Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 6: De la bondad de Dios

Cuestión 6: De la bondad de Dios

Corresponde ahora tratar de la bondad de Dios, y acerca de esto se han de averiguar cuatro cosas:

•          Primera: si corresponde a Dios ser bueno
•          Segunda: si es el sumo bien
•          Tercera: si sólo Él es bueno por su esencia
•          Cuarta: si todas las cosas son buenas por la bondad divina

ARTÍCULO 1 : Si es propio de Dios el ser bueno

Dificultades. Parece que no es propio de Dios ser bueno.

1. Porque la razón de bien consiste en el modo, la especie y el orden, y nada de esto parece natural a Dios, que es inmenso y no está ordenado a cosa alguna. Por tanto, ser bueno no es propio a Dios.

2. Bueno es lo que todas las cosas apetecen. Pero no todas apetecen a Dios, ya que no todas lo conocen, y nada desconocido se apetece. Luego ser bueno no es connatural a Dios.

Por otra parte, dice el profeta Jeremías (Jer 3,25): “Bueno es el Señor para los que esperan en Él y para el alma que le busca”.

Respuesta. Ser bueno corresponde sobre todo a Dios. Los seres son buenos bajo el aspecto de apetecibles, y cada ser apetece su perfección. En los causados, la perfección y la forma se asemejan a las del causante pues todo agente hace algo que de algún modo se asemeja a él; y por esto el agente es apetecible y tiene razón de bien, y lo que en él se apetece es la participación de su semejanza. Por tanto, si Dios es la primera causa efectiva de todas las cosas, es evidente que le compete la razón de bien y de apetecible; y por esto Dionisio atribuye el bien a Dios como a primera causa eficiente, diciendo que se le llama bueno “en cuanto da a todo la subsistencia”.

Soluciones. 1. Tener modo, especie y orden pertenece al concepto del bien causado, y puesto que en Dios el bien está como en su causa, a Dios compete imponer en las cosas el modo, la especie y el orden. Por consiguiente, estas tres cosas están en Dios como en su causa.

2. Al apetecer los seres su propia perfección, apetecen al mismo Dios, en el sentido de que las perfecciones de las cosas son determinadas semejanzas del ser divino, conforme hemos visto (S.Th. 1, 4, 3). Según esto, de entre los seres que apetecen a Dios, unos le conocen en sí mismo, y esto es lo propio de la criatura racional. Hay otros que conocen algunas participaciones de su bondad, cosa a que alcanza incluso el conocimiento sensitivo. Otros, por fin, tienen apetencia natural, sin conocimiento alguno, por cuanto están impulsados a sus fines por una inteligencia superior.

ARTÍCULO 2 : Si Dios es el sumo bien

Dificultades. Parece que Dios no es el sumo bien.

1. El bien sumo ha de añadir algo al bien, so pena de que todos los bienes sean sumos, y lo que resulta de alguna adición es compuesto, por lo cual el sumo bien será compuesto. Si, pues, según hemos demostrado (S.Th. 1, 3, 7), Dios es absolutamente simple, síguese que no es el sumo bien.

2. Bueno es “lo que todas las cosas apetecen”, como dice el Filósofo. Pero no hay cosa alguna que apetezcan todos los seres más que a Dios, por ser fin de todos ellos. Por tanto, ninguna cosa, excepto Dios, es buena. Esto mismo se comprueba por lo que dice el Evangelio (Lc 18,19): “Nadie es bueno sino sólo Dios”. Pues como lo sumo proviene de la comparación de una cosa con otras, y así se habla de lo más caliente por comparación con otras cosas calientes, síguese que no se puede llamar a Dios sumo bien.

3. Lo sumo presupone comparación, y no son comparables las cosas que no pertenecen al mismo género, por lo cual no tendría sentido decir que la dulzura es mayor o menor que una línea. Si, pues, según hemos visto (S.Th. 1, 3, 5; q.4, 3), Dios no pertenece al mismo género que los otros bienes, parece que tampoco se le puede llamar sumo bien con respecto a ellos.

Por otra parte, dice San Agustín que la trinidad de las divinas personas “es un bien sumo que contemplan las mentes purificadísimas”.

Respuesta. Dios es el sumo bien, y no sólo en algún género u orden de cosas, sino en absoluto. Hemos dicho (a.1) que el sentido en que atribuimos el bien a Dios es en cuanto de Él dimanan todas las perfecciones deseadas, como de la causa primera. Hemos visto también (S.Th. 1, 4, 3) que no dimanan de Dios como de agente unívoco, sino como de agente que no coincide con sus efectos ni en el concepto específico ni en el genérico, y que la semejanza del efecto con su causa unívoca exige uniformidad, y, en cambio, el efecto de la causa equívoca se encuentra en ella de modo más excelente, a la manera como el calor se halla en el sol de modo más elevado que en el fuego. Por consiguiente, si el bien está en Dios como en la causa primera, no unívoca, de todas las cosas, es indispensable que esté en El de modo excelentísimo, y por esta razón llamamos a Dios sumo bien.

Soluciones. 1. El sumo bien no añade al bien ninguna realidad absoluta, sino sólo una relación. Pero la relación resultante de decir algo de Dios con respecto a las criaturas no es real en Dios, sino en la criatura, y en Dios sólo es de razón, a la manera como lo cognoscible implica relación a la ciencia, no porque lo cognoscible se refiera a la ciencia, sino porque ésta se refiere a aquello. Por consiguiente, no hay en el sumo bien composición alguna; lo único que hay es que los demás bienes son deficientes en comparación de Él.

2. El aforismo “bueno es lo que todas las cosas apetecen” no quiere decir que todos los seres hayan de apetecer cada uno de los bienes, sino que cuanto es apetecido tiene razón de bien. Asimismo, el texto “nadie es buen sino sólo Dios” se entiende del bien por esencia, como adelante diremos (a.3).

3. No es posible comparar entre sí las cosas que no pertenecen al mismo género cuando están contenidas en géneros distintos. Pero, al decir que Dios no pertenece al género de los otros bienes, no se entiende que pertenezca a otro distinto, sino que está fuera de todo género (cf. S.Th. 1, 3, 5), y por esto se compara con todo lo demás por vía de exceso, y ésta es la comparación que incluye el sumo bien.

ARTÍCULO 3 : Si ser bueno por esencia es lo propio de Dios

Dificultades. Parece que ser bueno por esencia no es lo propio de Dios.

1. Como quedó demostrado (S.Th. 1, 5, 2), de la misma manera se identifica con el ser la unidad que el bien. Si pues, todo ser es uno por su esencia, como dice el Filósofo, también es bueno por su esencia.

2. Si bueno es lo que todas las cosas apetecen, puesto que todas desean el ser, resulta que el ser de cada una es su bien. Pero cada cosa es lo que es por su esencia. Luego todas son buenas por esencia.

3. Todas las cosas son buenas por su propia bondad. Si, pues, hubiese alguna que no fuese buena por su esencia, es preciso que su bondad no sea su esencia. Pero su bondad es un ser, y, por tanto, es buena; y si fuese buena por otra bondad, habría que plantear la misma cuestión respecto a ella, y, por consiguiente, o incurrimos en un proceso a lo infinito o hay que llegar a una bondad que no sea buena por otra, y para esto no es preciso salir de la primera. Luego cada cosa es buena por su esencia.

Por otra parte, dice Boecio que todo lo que no es Dios es bueno por participación, y, por tanto, no lo es por esencia.

Respuesta. Sólo Dios es bueno por esencia. Los seres son buenos en la medida que son perfectos, pero en la perfección de un ser se distinguen tres grados. Es el primero su propio ser; obtienen el segundo mediante la adición de ciertos accidentes indispensables para que sus operaciones sean perfectas, y consiste el tercero en que alcancen algo que tenga razón de fin. Por ejemplo, la primera perfección del fuego consiste en ser fuego, cosa que debe a su forma substancial; la segunda, en las cualidades de cálido, ligero, seco, etc., y la tercera, en detenerse en su lugar propio.

Ahora bien, a ningún ser criado compete tener por esencia esta triple perfección; y sólo compete a Dios, porque sólo en Él se identifican la esencia y el ser, y porque no le sobreviene accidente alguno, pues lo que en los otros es accidental, como el poder, la sabiduría y otras cualidades, en Él es esencial, según hemos visto (S.Th. 1, 3, 6); y porque no está subordinado a ninguna otra cosa como fin, sino que Él es el fin último de todas las cosas. Por tanto, aparece claro que sólo Dios posee por esencia todos los modos de perfección, y, por consiguiente, que únicamente Dios es bueno por esencia.

Soluciones. 1. La unidad no incluye el concepto de perfección, sino sólo el de la indivisión, que compete a cada cosa conforme a su esencia; por lo cual las cosas simples son indivisibles actual y potencialmente, y las compuestas sólo de hecho. Por tanto, cada cosa es una por su esencia, pero no buena, según hemos visto (in c).

2. Sin duda, los seres son buenos en la medida en que tienen el ser; pero como la esencia de las criaturas no es su mismo ser, no se sigue que sean buenas por esencia.

3. La bondad de las criaturas no es su misma esencia, sino algo que le sobreviene, como el ser, alguna perfección ulterior o su ordenación al fin. No obstante, a esta bondad sobreañadida la llamamos buena, como la llamamos ser, y la llamamos ser, no porque ella tenga el ser en virtud de otro principio, sino porque es ella un principio de ser, en cuya virtud alguna cosa es algo. Por tanto, la razón de llamarla buena es porque algo es bueno por ella, y no porque ella sea sujeto de otra bondad por la que sea buena.

ARTÍCULO 4 : Si todas las cosas son buenas con la bondad divina

Dificultades. Parece que todas las cosas son buenas con la bondad divina.

1. Porque dice San Agustín: “Mira este bien y aquel bien, elimina el éste y el aquél, y contempla, si puedes, al bien mismo, y así verás a Dios, que no es bueno por otro bien, sino que es bien de todo bien”. Luego todo ser es bueno con el mismo bien que Dios.

2. Dice Boecio en el libro “De Hebdomad.”, que se llaman buenas a las cosas en cuanto todas están ordenadas a Dios, y esto por razón de la bondad divina. Luego todas son buenas con la divina bondad.

Por otra parte, todas las cosas son buenas en la medida que tengan el ser. Pero no de todas se dice que sean seres con el ser divino, sino por su propio ser, y, por consiguiente, tampoco son todas buenas con la bondad divina, sino por su propia bondad.

Respuesta. No hay inconveniente en que los términos relativos se tomen de algo extrínseco al ser y así aplicamos a un cuerpo las denominaciones de localizado o medido, tomadas del lugar y de la medida. Pero en cuanto a las denominaciones absolutas ha habido diversos pareceres. Platón, que propugnaba la existencia de las especies separadas, opina que los individuos, como partícipes de aquellas especies, toman de ellas su denominación, y así se llama a Sócrates hombre por la idea separada de hombre. Además, así como admitía la idea separada, v. gr., de hombre y de caballo, a las que llamaba “hombre por sí” y “caballo por sí”, admitía también la idea separada de ser y de uno, a las que llamaba “ser por sí” y “uno por sí”; y por participar de ellos se dice de cada cosa que es buena y una. Por fin, admitía que el ser por sí y el uno por sí es el sumo bien, y como el bien, lo mismo que la unidad, se identifican con el ser, sostenía que el bien por sí es Dios, del cual se denominan buenas todas las cosas por modo de participación. Pero aunque esta opinión no parece tener base racional en cuanto a lo de admitir que subsistan por sí y separadas las especies de las cosas naturales, como por muchas razones demuestra Aristóteles, es, sin embargo, absolutamente cierta, y así se deduce de lo que hemos dicho (S.Th. 1, 2, 3) que hay un primero que es por su esencia ser y bueno, a quien llamamos Dios, y esto lo admite también Aristóteles.

Pues bien, de este primero, que es ser y bueno por esencia, pueden tomar las cosas la denominación de seres y de buenas, en cuanto participan de él por modo de cierta semejanza, aunque remota y deficiente, según hemos dicho (S.Th. 1, 4, 3; cf. q.6, 3); y por esto se dice que las cosas son buenas con la bondad divina, en cuanto ella es el primer principio ejemplar, eficiente y final de toda bondad. Esto no obstante, las cosas son también buenas por la semejanza de la bondad de Dios, inherente a cada una de ellas, y ésta es su bondad formal y por la que se dicen buenas; y de este modo resulta que hay una bondad común a todos los seres y hay también múltiples bondades.

Y así quedan resueltas las dificultades.

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