Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 3: De la simplicidad de Dios

(Traducción española publicada por la Editorial B.A.C., 1950 á 1960).

Cuestión 3: De la simplicidad de Dios

Sabido que alguna cosa existe o es, hay que averiguar cómo es, para llegar a saber qué es. Pero, como de Dios no podemos saber lo que es, sino sólo lo que no es, tampoco podemos tratar de cómo es, sino más bien de cómo no es. Por tanto, trataremos primero de cómo no es; segundo, de cómo le conocemos; tercero, de cómo le denominamos.

Puede demostrarse cómo no es Dios, despojándole de lo que es incompatible con Él, por ejemplo, de la composición, del movimiento y de cosas parecidas. Por tanto, hablaremos primero de su simplicidad, que aparta de El toda composición. Pero, como en los seres corpóreos lo simple es imperfecto y es parte, trataremos, lo segundo, de su perfección; lo tercero, de su infinidad; lo cuarto, de su inmutabilidad; lo quinto, de su unidad.

Acerca de lo primero hay que averiguar ocho cosas.

Primera: si Dios es cuerpo.

Segunda: si hay en Él composición de materia y forma.

Tercera: si hay composición de esencia o naturaleza y sujeto.

Cuarta: si hay composición de esencia y existencia.

Quinta: si hay composición de género y diferencia.

Sexta: si hay composición de sujeto y accidente.

Séptima: si hay en El algún género de composición o es totalmente simple.

Octava: si entra como componente de alguna cosa.

ARTÍCULO 1

Si Dios tiene cuerpo

Dificultades. Parece que Dios tiene cuerpo.

1. Cuerpo es lo que tiene las tres dimensiones. Pero la Sagrada Escritura atribuye tres dimensiones a Dios, y así se dice en el libro de Job: “Es más alto que el cielo, y ¿qué harás?; más profundo que el infierno, y ¿cómo le conocerás?; es su medida más larga que la tierra y más ancha que el mar” (Job 11,8). Luego tiene cuerpo.

2. Todo lo que tiene figura es cuerpo, ya que la figura es una modalidad de lo extenso. Pues parece que Dios tiene figura, puesto que se escribe en el Génesis (Gn 1,26): “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, y por imagen se entiende figura, como dice el Apóstol (Hb 1,3): “Siendo el esplendor de la gloria y figura de la substancia”, esto es, imagen. Luego Dios tiene cuerpo.

3. Todo lo que tiene partes corpóreas es cuerpo. Pues la Sagrada Escritura atribuye a Dios partes corpóreas, y así se dice es el libro de Job: “Si tienes brazo como Dios” (Job 40,4); y en el Salmo: “Los ojos de Dios están sobre los justos” (Ps 33,16); y en otro: “La diestra del Señor hizo proezas” (Ps 117,16). Luego Dios tiene cuerpo.

4. Únicamente los cuerpos ocupan sitio. Pero en las Escrituras se atribuye a Dios lo que pertenece al sitio, y así se dice en Isaías: “Vi al Señor sentado” (Is 6,1); y en el mismo profeta: “El Señor está de pie para juzgar” (Is 3,13). Luego Dios tiene cuerpo.

5. Nada que no sea cuerpo, o corpóreo, puede ser principio ni término local del movimiento. Pero en la Sagrada Escritura se dice que Dios es término local, y así leemos en un salmo (Ps 33,6): “Acercaos a Él y seréis iluminados”; y también que es principio local, pues dice Jeremías (Jer 17,13): “Los que se aparten de ti, serán escritos en la tierra”. Luego Dios tiene cuerpo.

Por otra parte, dice San Juan (Jn 4,24): “Dios es espíritu”.

Respuesta. Es imposible que Dios sea cuerpo, y esto se puede demostrar de tres maneras. Primera, porque ningún cuerpo mueve a otro si no es a su vez movido. Hemos demostrado (S.Th. 1, 2, 3) que Dios es el primer motor inmóvil. Luego, evidentemente, Dios no es cuerpo.

Segunda, el primer ser, por necesidad, ha de estar en acto y de ningún modo en potencia; y si bien en el ser que pasa de la potencia al acto la potencia es anterior cronológicamente al acto, en absoluto el acto es anterior a la potencia, ya que lo que está en potencia no puede pasar al acto sino en virtud de algo que esté en acto. Pero hemos demostrado (S.Th. 1, 2, 3) que Dios es el primer ser. Por tanto, es imposible que haya en Él nada de potencia, y, en cambio, todo cuerpo está en potencia, debido a que lo continuo, en cuanto tal, es divisible hasta lo infinito. Por consiguiente, es imposible que Dios sea cuerpo.

Tercera, porque ya hemos dicho (S.Th. 1, 2, 3) que Dios es lo más perfecto de entre los seres. Pero es imposible que ningún cuerpo sea lo más perfecto de entre los seres; pues que tal cuerpo o es vivo o no. El cuerpo vivo es, a todas luces, más perfecto que el cuerpo sin vida. Pues como el cuerpo vivo no vive por el cuerpo, que entonces todo cuerpo tendría vida, es necesario que viva por algo diferente, como nuestro cuerpo vive por el alma. De donde se sigue que aquello que da vida al cuerpo es más perfecto que el cuerpo. Por consiguiente, es imposible que Dios sea cuerpo.

Soluciones. 1. Según hemos dicho (S.Th. 1, 1, 9), la Sagrada Escritura inculca lo espiritual y divino por medio de imágenes corpóreas. Por tanto, cuando atribuye a Dios tres dimensiones, designa su cantidad virtual por semejanza con la cantidad corpórea; y así, la profundidad quiere decir la facultad que tiene de saber lo oculto; la altura sería la excelencia de su poder sobre todas las cosas; la longitud, la duración de su ser, y la anchura, lo efusivo de su amor a todos los seres. O también, como dice Dionisio, “entiéndese por profundidad de Dios la imposibilidad de comprender su esencia; por longitud, el avance de su poder, que todo lo penetra, y por anchura, la amplitud con que se extiende a todo, en cuanto que todas las cosas están amparadas bajo su protección”.

2. Se dice que el hombre fue hecho a imagen de Dios, no por razón del cuerpo, sino por razón de aquello en que supera a los otros animales, y por esto en el Génesis (Gn 1,26), después de decir “hagamos al hombre a nues¬tra imagen y semejanza”, se añade: “para que domine sobre los peces del mar”, etcétera. Ahora bien, el hombre supera a todos los animales porque tiene razón y entendimiento, y así es imagen de Dios por la razón y el entendimiento, que son incorpóreos.

3. En la Sagrada Escritura se atribuyen a Dios miem¬bros corporales, debido a que los actos de éstos tienen cierto parecido con la acción divina; por ejemplo, puesto que la acción del ojo es ver, el ojo de Dios significa su facultad de verlo todo intelectualmente, sin necesidad de visión sensitiva; y dígase lo mismo de los otros miembros.

4. Asimismo, lo referente al sitio se atribuye a Dios en sentido metafórico, y por ello estar sentado significa su autoridad e inmutabilidad, y estar en pie, su poderío para repeler cuanto se le oponga.

5. Puesto que Dios está en todas partes, nadie se acerca a Él con los pasos del cuerpo, sino con los afec¬tos del corazón y del mismo modo se aleja. Por tanto, la aproximación o alejamiento designan los afectos del espíritu mediante la imagen del movimiento local.

ARTÍCULO 2

Si hay en Dios composición de materia y forma

Dificultades. Parece que en Dios hay composición de materia y forma.

1. Todo lo que tiene alma es compuesto de materia y forma, porque el alma es forma del cuerpo. Pero la Sagrada Escritura atribuye alma a Dios, y así en la Epís¬tola a los Hebreos se dice en nombre y persona de Dios (Hb 10,38): “Mi justo vive de la fe, pero si se substrae no placerá a mi alma”. Luego Dios está com¬puesto de materia y forma.

2. La ira, el gozo, etc., son pasiones del compuesto, como dice el Filósofo. Pero en la Sagrada Escritura se atribuyen estas cosas a Dios, y así se dice en un salmo (Ps 105,40): “El Señor se encendió en furor contra su pueblo”. Por consiguiente, Dios está compuesto de materia y forma.

3. La materia es el principio de individuación. Pero Dios parece ser individual, porque no se dice de muchos. Luego está compuesto de materia y forma.

Por otra parte, todo compuesto de materia y forma es cuerpo, pues la cantidad dimensiva es el primer accidente de la materia. Pero, según hemos demostrado (a.1), Dios no es cuerpo. Luego no está compuesto de materia y forma.

Respuesta. Es imposible que en Dios haya materia. Primero, porque materia es lo que está en potencia, y hemos demostrado (a.1) que Dios es acto puro, sin mez¬cla alguna de potencialidad. Es, pues, imposible que esté compuesto de materia y forma.

Segundo. Todo lo que está compuesto de materia y forma es bueno y perfecto en virtud de la forma, y pues¬to que la materia recibe o participa la forma, es bueno por participación. Pero lo primero entre lo bueno y óptimo –y tal es Dios– no es bueno por participación, porque lo bueno por esencia es anterior a lo bueno por participación. Por consiguiente, es imposible que Dios esté compuesto de materia y forma.

Tercero. Todo agente obra en virtud de su forma, y, por tanto, será agente en el mismo grado que sea forma. Luego lo que es primer ser y agente por esencia, debe ser forma por sí mismo. Pues si, como hemos dicho (a.2), Dios es el primer agente, por ser la primera causa, síguese que es por esencia su forma, y no com¬puesto de materia y forma.

Soluciones. 1. Se atribuye alma a Dios por analogía con nuestros actos, pues así como el complacernos de nuestro bien es acto de nuestra alma, así también se dice que place al alma de Dios lo que es conforme con su voluntad.

2. Se atribuyen a Dios la ira y otras pasiones, por analogía con los efectos de sus actos; y así, puesto que lo propio del airado es castigar, al castigo de Dios se le llama metafóricamente ira.

3. Las formas que requieren ser recibidas en materia, reciben su individuación de la materia, que, por ser el primer sujeto receptivo, no puede ser recibida en otro, mientras que la forma, de por sí, y cuando algo no lo estorba, puede ser recibida en muchos. En cambio, la forma que no requiere ser recibida en materia, sino que subsiste por sí misma, se hace individual, precisamente porque no puede ser recibida en otro, y tal es el caso de Dios. Por tanto, no se sigue que tenga materia.

ARTÍCULO 3

Si Dios es lo mismo que su esencia o naturaleza

Dificultades. Parece que Dios no es lo mismo que su esencia o naturaleza.

1. Porque nada está en sí mismo. Sin embargo, se dice que en Dios está la deidad, que es la esencia o naturaleza divina. Por tanto, parece que Dios no es lo mismo que su esencia o naturaleza.

2. Los efectos se asemejan a sus causas, ya que todo agente hace algo semejante a él. Pero en las cria¬turas no se identifica el supuesto con la naturaleza, ya que el hombre no es lo mismo que la humanidad. Luego tampoco Dios será lo mismo que su deidad.

Por otra parte, se dice que Dios es, no ya viviente, sino la vida, como se ve por San Juan (Jn 14,6): “Yo, soy el camino, la verdad y la vida”. Pues lo que la vida es respecto al viviente es la deidad respecto a Dios, y, por tanto, Dios es la misma deidad.

Respuesta. Dios se identifica con su esencia o naturaleza. Para comprenderlo adviértase que, en lo com¬puesto de materia y forma, necesariamente han de diferir la naturaleza o esencia y el supuesto, porque la esencia o naturaleza sólo comprende lo que entra en la definición de la especie, y así la “humanidad”, por ejemplo, sólo comprende los elementos que integran la definición de hombre, pues debido a ellos es hombre, y humanidad significa aquello por lo que el hombre es hombre. Por el contrario, la materia individual, con sus accidentes individuantes, no entra en la definición de la especie, y por esto en la definición de hom¬bre no entran esta carne y estos huesos determinados, ni tampoco si es blanco o negro, ni cosas parecidas; y por esto ni esta carne ni estos huesos determinados, ni los accidentes que los acompañan entran en la definición de humanidad, y, sin embargo, se incluyen en el hombre concreto. Por tanto, el hombre concreto tiene en sí algo que no tiene la humanidad, y por esto hombre y humanidad no son cosas del todo idénticas, sino que humanidad significa la parte formal del hombre, porque los principios que la definen tienen carácter de forma respecto de la materia individuante.

Luego en los seres que no están compuestos de materia y forma, y en los que, por tanto, la individuación no proviene de materia individual, quiero decir, de esta materia, sino que las formas son individuales por sí mismas, es indispensable que las mismas formas sean los supuestos subsistentes, y por eso en ellas el supuesto no es distinto de la naturaleza. Si, pues, Dios, según hemos dicho (a.2), no está compuesto de materia y forma, es preciso que sea su deidad, su vida y todo lo que en este sentido se dice de Él.

Soluciones. 1. A la primera dificultad debe decirse que no podemos hablar de lo simple sino al modo como hablamos de los compuestos que nos suministran nuestros conocimientos. Debido a esto, al hablar de Dios usamos nombres concretos para expresar la substancia, porque para nosotros no subsiste más que lo compuesto; y para expresar su simplicidad usamos nombres abstractos. Cuando, pues, se dice que la deidad, la vida y cosas análogas están en Dios, hay que achacar tal distinción a la diversidad de conceptos que forma nuestro entendimiento, pero no a diversidad alguna en Dios.

2. Los efectos de Dios no lo imitan con perfección, sino sólo en cuanto pueden, y lo defectuoso de tal imitación proviene de la necesidad de emplear muchas cosas para representar lo que es simple y uno, por lo cual estas cosas han de ser compuestas, y de serlo les proviene que en ellas no se identifique el supuesto con la naturaleza.

ARTÍCULO 4

Si en Dios se identifican la esencia y el ser

Dificultades. Parece que en Dios no se identifica la esencia con el ser.

1. Porque, si así fuese, nada se añadiría al ser divino. Pero como el ser sin adición alguna es el ser en abstracto, aplicable a todo lo que existe, se seguiría que Dios es el ser en general, que se puede aplicar a todas las cosas; y esto es falso, según aquello del libro de la Sabiduría (Sb 14,21): “Dieron a las piedras y a los leños el nombre incomunicable”. Luego el ser de Dios no es su esencia.

2. De Dios podemos saber que existe, según hemos demostrado (S.Th. 1, 2, 2.3). Pero no podemos saber lo que es. Luego el ser de Dios no es lo mismo que “lo que es”, o sea su esencia o naturaleza.

Por otra parte, dice San Hilario: “El ser en Dios no es accidente, sino verdad subsistente”. Luego lo que subsiste en Dios es su ser.

Respuesta. Hay que decir que no sólo se identifica Dios con su esencia, según hemos visto (a.3), sino también con su ser, y, esto se puede demostrar de varias maneras [13]. Primero, porque cuanto se halla en un ser y no pertenece a su esencia tiene que ser causado, o bien por los principios esenciales, cual sucede con los accidentes propios de cada especie, v. gr., la cualidad de poder reír, que es inseparable del hombre y proviene de los principios esenciales de su especie, o bien por algún agente externo, como el calor del agua es producido por el fuego. Si, pues, el ser de algún ente es distinto de su esencia, el ser forzosamente ha de provenir de un agente exterior o de los principios esenciales del propio ser. Pero es imposible que los solos principios esenciales de un ente causen su ser, porque entre los entes producidos no hay uno que sea causa suficiente de su ser, y, por tanto, aquello cuyo ser es distinta de su esencia, tiene el ser causado por otro. Mas nada de esto es aplicable a Dios, pues sabemos que es la primera causa eficiente, y, por tanto, es imposible que en Dios el ser sea distinto de la esencia.

Segundo, porque el ser es la actualidad de toda forma o naturaleza, ya que no habría bondad o humanidad actual si de hecho no existiesen. Por tanto, todo ser que sea distinto de la esencia, tiene con ella la misma relación que el acto con la potencia. Pero como en Dios no hay potencialidad alguna, según hemos visto (a.1), síguese que en Él no es la esencia cosa distinta del ser, y, por consiguiente, su esencia es su misma ser.

Tercero, porque así como lo que tiene fuego y no es el fuego está encendido por participación, así también lo que tiene sery no es el ser es ente por participación. Pero Dios se identifica con su esencia, según hemos visto (a.3), y, por tanto, si no se identificase con su ser, sería un ente por participación y no por esencia, y, por consiguiente, no sería el primer ser. Esto es absurdo. Luego Dios no es sólo su esencia, sino también su ser.

Soluciones. 1. La frase “algo a lo cual nada se añade” puede entenderse de dos maneras: de una, cuando se trata de seres que por su naturaleza excluyen la adición, como la naturaleza del animal irracional excluye el entendimiento; y de otra, cuando la naturaleza de una cosa no exige que se le haga adición; y así, el animal, en general no tiene entendimiento, porque su naturaleza ni requiere tener entendimiento ni no tenerlo. Pues bien, en el primer sentido, el ser sin adición es el ser divino; en el segundo, el ser sin adición es el ser en general.

2. La palabra “ser” tiene dos sentidos, pues unas veces significa, el acto de existir y otras la unión que halla el entendimiento entre los dos términos de una proposición cuando compara el predicado con el sujeto. Tomada la palabra “ser” en el primer sentido, no podemos conocer el ser de Dios, como tampoco conocemos su esencia; pero sí en el segundo, porque sabemos que la proposición que formamos acerca de Dios al decir “Dios es o existe”, es verdadera, y esto lo sabemos por sus efectos, como hemos dicho (S.Th. 1, 2, 2).

ARTÍCULO 5

Si Dios pertenece a algún género

Dificultades. Parece que Dios pertenece a algún género.

1. Porque la substancia es el ser que subsiste por sí mismo, y esto, más que a nadie, corresponde a Dios. Luego Dios está en el género de substancia.

2. Cada cosa se mide por otra de su género, y así las longitudes se miden con una longitud y los números con un número. Pues, si Dios es la medida de todas las substancias, como dice el Comentador, síguese que está en el género de substancia.

Por otra parte, a nuestro modo de entender, el género es anterior a lo contenido en algún género. Pero nada hay, ni en la realidad ni en el entendimiento, que sea anterior a Dios. Luego Dios no pertenece a ningún género.

Respuesta. De dos maneras puede estar contenida una cosa en un género determinado: directamente, y de este modo lo están las especies que un género abarca, o por reducción, como lo están los principios y las privaciones; y así el punto y la unidad se reducen al género de cantidad, por ser su principio, y la ceguera o cualquier otra privación puede reducirse al género de su hábito correspondiente. Pues bien, ni de una ni de otra manera está contenido Dios en género alguno.

Que Dios no puede ser especie contenida en un género se puede demostrar por tres razones. Primera, porque la especie consta de género y diferencia, y aquello de que se toma la diferencia constitutiva de la especie es, con respecto a aquello de que se toma el género, como el acto respecto a la potencia; por ejemplo, al definir al hombre, la palabra “animal” se toma de la naturaleza sensitiva concreta, ya que por animal entendemos lo que tiene naturaleza sensitiva, y “racional” se toma de la naturaleza intelectiva, pues es racional el que tiene naturaleza intelectual, y lo intelectivo es con respecto a lo sensitivo como el acto respecto a la potencia. Pero, como en Dios no hay potencia alguna a que añadir un acto, es imposible que pertenezca a ningún género en calidad de especie.

Segunda, porque supuesto, como hemos dicho (a.4), que el ser de Dios es su esencia, si Dios estuviera en algún género, sería preciso que su género fuese el ser o ente, pues el género significa esencia, y por ello se dice de las cosas privativa o esencialmente. Pero el Filósofo demuestra que el ser no puede ser género de nada, porque todo género tiene diferencias distintas de él, y no puede hallarse diferencia alguna que no sea ente o ser, y el “no ente” no puede ser diferencia. Hay, pues, que concluir que Dios no pertenece a ningún género.

Tercera, porque las cosas que pertenecen a un mismo género tienen de común la esencia o naturaleza de aquel género, ya que se les atribuye esencialmente; pero se diferencian en el ser, pues el ser del hombre no es el mismo que el del caballo, ni tampoco es el mismo el ser de éste y el de aquel hombre, y por esto es preciso que en las cosas que pertenecen a un mismo género se distinga el ser o existencia de lo que es, o sea de la esencia. Pero en Dios no se distinguen, como hemos visto (a.4). Por tanto, es evidente que Dios no es especie de ningún género.

Y por esto se comprende que Dios no tiene género, ni diferencia, ni tampoco definición ni demostración, más que por sus efectos, porque la definición consta de género y diferencia, y el medio de demostración es la definición.

Que Dios, en cuanto principio, no pertenece a ningún género por reducción, se comprende si se advierte que el principio que se reduce a un género no se extiende más allá de aquel género; y así el punto no alcanza más que a ser principio de la cantidad continua, y la unidad, de la discreta. Pero Dios es principio de todo el ser, como adelante veremos (S.Th. 1, 44, 1), y, por tanto, como principio, no está contenido en ningún género.

Soluciones. 1. La palabra substancia no solamente significa el ser que subsiste por sí, pues el ser, en cuan¬to tal, no puede ser género, según hemos visto, sino que significa una esencia a la que conviene ser de un modo determinado, a saber, por sí, pero sin que el ser pertenezca a su esencia. Y así se comprende que Dios no está en el género de substancia.

2. La dificultad habla de medida proporcionada, que indudablemente ha de ser homogénea con lo medido; pero Dios no es medida proporcionada de cosa alguna. Llámasele, sin embargo, medida de todo, porque tanto más ser tiene una cosa cuanto más se acerca a Él.

ARTÍCULO 6

Si hay algún accidente en Dios

Dificultades. Parece que en Dios hay algunos accidentes.

1. Porque la substancia “no es accidente de nada”, como dice Aristóteles, y, por tanto, lo que en uno es accidente, no puede ser en otro substancia; y así se demuestra que el calor no es forma substancial del fuego, porque en otros cuerpos es accidente. Pero a Dios se atribuyen la sabiduría, la virtud y cosas análogas, que en nosotros son accidentes. Luego también habrán de serlo en Dios.

2. Los géneros de accidentes son muchos, y en cada uno hay algo que es lo primero. Si, pues, lo primero de estos géneros no está en Dios, habría muchos primeros fuera de Dios, cosa inaceptable.

Por otra parte, todo accidente está en un sujeto. Pero Dios no puede ser sujeto, porque “la forma simple no puede ser sujeto”, como dice Boecio. Luego no puede haber accidente en Dios.

Respuesta. Con arreglo a lo que hemos dicho, se ve con claridad que no puede haberlos. Primero, porque el sujeto es, con respecto al accidente, lo que la potencia con respecto al acto, ya que el sujeto tiene algún modo de ser en virtud del accidente, y estar en potencia es cosa que en modo alguno puede atribuirse a Dios, según hemos visto (S.Th. 1, 3, 1).

Segundo, porque Dios es su mismo ser, y, como dice Boecio, “si bien lo que es puede tener adjunto algo extraño, el mismo ser no puede tener adjunto cosa distinta de él”; por ejemplo, lo que está caliente puede tener, además, cosa distinta del calor, v. gr., la blancura; pero el calor mismo no tiene más que calor.

Tercero, porque el ser substancial es anterior al ser accidental. Si, pues, Dios es en absoluto el primer ser (S.Th. 1, 2, 3), nada puede haber en Él accidentalmente. Pero ni siquiera puede tener los “accidentes por si”, o propiedades esenciales, como el hombre tiene, por ejemplo, la facultad accidental de poder reír, porque estos accidentes son causados por los principios del sujeto, y en Dios nada hay causado, ya que El es la causa primera.

Soluciones. 1. Según veremos más adelante (S.Th. 1, 13, 5), la virtud y la sabiduría no están en Dios y en nosotros de modo unívoco, y, por tanto, no se sigue que haya accidentes en Dios como los hay en nosotros.

2. Debido a que la substancia es anterior a los accidentes, los principios de éstos se reducen a los de la substancia de que emanan. Adviértase, sin embargo, que Dios no es lo primero contenido en el género de substancia, sino lo primero por encima de todo género y respecto de todas las cosas.

ARTÍCULO 7

Si Dios es totalmente simple

Dificultades. Parece que Dios no es totalmente simple.

1. Porque cuanto procede de Dios le imita, y por esto, lo que viene de Él en cuanto primer ser, es ser, y lo que procede de Él como primer bien, es bueno. Pero nada de lo que procede de Dios es del todo simple. Luego tampoco lo es Dios.

2. A Dios se ha de atribuir siempre lo mejor. Pero entre nosotros lo compuesto es mejor que lo simple, y así los cuerpos ya compuestos son más perfectos que sus elementos, y éstos lo son más que sus partes. Luego no debemos decir que Dios es del todo simple.

Por otra parte, dice San Agustín que Dios es absolutamente simple.

Respuesta. Que Dios es absolutamente simple se puede demostrar de muchas maneras. Primero, aplicando lo que ya hemos dicho. Puesto que en Dios no hay composición de partes cuantitativas, porque no es cuerpo; ni de materia y forma, ni de naturaleza y supuesto, ni de esencia y existencia, ni de género y diferencia, ni de sujeto y accidente, síguese que no hay modo de que sea compuesto, sino que es absolutamente simple.

Segundo, todo compuesto viene después que sus componentes y depende de ellos, y Dios es el primer ser, según hemos visto (S.Th. 1, 2, 3).

Tercero, todo compuesto tiene causa, pues lo que por su naturaleza es diverso no forma un todo sino en virtud de una causa que lo unifica. Pero Dios no tiene causa, como hemos visto (ib.), puesto que es la primer causa eficiente.

Cuarto, porque en Dios no hay acto y potencia y, en cambio, lo hay en todo compuesto, porque o bien una parte es acto con respecto a otra, o, por lo menos, cada una de las partes está como en potencia respecto del todo.

Quinto, porque el todo es distinto de cada una de las partes. En los heterogéneos esto es evidente, pues ninguna parte del hombre es hombre, como ninguna parte del pie es pie. Tratándose de homogéneos, si bien algo de lo que se dice del todo se dice también de sus partes, ya que una parte del aire es aire y una de agua es agua, sin embargo, algo se dice del todo que no conviene a ninguna de sus partes; v. gr., porque una masa de agua tenga dos codos, no se puede decir que los tenga una de sus partes. Por tanto, en el todo compuesto hay algo que no es él mismo, y aunque esto mismo se puede decir de las cosas que tienen alguna forma (por ejemplo, en lo que es blanco hay algo además de lo blanco), no por esto se puede decir que haya en la forma cosa alguna ajena a ella. Si, pues, Dios es su misma forma, o mejor, el mismo ser, síguese que de ningún modo puede ser compuesto; y esto es lo que enseña San Hilario cuando dice que “Dios, que es poder, no está formado con lo débil, ni el que es luz está formado de tinieblas”.

Soluciones. 1. Lo procedente de Dios lo imita, como lo causado a la causa primera. Por lo demás, no se concibe nada causado que de algún modo no sea com¬puesto, porque, cuando menos, su existencia es distinta de su esencia, como más adelante veremos (S.Th. 1, 4, 3 ad 3; cf. q.50, 2).

2. Los compuestos que nosotros observamos son más perfectos que los simples, porque la perfección de la bondad en las criaturas no estriba en un solo elemento, sino en muchos, y, en cambio, la perfección de la bondad divina consiste en su simplicidad, como más adelante diremos (S.Th. 1, 4, 2 ad 1).

ARTÍCULO 8

Si entra Dios en composición con otros seres

Dificultades. Parece que Dios entra en composición con otros seres.

1. Dice Dionisio: “La deidad, que está sobre el ser, es el ser de todos”. Pero en todas las cosas entra el ser como componente de cada una de ellas. Por tanto, Dios entra en la composición de otros seres.

2. Dios es forma, pues, dice San Agustín que “el Verbo (que es Dios) es cierta forma no formada”. Pero la forma es parte del compuesto. Luego también Dios ha de ser parte de algún compuesto.

3. Las cosas que existen y no se diferencian en nada, son idénticas. Pues bien, Dios y la materia prima existen y en nada se diferencian. Luego son del todo idénticos. Pero la materia prima entra en la composición de las cosas. Luego también Dios. Prueba de la proposición media: Para que las cosas sean distintas han de tener algo diferente, y por esto mismo son com¬puestas. Así es que Dios y la materia prima son del todo simples. Luego en nada difieren.

Por otra parte, dice Dionisio que “ni se puede tocar a Dios ni tiene nada de común con las partes de lo mezclado”. Además, se lee en el libro “De Causis” que “la causa primera gobierna todas las cosas sin mezclarse con ellas”.

Respuesta. Acerca de esta materia ha habido tres errores. Dijeron unos que Dios es el alma del mundo, según refiere San Agustín, y a este grupo pertenecen también los que dijeron que Dios es el alma del primer cielo. Dijeron otros que Dios es el principio formal de todas las cosas, y ésta se cree que fue la opinión de los almarianos. Pero el tercer error fue el de David de Dinand, quien, estúpidamente, sostuvo que Dios es la materia prima. Todo esto es evidentemente falso, y no es posible que en modo alguno entre Dios en la composición de otro ser, ni tampoco que sea principio formal ni principio material.

En primer lugar, porque, como hemos dicho (S.Th. 1, 2, 3), Dios es la primera causa eficiente, y la causa eficiente no se identifica numérica, sino sólo específicamente, con la forma del efecto; y así un hombre engendra a otro hombre. La materia, por su parte, no sólo no se identifica numéricamente con la causa eficiente, pero ni siquiera es de la misma especie, porque la materia está en potencia, y la causa, en acto.

Segundo, porque, debido a que Dios es la primera causa eficiente, a Él, en cuanto tal, corresponde ser el primer agente. Por el contrario, lo que es parte de algún compuesto no puede ser, como tal, primer agente, lo es el compuesto, y así no es propiamente la mano la que hace, sino el hombre con la mano, lo mismo que el fuego calienta con el calor. Así, pues, Dios no puede ser parta de compuesto alguno.

Tercero, porque ninguna de las partes de un compuesto puede ser en absoluto el primer ser, ni siquiera la materia y la forma, que son los primeros elementos del compuesto. Y esto porque la materia es potencia, y la potencia en absoluto es, según hemos visto (S.Th. 1, 3, 1), posterior al acto. A su vez, la forma que entra en el compuesto es una forma participada, y, por lo mismo, así como el partícipe de algo es posterior al que lo tiene por esencia, lo mismo sucedería con lo participado; y así, por ejemplo, el fuego de lo que esté encendido es posterior al fuego por esencia. Pero ya hemos demostrado (S.Th. 1, 2, 3) que Dios es en absoluto el primer ser.

Soluciones. 1. Se dice que la deidad es “el ser” de todas las cosas, porque es su causa eficiente y ejemplar, pero no su causa formal.

2. El Verbo es forma ejemplar, pero no la forma que entra como parte de un compuesto.

3. Las cosas simples no difieren en virtud de otras diferencias, pues esto es propio de las compuestas. Por ejemplo, el hombre difiere del caballo por las diferencias que hay entre racional e irracional; pero éstas no difieren, a su vez, entre sí por otras diferencias, y por ello en rigor no se puede decir que “difieren”, sino simplemente que son “diversas”, pues, como dice el Filósofo, “diverso” tiene sentido absoluto, y, en cambio, las cosas que “difieren”, difieren por algo. Por consiguiente, la materia prima y Dios no “difieren”, sino que “son diversas por si mismas”, y por esto no se sigue que sean una misma cesa.

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