Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 27: Del origen o procesión de las personas divinas

Cuestión 27: Del origen o procesión de las personas divinas

Explicado lo referente a la unidad de la esencia, réstanos estudiar ahora lo que se relaciona con la trinidad de personas.

Y como las personas divinas se distinguen por sus relaciones de origen, exige el buen método que tratemos: primero, del origen, o sea de la procesión; segundo, de las relaciones de origen, y tercero, de las personas.

Acerca de la procesión se han de averiguar cinco cosas.

Primera: si hay procesiones en Dios.

Segunda: si alguna de las procesiones puede llamarse en Dios generación.

Tercera: si, además de la generación, hay otra procesión en Dios.

Cuarta: si esta otra procesión puede llamarse generación.

Quinta: si hay en Dios más de dos procesiones.


ARTÍCULO 1

Si hay procesiones en Dios

Dificultades. Parece que en Dios no puede haber procesión alguna.

1. Procesión significa un movimiento hacia fuera. Pero en Dios nada hay móvil ni extraño. Luego tampoco hay procesión.

2. Lo procedente es diverso de aquello de que procede. Pero en Dios no hay diversidad, sino máxima simplicidad. Luego no hay procesión alguna.

3. Parece que proceder de otro repugna a la noción de primer principio. Pero, según hemos visto (S.Th. 1, 2, 3), Dios es primer principio. Luego en Dios no cabe procesión.

Por otra parte, dice el Señor en San Juan (Jn 8,42): “Yo procedí de Dios”.

Respuesta. La Sagrada Escritura, hablando de Dios, emplea términos que pertenecen a la procesión. Pero hay quienes han entendido esta procesión de distintas maneras. Unos la tomaron a la manera como el efecto procede de la causa, y de este modo la entendió Arrio, diciendo que el Hijo procede del Padre como su primera criatura, y el Espíritu Santo del Padre y del Hijo como criatura de los dos. –Mas, según esto, ni el Hijo ni el Espíritu Santo serían verdadero Dios, en oposición con lo que del Hijo dice San Juan (1Jn 5,20): “Para que estemos en su verdadero Hijo. Este es verdadero Dios”. Y del Espíritu, Santo dice el Apóstol (1Co 6,19): “¿No sabéis que vuestros miembros son templo del Espíritu Santo?” Tener templo solamente corresponde a Dios.

Entendieron otros esta procesión al modo como se dice que la causa procede en el efecto, bien en cuanto lo mueve o bien en cuanto imprime en él su semejanza. Así lo entendió Sabelio al decir que el mismo Dios Padre es el que se llama Hijo en cuanto toma carne de la Santísima Virgen, y que asimismo se llama Espíritu Santo, por cuanto santifica a la criatura racional y la impulsa a la vida. –Pero a esta acepción se oponen las palabras del Señor, que dice de sí en San Juan (Jn 5,19): “El Hijo nada puede hacer por sí mismo”, y otros muchos pasajes en los cuales se manifiesta que el Padre no es el mismo que el Hijo.

Un examen más atento revela que uno y otro entendieron la procesión en cuanto es algo que termina al exterior; de aquí que ni uno ni otro hallasen procesiones en el mismo Dios. Sin embargo, como toda procesión dice o supone una acción, de la misma manera que de la acción que termina en una materia exterior se sigue una procesión externa, a la acción que permanece en el mismo agente corresponde alguna procesión interna, y esto, mejor que en parte alguna, se observa en el entendimiento, cuya acción, el entender, permanece en el mismo que entiende. En quienquiera que entiende, por el solo hecho de entender, procede dentro de él algo que es la concepción de la cosa entendida, que proviene del poder intelectual y procede del conocimiento o noticia de la cosa. Esta concepción es la que enuncia la palabra y se llama “verbo o palabra del corazón”.

Ahora bien, como Dios es superior a todas las cosas, lo que se dice de Dios no se ha de entender al modo como lo hallamos en las criaturas ínfimas, cuales son los cuerpos, sino a la manera como se halla en las criaturas superiores, que son las substancias espirituales; sin olvidar que la semejanza que en ellas sorprendemos no alcanza a representar la realidad divina. No hemos, pues, de entender la procesión al modo como se realiza en los cuerpos, bien se trate del movimiento local o de la acción de las causas cuando producen un efecto exterior, cual sería el paso del calor de un cuerpo caliente a otro que se va calentando, sino en cuanto emanación inteligible y como emana de quien lo dice el verbo inteligible, que permanece en él. Y así es como la fe católica admite las procesiones en Dios.

Soluciones. 1. La dificultad se refiere a la procesión en el sentido de movimiento local o en cuanto acción que tiende a materia o efecto exterior. Ya hemos visto cómo tales procesiones no existen en Dios.

2. Lo procedente según la procesión hacia afuera, es forzosamente distinto de aquello de que procede. Mas lo que de una procesión intelectual procede dentro, no es necesario que sea diverso; más aún, tanto será más uno con su principio cuanta su procesión sea más perfecta. Sabido es, en efecto, que cuanto más se entiende una cosa, tanto la concepción intelectual es más íntima en el que entiende y también más una con él, ya que el entendimiento, en cuanto al acto de entender, se hace una sola cosa con el objeto entendido. Por tanto, como el entendimiento divino se halla, conforme hemos dicho (S.Th. 1, 14, 2), en el último límite de la perfección, es necesario que el Verbo divino sea perfectamente uno con aquello de que procede, excluida toda diversidad.

3. Proceder de principio como cosa extraña y diversa, repugna a la razón de primer principio; pero proceder como algo íntimo y sin diversidad por modo inteligible, va incluido en la razón de primer principio. Así, por ejemplo, cuando decimos que el arquitecto es el principio de un edificio, incluimos en la razón de principio la concepción de su arte, y ésta tendría la razón de primer principio si el arquitecto fuese principio primero. Pues bien, Dios, primer principio de las cosas, es, respecto a las criaturas, como el artesano respecto al artefacto.

ARTÍCULO 2

Si hay en Dios alguna procesión que pueda llamarse generación

Dificultades. Parece que la procesión que hay en Dios no puede llamarse generación.

1. La generación es la mutación del no ser al ser, opuesta a la corrupción, y el sujeto de una y de otra es la materia. Pero nada de esto hay en Dios. Luego no puede haber generación.

2. En Dios hay procesión por vía de inteligencia, según hemos dicho (S.Th. 1, 27, 1). Pero entre nosotros tales procesiones no se llaman generación. Luego tampoco en Dios.

3. Todo lo engendrado recibe el ser de quien lo engendra. Luego el ser de lo engendrado es un ser recibido. Pero no hay ser recibido que sea subsistente por sí mismo. Si, pues, como hemos dicho (S.Th. 1, 7, 1; y q.11, 4), el ser divino es un ser subsistente por sí mismo, síguese que no es divino el ser de cosa ninguna engendrada. Luego en Dios no hay generación.

Por otra parte, en un salmo (Ps 2,7) se dice: “Yo te he engendrado hoy”.

Respuesta. La procesión del verbo en Dios se llama generación. Para explicarlo, tómese en cuenta que nosotros empleamos la palabra “generación” en dos sentidos. Primero, de un modo general, aplicada a todo lo que se produce o destruye, y en este caso la generación no es más que la mutación del no ser al ser; y segundo, aplicada a los vivientes, y en este caso la generación significa el origen de un ser vivo que proviene de un principio viviente con el cual está unido, y a esto se llama propiamente “nacimiento”. Sin embargo, no todo lo que así procede puede en rigor llamarse hijo, sino sólo lo que procede según la razón de semejanza; y por esto el pelo o el cabello no tienen razón de engendrados ni de hijos, sino sólo lo que procede según la razón de semejanza, y no de una semejanza cualquiera, pues los gusanos que se engendran en los animales no tienen sazón de generación ni de filiación, aunque en género sean semejantes a ellos; sino que para la razón de verdadera generación se requiere que procedan según la razón de semejanza que da el tener la misma naturaleza específica, que así es como el hombre procede del hombre y el caballo del caballo.

Ahora bien, en los vivientes, que pasan de la potencia al acto de vivir, como los hombres y los animales, su generación incluye los dos modos. Pero si hubiese un ser viviente cuya vida no pasase de la potencia al acto, la procesión, caso de haberla en tal viviente, excluiría en absoluto el primer modo de generación, y, en cambio, puede tener la razón de la generación, que es propia de los seres vivientes.

Así, pues, la procesión del verbo en Dios tiene razón de generación, porque se hace por operación intelectual, que es operación vital; y proviene de un principio que le está unido, conforme hemos dicho (S.Th. 1, 27, 1); y se encuentra en ella la razón de semejanza, porque la concepción del entendimiento es una semejanza de lo conocido; y, por fin, es de la misma naturaleza, porque en Dios ser y entender son una sola cosa, según hemos visto (S.Th. 1, 3, 4; y q.14, 4). Por tanto, en Dios la procesión del verbo recibe el nombre de generación, y el verbo procedente, el de Hijo.

Soluciones. 1. La dificultad se refiere a la generación tomada en el primer sentido, en cuanto implica el paso de la potencia al acto, y así no existe en Dios, según hemos dicho.

2. El acto de entender en nosotros no es la misma substancia del entendimiento, y por esto el verbo procedente de nuestra operación intelectual no es de la misma naturaleza que su principio, y de aquí que, propia y adecuadamente, no pueda llamarse hijo. En cambio, el entender divino es la misma substancia del que entiende, según hemos dicho (S.Th. 1, 14, 4), y, por tanto, el verbo procedente procede como subsistente en su misma naturaleza, y por esto con toda propiedad se llama engendrado e Hijo. De aquí que la Sagrada Escritura, para darnos a conocer la procesión de la sabiduría divina, use de los términos que pertenecen a la generación de los seres vivientes, o sea los de “concepción” y “parto”. Así, en el libro de los Proverbios (Pr 5,24-25) se dice de la sabiduría divina: “Aun no existían los abismos, y yo había sido ya concebida: antes que los collados fui yo dado a luz”. Si, pues, tratándose de la operación de nuestro entendimiento, usamos del término “concepción”, es por cuanto en él se halla la semejanza de la cosa entendida, no obstante que no tenga identidad de naturaleza.

3. No todo lo obtenido de otro es recibido, pues de lo contrario no se podría decir que haya sido recibida de Dios toda la substancia del ser criado, porque no hay sujeto destinado a recibir la totalidad de la substancia. Por consiguiente, lo engendrado en la divinidad recibe el ser del que lo engendra; pero no como si este ser fuese recibido en una materia o sujeto (cosa que repugna a la subsistencia del ser divino), sino que se llama ser recibido por cuanto el procedente tiene de otro el ser divino y no como algo distinto del ser divino. La razón es porque en la misma perfección del ser divino están contenidos el verbo, que procede intelectualmente, y el principio del verbo, así como todo lo que pertenece a su perfección, según hemos visto (S.Th. 1, 4, 2; y q.14, 4).

ARTÍCULO 3

Si hay en Dios otra procesión distinta de la generación del verbo

Dificultades. Parece que en Dios no hay otra procesión distinta de la generación del verbo.

1. Por la misma razón habría una tercera, distinta de la segunda, y así hasta el infinito, que es proceso inadmisible. Es necesario, pues, detenerse en la primera, y en esta forma no habrá más que una sola procesión en Dios.

2.En una naturaleza cualquiera no hay más que un solo modo de comunicarse, porque las acciones se unifican o diversifican según la unidad o diversidad de sus términos respectivos. Pero la procesión en Dios tiene por término la comunicación de la naturaleza divina. Si, pues, no hay más que una sola naturaleza divina, como hemos demostrado (S.Th. 1, 11, 3), síguese que no puede haber en Dios más que una sola procesión.

3. Si hubiese en Dios otra procesión distinta de la inteligible del verbo, no sería más que la procesión del amor subsiguiente al acto de la voluntad. Pero ésta procesión no puede ser distinta de la procesión inteligible del entendimiento, porque, según hemos dicho (S.Th. 1, 19, 1), la voluntad en Dios no es distinta del entendimiento. Luego en Dios no hay otra procesión además de la del verbo.

Por otra parte, como se dice en San Juan (Jn 15,26), el Espíritu Santo procede del Padre. Pero es distinto del Hijo, según aquello del propio San Juan (Jn 14,16): “Rogaré a mi Padre y os daré otro Paráclito”. Luego, además de la del verbo, hay en Dios otra procesión.

Respuesta. En Dios hay dos procesiones: la del verbo y otra. Para explicarlo tómese en cuenta que en Dios no hay procesión más que por razón de las operaciones que no tienden a cosa extrínseca, sino que permanecen en el mismo agente. Ahora bien, en la naturaleza intelectual, esta clase de acciones son la del entendimiento y la de la voluntad. Por la acción de la inteligencia se produce el verbo, y por la operación de la voluntad hay también en nosotros otra procesión, que es la procesión del amor, por la cual lo amado está en el que ama, como por la concepción del verbo la cosa dicha o entendida está en el que entiende. De aquí, pues, que, además de la procesión del verbo, se admita en Dios otra procesión, que es la procesión del amor.

Soluciones. 1. No es necesario prolongar indefinidamente las procesiones en Dios, ya que las procesiones inmanentes en la naturaleza intelectual terminan en la de la voluntad.

2. Según hemos dicho (S.Th. 1, 3, 3 y 4), todo lo que hay en Dios es Dios, cosa que no sucede en los demás seres, y, por tanto, la naturaleza divina se comunica por cualquier procesión que no termine fuera, pero no las otras naturalezas.

3. Si bien en Dios la voluntad no es distinta del entendimiento, es, sin embargo, de esencia del entendimiento y de la voluntad que las procesiones originadas de sus respectivos actos guarden entre sí cierto orden. En efecto, no hay procesión del amor como no sea en orden a la procesión del verbo, puesto que nada puede ser amado por la voluntad si no ha sido concebido en el entendimiento. Por tanto, así como apreciamos un determinado orden del verbo al principio de que procede, no obstante que en Dios el entendimiento y la concepción del entendimiento sean su misma substancia, así también, y a pesar de que en Dios se identifiquen el entendimiento y la voluntad, como es de esencia del amor que no proceda más que de la concepción del entendimiento, hay en Dios distinción de orden entre la procesión del amor y la del verbo.

ARTÍCULO 4

Si la procesión del amor es en Dios generación

Dificultades. Parece que la procesión del amor es en Dios generación.

1. Lo que en los vivientes procede con semejanza de naturaleza, se llama engendrado y nacido. Pero lo que procede en Dios por modo de amor, procede con semejanza de naturaleza, ya que, de lo contrario, sería extraño a la naturaleza divina, y, por tanto, sería una procesión extrínseca. Luego lo que procede en Dios por modo de amor, procede como engendrado y nacido.

2. Así como la semejanza es de esencia del verbo, también lo es del amor, y por eso se dice en el Eclesiástico (Eclo 13,19) que “todo animal ama a su semejante”. Si, pues, por razón de la semejanza conviene al Verbo procedente ser engendrado y nacido, parece que también conviene al amor procedente ser engendrado.

3. No puede pertenecer a un género lo que no está en ninguna de sus especies. Si, pues, hubiese en Dios una procesión del amor, sería necesario que, además de este nombre común, tuviese algún otro especial. Pero no se le puede dar otro que el de “generación”. Luego parece que la procesión del amor es una generación.

Por otra parte, de ser así, seguiríase que el Espíritu Santo, que procede como amor, procedería como engendrado, en contra de lo que dice San Atanasio: “Del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo, no hecho, ni criado, ni engendrado, sino procedente”.

Respuesta. La procesión del amor en Dios no debe llamarse generación. Para entenderlo tómese en cuenta que el entendimiento se pone en acto debido a que el objeto entendido está en él por su semejanza, y, en cambio, la voluntad se pone en acto, no porque en ella haya semejanza alguna de lo querido, sino porque en la voluntad hay cierta inclinación a lo que quiere. Así, pues, la procesión que se toma según la razón de entendimiento, es según la razón de semejanza, y, por consiguiente, puede tener razón de generación, porque todo el que engendra, engendra algo semejante a él. Pero la que se toma según la razón de voluntad no tiene razón de semejanza, sino más bien razón de impulso o movimiento hacia algo, y, por consiguiente, lo que en Dios procede por modo de amor no procede como engendrado ni como hijo, sino más bien como “espíritu”, en sentido de cierta moción o impulso vital, a la manera como alguien es movido o impulsado por el amor a ejecutar alguna cosa.

Soluciones. 1. Cuanto hay en Dios se identifica con la naturaleza divina. No es, pues, por el lado de esta unidad donde se puede hallar la razón propia de ésta o de la otra procesión, en cuanto se distinguen entre sí, sino que la razón propia de cada una de ellas forzosamente se ha de tomar del orden de una procesión a otra. Ahora bien, este orden se considera según la razón del entendimiento y de la voluntad. Luego de la razón propia de entendimiento y de voluntad tomará nombre en Dios una y otra procesión, puesto que el nombre se impone para significar la razón propia de las cosas; y de aquí que lo procedente por modo de amor reciba la naturaleza divina y, sin embargo, no se llama nacido.

2. De una manera pertenece la semejanza al verbo y de otra al amor. Al verbo pertenece en cuanto que él mismo es cierta semejanza del objeto entendido, como lo es el engendrado del que engendra; y, al amor, en cambio, pertenece no porque él mismo sea semejanza, sino en cuanto la semejanza es principio de amor. Por tanto, no se sigue que el amor sea engendrado, sino que lo engendrado es principio del amor.

3. Nosotros no podemos imponer nombres a Dios más que valiéndonos de las criaturas, según tenemos dicho (S.Th. 1, 13, 1). Y como en las criaturas el único modo de propagar la naturaleza es la generación, la procesión divina no tiene otro nombre propio y particular más que el de “generación”. De aquí que la procesión que no es generación haya quedado sin nombre especial. Puede, sin embargo, llamarse “espiración”, porque es procesión del espíritu.

ARTÍCULO 5

Si hay en Dios más procesiones que estas dos

Dificultades. Parece que en Dios hay más procesiones que estas dos:

1. Lo mismo que se atribuye a Dios la ciencia y la voluntad, se le atribuye también la potencia. Si, pues, por razón del entendimiento y de la voluntad se conciben dos procesiones en Dios, parece que debiera concebirse una tercera, por razón de la potencia.

2. La bondad parece ser el principio más indicado de procesión, toda vez que el bien tiende a difundirse. Parece, pues, que debería concebirse en Dios alguna procesión por razón de la bondad.

3. Es más perfecta en Dios la fecundidad que en nosotros. Pero en nosotros hay muchas maneras de procedencia del verbo y no una sola; pues en nosotros de un verbo procede otro, y lo mismo de un amor, otros amores. Luego también en Dios hay más de dos procesiones.

Por otra parte, en Dios no hay más que dos procedentes: el Hijo y el Espíritu Santo. Luego no hay más que dos procesiones.

Respuesta. No pueden concebirse procesiones en Dios más que por razón de las acciones que permanecen en el propio agente. Estas en la naturaleza intelectual y divina son exclusivamente dos: entender y querer; pues el sentir, que también parece acción inmanente, es, en primer lugar, ajeno a la naturaleza intelectual, y además no es totalmente extraño al género de acciones que terminan fuera del sujeto, puesto que la sensación se realiza debido a la acción de lo sensible en el sentido. Resulta, por tanto, que no puede haber en Dios procesión alguna más que la del verbo y la del amor.

Soluciones. 1. La potencia es el principio de obrar en otro, y de aquí que, en razón de la potestad, se conciba la acción hacia afuera. Por tanto, el atributo del poder no conduce a la procesión de la persona divina, sino sólo a la de la criatura.

2. El bien, como dice Boecio, pertenece a la esencia y no a la operación, excepto, si acaso, en cuanto es objeto de la voluntad. Si, pues, las procesiones divinas necesariamente han de estar vinculadas a determinadas acciones por razón de la bondad o de otros atributos semejantes no habrá, más procesiones que la del verbo y la del amor en cuanto Dios conoce y ama su esencia, su verdad y su bondad.

3. Según hemos dicho (S.Th. 1, 14, 3; q.19, 5), Dios con un solo y simplicísimo acto lo entiende todo, y de la misma manera lo ama todo. Por consiguiente, en Él no es posible que de un verbo proceda otro verbo y de un amor otro amor. Un solo verbo perfecto hay en Él y un solo amor perfecto, y en esto se manifiesta su perfecta fecundidad.

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