Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 26: De la bienaventuranza divina

Cuestión 26: De la bienaventuranza divina

Concluido el estudio de lo que pertenece a la unidad de la esencia divina, quédanos ahora tratar de la bienaventuranza de Dios, y en esta materia se han de averiguar cuatro cosas.
Primera: si la bienaventuranza conviene a Dios.
Segunda: por razón de qué es Dios bienaventurado, y si lo es por el acto del entendimiento.
Tercera: si es esencialmente la bienaventuranza de cada uno de los bienaventurados.
Cuarta: si en su bienaventuranza está incluida toda bienaventuranza.

ARTÍCULO 1
Si la bienaventuranza compete a Dios
Dificultades. Parece que la bienaventuranza no compete a Dios.
1. Según Boecio, bienaventuranza es un “estado perfecto por acumulación de todos los bienes”. Pero en Dios no ha lugar a la acumulación de bienes, como tampoco a la composición. Luego no le compete la bienaventuranza.
2. Según el Filósofo, la bienaventuranza o felicidad es el “premio de la virtud”. Pero en Dios no caben ni premio ni mérito. Luego tampoco cabe la bienaventuranza.
Por otra parte, dice el Apóstol (1Tm 5,15): “A quien hará aparecer a su tiempo el Dios bienaventurado y único poderoso, Rey de reyes y Señor de señores”.
Respuesta. A Dios compete la bienaventuranza en grado máximo. Con el nombre de bienaventuranza no se entiende más que el bien perfecto de la naturaleza intelectual, cuyo es conocer su propia satisfacción en el bien de que goza, y a la que compete ser dueña de sus acciones y susceptible de que le sobrevengan cosas buenas o malas. Pues bien, ambas condiciones, o sea, la de ser perfecto y la de ser inteligente, son propias de Dios en grado máximo, y, por tanto, en el mismo grado lo es la bienaventuranza.
Soluciones. 1. La acumulación de bienes que hay en Dios no es por modo de composición, sino por modo de perfección simple, porque, según hemos visto (S.Th. 1, 4, 2 ad 1; q.13, 4), lo que en las criaturas es múltiple, preexiste en Dios de modo simple y unificado.
2. Ser premio de la virtud es cosa accidental en la bienaventuranza, en cuanto es una bienaventuranza adquirida, lo mismo que es accidental en el ser que sea término de la generación, por cuanto pasa de la potencia al acto, por tanto, así como Dios tiene ser sin haber sido engendrado, así también tiene bienaventuranza sin haberla merecido.

ARTÍCULO 2
Si se llama a Dios bienaventurado por el entendimiento
Dificultades. Parece Que Dios no se llama bienaventurado por el entendimiento.
1. La bienaventuranza es el sumo bien. El bien se atribuye a Dios por esencia, ya que el bien connota el ser, Y éste, según Boecio, en Dios es esencial. Luego la bienaventuranza también se atribuye a Dios por razón de la esencia y no por razón del entendimiento.
2. La bienaventuranza tiene razón de fin, y el fin, lo mismo que el bien, es objeto de la voluntad. Luego según la voluntad, y no según el entendimiento, se dice que es Dios bienaventurado.
Por otra parte, dice San Gregorio: “Es glorioso el que para disfrutar de sí no necesita de las alabanzas ajenas”, y ser glorioso significa ser bienaventurado. Si, pues, de Dios gozamos por el entendimiento, porque “la visión es toda la recompensa”, como dice San Agustín, parece que la bienaventuranza se atribuye a Dios por razón del entendimiento.
Respuesta. La bienaventuranza, como hemos dicho (a.1), significa, el bien perfecto de la naturaleza intelectual, pues así como todas las cosas apetecen su perfección, la naturaleza intelectual apetece ser bienaventurada. Ahora bien, lo más perfecto que hay en la naturaleza intelectual es la operación intelectual, por la que en cierto modo adquiere todas las cosas y, por consiguiente, la bienaventuranza de toda naturaleza intelectual consiste en entender. Y aunque en Dios el ser y el entender no son realmente distintos, tienen, sin embargo, distintos conceptos, y, por consiguiente, la bienaventuranza se ha de atribuir a Dios por el entendimiento, como también a los otros bienaventurados, que se llaman tales por asimilación con la bienaventuranza divina.
Soluciones. 1. La razón alegada prueba que Dios es bienaventurado por esencia, pero no que le convenga la bienaventuranza por razón de la esencia, sino más bien por razón del entendimiento.
2. La bienaventuranza, puesto que es un bien, es objeto de la voluntad. Pero el objeto es cosa que se concibe como anterior al acto de la potencia, y, por tanto, según nuestro modo de entender, antes es la bienaventuranza divina que el acto de la voluntad que en ella reposa, y ésta no puede ser más que el acto del entendimiento, y por esto en el acto del entendimiento se coloca la bienaventuranza.

ARTÍCULO 3
Si Dios es la bienaventuranza de cada uno de los bienaventurados
Dificultades. Parece que Dios es la bienaventuranza de cada uno de los bienaventurados.
1. Según hemos dicho (S.Th. 1, 6, 2), Dios es el sumo bien, y es imposible que haya muchos bienes supremos, como también dijimos (S.Th. 1, 11, 3). Si, pues, es de esen¬cia de la bienaventuranza que sea el sumo bien, parece que no puede serlo más que Dios.
2. La bienaventuranza es el último fin de la naturaleza racional. Pero ser fin último de la naturaleza racional compete exclusivamente a Dios. Luego solamente Dios es la felicidad de cada uno de los bienaventurados.
Por otra parte, la bienaventuranza de unos es mayor que la de otros, pues como dice el Apóstol (1Co 15,41), “una estrella se diferencia de otra estrella en el resplandor”. Pero mayor que Dios no hay nada. Luego la bienaventuranza es cosa distinta de Dios.
Respuesta. La bienaventuranza de la naturaleza intelectual consiste en el acto del entendimiento, en el cual se pueden distinguir dos cosas: el objeto del acto, que es lo inteligible, y el acto mismo, que es la acción de entender. Si, pues, la bienaventuranza se considera por parte del objeto, entonces sólo Dios es la bienaventuranza, pues sólo porque entiende a Dios es alguien bienaventurado, como dice San Agustín: “Bienaventurado el que te conoce, aunque ignore las otras cosas”. En cambio, por parte del acto del que entiende, la bienaventuranza en las criaturas bienaventuradas es una cosa creada, si bien en Dios, incluso en este aspecto, es algo mercado.
Soluciones. 1. La bienaventuranza, en cuanto al objeto, es el bien sumo en absoluto; pero en cuanto al acto no es en las criaturas bienaventuradas el bien sumo en absoluto, sino en el género de bienes que la criatura puede participar.
2. Hay un doble fin, que el Filósofo llama fin “del que” y fin “por el que”; como si dijéramos, la cosa u objeto y el uso o disfrute de ella. El fin, por ejemplo, del avaro es el dinero y la adquisición del dinero. Pues bien, Dios es fin último de la criatura racional como objeto, y la bienaventuranza creada es fin último como uso, o mejor dicho, como fruición del objeto.

ARTÍCULO 4
Si en la bienaventuranza de Dios está incluida toda bienaventuranza
Dificultades. Parece que la bienaventuranza de Dios no abarca toda bienaventuranza.
1. Hay bienaventuranzas falsas. Pero nada en Dios puede ser falso. Luego la, bienaventuranza divina no abarca toda bienaventuranza.
2. Hay cierta felicidad que consiste, según algunos, en cosas corpóreas, v. gr., en los placeres, en las riquezas y en otras parecidas, que no pueden darse en Dios, que es incorpóreo. Luego la bienaventuranza divina no incluye toda bienaventuranza.
Por otra parte, la bienaventuranza es una perfección. Pero la perfección divina incluye todas las perfecciones, según hemos visto (S.Th. 1, 4, 2). Luego la bienaventuranza divina incluye toda bienaventuranza.
Respuesta. Cuanto de deseable hay en cualquier clase de felicidad, todo preexiste de modo más elevado en la bienaventuranza divina. Por lo que se refiere a la felicidad contemplativa, tiene la contemplación continua y ciertísima de sí mismo y de todas las otras cosas, y en cuanto a la activa, tiene el gobierno de todo el universo. De la felicidad terrena, que, según Boecio, consiste en placeres, riquezas, poderío, dignidad y fama, por riqueza tiene la omnímoda abundancia que la riqueza promete; por poderío, la omnipotencia; por dignidad, el gobierno de todos los seres, y por fama, la admiración de todas las criaturas.
Soluciones. 1. En tanto una felicidad es falsa en cuanto no reúne las condiciones de la verdadera, y de este modo no está en Dios. Sin embargo, cuanto tenga de semejanza, por tenue que sea, con la verdadera felicidad, todo preexiste en la bienaventuranza divina.
2. Los bienes que en los seres corpóreos están corporalmente, en Dios están espiritualmente, como requiere su modo de ser.
Y en la materia de lo que pertenece a la unidad de la esencia divina baste con lo dicho (Cf. introducción cuestión 2).

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