Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 44: Del origen divino de las criaturas y de la causa primera de todos los seres

Cuestión 44: Del origen divino de las criaturas y de la causa primera de todos los seres

Después de haber tratado de las personas divinas, réstanos examinar el origen divino de las criaturas. Este examen constará de tres partes: Primero trataremos de la producción de las criaturas; después, de su distinción, y en tercer lugar, de su conservación y gobierno. Tocante a la producción de las criaturas, debemos investigar tres cosas: Primera: cuál sea la causa primera de los seres. –Segunda: de qué modo las criaturas proceden de esa causa primera. –Tercera: cuál sea el principio de duración de los seres.

Respecto de la causa primera de los seres hay cuatro problemas que resolver:

Primero: si Dios es la causa eficiente de todos los seres.

Segundo: si la materia prima ha sido creada por Dios o es con Él, por igual, principio de los seres.

Tercero: si Dios es la causa ejemplar de las cosas o hay fuera de Los otros ejemplares.

Cuarto: si es Dios mismo la causa final de las cosas.


 ARTÍCULO 1

Si es necesario que todo ser haya sido creado por Dios [1]

Dificultades. Parece que no es necesario que todo ser haya sido creado por Dios.

1. No se ve inconveniente en que una cosa exista sin aquello que no es de su esencia, como el hombre sin la blancura. Ahora bien: la relación de dependencia entre causado y causa no parece ser de la esencia de los seres, puesto que sin esta relación pueden concebirse algunos de ellos; luego pueden existir sin tal relación de dependencia. Por consiguiente, nada impide que existan algunos seres sin ser creados por Dios.

2. Si algo necesita de causa eficiente, es para existir. Pero ningún ser necesario puede no existir, porque lo que necesariamente es no es posible que no sea. Luego, habiendo muchas cosas necesarias, parece que no todos los seres provienen de Dios.

3. Todo lo que tiene causa, puede demostrarse mediante ella. Mas en las matemáticas no se da demostración por la causa eficiente, como atestigua Aristóteles. Luego no todos los seres proceden de Dios como de causa eficiente.

Por otra parte, dice el Apóstol (Ro 11,16): “De Él, y por Él, y en Él son todas las cosas”.

Respuesta. Es necesario afirmar que todo lo que de algún modo existe, existe por Dios [2]. Porque, si algo se encuentra por participación en un ser, por necesidad ha de ser causado en él por aquel a quien conviene esencialmente, como se encandece el hierro por el fuego. Ahora bien, se ha demostrado anteriormente (S.Th. 1, 3, 4), al tratar de la simplicidad divina, que Dios es esencialmente el ser subsistente, y asimismo se ha probado (S.Th. 1, 11, 3.4; cf. q.7, 1.2) que el ser subsistente no puede ser más que uno, así como si la blancura fuese subsistente, no podría ser más que una sola, pues se hace múltiple en razón de los sujetos en que se recibe. Es, pues, preciso que todas las cosas, fuera de Dios, no sean su ser, sino que participen del ser, y, por consiguiente, es necesario que todos los seres, que son más o menos perfectos en razón de esta diversa participación, tengan por causa un primer ser que es soberanamente perfecto. –Por esto afirmó Platón que es necesario suponer la unidad antes de toda multitud, y Aristóteles dice que lo que es por excelencia ente y por excelencia verdadero, es la causa de todo ente y de todo lo verdadero, como lo que es sumamente cálido es causa de todo lo cálido [3].

Soluciones. 1. Aunque la relación a la causa no entre en la definición del ente que es causado, esta relación es, sin embargo, una consecuencia necesaria de la esencia de lo causado; porque, de ser ente por participación, se sigue que ha de ser causado por otro. Por consiguiente, tal ser no puede existir sin ser causado, al modo como tampoco puede existir el hombre sin ser risible. Sin embargo, como el ser causado no pertenece en modo alguno a la esencia del ente en cuanto tal, por eso existe un ente no causado [4].

2. Por esta razón afirmaron algunos, según refiere Aristóteles, que lo que es necesario no tiene causa. Mas la falsedad de semejante razonamiento aparece clara en las ciencias demostrativas, en las cuales, principios necesarios son causa de conclusiones también necesarias. Es obvio, por tanto, como dice el mismo Aristóteles, que hay cosas necesarias que tienen causa de su necesidad. La exigencia, por tanto, de una causa eficiente no radica únicamente en que el efecto pueda no existir, sino en que el efecto no existiría si la causa no existiese, pues esta condicional es verdadera, bien sean posibles o imposibles el antecedente y el consiguiente.

2. El objeto de las matemáticas es abstracto según nuestro modo de concebirlo; sin embargo, no es tal según su existencia real. Ahora bien, el tener causa eficiente conviene a un ser en cuanto existe. Aunque, pues, el objeto de las matemáticas tenga causa eficiente, el matemático no considera estos objetos según su relación causal, y por eso en las matemáticas nada se demuestra por la causa agente.

 ARTÍCULO 2

Si la materia prima ha sido creada por Dios

Dificultades. Parece que la materia prima no ha sido creada por Dios.

1. Todo lo que se hace se compone de un sujeto y de algo más, según dice Aristóteles [5]. Mas la materia prima no tiene sujeto. Luego la materia prima no puede haber sido hecha por Dios.

2. La acción y la pasión se oponen entre sí. Ahora bien, como Dios es el primer principio activo, así la materia es el principio pasivo. Luego Dios y la materia prima son dos principios contrapuestos, de los cuales ninguno procede del otro.

3. Todo agente produce un efecto semejante a sí, y, por tanto, obrando todo agente en cuanto actualmente existe, todo lo que es hecho existe actualmente de algún modo. Mas la materia prima, en cuanto tal, es pura potencia. Luego el ser hecha es contra la naturaleza de la materia prima.

Por otra parte, dice San Agustín: “Dos cosas habéis hecho, Señor, una próxima a vos”, que es el ángel, “otra próxima a la nada”, que es la materia.

Respuesta. Los filósofos antiguos fueron descubriendo la verdad poco a, poco y como a tientas. Los de los más remotos tiempos, como de más primitiva rudeza, no sospecharon hubiese otros seres, fuera de los cuerpos sensibles. Algunos de entre ellos, que admitían movimiento en los cuerpos, solamente se fijaron en el movimiento accidental, como el de enrarecimiento y de densidad, el de agregación y disgregación, y como suponían increada la substancia de los cuerpos, señalaban ciertas causas de estos cambios accidentales, tales como la amistad, la discordia, la inteligencia y otras a este tenor [6].

Elevándose otros después algo más, distinguieron ya racionalmente entre la forma substancial y la materia, suponiendo ésta increada, y advirtieron también en los cuerpos cambios según sus formas esenciales. Estos cambios los atribuyeron a causas más universales, como el círculo oblicuo [7], en opinión de Aristóteles, o las ideas, según Platón.

Debe advertirse, sin embargo, que la materia es restringida por la forma a una especie determinada, al modo como la substancia de cualquier especie es restringida a un modo particular de ser por los accidentes advenedizos; por ejemplo, el “hombre” por la “blancura”. Unos y otros, por consiguiente, consideraron el ser bajo un aspecto particular, ya sea en cuanto son “éstos” o en cuanto son “tales”, y, en consecuencia, señalaron a las cosas causas eficientes particulares.

Otros se elevaron aún más, hasta considerar el ser en cuanto ser, y éstos investigaron la causa de las cosas, no sólo en cuanto son esto o aquello, sino bajo la razón absoluta de ser. Ahora bien, lo que es causa de las cosas en cuanto seres, debe ser causa de ellas no sólo según que son éstas por sus formas accidentales o según que son tales por sus formas substanciales, sino también en cuanto a todo lo que de cualquier modo hay de ser en ellas. Según esto, es necesario admitir que aun la materia prima ha sido creada por la causa universal de los seres.

Soluciones. 1. Aristóteles habla en el lugar citado del hacerse o cambio particular, que consiste en pasar la materia de una forma a otra, sea ésta accidental o substancial; mas aquí hablamos de las cosas según su procedencia del principio universal del ser, y de esta emanación ni aun la materia está excluida, aunque lo esté en el modo de que habla Aristóteles.

2. Como toda pasión es efecto de alguna acción, lógicamente el primer principio pasivo debe ser efecto del primer principio activo, pues todo lo imperfecto es causado por lo perfecto, y por eso el primer principio necesariamente ha de ser perfectísimo, como enseña Aristóteles.

3. Esta razón no prueba que la materia no sea creada, sino que no puede ser creada sin alguna forma; pues aunque todo lo creado sea actual, no es, sin embargo, acto puro. Es, por tanto, necesario que también sea creada la parte potencial al crearse todo lo que pertenece a su ser [8].

 ARTÍCULO 3

Si la causa ejemplar es algo distinto de Dios [9]

Dificultades. Parece que la causa ejemplar sea algo distinto de Dios.

1. Lo ejemplarizado se asemeja al ejemplar. Mas las criaturas distan mucho de la semejanza divina. Luego Dios no es su causa ejemplar.

2. Todo lo que existe por participación se reduce a algo existente por sí mismo, como todo lo que es ígneo se reduce al fuego, según hemos dicho (a.1). Ahora bien, todas las cosas sensibles no son sino participación de alguna especie; lo cual es manifiesto por el hecho de que en ninguna de ellas se encuentra solamente lo que pertenece al concepto de la especie, sino que al constitutivo de la especie van unidos los principios individuales. Luego es preciso admitir estas especies como existentes por sí mismas; por ejemplo, el hombre y el caballo que sean simplemente hombre o caballo, sin ser tal hombre o tal caballo [10]; y tales especies constituyen lo que llamemos ejemplares. Por consiguiente, los ejemplares son algo real fuera de Dios.

3. Las ciencias y las definiciones se refieren a las especies en sí mismas y no en cuanto éstas se hallan en los singulares, puesto que no se da ciencia ni definición de los singulares. Luego se dan algunos seres o especies separadas de los singulares, a los cuales llamamos ejemplares. Luego tenemos lo mismo que antes.

4. Esto mismo parece afirmar Dionisio cuando dice que “el simplemente ser subsistente es antes que el ser vida subsistente o sabiduría subsistente”.

Por otra parte, ejemplar es lo mismo que idea; mas las ideas, como dice San Agustín, son “las formas primeras contenidas en la esencia divina”. Luego los ejemplares de las cosas no están fuera de Dios.

Respuesta. Dios es la primera causa ejemplar de todas las cosas. Pare entender esto, téngase en cuenta que la producción de cualquier cosa exige un ejemplar, a fin de que el efecto tenga una forma determinada, pues el artífice produce en la materia una forma determinada según el ejemplar a que mira, bien sea que tenga este ejemplar exteriormente ante sus ojos o bien que lo tenga previamente concebido en su mente. Ahora bien, es manifiesto que las cosas naturales tienen formas determinadas, y esta determinación de las formas es necesario reducirla, como a su primer principio, a la sabiduría divina, que es quien ideó el orden del universo, el cual radica en la distinción de las cosas. Es necesario, por consiguiente, afirmar que existen en la sabiduría divina las razones de todas las cosas, a las que hemos llamado ideas (S.Th. 1, 15, 1), o sea formas ejemplares existentes en la mente divina. Estas tales, aunque se multipliquen miradas en las cosas, no son, sin embargo, algo realmente distinto de la esencia divina, según que su semejanza puede participarse de diversas maneras por los diversos seres. Así, pues, Dios mismo es el primer ejemplar de todas las cosas. –También puede decirse que algunas de las criaturas son tipos o ejemplares de otras, por cuanto las hay hechas a semejanza de otras, ya porque son de la misma especie, ya por alguna analogía de imitación.

Soluciones. 1. Aunque las criaturas no lleguen a asemejarse a Dios en naturaleza con asimilación de especie, como el hombre engendrado al hombre que lo engendra, llegan, sin embargo, a asemejarse a Él según la representación que de ellas tiene en su mente, como la casa existente se asemeja a la casa en la mente del artífice.

2. No puede darse un hombre sin materia, porque la materia es parte esencial del hombre. De ahí que, aunque el hombre individuo sea una participación de su especie, no puede, sin embargo, reducirse a algo subsistente en la misma especie, sino a otra especie superexcedente [11], cuales son las substancias separadas. Lo mismo hay que decir de las demás cosas sensibles.

3. Verdad es que la ciencia y la definición tienen por objeto los seres universales; sin embargo, no es necesario para esto que las cosas tengan al existir el mismo modo que tienen en el entendimiento al ser entendidas, puesto que nosotros, por la virtud del entendimiento agente, abstraemos las especies universales de las condiciones particulares. No es, pues, necesario que subsistan los universales separados de las cosas particulares como ejemplares de éstas.

4. Como dice el mismo Dionisio, las expresiones “vida subsistente por sí misma, sabiduría subsistente por sí misma”, unas veces denotan a Dios mismo y otras veces esas mismas formas como existentes en las cosas singulares, pero nunca significan realidades subsistentes, según pensaron los antiguos.

 ARTÍCULO 4

Si es Dios la causa final de todas las cosas

Dificultades. Parece que no es Dios la causa final de todas las cosas.

1. El obrar por un fin parece ser propio del que necesita de tal fin. Mas Dios no necesita de nada. Luego a Dios no le conviene obrar por un fin.

2. El fin y la forma del obrar no pueden identificarse numéricamente con el agente, según enseña el Filósofo; porque el fin de la generación es la forma de lo engendrado. Mas Dios es el primer hacedor de todas las cosas. Luego Dios no es el fin de todas las cosas.

3. Todos los seres apetecen su fin. Mas no todos los seres apetecen a Dios, puesto que no todos le conocen. Luego Dios no es el fin de todas les cosas.

4. La causa final es la primera de las causas. Luego, si Dios es la causa agente y la causa final, preciso es poner en El antes y después; lo cual es imposible.

Por otra parte, en los Proverbios se dice (Pr 16,4): “Todas las cosas ha hecho el Señor por sí mismo”.

Respuesta. Todo regente obra por algún fin; de otro modo no se seguiría de su acción un efecto determinado, a no ser por casualidad. Ahora bien, uno mismo es el fin del agente y del paciente, en cuanto tal, aunque de distinto modo: exactamente idéntico es lo que intenta comunicar el agente y lo que tiende a recibir el paciente. Hay, sin embargo, algunos agentes que simultáneamente obran y reciben, los cuales son agentes imperfectos; a estos tales compete el que, aun al obrar ellos, intenten adquirir algo. Mas al primer agente, que es exclusivamente activo, no puede convenirle el obrar por la adquisición de algún fin, sino que únicamente intenta comunicar su perfección, que es su bondad. Por el contrario, todas las criaturas que intentan conseguir su perfección, que consiste en una semejanza de la perfección y bondad divinas. Así, pues, la bondad divina es el fin de todas las cosas [12].

Soluciones. 1. El obrar a impulsos, de alguna indigencia es exclusivo de agentes imperfectos, capaces de obrar y de recibir. Pero esto está excluido de Dios, el cual es la liberalidad misma, puesto que nada hace por su utilidad, sino todo por sola su bondad.

2. La forma de lo generado no es fin de la generación sino en cuanto es una semejanza de la propia forma que el generante intenta comunicar. Si no fuera así, la forma de lo generado superaría al generante, porque el fin es más excelente que los medios que a él se ordenan.

3. Todos los seres apetecen a Dios como fin al apetecer cualquier bien, ya le apetezcan con el apetito intelectivo o sensitivo, o con el apetito natural, que no va acompañado de conocimiento. La razón de esto es porque ninguna cosa tiene naturaleza de bien y de apetecible sino en cuanto participa de alguna semejanza de Dios.

4. Siendo Dios la causa eficiente, ejemplar y final de todas las cosas, y procediendo de Él la materia prima, es manifiesto que el primer principio de todas las cosas es realmente uno solo. Esto no impide, sin embargo, que en el orden del conocimiento se le pueda considerar bajo diversos aspectos, de los cuales unos son antes que otros según nuestro modo de entender.

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