Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 45: Del modo cómo las cosas proceden del primer principio

Cuestión 45: Del modo cómo las cosas proceden del primer principio

Debemos examinar ahora cómo las cosas proceden del primer principio, es decir, la creación.

Sobre la creación se plantean ocho cuestiones:

Primera: qué es la creación.

Segunda: si Dios puede crear algo.

Tercera: si la creación es algo real.

Cuarta: a qué seres compete ser creados.

Quinta: si el crear es exclusivo de Dios.

Sexta: si el crear es común a las tres personas divinas o es propio de alguna de ellas.

Séptima: si en las cosas hay algún vestigio de la Trinidad.

Octava: si la operación de crear interviene en las obras de la naturaleza y de la voluntad.


 ARTÍCULO 1

Si crear es hacer algo de la nada

Dificultades. Parece que crear no es hacer algo de la nada.

1. Dice San Agustín: “Hacer es producir lo que absolutamente no existía; pero crear es constituir algo en orden, sacándolo de lo que ya era”.

2. La excelencia de la acción y del movimiento se aprecia por sus términos; es, por tanto, más excelente la acción que procede del bien al bien y del ser al ser que lo que procede de la nada a algo. Mas la creación parece ser la acción más excelente y la primera entre todas las acciones. Luego no procede de la nada a algo, sino del ser al ser.

3. Esta preposición “de” (“ex”) implica una relación de causalidad, principalmente de causalidad material, como cuando decimos que una estatua se hace de bronce. Mas la “nada” no puede ser materia del ente ni causa de él de modo alguno. Luego crear no es hacer de nada algo.

Por otra parte, sobre aquello del Génesis (Gn 1,1): “En el principio creó Dios el cielo y la tierra”, dice la Glosa que “crear es hacer de nada algo”.

Respuesta. Como ya se ha dicho (S.Th. 1, 44, 2), debe considerarse no sólo la procedencia de un ser particular con relación a su causa particular, sino también la emanación de todo ser procedente de la causa universal, que es Dios; y esta emanación es precisamente lo que designamos con el nombre de “creación”. Lo que se origina por la emanación particular, no se presupone a tal emanación; como, al engendrarse un hombre, no era antes tal hombre, sino que de no-hombre se hace hombre, y blanco de no blanco. De igual manera, si se considera la emanación de todo el ser universal respecto a su primer principio, es imposible presuponer algún ser a esta emanación. Ahora bien, la “nada” es lo mismo que la negación de todo ser. Por tanto, como la generación del hombre se hace del no-ser que es no-hombre, así la creación, que es emanación de todo el ser, se hace del no-ser que es la nada.

Soluciones. 1. San Agustín usa en este lugar equívocamente la palabra creación, según suele decirse que “son creadas” aquellas cosas que se transforman en otra cosa mejor, como cuando se dice que alguno “es creado obispo”. No hablamos aquí de la creación en este sentido, como se desprende de lo dicho en el cuerpo del artículo.

2. Los cambios se especifican y dignifican, no por su punto de partida (término “a quo”), sino por el término final (término “ad quem”). Y así, toda mutación es tanto más perfecta y principal cuanto lo es su término final, aunque el término de procedencia que a éste se opone sea más imperfecto. Así la generación propiamente tal es más excelente y principal que la alteración, porque la forma substancial es más excelente que la forma accidental; no obstante que la privación de forma substancial, punto de partida en la generación, es más imperfecta que una forma contraria, de la cual parte la alteración. Asimismo, la creación es también más perfecta y principal que la generación y que la alteración, por tener como término final todo el ser de la cosa creada, aunque su punto de partida sea la nada absoluta.

3. Al decir que se hace algo de la nada, la preposición “de” (“ex”) no designa una causa material, sino solamente un orden; como decir que el “mediodía” se hace de la mañana, significa que “viene después de la mañana”. Adviértase, no obstante, que esta preposición “de” puede incluir la negación que significa la palabra “nada”, o, al contrario, estar incluida en ella. Si la preposición incluye la negación, el orden queda afirmado, expresándose entonces el orden de sucesión entre lo que es y el no-ser precedente; mas, si la negación incluye la preposición, entonces se niega el orden, y el sentido es éste: “se hace de la nada”, es decir, “no se hace de algo”; como si se dice que uno habla de nada, queriendo significar que no habla de algo. Ambos sentidos son verdaderos al decir que se hace algo de la nada. En el primer sentido, la preposición “de” expresa el orden, como se ha dicho; en el segundo hace relación a la causa material, negando tal causa.

ARTÍCULO 2

Si Dios puede crear algo

Dificultades. Parece que Dios no puede crear algo.

1. Según Aristóteles, los antiguos filósofos admitieron como una verdad de sentido común que “de nada, nada se hace”. Mas el poder de Dios no se extiende a lo que es contrario a los primeros principios; por ejemplo, a hacer que el todo no sea mayor que la parte o que la afirmación y negación sean verdaderas al mismo tiempo. Luego Dios no puede hacer de nada algo, o sea crear [13].

2. Si crear es hacer de nada algo, ser creado es ser hecho algo. Mas todo hacerse es mudarse; luego la creación es una mutación. Ahora bien, toda mutación o cambio exige un sujeto, como se desprende de esta definición aristotélica del movimiento: movimiento es “el acto de lo que existe en potencia”. Luego es imposible que algo sea hecho por Dios de la nada.

3. Lo que es hecho es preciso que en algún tiempo se estuviese haciendo. Pero no puede decirse que lo que es creado, al mismo tiempo se esté haciendo y sea hecho; porque, en los seres permanentes, lo que se está haciendo no es todavía, y lo que está hecho, ya es; por consiguiente, sería y no sería a la vez. Luego, si se hace algo, el hacerse debe preceder al estar hecho. Ahora bien, esto es imposible, a menos que preexista un sujeto que sea supuesto del hacerse. Luego es imposible hacer algo de la nada.

4. Una distancia infinita no se puede rebasar. Mas entre el ser y la nada hay una distancia infinita. Luego no es factible el hacerse algo de la nada.

Por otra parte, se dice en el Génesis (Gn 1,1): “En el principio creó Dios el cielo y la tierra”.

Respuesta. No sólo no es imposible que se cree algo por Dios, sino que es necesario afirmar que todas las cosas han sido creadas por Dios, como se desprende de lo dicho anteriormente (S.Th. 1, 44, 1) [14]. Pues todo el que hace algo de algo, aquello de que lo hace se presupone a su acción y no es producido por esa misma acción; así obra el artífice sobre las cosas naturales, como sobre la madera y el bronce, que no son producidas por la acción del arte, sino por la acción de la naturaleza. Incluso la misma naturaleza produce las cosas naturales en cuanto a la forma, pero presupone la materia. Por consiguiente, si Dios no obrase sino presuponiendo alguna materia, esta materia presupuesta no sería producida por Él. Mas hemos probado anteriormente (S.Th. 1, 44, 1.2) que no puede haber nada en los seres sin que proceda de Dios; que es la causa universal de todo el ser. Luego es necesario afirmar que Dios saca las cosas de la nada al ser [15].

Soluciones. 1. Los antiguos filósofos, como se ha dicho (S.Th. 1, 44, 2), sólo se fijaron en la producción de efectos particulares por causas particulares, las cuales necesariamente suponen algo anterior a su acción. En este sentido era opinión común entre ellos que “de la nada, nada se hace”. Sin embargo, esto no tiene lugar en la producción primera por el principio universal de las cosas.

2. La creación no es mutación más que según nuestro modo de entender. De esencia de la mutación es que un mismo sujeto tenga distinto modo de ser antes y después de ella. A veces este sujeto es un mismo ser en acto, que se cambia accidentalmente, como sucede en las mutaciones cuantitativas, cuyo sujeto es la materia. Pero en la creación, por la cual se produce todo el ser de la cosa creada, no se puede suponer algo permanente bajo distintos estados antes y después, si no es según nuestro modo de entender, es decir, en cuanto nos representamos la cosa creada primero como no existiendo en absoluto y después como existiendo. Mas, como a la acción y a la pasión es común el mismo ser del movimiento y difieren solamente en cuanto a las diversas relaciones, según dice el Filósofo, de ahí que, quitando el movimiento, no queden sino esas diversas relaciones en el creador y en la cosa creada. –No obstante, como el modo de expresarnos sigue a nuestro modo de entender, expresamos la creación a modo de mutación, y por eso decimos que crear es hacer de nada algo; si bien las palabras “hacer” y “ser hecho” son más propias que “mudar” y “mudarse”, porque “hacer” y “ser hecho” expresan la relación de la causa al efecto y viceversa, incluyendo la mutación sólo como consecuencia.

3. En las cosas que se hacen sin movimiento, son simultáneos el estarse haciendo y el estar hechas, ya sea la acción término de un movimiento, como en la iluminación, en que al mismo tiempo está algo iluminándose y es iluminado [16], o ya no sea la acción término de movimiento alguno, como la concepción mental, que a un mismo tiempo se está formando y está formada. En estos casos, lo que está haciéndose, ya es; mas al decir que es hecho se significa que es por otro y que no era antes. Por tanto, verificándose la creación sin movimiento, a un mismo tiempo se está creando algo y está ya creado.

4. Esta dificultad procede de imaginar, equivocadamente, que entre la nada y el ser hay un medio infinito; lo cual es evidentemente falso. El origen de esta falsa imaginación consiste en concebir la creación como una mutación entre dos términos positivos [17].

 ARTÍCULO 3

Si la creación es algo real en la criatura

Dificultades. Parece que la creación no es algo real en la criatura.

1. Como la creación pasiva se atribuye a la criatura, así la activa al Creador. Mas la creación activa no es algo real en el Creador, porque de otro modo se pondría algo real temporal en Dios. Luego tampoco la creación pasiva es algo real en la criatura.

2. No se puede suponer algo real intermedio entre el Creador y la criatura. Sin embargo, la creación se toma como un medio entre ambos; puesto que no es el Creador, por no ser eterna, y tampoco es la criatura, porque exigiría asimismo otra creación por la que tal criatura fuese creada, y así indefinidamente. Luego la creación no es algo real en la criatura.

3. Si la creación es algo distinto de la substancia creada, ha de ser un accidente de ella. Mas, como todo accidente está en un sujeto, el sujeto de la creación sería la cosa creada, y de este modo la cosa creada sería a la vez sujeto y término, lo cual es imposible, pues el sujeto es antes que el accidente y le sostiene, mientras que el término es posterior a la acción y a la pasión de que es término, y, además, una vez que existe el término, cesan la acción y la pasión. Luego la creación no es algo real.

Por otra parte, ser hecho en cuanto a todo el ser, es más que ser hecho solamente en cuanto a la forma substancial o accidental. Sin embargo, la generación absoluta o relativa, es decir, según la forma substancial o según la forma accidental, es algo real en la cosa generada; luego con mayor razón la creación, por la cual se produce algo en cuanto a todo su ser, es algo real en la cosa creada.

Respuesta. La creación es algo real en la cosa creada, a modo de relación solamente. La razón de esto es porque lo que se crea, se hace sin movimiento o mutación. Todo lo que es hecho mediante movimiento o mutación, se hace de algo preexistente; lo cual se verifica en las producciones particulares de algunos seres. Mas no puede verificarse esto en la producción de todo el ser por la causa universal de todos los seres, que es Dios. Dios produce, por tanto, las cosas sin movimiento al crearlas. Ahora bien, suprimido el movimiento en la acción y pasión, no queda en ellas más que la relación, según hemos dicho (a.2 ad 2). Por consiguiente, la creación no es en la criatura más que una relación real al Creador, como al principio de su ser; del mismo modo que en la pasión que se verifica con movimiento va incluida la relación al principio de tal movimiento.

Soluciones. 1. La creación activa es la acción divina, que es la misma esencia de Dios relacionada con la criatura. Pero esta relación de Dios a la criatura no es real, sino solamente de razón. Por el contrario, la relación de la criatura a Dios es real, como hemos dicho al tratar de los nombres divinos (S.Th. 1, 13, 7).

2. Por expresar nosotros la creación a modo de mutación, como se ha dicho anteriormente (a.2 ad 2), y por intermediar de algún modo la mutación entre el motor y el móvil, concebimos también la creación como algo intermedio entre el Creador y la criatura. Sin embargo, en realidad, la creación pasiva está en la criatura y ella misma es algo creado. No es necesario, a pesar de esto, que sea creada mediante otra creación distinta; porque las relaciones, al incluir en su misma esencia orden a otro, no se refieren a él por otras relaciones, sino por sí mismas, como ya se dijo también anteriormente al tratar de la igualdad de las personas divinas (S.Th. 1, 42, 1 ad 4).

3. La creación, concebida a modo de mutación, tiene por término a la criatura; concebida a modo de relación, según es en realidad, tiene por sujeto a la criatura, que es anterior en ser a ella, como el sujeto es anterior al accidente. Tiene, sin embargo, la relación cierta razón de prioridad respecto de la cosa creada, por parte del objeto a que dice orden, que es el principio de la criatura. Sin embargo, no es necesario que la criatura pueda decirse que está siendo creada durante todo el tiempo que existe; porque la creación incluye en su concepto una relación de la criatura al Creador con novedad o comienzo en el existir.

 ARTÍCULO 4

Si el ser creados conviene exclusivamente a los seres compuestos y subsistentes

Dificultades. Parece que el ser creados no sea exclusivo de los compuestos y subsistentes.

1. En el libro “De causis” se dice. “La primera de las cosas creadas es el ser”. Mas el ser de las cosas creadas no es subsistente. Luego la creación no recae propiamente sobre lo subsistente y compuesto.

2. Lo que se crea, se hace de la nada. Mas los seres compuestos no proceden de la nada, sino de sus partes componentes. Luego a los compuestos no les compete el ser creados.

3. Por la primera emanación se produce propiamente lo que se supone en la segunda, como por la generación natural se produce el ser natural que se supone en las operaciones del arte. Mas lo que se supone en la generación natural es la materia. Luego la materia es lo que propiamente se crea, no el compuesto.

Por otra parte, se dice en el Génesis (Gn 1,1): “En el principio creó Dios el cielo y la tierra”. Mas el cielo y la tierra son compuestos subsistentes. Luego a éstos es a los que propiamente compete la creación.

Respuesta. Ser creado es un modo de ser hecho, como se ha dicho (a.2 ad 2 y 3). Mas el hacerse se ordena al ser de la cosa. Luego a aquellos seres propiamente compete el ser hechos y ser creados a los que compete el ser, y éstos son propiamente los seres subsistentes, sean simples, como las substancias separadas, o compuestos, como las substancias materiales; pues el ser conviene propiamente al que tiene ser propio y subsiste en él. Mas las formas y los accidentes y los similares no se dice que sean seres como en sí mismos, sino en cuanto que otra cosa es tal por ellos, como la blancura se dice que es en cuanto que algún sujeto es blanco por ella. Por eso, según el Filósofo, al accidente, más bien que ser en sí mismo, se le denomina “ser de otro ser”. Por consiguiente, así como los accidentes y las formas y otros tales que no subsisten son más propiamente coexistentes que seres, así, con mayor propiedad, deben decirse concreados que creados. Los seres, pues, propiamente creados son los subsistentes.

Soluciones. 1. Cuando se dice que “la primera de las cosas creadas es el ser”, la palabra “ser” no designa la substancia creada, sino el aspecto propio bajo el cual se considera el objeto creado. En efecto, se dice que algo es creado en cuanto es ser, no en cuanto es tal ser; puesto que, como se ha dicho (a.1), la creación es producción de todo el ser por el ente universal. Este modo de hablar es semejante al que usamos cuando decimos que “el color es el primer objeto visible”, no obstante que lo que propiamente se ve son los objetos coloreados.

2. La creación del ser compuesto no consiste en formarlo de sus principios preexistentes, sino en producir simultáneamente el compuesto y sus principios componentes, sacándolos juntamente de la nada al ser.

3. El argumento de esta dificultad no prueba que la materia sea creada aisladamente, sino que la materia no existe sin ser creada (concreada); porque la creación es producción de todo el ser y no de la materia sola.

ARTÍCULO 5

Si el crear es exclusivo de Dios

Dificultades. Parece que el crear no es exclusivo de Dios.

1. “Perfecto”, según el Filósofo, es aquello capaz de producir algo semejante a sí. Mas las criaturas inmateriales son más perfectas que las materiales, y éstas producen semejantes suyos, como el fuego engendra fuego y el hombre engendra al hombre. Luego la substancia inmaterial puede producir otra substancia semejante a sí. Ahora bien, la substancia inmaterial no puede ser producida más que por creación, porque no tiene materia de la cual se haga. Luego alguna criatura puede crear.

2. Cuanto más resistencia ofrece la producción de una cosa, tanto mayor poder exige en el agente. Es así que un contrario resiste más que la nada. Luego mayor poder se necesita para hacer una cosa de su contraria, lo cual realizan las criaturas, que para hacer algo de la nada. Por tanto, con mayor razón pueden hacer esto último las criaturas.

3. El poder de un agente se aprecia conforme a la medida de lo que hace. Mas el ser creado es finito, como se ha demostrado (S.Th. 1, 7, 2ss) al tratar de la infinitud de Dios. Luego para producir algo por creación no se requiere sino un poder finito. Ahora bien, tener un poder finito no es contra la naturaleza de la criatura. Luego no es imposible que la criatura cree.

Por otra parte, dice San Agustín que ni los ángeles buenos ni los malos pueden crear cosa alguna. Mucho menos, por consiguiente, las otras criaturas.

Respuesta. Es patente a primera vista, por lo dicho anteriormente (S.Th. 1, 45, 1, q.44, 1.2), que el crear no puede convenir más que a Dios. Porque es necesario que los efectos más universales se reduzcan a causas más universales y más elevadas; mas, entre todos los efectos, el más universal es el ser mismo; por lo cual es preciso que sea efecto propio de la causa primera y universalísima; que es Dios. Por esto mismo, se dice en el libro “De causis” que ni la inteligencia ni el alma dan el ser sino en cuanto obran por la operación divina. Ahora bien, producir el ser absolutamente, no en cuanto es éste o tal ser, es lo que constituye la acción de crear. Luego es manifiesto que la creación es acción exclusiva de sólo Dios.

Se da, sin embargo, que un ser participe de la acción exclusiva de otro, no según su virtud propia, sino instrumentalmente, en cuanto obra por virtud ajena, como el aire puede calentar y encender por la virtud del fuego. Según esto, opinaron algunos que, aunque la creación sea acción propia de la causa universal, puede, no obstante, alguna de las causas inferiores crear, en cuanto obra por virtud de la causa primera. Así, por ejemplo, Avicena enseñó que la primera substancia separada, creada por Dios, crea después otra y la substancia del orbe y el alma del mismo, y que la substancia del orbe crea la materia de los cuerpos inferiores. Asimismo, el Maestro de las Sentencias dice que Dios puede comunicar a alguna criatura poder creador, de suerte que cree como causa instrumental, no como causa principal.

Pero esto es imposible; porque la causa segunda instrumental no participa en la acción de la causa superior sino en cuanto que aquella por alguna virtud propia suya obra dispositivamente en la producción del efecto de la causa principal; pues, si no contribuyese nada con su virtud propia, la causa principal inútilmente usaría de ella, y no sería preciso elegir instrumentos determinados para determinadas acciones. Vemos, en efecto, que la sierra, cortando la madera, lo cual hace por su propia forma dentada, produce la forma de banco, que es efecto propio del carpintero, como causa principal. Ahora bien, el efecto propio de Dios al crear es algo que se supone anterior a toda otra acción, es decir, el ser en absoluto. Por consiguiente, ninguna causa puede obrar dispositiva e instrumentalmente en la producción de este efecto, ya que en la creación no se presupone materia alguna que pueda disponerse por la acción del agente instrumental. Luego es de todo punto imposible que el crear competa a criatura alguna, ni por virtud propia ni por virtud instrumental o ministerial.

Y es especialmente contra razón el afirmar que algún cuerpo puede crear, puesto que, no obrando ningún cuerpo sino por contacto y movimiento, todo cuerpo exige para su acción algo preexistente que se pueda tocar y mover, lo cual contradice el concepto de creación.

Soluciones. 1. Algunos seres perfectos que participan de una naturaleza producen otros seres semejantes a sí; pero al hacer esto no producen absoluta y totalmente dicha naturaleza, sino que la comunican a otro ser [18]. No es posible, por ejemplo, que un hombre particular produzca absolutamente la naturaleza humana, porque, al producirla de este modo, sería causa de sí mismo; sólo hace que la naturaleza humana se reproduzca en otro hombre particular engendrado, y para esto supone, con anterioridad a su acción, una materia determinada de la cual se hace tal hombre particular. Ahora bien, a la manera que el hombre singular participa de la naturaleza humana, así también todo ser creado participa, como si dijéramos, de la naturaleza de ser; porque sólo Dios es su ser, como queda dicho (S.Th. 1, 3, 4). Ningún ente creado puede, pues, producir absolutamente otro ser, sino en cuanto causa el ser en tal sujeto; y para esto es preciso que lo que hace que tal sujeto sea este ser particular, sea anterior a la acción por la cual el agente hace algo semejante a sí mismo. Ahora bien, en las substancias inmateriales no es posible presuponer algo por lo que sean tales individualmente, porque, siendo formas subsistentes, se individualizan por la misma forma que les da el ser. Luego la substancia inmaterial no puede producir otra substancia inmaterial copia suya en cuanto al ser substancial, aunque pueda hacer un semejante suyo en cuanto a alguna perfección accidental, como los ángeles superiores, los cuales iluminan a los inferiores según dice Dionisio. De la misma manera se atribuye cierta paternidad a los seres celestes, según aquello del Apóstol (Ef 3,15): “Dios Padre, de quien procede toda familia en los cielos y en la tierra”. Esto evidencia de nuevo que ningún ser creado puede producir algún otro ser sin presuponer algo, lo cual está en contra del concepto de creación.

2. Hacerse una cosa de su contraria se verifica indirectamente, como dice el Filósofo. Directamente una cosa se hace de otra que es ya tal potencialmente. El contrario resiste efectivamente al agente en cuanto impide que lo potencial se haga actual, como intenta el agente; por ejemplo, el fuego tiende a hacer al agua actualmente cálida, como es él; pero encuentra resistencia en la forma y disposiciones contrarias del agua, por las cuales la potencia de ésta para ser actualmente cálida está como ligada y obstaculizada para actualizarse. Cuanto más ligada esté dicha potencia, tanto mayor poder se requiere en el agente para actualizarla. De ahí que se requiera mayor poder aún en el agente cuando no existe potencia alguna. Por tanto, mayor poder se requiere para hacer una cosa de la nada que para hacerla de su contraria.

3. El poder del agente no se ha de medir solamente por la substancia de lo que hace, sino también por el modo de hacerlo; un calor más intenso, por ejemplo, no sólo calienta más, sino también más pronto. De ahí que, aunque el producir un efecto limitado no indique poder infinito, sin embargo, el producirlo de la nada demuestra una potencia infinita, como queda claro por lo dicho (ad 2). En efecto, si se requiere tanto mayor poder en el agente cuanto más dista del acto la potencia pasiva, preciso es que el poder del agente creador, que no supone ninguna potencia (subjetivo-positiva), sea infinito; porque, así como no existe proporción alguna entre el no-ser y el ser, así tampoco existe entre la negación de toda potencia y la potencia, que supone siempre la virtud del agente natural. No teniendo, pues, ninguna criatura una potencia infinita en absoluto, como se ha demostrado (S.Th. 1, 7, 2), es evidente que ninguna criatura puede crear.

ARTÍCULO 6

Si el crear es propio de alguna de las divinas personas

Dificultades. Parece que el crear es acción propia de alguna de las personas.

1. Lo que es antes, es causa de lo que viene después, y lo perfecto, causa de lo imperfecto. Mas los orígenes de las divinas personas son antes que el origen de las criaturas y son también más perfectos, pues las divinas personas proceden en semejanza perfecta con su principio, mientras que en las criaturas sólo hay asimilación imperfecta. Luego las procesiones de las divinas personas son causa de la procesión de las criaturas, y, por tanto, el crear es acción personal.

2. Las personas divinas no se diferencian entre sí más que por sus orígenes y relaciones. Luego lo que se atribuye diferentemente a cada una de las personas, les conviene por razón de sus orígenes y relaciones. Ahora bien, la producción de las criaturas se atribuye distintamente a cada una de las personas; pues en los Símbolos de la Fe se atribuye al Padre el ser “Creador de todas las cosas visibles e invisibles”, al Hijo se atribuye que “todas las cosas han sido hechas por Él”, y al Espíritu Santo se atribuye el ser “Señor y vivificador”. Luego la producción de las criaturas compete a las personas en razón de las procesiones y relaciones.

3. Si se dice que la producción de las criaturas se mira según algún atributo esencial que se apropia a alguna de las personas, esto no parece suficiente; porque cada efecto divino es causado por todos los atributos esenciales, a saber, por el poder, por la bondad y por la sabiduría, de tal modo que no pertenece a uno con preferencia a los demás. Luego no debe atribuirse algún modo determinado de causalidad a una persona con preferencia a otras si, al crear, no se diferencian según las relaciones y procesiones.

Por otra parte, afirma Dionisio que “todo lo referente a las cosas causables” es común a toda la Trinidad.

Respuesta. Crear es propiamente causar o producir el ser de las cosas. Produciendo, pues, todo agente algo semejante a sí, el principio de la acción puede conocerse por el efecto de la misma; vemos, por ejemplo, que el fuego es producido por el fuego. Según esto, el crear conviene a Dios por razón de su ser, que es su misma esencia, la cual es idéntica en las tres divinas personas. Por consiguiente, crear no es propio de alguna persona, sino común a toda la Trinidad.

Sin embargo, las personas divinas tienen, en cuanto a la creación de los seres, una causalidad respectiva según el modo de su procedencia. Efectivamente, como se ha demostrado al tratar de la ciencia y de la voluntad divinas (S.Th. 1, 14, 8; q.18, 4), Dios es causa de las cosas por su entendimiento y voluntad, como lo es el artífice de sus artefactos. El artífice obra según la concepción de su entendimiento y por el amor de su voluntad hacia algún fin. Asimismo ha producido también Dios Padre las criaturas por su Verbo, que es el Hijo, y por su Amor, que es el Espíritu Santo. Y, según esto, las procesiones de las personas son las razones de la producción de las criaturas, por cuanto las procesiones incluyen los atributos esenciales, que son la ciencia y la voluntad [19].

Soluciones. 1. Las procesiones de las divinas personas son causa de la creación, según el modo que acabamos de decir.

2. Como la naturaleza divina, aunque es común a las tres personas, sin embargo les conviene con cierto orden, por cuanto el Hijo la recibe del Padre, y el Espíritu Santo la recibe del Padre y del Hijo, así también el poder de crear, aunque sea común a las tres personas, les conviene con cierto orden; pues el Hijo le tiene del Padre, y el Espíritu Santo, del Padre y del Hijo. Por eso el ser creador se atribuye al Padre, como a quien no tiene el poder de otro; del Hijo se dice (Jn 1,3) que es por quien han sido hechas todas las cosas, en cuanto tiene idéntico poder, pero de otro modo; puesto que la preposición “por” suele denotar una causa media, o sea un principio que tiene principio; por último, al Espíritu Santo, que tiene también el mismo poder de ambos, se le atribuye el gobernar como Señor y vivificar las cosas creadas por el Padre mediante el Hijo. –Puede tomarse igualmente la razón para esta atribución de la apropiación de los atributos esenciales. Porque, como se ha dicho (S.Th. 1, 39, 8 ad 3), al Padre se apropia el poder, que se manifiesta principalmente en la creación, atribuyéndosele por este motivo el ser creador; mas al Hijo se le apropia la sabiduría, mediante la cual obra el agente intelectivo, y por eso se dice del Hijo que es por quien todas las cosas han sido hechas; finalmente, al Espíritu Santo se le apropia la bondad, a la cual pertenecen la gobernación, que conduce las cosas a sus fines debidos, y la vivificación, puesto que la vida consiste en un cierto movimiento interior, y el primer motor es el fin y la bondad.

3. Aunque cada uno de los efectos de Dios procede de todos los atributos divinos, sin embargo, cada uno de los efectos se reduce a aquel atributo con el que tiene mayor conveniencia según su noción propia: así, el orden de los seres se reduce a la sabiduría; la justificación del pecador, a la misericordia y bondad, que se difunde superabundantemente, y la creación, que es producción de la substancia misma del ser, se reduce al poder.

 ARTÍCULO 7

Si en las criaturas se encuentra necesariamente algún vestigio de la Trinidad

Dificultades. Parece que no es necesario que se encuentre en las criaturas algún vestigio de la Trinidad.

1. Por los vestigios propios puede investigarse cualquier ser. Mas la Trinidad de las personas no puede investigarse mediante las criaturas, según queda dicho (S.Th. 1, 32, 1). Luego no hay en las criaturas vestigio alguno de la Trinidad.

2. Todo cuanto hay en las criaturas, es creado. Si, pues, el vestigio de la Trinidad se encuentra en la criatura según algunas de sus propiedades, y todo lo creado tiene algún vestigio de la Trinidad, será preciso que en cada una de dichas propiedades se encuentre también el vestigio de la Trinidad, y así indefinidamente.

3. El efecto no representa más que a su causa. Ahora bien, la causalidad divina respecto de las criaturas pertenece a la naturaleza común y no a las relaciones por las que se diferencian y numeran las personas. Luego en la criatura no hay vestigio de la Trinidad, sino solamente de la unidad de esencia.

Por otra parte, dice San Agustín que “en las criaturas aparece el vestigio de la Trinidad”.

Respuesta. Todo efecto representa algo de su causa, aunque de modos diversos. Hay efectos que representan sólo la causalidad de su causa, sin representar la forma de la misma; así representa, por ejemplo, el humo al fuego. Esta es, la que se denomina representación de “vestigio”; pues el vestigio evoca el paso de algún transeúnte, sin indicar detalladamente cuál sea éste. Otros efectos representan a la causa por asimilación con la forma de ésta; así representa un fuego a otro fuego y a Mercurio su estatua. Esta representación es a modo de “imagen”.

Ahora bien, las procesiones de las personas divinas, según queda dicho (S.Th. 1, 27), se conciben como actos del entendimiento y de la voluntad; porque el Hijo procede como verbo del entendimiento y el Espíritu Santo como amor de la voluntad. Luego en las criaturas racionales, dotadas de entendimiento y de voluntad, se encuentra la representación de la Trinidad a modo de imagen, en cuanto se da en ellas concepción mental y amor originado.

Mas en todas las criaturas se encuentra la representación de la Trinidad a modo de vestigio, en cuanto que en cada una de ellas hay algo que es preciso reducir a las personas divinas como a su causa. Efectivamente, toda criatura subsiste en su ser, y tiene una forma por la que pertenece a alguna especie determinada, y dice orden a alguna otra cosa. Según, pues, que cada una de ellas es una substancia creada, representa su causa y principio, y de este modo evoca la persona del Padre, que es principio sin principio; en cuanto tiene una forma y pertenece a una especie determinadas, representa al Verbo, según que la forma del artefacto procede de la concepción del artífice; y en cuanto está ordenada, representa al Espíritu Santo bajo el aspecto de amor, porque la ordenación del efecto a otra cosa procede de la voluntad del creador.

Por esto mismo dice San Agustín que el vestigio de la Trinidad se encuentra en cada una de las criaturas, según que “cada una de ellas es algo, está formada en alguna especie y tiene cierto orden”. –A esto mismo se reducen aquellos tres términos del libro de la Sabiduría (Sb 11,21): “número”, “peso” y “medida”; porque la “medida” se refiere al ser de la cosa limitada por sus principios, el “número” se refiere a la especie, y el “peso” o “gravitación” se refiere al orden del mundo. –También se reducen a esto los tres términos empleados por San Agustín: el “modo”, la “especie” y el “orden y las expresiones que el mismo emplea al decir: “por lo que subsiste” la cosa, “por lo que se distingue” y “por lo que conviene con otras”; pues cada cosa subsiste por su substancia, se diferencia por su forma y conviene por el orden. Fácil es reducir a esto mismo cuantas expresiones similares se usan a este propósito.

Soluciones. 1. La representación a modo de vestigio se considera en relación con la apropiación de los atributos, y según ella puede venirse por las criaturas al conocimiento de la Trinidad, como hemos dicho (I n c; S.Th. 1, 32, 1 ad 1).

2. La criatura es propiamente el ser subsistente, en el cual es dado encontrar los tres caracteres susodichos. No es, sin embargo, necesario que en cada una de las propiedades inherentes a la criatura se encuentren también dichos caracteres, en virtud de los cuales se atribuye al ser subsistente la razón de vestigio.

3. Del modo que queda dicho (a.6), también las procesiones de las personas divinas son causa y razón de la creación.

 ARTÍCULO 8

Si hay creación en las obras de la naturaleza y del arte [21]

Dificultades. 1. Parece que hay creación en las obras de la naturaleza y del arte.

1. En toda operación de la naturaleza y del arte se produce alguna forma. Mas esta forma no se produce de algo, porque no tiene materia como parte de ella. Luego se produce de la nada, y, por tanto, en toda operación de la naturaleza y del arte hay creación.

2. El efecto nunca es superior a su causa. Mas en las cosas naturales no hay agente alguno fuera de la forma accidental, activa o pasiva. Luego por la operación de la naturaleza no se produce la forma substancial. Resta, pues, que ésta sea producida por creación [22].

3. La naturaleza produce algo semejante a sí. Mas en la naturaleza se originan seres sin semejantes que los engendren, cuales parecen ser los animales originados en la putrefacción. Luego la forma de éstos no viene de la naturaleza, sino de la creación; y lo propio debe decirse de otras cosas similares.

4. Lo que no es creado, no es criatura. Si, pues, no interviene creación en aquellas cosas que provienen de la naturaleza, síguese que éstas no son criaturas; lo cual es herético.

Por otra parte, San Agustín distingue entre la obra de la creación y la obra de la propagación, que pertenece a la naturaleza.

Respuesta. Esta cuestión se plantea por razón de las formas, las cuales afirmaron algunos que no comenzaban a existir por la acción de la naturaleza, sino que existían ya en la materia como en un estado latente. –Estos pensadores opinaron así por desconocer la materia, no alcanzando a distinguir entre la potencia y el acto. Existiendo, en efecto, las formas potencialmente en la materia, supusieron que existían en absoluto.

Otros, por el contrario, supusieron que estas formas eran causadas a modo de creación por un agente extraño; y en esta suposición la creación se mezclaba en toda acción de la naturaleza. –El error de estos segundos provenía de desconocer las formas; pues no advertían que las formas naturales de los cuerpos no son subsistentes por sí mismas [23], sino aquello por lo que algo es tal; y así, puesto que, según hemos dicho (a.4), el ser hecho y ser creado no compete propiamente sino al ser subsistente, a las formas no le corresponde propiamente ser hechas ni ser creadas, sino ser concreadas [24].

Ahora bien, lo que propiamente se produce por el agente natural es el compuesto, que se hace de la materia. Por consiguiente, en las obras de la naturaleza no interviene la creación, sino que en ellas se presupone.

Soluciones. 1. Las formas comienzan a existir de hecho al hacerse los compuestos; pero no son hechas directamente y en sí mismas, sino indirectamente al ser hecho el compuesto.

2. En la naturaleza, las cualidades activas obran en virtud de las formas substanciales, y ésta es la razón de que el agente natural produzca un semejante a sí, no sólo en cuanto a la cualidad, sino también en cuanto a la especie [25].

3. Para la producción de los animales imperfectos es suficiente un agente universal, como la virtud celeste, a la cual se asemejan, no según la especie, sino con cierta analogía. No es, pues, necesario decir que sus formas sean creadas por un agente extraño. Mas el agente universal no es suficiente para la generación de los animales perfectos, sino que se requiere el agente propio, que es un generante unívoco [26].

4. La operación de la naturaleza presupone siempre los principios materiales creados; y, por consiguiente, a todo lo producido por la naturaleza conviene propiamente el nombre de criatura.

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