Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 25: De la potencia divina

Cuestión 25: De la potencia divina

Tras el estudio de la ciencia y de la voluntad de Dios, y de las cosas que con ellas se relacionan, debemos ocuparnos ahora de la potencia divina, y en esta materia se han de averiguar seis cosas:

Primera: si en Dios hay potencia.

Segunda: si su potencia es infinita.

Tercera: si es omnipotente.

Cuarta: si puede hacer que las cosas pasadas no hayan sido.

Quinta: si puede hacer lo que no hace, o no hacer lo que hace.

Sexta: si las mismas cosas que hace puede hacerlas mejores.

ARTÍCULO 1

Si en Dios hay potencia

Dificultades. Parece que en Dios no hay potencia.

1. Lo que la materia, prima es con respecto a la potencia lo es Dios, primer agente, con respecto al acto. Pero la materia prima, considerada en sí misma, no tiene ningún acto. Luego el primer agente, que es Dios, no tiene potencia ninguna.

2. Según el Filósofo, mejor que cualquier potencia es su correspondiente acto, ya que la forma es mejor que la materia, y la acción, mejor que la potencia, puesto que es su fin. Pero nada es mejor que lo que está en Dios, porque, según hemos visto (S.Th. 1, 3, 3), cuanto hay en Dios es Dios. Luego en Dios no hay ninguna potencia.

3. La potencia es principio de operación, y la operación divina es su esencia, porque en Dios no hay accidentes. Pero la esencia divina no puede tener principio. Luego el concepto de potencia no es aplicable a Dios.

4. Hemos visto (S.Th. 1, 14, 8; q.19, 4) que la ciencia y la voluntad de Dios son causa de las cosas. Pero causa y principio son lo mismo. Luego no hay por qué atribuir a Dios potencia, sino sólo ciencia y voluntad.

Por otra parte, se dice en un salmo (Ps 88,9): “Potente eres, Señor, y tu verdad está en rededor tuyo”.

Respuesta. Hay una doble potencia: la pasiva, que en modo alguno está en Dios, y la activa, que es preciso atribuirle en grado máximo. Es indudable que cada ser es principio activo de algo por cuanto está en acto y es perfecto, y, en cambio, en cuanto deficiente e imperfecto, es sujeto pasivo. Pero hemos visto (S.Th. 1, 3, 1; q.14, 1.2) que Dios es acto puro, que su perfección es absoluta y universal y que en El no tiene cabida la imperfección. Por consiguiente, le compete ser principio activo en grado máximo, y de ningún modo sujeto pasivo. Pues bien, la razón de principio es aplicable a la potencia activa, ya que la potencia activa es principio de obrar en otro y, en cambio, la pasiva es principio receptivo de la acción extraña, como dice el Filósofo. Luego es necesario concluir que en Dios hay la máxima potenció activa.

Soluciones. 1. La potencia activa no se opone al acto, sino que se funda en él. En cambio, la pasiva se opone al acto, porque las cosas son pasivas por lo que tienen de potenciales, y de aquí que se excluya de Dios la potencia pasiva y no la activa.

2. Siempre que un acto sea distinto a su potencia es más noble que ella. Pero la acción divina no es cosa distinta de su potencia, porque ambas son la esencia de Dios, en el que ni siquiera el ser es distinto de la esencia, y, por tanto, no es preciso que haya cosa alguna más noble que la potencia de Dios.

3. En las criaturas la potencia no es solamente principio de la acción, sino también del efecto, y por esto se salva en Dios el concepto de potencia, que es principio del efecto, aunque en cuanto principio de acción, que éste lo es la esencia divina. A menos que se explicase según nuestro modo de concebir y en el sentido de que la esencia divina, que en sí misma incluye simplificado todo lo que de perfecto hay en las criaturas, puede, no obstante, concebirse bajo la razón de potencia y bajo la de acción, lo mismo que se concibe bajo la razón de naturaleza y bajo la de supuesto que tiene naturaleza.

4. No se pone la potencia en Dios como cosa que se distingue de la ciencia y de la voluntad con distinción real, sino sólo con distinción de razón, o sea, en cuanto la potencia incluye el concepto de principio que ejecuta lo que la voluntad manda y la ciencia dirige, cosas las tres que competen a Dios de igual manera. –También se puede decir que la ciencia o la voluntad divina, en cuanto principio operativo, tiene razón de potencia, y por esto su estudio en Dios precede al de la potencia como la causa precede al efecto.

ARTÍCULO 2

Si la potencia de Dios es infinita

Dificultades. Parece que la potencia de Dios no es infinita.

1. Según el Filósofo, todo lo infinito es imperfecto. Pero la potencia de Dios no es imperfecta. Luego no es infinita.

2. Toda potencia se manifiesta por su efecto, o, de lo contrario, es inútil. Si, pues, la potencia de Dios fuese infinita, podría producir un efecto infinito, cosa que es imposible.

3. Demuestra el Filósofo que si la potencia de algún cuerpo fuese infinita, movería instantáneamente. Pero Dios no mueve instantáneamente, sino que “mueve a la criatura espiritual en el tiempo, y a la corporal en el tiempo y en el espacio”, como dice San Agustín. Luego su potencia no es infinita.

Por otra parte, dice San Hilario que Dios es “viviente, poderoso y de inmensa fuerza”. Pero todo lo inmenso es infinito. Luego la fuerza divina es infinita.

Respuesta. Según hemos dicho (a.1), en tanto hay potencia activa en Dios en cuanto está en acto. Si, pues, su ser es infinito, por cuanto no está limitado por cosa alguna que lo reciba, como dijimos al tratar de la infinidad de la esencia divina (S.Th. 1, 7, 1), síguese que la potencia de Dios es por necesidad infinita. La razón es porque en todos los agentes se observa que cuanto mejor participan de la forma con que obran, mayor es su potencia para obrar, lo mismo que cuanto más caliente está un cuerpo, tanto mayor poder tiene para calentar, y lo tendría infinito si infinito fuese su calor. Por tanto, como la esencia divina, por la que Dios obra, es infinita, según hemos demostrado (S.Th. 1, 7, 1), síguese que su potencia es también infinita.

Soluciones. 1. El Filósofo habla de lo infinito por razón de la materia no limitada de una forma, que es el infinito que conviene a la cantidad. Pero, según hemos visto (S.Th. 1, 7, 1), la esencia divina no es infinita de este modo. Y, por consiguiente, tampoco lo es su potencia. Luego no se sigue que sea imperfecta.

2. La potencia de un agente unívoco se manifiesta íntegramente en su efecto; la potencia generativa del hombre, por ejemplo, no alcanza a más que a engendrar a otro hombre. Pero la potencia de un agente no unívoco no se manifiesta totalmente en la producción de su efecto, como no, se manifiesta totalmente la potencia del sol en la producción. Fue un animal procedente de una putrefacción. Ahora bien, no hay duda que Dios es un agente no unívoco, ya que, según hemos visto (S.Th. 1, 3, 5), ninguna otra cosa puede convenir con Él en especie ni en género, y, por tanto, su efecto ha de ser siempre inferior a su poder. Por consiguiente, no es preciso que el poder infinito de Dios se manifieste en la producción de un efecto infinito. –Más aún, incluso si no produjese efecto alguno, no por eso sería inútil la potencia divina. Inútil es lo que se ordena a un fin y no lo alcanza, y la potencia de Dios no se ordena al efecto como a fin, sino que más bien ella es el fin de sus efectos.

3. Prueba el Filósofo que, si algún cuerpo tuviese potencia infinita, moverla sin necesidad de emplear tiempo; pero asimismo demuestra que la potencia del motor del cielo es infinita, porque puede mover durante tiempo infinito. Luego su pensamiento es que la potencia de un cuerpo, caso de ser infinita, movería sin emplear tiempo, pero no así la de un motor incorpóreo. La razón está en que un cuerpo que mueve a otro es un agente unívoco, por lo cual es preciso que se manifieste todo su poder en el movimiento; y puesto que, cuanto mayor es la potencia del cuerpo que mueve, tanto más rápido es el movimiento, si fuese infinita, por necesidad movería incomparablemente más pronto, que equivale a mover sin emplear tiempo. En cambio, el motor incorpóreo es un agente no unívoco, por lo cual no es preciso que se manifieste todo su poder en el movimiento, en forma que mueva sin emplear tiempo, y sobre todo porque mueve como lo dispone su voluntad.

ARTÍCULO 3

Si Dios es omnipotente

Dificultades. Parece que Dios no es omnipotente.

1. Ser movidos y recibir alguna acción es propio de todos los seres. Pero esto no lo puede Dios, que, como hemos visto (S.Th. 1, 2, 3; q.9, 1), es inmóvil. Luego no es omnipotente.

2. Pecar es hacer algo. Pero Dios no puede pecar, “ni negarse a sí mismo” (2Tm 2,13), como dice el Apóstol. Luego no es omnipotente.

3. De Dios se dice que “manifiesta su bondad por encima de todo, perdonando y usando de misericordia”. Luego lo más que puede hacer la potencia divina es perdonar y usar de misericordia. Sin embargo, hay cosas mucho más grandes que perdonar y compadecerse, como sería crear otro mundo, o cosa parecida. Luego Dios no es omnipotente.

4. Comentando el texto del Apóstol (1Co 1,20): “Dios hizo necedad la sabiduría de este mundo”, dice la Glosa: “Hizo Dios necedad la sabiduría de este mundo, demostrando que es posible lo que ella juzgaba imposible”. Parece, pues, que de lo posible o imposible no se debe juzgar por las causas segundas, como lo hace la sabiduría de este mundo, sino por la potencia divina. Si, pues, Dios es omnipotente, todo es posible. Luego nada hay imposible. Pero, suprimido lo imposible, desaparece lo necesario, pues lo que necesariamente existe es imposible que no exista. Luego, si Dios es omnipotente, nada hay necesario en el mundo. Pero esto es imposible. Luego Dios no es omnipotente.

Por otra parte, se dice en San Lucas: “No hay palabra alguna imposible para Dios” (Lc 1,37).

Respuesta. Comúnmente se confiesa que Dios es omnipotente, y, a pesar de ello, no parece fácil asignar la razón de la omnipotencia, ya que caben dudas acerca de que cosas sean las comprendidas en el enunciado Dios todo lo puede. Sin embargo, bien pensado, como la potencia se refiere a lo posible, cuando se dice que Dios todo lo puede, lo más exacto es entender que puede todo lo posible y que por esto se le llama omnipotente.

Pues bien, según el Filósofo, “lo posible” puede serlo de dos maneras. Una, con relación a alguna potencia, como es “posible para el hombre” lo sujeto a la potencia humana. Pero de Dios no puede decirse que sea omnipotente porque puede todas las cosas que son posibles para la naturaleza creada, ya que la potencia divina se extiende a mucho más. Y si se dijese que es omnipotente porque puede todo lo que es posible para su potencia, habría un círculo vicioso en la definición de la omnipotencia, pues esto equivale a decir que es omnipotente porque puede todo lo que puede. Es necesario, pues, que se llame a Dios omnipotente porque puede todo lo “absolutamente posible”, que es la segunda manera de ser “posible”. Pues bien, lo posible o imposible en absoluto depende de la relación que haya entre sus términos; posible es aquello cuyo predicado no repugna al sujeto; v. gr.: que Sócrates esté sentado; e imposible en absoluto aquello cuyo predicado repugna al sujeto; por ejemplo: que un hombre sea asno.

Mas aquí se ha de advertir que, como todo agente produce algo parecido a él, a cada potencia activa corresponde, como objeto propio, lo posible según la razón del acto en qué cada potencia activa se funda, como, por ejemplo, la potencia de calentar se refiere como a objeto propio a lo que puede ser calentado. Ahora bien, el ser de Dios, en el cual se funda la razón de la potencia divina, es el ser infinito, que no está encuadrado en ninguna categoría del ente, sino que de antemano contiene en sí toda la perfección del ser. Por consiguiente, todo lo que puede tener razón de ser está contenido entre los posibles absolutos, con relación a los cuales decimos que Dios es omnipotente.

Pero nada se opone a la razón de ser, más que el no-ser. Luego lo único que repugna a la razón de absolutamente posible, que está sometido a la omnipotencia divina, es lo que en sí mismo y simultáneamente entraña el ser y el no-ser. Esto es, pues, lo que no está sujeto a la omnipotencia, y no por insuficiencia del poder divino, sino porque no puede tener razón de factible, ni siquiera de posible. Por consiguiente, todo lo que no implica contradicción está comprendido entre los posibles respecto a los cuales se llama omnipotente a Dios, y, en cambio, lo que la implica no está contenido bajo la omnipotencia divina, porque no puede tener razón de posible; por lo cual más exacto es decir que “no puede ser hecho” que no decir que “Dios no puede hacerlo”. –Y, sin embargo, esto no se opone al dicho del ángel (Lc 1,37): “Ninguna palabra es imposible para Dios”, pues lo que implica contradicción no puede ser “palabra”, porque ningún entendimiento puede concebirlo.

Soluciones. 1. Según hemos dicho (in c), a Dios se le llama omnipotente por razón de la potencia activa y no de la pasiva; y, por tanto, no repugna a la omnipotencia el que no pueda moverse ni ser sujeto pasivo de acción.

2. Pecar es no alcanzar la perfección del acto, y, por tanto, poder pecar es poder ser deficiente en la acción, cosa que repugna a la omnipotencia; Dios no puede pecar precisamente porque es omnipotente. Y aunque dice el Filósofo que “Dios y el hombre estudioso pueden hacer cosas malas”, esto se ha de entender, o bien bajo una condición, cuyo antecedente sea imposible, como si, v. gr., dijéramos que Dios puede hacer cosas malas “si quisiera”, pues nada se opone a que sea verdadera una proposición condicional cuyos antecedente y consecuente son imposibles, como ésta, por ejemplo: “si el hombre es asno tiene cuatro patas”; o bien entender que Dios puede hacer cosas que ahora parecen malas y que, sin embargo, serían buenas si Él las hiciese; o, por último, pensar que habla acomodándose a la opinión común entre los gentiles, quienes admitían que los hombres se transforman en dioses, como Júpiter o Mercurio

3. La omnipotencia de Dios se manifiesta, sobre todo, en el hecho de perdonar y usar de misericordia, porque la manera de demostrar que Dios tiene el poder supremo es perdonar libremente los pecados, ya que el sometido a la ley de un superior no es libre para perdonar pecados. –O también se puede decir que, perdonando a los hombres y compadeciéndolos, es como los conduce a la participación del bien infinito, que es el último, efecto del poder divino. –O también porque, según hemos visto (S.Th. 1, 21, 4), el efecto de la misericordia de Dios es el fundamento de todas las obras divinas, ya que nada se debe a ningún ser mas que por razón de lo que Dios le da sin debérselo, y precisamente donde, sobre todo, se revela la omnipotencia divina, es en que a ella pertenece la primera institución de todos los bienes.

4. Lo posible en absoluto no lo es ni por las causas superiores ni por las inferiores, sino por sí mismo. En cambio, lo llamado posible por alguna potencia es posible por su causa próxima, y por esto las cosas que sólo pueden ser hechas inmediatamente por Dios, como la creación, la justificación y otras parecidas, se llaman posibles por la causa superior, y posibles por las causas inferiores se llaman las que ellas pueden hacer; y según sea la condición de la causa próxima, el efecto es necesario o contingente, como ya tenemos explicado (S.Th. 1, 14, 13 ad 1). La necedad de la sabiduría de este mundo consiste en pensar que lo imposible para la naturaleza es igualmente imposible para Dios. Por donde se ve que la omnipotencia divina no excluye la imposibilidad ni la necesidad de las cosas.

ARTÍCULO 4

Si Dios puede hacer que las cosas pasadas no hayan sido

Dificultades. Parece que Dios puede hacer que las cosas pasadas no hayan sido.

1. Más imposible es lo imposible por sí mismo que lo accidentalmente imposible. Pero Dios puede hacer lo que es imposible por sí mismo, como dar vista a un ciego o resucitar un muerto. Luego con mayor razón puede hacer lo que es accidentalmente imposible. Pues bien, que lo pasado no haya sido, es imposible accidentalmente; la imposibilidad, por ejemplo, de que Sócrates no haya corrido, es accidental, por tratarse de un hecho pasado. Por consiguiente, Dios puede hacer que las cosas pasadas no hayan sido.

2. Todo lo que Dios ha podido hacer, puede hacerlo ahora, ya que su potencia nunca disminuye. Pero antes de que Sócrates corriera pudo Dios hacer que no corriese. Luego después de correr puede hacer que no haya corrido.

3. Mayor virtud es la caridad que la virginidad. Pero Dios puede devolver la caridad perdida. Luego también la virginidad, y, por consiguiente, puede hacer que una mujer violada no lo haya sido.

Por otra parte, dice San Jerónimo: “Dios, que todo lo puede, no puede hacer de la mujer violada una inviolada”. Luego, por la misma razón, no puede hacer que no haya sido cosa alguna pasada.

Respuesta. Según hemos visto (a.3; S.Th. 1, 7, 2 ad 1), lo que implica contradicción no cae bajo la omnipotencia de Dios. Pues bien, que lo pasado no haya sido implica contradicción, ya que tan contradictorio es decir que Sócrates está sentado y que no está sentado como decir que estuvo sentado y que no lo estuvo, y decir que estuvo sentado es afirmar un hecho pasado, y decir que no lo estuvo es negar el mismo hecho. Luego que lo pasado no haya sido no está sujeto a la omnipotencia divina, y esto mismo es lo que enseña San Agustín “Quienquiera que diga: Si Dios es omnipotente, haga que lo hecho no haya sido hecho, no advierte que dice: Si Dios es omnipotente, haga que lo verdadero, por lo mismo que es verdadero, sea falso”; y el Filósofo dice que “de una sola cosa está privado Dios: la de convertir en no hechas las cosas hechas”.

Soluciones. 1. Aunque la imposibilidad de que lo pasado no haya existido es accidental si se considera la cosa pasada, v. gr., el andar de Sócrates, sin embargo, considerado lo pasado bajo razón de pasado, el que no haya existido no sólo es imposible en sí, sino que lo es en absoluto, puesto que envuelve contradicción. Por tanto, es más imposible que la resurrección de un muerto, que no implica contradicción porque sólo es imposible para determinada potencia, esto es, la natural, y esta clase de imposibles están sujetos a la potencia divina.

2. Así como, considerada la perfección de la potencia divina, Dios lo puede todo, y, sin embargo, algunas cosas no están sujetas a su potencia porque no tienen razón de posibles, así también, dada la inmutabilidad de la potencia divina, cuanto Dios ha podido, lo puede ahora; pero hay cosas que antes que fuesen hechas tuvieron razón de posibles y han dejado de tenerla después que se hicieron, y de éstas se dice que no puede hacerlas porque no pueden ser hechas.

3. Dios puede devolver a una mujer violada la integridad del alma y la del cuerpo, pero no puede quitarle que haya sido violada, como tampoco puede quitar a un pecador que haya pecado y perdido la gracia.

ARTÍCULO 5

Si Dios puede hacer lo que no hace

Dificultades. Parece que Dios no puede hacer lo que no hace.

1. Dios no puede hacer lo que no ha previsto y preordenado que había de hacer. Pero no ha previsto ni preordenado que había de hacer sino lo que hace. Luego no puede hacer más que las cosas que hace.

2. Dios no puede hacer más que lo que debe y es justo que se haga. Pues bien, ni Dios debe hacer sino lo que hace, ni es justo que haga lo que no hace. Luego no puede hacer más que las cosas que hace.

3. Dios no puede hacer sino lo que es bueno y conveniente para las cosas hechas. Mas para las cosas hechas por Dios no es bueno ni conveniente ser de manera distinta de como son. Luego no puede hacer sino lo que hace.

Por otra parte, se dice en San Mateo (Mt 26,53): “¿Acaso no puedo rogar a mi Padre y me enviaría ahora mismo más de doce legiones de ángeles?” Pero ni él las pidió ni el Padre se las envió para ahuyentar a los judíos. Luego Dios puede hacer lo que no hace.

Respuesta. En esta materia ha habido dos errores. Dijeron algunos que Dios obra como por necesidad de naturaleza, en forma que, así como de la acción de los seres naturales no puede provenir sino lo que proviene, v. gr, de un hombre otro hombre y de una aceituna un olivo, así tampoco pueden provenir de la acción divina otras cesas ni otro orden de cosas más que el actual. –Pero hemos demostrado (S.Th. 1, 19, 3) que Dios no obra como obligado por la necesidad de la naturaleza, sino que la causa de todas las cosas es su voluntad, que tampoco está natural y necesariamente determinada a las actuales cosas. Por consiguiente, el actual orden de cosas en modo alguno proviene de Dios con tal necesidad que no puedan provenir también otros.

Hubo también quienes dijeron que la potencia divina está determinada al actual curso de los seres por el orden de la sabiduría y justicia divina, sin la cual nada hace Dios. –Cierto que, como la potencia de Dios, que es su esencia, no es cosa distinta de la sabiduría divina, se puede decir sin inconveniente que nada hay en la potencia divina que no esté en el orden de su sabiduría, pues ésta incluye todas las posibilidades de la voluntad de Dios. Sin embargo, el orden impuesto a las cosas por la sabiduría divina, en el que, según hemos visto (S.Th. 1, 21, 4), consiste la razón de justicia, no se adecua a la sabiduría de Dios en forma que quede limitada a este orden. Ahora bien, no hay duda que toda la razón del orden que el sabio impone a lo que ha de hacer se toma del fin. Por consiguiente cuando el fin es proporcionado a las cosas que por él se hacen, la sabiduría del que las hace está limitada a un orden fijo. Pero la bondad divina es un fin que excede sin proporción a las criaturas. Luego la sabiduría divina no está limitada a un orden, sea el que fuere, de cosas, en forma tal que de ella no puedan fluir otras. Por consiguiente, se ha de decir que en absoluto Dios puede hacer otras cosas distintas de las que hace.

Soluciones. 1. Como en nosotros la potencia y la esencia son distintas de la voluntad y del entendimiento, y el entendimiento, a su vez, lo es de la sabiduría, y la voluntad de la justicia, bien puede haber en la potencia cosas que no pueden estar en la voluntad justa ni en el entendimiento sabio. Pero en Dios, la potencia, la esencia, la voluntad, el entendimiento, la sabiduría y la justicia son una misma cosa, y, por tanto, nada puede haber en la potencia divina que no pueda estar en su voluntad justa ni en su entendimiento sabio. Con todo, como la voluntad no está determinada necesariamente a esta cosa o a la otra, si no es tal vez con necesidad hipotética, como queda dicho (S.Th. 1, 19, 3), ni tampoco están determinadas al presente orden de cosas la sabiduría de Dios y su justicia, según acabamos de ver (in c), nada se opone a que en la potencia divina haya cosas que Dios no quiere y que no estén contenidas en el orden que estableció en el mundo. Y como la potencia se concibe como la que ejecuta, la voluntad como la que manda y el entendimiento y la sabiduría como la que dirige, decimos que aquello que se atribuye a la potencia considerada en sí misma lo puede Dios “por potencia absoluta”, y esto es todo aquello en que se puede salvar la razón de ser, conforme hemos dicho (a.3); y, en cambio, lo que se atribuye a la potencia divina en cuanto ejecuta el mandato de la voluntad justa, se dice que lo puede Dios por “potencia ordenada”. Luego, según esto, se ha de decir que por potencia absoluta puede Dios hacer cosas distintas de las que previó y Predeterminó hacer, y, sin embargo, es imposible que haga cosa alguna de las que no haya previsto y predeterminado, que había de hacer, porque la realidad del hacer está sujeta a la presciencia y a la predeterminación, pero no el poder de hacer, que es natural. En tanto, pues, hace Dios algo por cuanto quiere; pero la razón de que pueda no es porque quiere, sino porque tal es por naturaleza.

2. Dios a nadie debe nada, más que a sí mismo; y, por consiguiente, decir que Dios no puede hacer más que lo que debe, equivale a decir que no puede hacer sino lo que para Él es justo y conveniente. Sin embargo, las palabras “justo” y “conveniente” se pueden entender de dos maneras. Una, cuando dichos términos se unan primeramente al verbo es, de suerte que la frase se contraiga a significar cosas presentes, y de este modo se refiere a la potencia, y en este sentido es falsa, pues su significado es el siguiente: “Dios no puede hacer sino lo que ahora es conveniente y justo”. Pero si primeramente se unen al verbo puede, que amplía el sentido, y después al verbo es, se daría a entender un presente indeterminado y confuso, y la proposición sería verdadera en este sentido: “Dios no puede hacer sino aquello que, si lo hiciese, sería conveniente y justo”.

3. El presente orden de cosas está, indudablemente, determinado a los seres que actualmente existen; pero la sabiduría y potencia de Dios no se limitan a él. Por consiguiente, aunque ningún otro orden sea bueno y conveniente para las cosas que ahora hay, Dios puede, sin embargo, hacer otras cosas e imponerles otro orden.

ARTÍCULO 6

Si Dios puede hacer mejores las cosas que hace

Dificultades. Parece que Dios no puede hacer mejores las cosas que hace.

1. Todo lo que Dios hace lo hace con sumo poder y sabiduría. Pues bien, tanto mejor es lo que se hace, cuanto con mayor poder y sabiduría se haga. Luego Dios no puede hacer cosa alguna mejor que la hizo.

2. San Agustín argumenta de esta manera: “Si Dios pudo engendrar un hijo igual a Él y no quiso, fue envidioso”; y por la misma razón, si pudo hacer las cosas mejores que las hizo y no quiso, fue envidioso. Pero la envidia es cosa absolutamente ajena a Dios. Luego a cada ser lo hizo óptimo, y, por consiguiente, no puede hacer cosa alguna mejor que la hizo.

3. No puede hacerse mejor lo que es sumamente buena, porque sobre lo máximo no hay nada. Pero dice San Agustín: “Cada una de las cosas que Dios hizo es buena, pero todas juntas son buenísimas, porque de su conjunto resulta la admirable belleza del universo”. Luego Dios no puede hacer mejor el orden del universo.

4. Cristo, en cuanto hombre, está lleno de gracia y de verdad y recibió el Espíritu sin medida, por lo cual no puede ser mejor. La bienaventuranza creada se llama asimismo bien supremo, y por esto no puede ser mejor. La Santísima Virgen María fue exaltada sobre todos los coros de los ángeles, y, por tanto, no puede ser mejor. Luego no todo lo que Dios hizo puede hacerlo mejor.

Por otra parte, dice el Apóstol (Ef 3,20) que Dios “es poderoso para hacer todas las cosas con más abundancia de lo que nosotros pedimos o pensamos”.

Respuesta. Las cosas tienen doble bondad. Una esencial, como ser racional es esencial al hombre; y en cuanto a este bien, Dios no puede hacer cosa alguna mejor que la hizo, aunque puede hacer otra mejor, por lo mismo que no puede hacer mayor al número cuatro, porque, si fuese mayor, ya no sería el cuatro, sino otro número, y la adición de una diferencia substancial en las definiciones equivale a añadir una unidad a los números, como dice Aristóteles. Hay, sin embargo, otra bondad que no pertenece a la esencia de las cosas, como la de que un hombre sea bueno o virtuoso, y en cuanto a esta clase de bienes puede Dios hacer las cosas mejores que las hizo. Así, pues, hablando en general, dada una cosa cualquiera, puede Dios hacer otra mejor.

Soluciones. 1. Cuando se dice que Dios puede hacer las cosas mejor que las hace, si la palabra “mejor” se toma como substantivo, la proposición es verdadera, ya que puede hacer otra cosa mejor que cualquiera de las hechas; y aun tratándose de las mismas cosas, puede hacerlas mejor en algunos aspectos, aunque no en otros, según hemos dicho. Pero si la palabra “mejor” se toma como adverbio y significa el modo de la acción por parte del que la ejecuta, no puede Dios hacer las cosas mejor que las hizo, porque no puede hacerlas con mayor sabiduría ni con mayor bondad. En cambio, si se refiere al modo de ser de lo hecho, puede entonces hacerlas mejor, porque puede dar a las cosas que hace un mejor modo de ser en cuanto a los accidentes, aunque no en cuanto a la esencia.

2. Es de esencia del hijo que, alcanzada la perfección, sea igual al padre; pero no es de esencia de criatura alguna que sea mejor de lo que Dios la hizo, y, por consiguiente, es inaplicable la comparación.

3. El universo, en el supuesto de que conste de lo que actualmente lo integra, no puede ser mejor, debido a que el orden dado por Dios a las cosas, y en el que consiste el bien del universo, es tan insuperable, que, si alguna fuese mejor se destruiría la proporción del orden, como se rompe la armonía de la cítara si una cuerda se tensa más de lo debido. No obstante, Dios podría hacer cosas distintas o añadir otras a las que ya hizo, y así el universo que resultase sería mejor.

4. La humanidad de Cristo por estar unida a Dios; la bienaventuranza creada, por ser goce de Dios, y la Santísima Virgen, por ser madre de Dios, obtienen del bien infinito, que es Dios, una dignidad en cierto modo infinita; y en cuanto a esto, nada mejor se puede hacer, por la misma que nada puede ser mejor que Dios.

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