiento de Dios, y esto es suficiente para que en ella se salve la razón de justicia, ya que Dios produce las cosas cual compete a su sabiduría y bondad, y, en cierto modo, también las de misericordia, por cuanto las cosas pasan del no ser a ser.

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