Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Cuestión 9: De la inmutabilidad de Dios

Cuestión 9: De la inmutabilidad de Dios

Requiere el buen método que tratemos ahora de la inmutabilidad de Dios y la eternidad divina, que es consecuencia de la inmutabilidad.

Acerca de la inmutabilidad se han de averiguar dos cosas.

Primera: si Dios es absolutamente inmutable

Segunda: si ser inmutable es lo propio de Dios

ARTÍCULO 1 : Si Dios es absolutamente inmutable

Dificultades. Parece que Dios no es absolutamente inmutable.

1. Lo que se mueve a sí mismo sufre alguna mutación. Pero dice San Agustín que “el Espíritu Creador se mueve, aunque no a través del tiempo ni del lugar”. Por tanto, Dios de alguna manera es mudable.

2. En la Sagrada Escritura se dice de la sabiduría que “supera en movilidad a todos los móviles” (Sb 7,24). Pues Dios es la misma sabiduría. Por consiguiente, es móvil.

3. Acercarse y alejarse presuponen movimiento, y la Escritura atribuye estas cosas a Dios, pues dice Santiago (St 4,8): “Acercaos a Dios y El se acercará a vosotros”.

Por otra parte, dice Malaquías (Ml 3,6): “Yo soy Dios, y no me mudo”.

Respuesta. Por lo dicho hasta aquí se comprende que Dios es absolutamente inmutable. En primer lugar hemos visto (S.Th. 1, 2, 3) que existe un primer ser, a quien llamamos Dios, y que este ser primero necesariamente ha de ser acto puro sin mezcla de potencialidad alguna, ya que la potencia es naturalmente posterior al acto (S.Th. 1, 3, 1). Pero como todo lo sujeto a cualquier clase de cambio está de algún modo en potencia, síguese que en manera alguna es posible que Dios esté sujeto a mutación.

Además, en todo lo que se mueve o cambia hay algo que permanece y algo que pasa; v. gr., en lo que de blanco pasa a ser negro permanece la substancia; y, por consiguiente, en todo cuanto se mueve hay alguna composición. Pero hemos visto (S.Th. 1, 3, 7) que en Dios no hay composición alguna, sino que es absolutamente simple, por lo cual no hay duda que no está sujeto a mutación.

En tercer lugar, lo que se mueve consigue algo mediante el movimiento y llega a tener lo que antes no tenía. Pero como Dios es infinito, y en cuanto tal encierra en sí la plenitud de toda perfección (S.Th. 1, 7, 1), ni puede adquirir cosa alguna, ni extenderse a cosas a que antes no alcanzaba, por lo cual no hay modo de atribuirle movimiento alguno. –Fundados en esto, y como forzados por esta verdad, enseñaron algunos filósofos antiguos que el primer principio es inmóvil.

Soluciones. 1. San Agustín emplea en este pasaje la terminología de Platón, que, por llamar movimiento a toda operación, decía que el primer motor se mueve a sí mismo, ya que en este sentido los actos de entender, querer y amar son verdaderos movimientos; y como, en efecto, Dios se entiende y ama a sí mismo, dedujeron que se mueve a sí mismo, pero en el sentido platónico, y no en el sentido de que el movimiento y el cambio son actos de lo que está en potencia, que es como lo entendemos nosotros.

2. De la movilidad de la sabiduría se habla en sentido metafórico, por cuanto difunde su semejanza hasta los últimos límites de lo creado, pues nada podría existir si no procede, a título de reproducción, de la sabiduría divina como de principio eficiente y formal, a la manera como procede el artefacto de la ciencia del artífice. Y como la semejanza de la sabiduría divina desciende gradualmente desde los seres supremos, que la participan en mayor grado, hasta los ínfimos, que la participan poco, decimos que hay una especie de progresión y movimiento de la sabiduría de Dios en las cosas, lo mismo que decimos que el sol baja hasta la tierra, porque sus rayos llegan hasta ella, y en este sentido habla Dionisio cuando dice que “todo proceso de la sabiduría divina llega a nosotros movido por el Padre de las luces”.

3. La Escritura aplica a Dios esas expresiones en sentido metafórico. A la manera como decimos que el sol entra o sale de una casa cuando sus rayos penetran o no en ella, así se dice también que Dios se acerca o se aleja de nosotros cuando recibimos o nos substraemos al influjo de su bondad.

ARTÍCULO 2 : Si ser inmutable es propio de Dios

Dificultades. Parece que ser inmutable no es propio de Dios.

1. Dice el Filósofo que en todo lo que se mueve hay materia. Pero hay criaturas, como los ángeles y las almas, mas, que, en opinión de algunos, no tienen materia. Luego la inmutabilidad no es exclusivamente de Dios.

2. Todo lo que se mueve, se mueve por algún fin, y, por consiguiente, alcanzado el fin último, ya no se moverá. Pero hay criaturas, como los bienaventurados, que ya consiguieron su último fin. Luego hay criaturas inmóviles.

3. Todo lo mudable es variable. Pero las formas son invariables, y así, en el libro “Sex Principiorum” se dice que “la forma consiste en una esencia simple e invariable”. Luego no es a Dios solamente a quien compete la invariabilidad.

Por otra parte, dice San Agustín: “Sólo Dios es inmutable, y, en cambio, las cosas que hace, como proceden de la nada, son mudables”.

Respuesta. Sólo Dios es inmutable en absoluto, y, en cambio, todas las criaturas son de alguna manera mudables. Para entenderlo, adviértase que de dos maneras puede ser mudable una cosa: o en virtud de una capacidad de variación que haya en ella o en virtud de algún poder que reside en otro. Antes de ser producidas las criaturas, no tenían posibilidad de existir en virtud de un poder creado, pues nada creado es eterno, sino sólo en virtud del poder divino, ya que sólo Dios podía conferirles el ser. Pero, si el dar el ser a las cosas depende de la voluntad de Dios, de ella depende también su conservación en el ser; pues conservarlas no es más que estar dándoles constantemente el ser, por lo cual, si Dios retirase su influjo, todas se reducirían a la nada, como dice San Agustín. Por tanto, así como dependió del poder del Creador que las cosas, antes de que existiesen, vinieran a la existencia, de él depende también que dejen de existir ahora que ya existen; y, por consiguiente, todas las cosas son mudables en virtud del poder de otro, esto es, de Dios, pues Él pudo hacerlas salir de la nada al ser y puede reducirlas del ser a la nada.

Si, en cambio, hablamos de inmutabilidad por razón de aptitudes o capacidades de las mismas cosas, también son mudables de alguna manera todas las criaturas. En efecto, hay en las criaturas una doble potencialidad: la activa y la pasiva, entendiendo por potencia pasiva la capacidad que tiene una cosa para alcanzar su perfección, bien sea la perfección del ser o la del fin. Si consideramos la mutabilidad de las cosas por su potencia para el ser, no todas las criaturas son mudables, sino sólo aquellas que en su ser encierran un elemento potencial compatible con su no-ser. Por esto, los cuerpos inferiores son mudables, lo mismo en cuanto a su ser substancial, pues su materia es compatible con la privación de la forma substancial que tienen, que en cuanto a su ser accidental, con tal que la existencia del sujeto tolere la privación de aquel accidente, como, v. gr., el sujeto “hombre” tolera ser “no-blanco”, y, por tanto, puede cambiar de blanco a no-blanco. Pero si el accidente es de los que brotan de los principios esenciales, su ausencia sería incompatible con la conservación del sujeto, y, por tanto, éste no puede cambiar con respecto a tal accidente; así, la nieve, por ejemplo, no puede tornarse negra. Ahora bien, la materia de los cuerpos celestes no sufre la privación de su forma, porque en ellos la forma actualiza toda la potencialidad de la materia, y por esto no pueden sufrir mutación en cuanto a su ser substancial, pero sí en cuanto al ser local, pues la permanencia del sujeto es compatible con la privación de este o aquel lugar. –Respecto a las substancias incorpóreas debido a que son formas subsistentes, y no obstante que tengan con su propio ser la misma relación que la potencia con el acto, no son compatibles con la privación del acto de ser, porque de tal modo va unido el ser a la forma, que nada se destruye o cesa de ser más que perdiendo su forma; y como en la forma no hay potencia para el no ser, síguese que estas substancias son inmutables e invariables en cuanto al ser. Y esto es lo que enseña Dionisio, quien dice que “las substancias intelectuales creadas están exentas de generación y corrupción lo mismo que las incorpóreas e inmateriales”. Pero aun les quedan dos clases de mutabilidad. Una, debida a que están en potencia para conseguir su fin, y por esto son mudables en cuanto a la elección entre el bien y el mal, como advierte el Damasceno. Otra en cuanto al lugar, ya que pueden extender su poder limitado a lugares a que antes no alcanzaban, cosa que no se puede decir de Dios, que llena por su infinidad todos los lugares, como queda dicho.

Por consiguiente, toda criatura es mudable: o en cuanto a su ser substancial, como los cuerpos corruptibles; o sólo en cuanto a su ser local, como los cuerpos celestes; o bien en cuanto al orden que dice a su fin y a la aplicación de su poder operativo a diversas cosas, como los ángeles. Son, además, mudables en general con respecto al Creador, en cuyo poder está el ser y el no ser de todas sin excepción. Pero como no es posible que Dios se mude de ninguna de estas maneras, lo propio de Él es ser inmutable.

Soluciones. 1. La objeción se refiere a las cosas mudables en cuanto a su ser substancial o accidental, y de tales cambios han tratado los filósofos.

2. Los ángeles buenos tienen, además de la inmutabilidad en el ser, que les corresponde por naturaleza, la inmutabilidad en la elección, recibida del poder divino; pero conservan la mutabilidad en cuanto al lugar.

3. Se dice que las formas son invariables, porque no pueden ser sujeto de variación, y, sin embargo, están sujetas a variación en cuanto el sujeto varía en virtud de ellas; por donde se ve que, según lo que sean, así varían, pues no son seres porque sean ellas el sujeto que existe, sino porque, debido a ellas, es cosa el sujeto en que están.

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