Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 8: De le existencia de Dios

Cuestión 8: De le existencia de Dios

Como parece que lo infinito debe estar en todas partes y en todas las cosas, es preciso que veamos si esto corresponde a Dios.

Y acerca de ello se han de esclarecer cuatro puntos:

Primero: si Dios está en todas las cosas

Segundo: si está en todas partes

Tercero: si está en todas partes por esencia, potencia y presencia

Cuarto: si estar en todas partes es lo propio de Dios

ARTÍCULO 1 : Si está Dios en todas las cosas

Dificultades. Parece que Dios no está en todas las cosas.

1. No está en las cosas lo que está por encima de ellas, y Dios está sobre todo, como dice el Salmo (Ps 112,4): “Excelso sobre todas las gentes es el Señor”. Luego Dios no está en todas las cosas.

2. Lo que está en una cosa, está contenido en ella. Pero las cosas no contienen a Dios, sino más bien Dios a las cosas. Por tanto, no está Él en las cosas, sino las cosas en Él. Y por esto dijo San Agustín que “más bien están todas las cosas en Él que Él en parte alguna”.

3. Cuanto más vigoroso es un agente, tanto más lejos alcanza la eficacia de su acción. Pues Dios es un agente vigorosísimo. Por tanto, su acción puede extenderse a las cosas más alejadas, y así no es preciso que esté en todas las cosas.

4. Los demonios son también cosas, y, sin embargo, Dios no está en los demonios, pues “no hay comunidad entre la luz y las tinieblas” (2Co 6,14), como dice el Apóstol. Luego Dios no está en todas las cosas.

Por otra parte, dondequiera que obra un ser, allí está. Pues Dios obra en todos los seres, según dice Isaías (Is 26,12): “Señor, tú has hecho en nosotros todas nuestras obras”. Luego Dios está en todas las cosas.

Respuesta. Dios está en todas las cosas, no ciertamente como parte de su esencia, ni como accidente, sino a la manera como el agente está en lo que hace; y es indispensable que todo agente esté en contacto con lo que inmediatamente hace y lo toque con su virtud o poder, por lo cual se demuestra en la “Física” de Aristóteles que el motor y el móvil han de estar en contacto. Ahora bien, puesto que Dios es el ser por esencia, el ser de lo creado necesariamente ha de ser su efecto propio, lo mismo que encender es el efecto propio del fuego. Pero como Dios causa el efecto del ser en las cosas, no sólo cuando por primera vez empiezan a existir, sino durante todo el tiempo que lo conserven, a la manera como el sol está causando la iluminación del aire mientras éste tiene luz, síguese que ha de estar presente en lo que existe mientras tenga ser y según el modo como participe del ser. Pues bien, el ser es lo más intimo de cada cosa y lo que más profundamente las penetra, ya que, según hemos visto (S.Th. 1, 4, 1 ad 3), es principio formal de cuanto en ellas hay. Por consiguiente, es necesario que Dios esté en todas las cosas, y en lo más íntimo de ellas.

Soluciones. 1. Dios está sobre todas las cosas por la excelencia de su naturaleza y, esto no obstante, está en todas las cosas como causante de su ser, conforme hemos dicho.

2. Si bien una cosa material está en otra como lo contenido en el continente, los seres espirituales, por el contrario, contienen a las cosas en que están, como el alma contiene al cuerpo, y por esto Dios está en las cosas como quien las contiene. Sin embargo, en virtud de cierta semejanza, tomada de lo corporal, se dice que todas las cosas están en Dios precisamente porque Él las contiene.

3. No existe acción de agente alguno, cualquiera que sea su vigor, que alcance a lo distante, cuando no hay algo intermedio que la transmita. Pero lo que caracteriza la máxima eficacia del poder divino es que obra inmediatamente en todo, por lo cual nada está distante de Él, en el sentido que haya algo que no tenga en sí a Dios. Se dice, no obstante, que las cosas distan de Dios, debido a la desproporción que tienen con Él, tanto en el orden de la naturaleza como en el de la gracia, ya que está sobre todo por la excelencia de su naturaleza.

4. En los demonios hay que distinguir entre la naturaleza, que proviene de Dios, y la deformidad de la culpa, que no viene de Él. Por esto no se ha de admitir en absoluto que Dios está en los demonios, si no es con esta aclaración: “en cuanto son cosas”. Pero en los seres cuya naturaleza no está deformada se puede decir en absoluto que está Dios.

ARTÍCULO 2 : Si Dios está en todas partes

Dificultades. Parece que Dios no está en todas partes.

1. Estar en todas pastes significa estar en todos los lugares, y estar en todos los lugares no es propio de Dios, que no está en ninguno; pues, como dice Boecio, los seres incorpóreos no están en lugar. Luego Dios no está en todas partes.

2. Lo mismo se ha de decir del tiempo en relación con los seres sucesivos que del lugar en relación con los permanentes. Pero un elemento indivisible de la acción o del movimiento no puede estar en diversos tiempos. Luego tampoco un algo indivisible del género de lo permanente podrá estar en todos los lugares. El ser divino no es sucesivo, sino permanente. Luego Dios no puede estar en muchos lugares, y por ello no está en todas partes.

3. El ser que está totalmente en algún sitio, no tiene ninguna parte fuera de él. Pues si Dios estuviere en algún sitio, estaría entero, ya que no tiene partes, y, por tanto, nada de Él habría fuera de tal lugar. Luego Dios no está en todas partes.

Por otra parte, dice el profeta Jeremías (Jer 23,24): “Yo lleno el cielo y la tierra”.

Respuesta. Dado que el lugar es una cosa, el que un ser esté en un lugar puede entenderse de dos maneras: o como están las demás cosas, esto es, al modo como una cosa está en otra, de cualquier manera que sea, por ejemplo, como los accidentes de lugar están en un lugar; o bien que esté según el modo propio del lugar, como lo están los seres localizados. Pues de una y otra forma está Dios, de alguna manera, en todo lugar, que es estar en todas partes. Primero, porque lo mismo que está en todas las cosas dándoles el ser y el poder operativo, así también está en todo lugar dándole el ser y el poder locativo. Además, lo localizado ocupa un lugar porque lo llena, y Dios llena todos los lugares. Sin embargo no los llena como los cuerpos, pues se dice que un cuerpo llena algún lugar por cuanto impide que haya otro cuerpo con él, y el estar Dios en un lugar no impide que haya allí otras cosas, sino que precisamente llena todos los lugares, porque está dando el ser a todas las cosas localizadas, que en conjunto llenan todo lugar.

Soluciones. 1. Los seres incorpóreos no están en lugar por el contacto de su cantidad dimensiva, como lo están los cuerpos, sino por contacto de su poder operativo.

2. Existen dos clases de indivisibles. Hay algo que es indivisible por ser límite de la cantidad continua, como el punto en los seres permanentes y el instante en los sucesivos. Pues lo indivisible de las cosas permanentes, debido a que tiene en ellas sitio fijo, ni puede estar en muchas partes del mismo lugar ni en muchos lugares a la vez, y, por motivo análogo, lo indivisible de la acción o del movimiento no puede estar en muchas partes del tiempo, porque está sujeto a un orden determinado en la sucesión del movimiento o de la acción. Pero hay otro indivisible que está fuera de todo género de cantidad continua, y en este sentido se llaman indivisibles las substancias incorpóreas, como Dios, el ángel y el alma; y tales indivisibles no están en la cantidad continua formando parte de ella, sino que están porque la tocan con su poder operativo. Por tanto, según que este poder se extienda a uno o a muchos, a lo pequeño o a lo grande, así estará en uno o muchos lugares, en un lugar pequeño o en otro grande.

3. Un todo se entiende con relación a sus partes. Pero hay partes de dos clases: unas son partes esenciales, cual la forma y la materia, llamadas partes del compuesto, o el género y la diferencia, que son partes de la especie; y otras son partes cuantitativas, provenientes de la división de la cantidad. Pues bien, lo que está por entero en un lugar con totalidad cuantitativa no puede estar fuera de él, porque la cantidad localizada coincide exactamente con la cantidad del lugar, y por esto no habrá totalidad cuantitativa donde no haya totalidad del lugar. Pero la totalidad de la esencia no se adapta a la totalidad del lugar, por lo cual estar una cosa enteramente en otra no excluye que pueda estar también fuera de ella. Así vemos que sucede en las formas accidentales que de algún modo tienen cantidad. Lo blanco, por ejemplo, en el sentido de toda la esencia de la blancura, está en todos los puntos de una superficie blanca, porque tiene en cada uno de ellos toda su perfección específica; pero si, en cambio, se mira a la cantidad que accidentalmente posee, es indudable que no se halla toda en cada uno de los puntos de una superficie blanca. Ahora bien, en las substancias incorpóreas no hay más totalidad que la esencial, y no la cuantitativa, sea propia o accidental, y, por tanto, lo mismo que el alma está toda en cada parte del cuerpo, así Dios está por entero en todos y en cada uno de los seres.

ARTÍCULO 3 : Si Dios está en todas partes por esencia, presencia y potencia

Dificultades. No parece acertada la división de los modos de estar Dios en las cosas, cuando se dice que está en todas partes por esencia, presencia y potencia.

1. Lo que está por esencia en otro, está en él esencialmente, y Dios no está esencialmente en las cosas, porque no forma parte de la esencia de cosa alguna. Luego no debe decirse que está en las cosas por esencia, presencia y potencia.

2. Estar presente en una cosa es no abandonarla. Pues esto es precisamente estar Dios por esencia en las cosas: no abandonar a ninguna. Luego lo mismo es estar Dios en todas las cosas por esencia que por presencia, y, por tanto, es una redundancia decir que está por esencia, presencia y potencia.

3. Si Dios es principio de todas las cosas por su poder, también lo es por su ciencia y voluntad. Luego si no se dice que está en las cosas por ciencia y voluntad, tampoco se debe decir que está por potencia.

4. Además de la gracia, que es una perfección añadida a la substancia del ser, hay otras muchas perfecciones que también se le añaden. Si, pues, se dice que Dios está en algunos de modo especial por la gracia, debe haber también un modo especial de estar Dios en las cosas por cada una de las otras perfecciones.

Por otra parte, dice San Gregorio que “Dios está en las cosas de modo común por esencia, presencia y potencia, y de modo familiar está en algunos por la gracia”.

Respuesta. De dos maneras está Dios en algún ser. Una, como causa agente, y así está en todos los seres que creó. Otra, como el objeto de una operación está en el que la ejecuta, y esto es propio de las operaciones del alma, ya que lo conocido ha de estar en el que lo conoce, y lo deseado en quien lo desea. Pues de este segundo modo está Dios especialmente en la criatura racional que le conoce y ama actual o habitualmente, y puesto que la criatura racional obtiene esto por la gracia, como más adelante veremos (S.Th. 1, 12, 4; cf. q.43, 3), se dice que esto es el modo como está en los santos por la gracia.

Lo referente a cómo está en las demás criaturas, se puede entender considerando lo que sucede en las cosas humanas. Se dice que el rey está por potencia en todo su reino, aunque no esté por presencia. Se dice asimismo de alguien que está por presencia en todo lo que abarca su mirada, y de este modo cuanto hay en una habitación está presente al que, sin embargo, no está por substancia en cada una de sus partes. Finalmente, las cosas están por substancia o esencia en el lugar que ocupan.

Mas hubo quienes, como los maniqueos, enseñaron que, si bien las cosas espirituales e incorpóreas están bajo el poder de Dios, en cambio, las visibles y corpóreas están bajo la potestad del principio opuesto; y contra ellos se ha de decir que Dios está en todas las cosas por su poder. –Hubo otros que, no obstante confesar que todo está sujeto al poder de Dios, negaron, sin embargo, que la Providencia divina se ocupase de las cosas de este mundo, en cuyo nombre se dice en Job (22,14) que Dios “se pasea por la bóveda del cielo y no atiende a nuestras cosas”; y contra ellos fue necesario decir que está en todo por presencia. –Hubo, además, quienes, si bien admitían la Providencia divina sobre todas las cosas, sostuvieron que no todas habían sido creadas inmediatamente por Dios, sino que Él creó inmediatamente las superiores y éstas a las demás; y contra éstos fue preciso decir que Dios está en todas las cosas por esencia.

Por consiguiente, Dios está en todos los seres por potencia, porque todo está sometido a su poder. Está por presencia, porque todo está patente y como desnudo a sus ojos. Está por esencia, porque actúa en todos como causa de su ser, conforme se ha dicho (a.1).

Soluciones. 1. Dios está en todas las cosas por esencia, pero no la de las cosas, como formando parte de ella, sino por la suya; pues, según hemos visto (a.1), su substancia está en todo lo que existe como causa del ser que tiene.

2. Según hemos dicho (in c), puede estar una cosa en presencia de alguien por tenerla al alcance de la mirada, y a la vez estar por substancia lejos de él; por lo cual fue preciso establecer dos modos de estar: por esencia y por presencia.

3. Pertenece al concepto de la ciencia y de la voluntad que lo sabido esté en el que lo sabe, y lo querido, en el que lo quiere; por lo cual, según la ciencia y la voluntad, más bien están las cosas en Dios que Dios en las cosas. En cambio, a la esencia del poder pertenece que sea principio de obrar en otro, y de aquí que el agente, por su poder operativo, dice orden y se aplica a algo exterior a él; y en este sentido puede el agente estar en otro por su poder.

4. Ninguna perfección añadida a la substancia, excepto la gracia, hace que esté Dios en alguno como objeto conocido y amado; por lo cual sólo la gracia crea un modo especial de estar Dios en las cosas. Hay, sin embargo, otro modo especial de estar Dios en el hombre: por unión; pero de él trataremos en su lugar (S.Th. 3, 2).

ARTÍCULO 4 : Si estar en todas partes es propio de Dios

Dificultades. Parece que estar en todas partes no pertenece exclusivamente a Dios.

1. Según el Filósofo, lo universal está en todas partes y siempre, y, asimismo, está en todas partes la materia prima, pues se halla en todos los cuerpos. Pero ninguna de estas cosas es Dios, como anteriormente se ha demostrado (S.Th. 1, 3, 1.5). Por consiguiente, estar en todas partes no es propio de Dios.

2. El número está en las cosas numeradas. Pero la totalidad del universo está formada con números, como dice el libro de la Sabiduría (Sb 11,21). Luego hay un número que está en todo el universo y, por ello, en todas partes.

3. El conjunto del universo forma un todo corporal perfecto, como dice el Filósofo. Pero el conjunto del universo está en todas partes, ya que fuera de él no hay lugar alguno. Por consiguiente, no es solamente Dios el que está en todas partes.

4. Si algún cuerpo fuese infinito, no había lugar alguno fuera de él. Luego estaría en todas partes, y, por consiguiente, el estar en todas partes no sería lo propio de Dios.

5. Dice San Agustín que “el alma está toda en todo, el cuerpo y toda en cada una de sus partes”. Pero si en el mundo no hubiera más que un solo animal, su alma estaría en todas partes, y en este caso, estar en todas partes no sería lo propio de Dios.

6. Dice San Agustín en la carta a Volusiano que “donde el alma ve, allí siente; y donde siente, vive; y donde vive existe”. Pero el alma ve en casi todas partes, porque sucesivamente ve hasta todo el cielo. Por consiguiente, está en todas partes.

Por otra parte, dice San Ambrosio: “¿Quién osará llamar criatura al Espíritu Santo, que está en todo, en todas partes y siempre, lo cual ciertamente es propio de la divinidad?”

Respuesta. Estar en todas partes primariamente y por sí es lo propio de Dios. Entendiendo por estar en todas partes “primariamente” estar según todo el ser. Por esto, aunque una cosa estuviese en todos lados, debido a que sus diversas partes ocupan los distintos lugares, no estaría en todas partes primariamente, ya que no corresponde primariamente a un ser lo que es propio de alguna de sus partes; por lo cual, si un hombre tiene los dientes blancos, la blancura no corresponde primariamente al hombre, sino a los dientes. Asimismo, un ser está en todas partes “por sí” cuando no está accidentalmente, quiero decir, como consecuencia de alguna hipótesis o suposición, pues en tal caso un grano de mijo podría estar en todas partes, supuesto que no existiese más cuerpo que él. Por esto, la ubicuidad por sí conviene al ser que requiere estar en todas partes, cualquiera que sea la hipótesis que se haga.

Pues esto es lo que propiamente corresponde a Dios, ya que, por muchos que sean los lugares que se supongan, aunque fueran infinitamente más de los que hay, es forzoso que esté Dios en todos, porque nada puede existir si no es por Él. Por consiguiente, corresponde y es lo propio de Dios estar primariamente y por sí en todas partes, ya que, sea cual fuere el número de los lugares, es preciso que esté en cada uno de ellos, y no una parte suya, sino según Él es.

Soluciones. 1. Lo universal y la materia prima están, sin duda, en todas partes, pero no con el mismo ser.

2. Puesto que el número es un accidente, no está en lugar por sí, sino accidentalmente. Además, tampoco está total, sino parcialmente en cada una de las cosas numeradas, y por esto no se sigue que esté primariamente y por sí en todas partes.

3. El cuerpo total del universo está en todas partes, pero no primariamente, porque no está por entero en cada uno de los lugares. Tampoco está por sí, pues en la hipótesis de que hubiese otros lugares, no estaría en ellos.

4. Efectivamente, si hubiese un cuerpo infinito, estaría en todos los lugares, pero mediante sus partes.

5. Si en el mundo no hubiese más que un solo animal, su alma estaría primariamente en todas partes, pero de modo accidental.

6. Lo de que el alma ve en alguna parte, se puede entender de dos maneras. De una, cuando el adverbio de lugar “alguna parte” determina el acto de ver por parte del objeto, y en este sentido es verdad que, mientras alguien mira al cielo, ve en el cielo; pero de aquí no se sigue que viva y esté en el cielo, porque vivir y ser no son actos que terminan en un objeto exterior. Otro sentido tiene cuando el adverbio determina el acto de ver en cuanto procede o emana del que ve; y en este sentido es también verdad, según nuestro modo de hablar, que donde el alma siente y ve, allí vive y existe; pero tampoco de aquí se deduce que esté en todas partes.

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