Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

San Juan Pablo II y Santo Tomás de Aquino (1), P. Pablo Trollano IVE

SantoTomas_PalominoIntroducción

El fin de estas líneas es recordar las enseñanzas de San Juan Pablo Magno relacionadas con la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino. Especialmente se tendrán en cuenta una serie de discursos dirigidos a la Academia Pontificia Santo Tomás de Aquino y la S.I.T.A[1].

Doble es la importancia y el interés que representan estas enseñanzas: primero, porque se trata de Santo Tomás, cuya filosofía y teología es un elemento no negociable del carisma de nuestro instituto[2], así como es –o al menos debería ser– el centro de la formación filosófica y teológica de todo seminario o universidad católica que quiera observar al Magisterio de la Iglesia, en particular las indicaciones explícitas e implícitas del Concilio Vaticano II y del Código de Derecho Canónico.

Segundo, es importante para nosotros recordar el magisterio de San Juan Pablo Magno en cuanto es Padre de la familia religiosa del Verbo Encarnado, citado al menos 1097 veces en nuestras Constituciones, Directorios y Reglamentos, bajo cuyo papado fue fundada nuestra familia y cuyo magisterio informó algunos puntos esenciales de nuestro carisma[3].

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  1. Primeras recomendaciones de Santo Tomás.

Ha sido una constante notablemente marcada del magisterio de San Juan Pablo II las recomendaciones, en diversos documentos y ocasiones, de la filosofía y teología de Santo Tomás de Aquino, desde el inicio hasta el final de su largo Pontificado.

La primera ocasión de la cual tenemos conocimiento, es la promulgación de la Constitución Apostólica Sapientia christiana, el 29 de abril de 1979. Esta culmina un largo trabajo comenzado durante el pontificado de Pablo VI, orientado a modificar y actualizar la Deus scientiarum dominus (1934) de Pio XI. El Concilio Vaticano II y las nuevas circunstancias, exigían una revisión y renovación de la formación en los seminarios, universidades y facultades eclesiásticas.

Entrando ya en las normas particulares, al referirse a la facultad de Sagrada Teología, el documento dice en el artículo 70:

en el estudio y la enseñanza de la doctrina católica aparezca bien clara la fidelidad al Magisterio de la Iglesia. En el cumplimiento de la misión de enseñar… se impartan ante todo las enseñanzas que se refieren al patrimonio adquirido de la Iglesia. Las opiniones probables y personales que derivan de las nuevas investigaciones sean propuestas modestamente como tales[4].

El artículo 71 explicita aun más la pauta: «en la enseñanza han de observarse las normas contenidas en los documentos del Concilio Vaticano II, y también en los documentos más recientes de la Santa Sede, en cuanto se refieren a los estudios académicos». La nota indica cuáles son los documentos recientes, mandando «confrontar especialmente la Carta Apostólica de Pablo VI sobre Santo Tomás de Aquino, Lumen Ecclesiae», así como los documentos de la Congregación para la Educación Católica sobre la formación filosófica en los seminarios (20 de enero de 1972)[5], y sobre la formación teológica en los seminarios (22 de febrero de 1976)[6]. Las mismas notas se repiten una vez más, casi literalmente y citando explícitamente Optatam totius 15, al tratar de las normas particulares para las facultades de filosofía (artículos 79 y 80).

En otra de las primeras menciones, en el VIII congreso Tomista internacional del año 80, el mismo Papa reconoció públicamente sus intenciones acerca de Santo Tomás, recordando sus indicaciones:

Desde el comienzo de mi pontificado no he dejado pasar ocasión propicia sin evocar la excelsa figura de Santo Tomás, como, por ejemplo, en mi visita a la Pontificia Universidad «Angelicum» y al Instituto Católico de París[7], en la alocución a la Unesco[8] y, de manera explícita o implícita, en mis encuentros con los superiores, profesores y alumnos de las Pontificias Universidades Gregoriana[9] y Lateranense[10].

Es además conocido que el entonces Card. Karol Wojtyla fue miembro fundador de la S.I.T.A., para ser más precisos, socio nº 1, presidiendo la primer reunión de dicha sociedad. Algunos años más tarde el Papa recordaba: «He tenido la alegría de pertenecer a vuestra Sociedad desde su fundación, determinada en el congreso Tomista de 1974, en el cual tomé parte»[11], y también: «desde los orígenes de esta Sociedad he compartido su ideal de “promover un diálogo profundo entre el pensamiento de Santo Tomás y la cultura de nuestro tiempo” (Estatutos, n. 1)»[12].

P. Lic. Pablo Trollano IVE

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[1] Nos ocuparemos entonces de algunos temas siguiendo principalmente los discursos, ya que entrar en estos temas según los tratan las grandes encíclicas (Fides et ratio, Veritatis Splendor, etc.) excedería con mucho nuestro propósito. Solo ocasionalmente citaremos algún punto saliente de estas.

Existe además abundante bibliografía sobre el tema: cf. especialmente Diego Pombo, «Por qué debemos tener a Santo Tomás como maestro», Diálogo 50 (2009), 51-82; Carlos A. Sacheri, «Autoridad doctrinal de Santo Tomás de Aquino», Diálogo 5 (1993), 83-95; C. Fabro, «Attualità perenne del tomismo nel Magistero Pontificio», Euntes Docete IV, 1-2 (1951) 149-162; C. Fabro, «Attualità del tomismo nell’80 dell’Enciclica Aeterni Patris», Divinitas IV (1960) 28-60; C. Fabro, «La filosofia dopo il Concilio», LOsservatore Romano, 11 Diciembre 1966, 3 y Aquinas X (1967) 76-81; C. Fabro, «Tomismo e rinnovamento della Chiesa nel mondo contemporaneo», Seminari e teologia IV, (1979) 5-8; C. Fabro, «L’antropologia teologica», en Giovanni Paolo II, Il Redentore delluomo. Testo e commenti dell’Enciclica, a cura di A. Ugenti, Logos 1979, 37-50; C. Fabro, «Significato e missione ecclesiale di S. Tommaso d’Aquino nel magistero di Giovanni Paolo II», Ecclesia Mater XVIII (1980/1 enero-abril) 36-42; C. Fabro, «Tomismo essenziale e crisi dei tomismi. Nel I centenario dell’Enciclica Aeterni Patris», Renovatio XV (1980/1) 81-102; C. Fabro, «Il significato e i contenuti dell’Enciclica Aeterni Patris», Atti dell’VIII Congresso Tomistico Internazionale, I, Roma 1981, 66-68; Lluís Clavell, «La perennità della filosofia dell’essere. L’invito di Giovanni Paolo II a studiare Tommaso d’Aquino», Acta Philosophica 5 (1996/1), 5-20; Lluís Clavell, «Raccogliere l’eredità di Giovanni Paolo II su San Tommaso d’Aquino», Doctor Communis, Atti della V sessione plenaria 24-26 giugno 2005, 21-48; etc.

Para los textos en latín, propondremos entre corchetes una traducción nuestra.

[2] Cf. Carlos M. Buela, Juan Pablo Magno, IVE Press, New York 2011, 526-528.

[3] Cf. Carlos M. Buela, Juan Pablo Magno, 517-540.

[4] Constitución Apostólica Sapientia christiana (29 de abril de 1979), art. 70; cf. AAS 71 (1979) 469-499.

[5] En el punto III) Líneas directrices para la enseñanza de la filosofía, 2, el documento remarca «un núcleo fundamental de afirmaciones [filosóficas] que tienen conexión con la revelación»: – la objetividad del conocimiento; – la posibilidad de una «ontología realista, que destaque los valores trascendentales y termine en la afirmación de un Absoluto personal y creador del universo»; – y «una antropología que salvaguarde la auténtica espiritualidad del hombre, que conduzca a una ética teocéntrica y trascendente». Y luego de citar Optatam totius 15, y de hablar acerca del patrimonio philosophico perenniter valido, el documento dice: «En este sentido, están plenamente justificadas y siguen siendo válidas las repetidas recomendaciones de la Iglesia sobre la filosofía de Santo Tomás, en la cual aquellos primeros principios de la verdad natural son clara y orgánicamente enunciados y armonizados con la revelación».

[6] Al hablar de La teología y el patrimonio teológico y filosófico-cristiano, el documento dice: «En el mismo contexto del Magisterio de la Iglesia se recuerda la fidelidad al patrimonio perennemente válido (Optatam totius 15) del pensamiento cristiano y especialmente a la enseñanza de Santo Tomás, del cual habla el Concilio (Optatam totius 16; Gravissimum educationis 10)», y un poco más adelante añade: «Bajo el impulso y en la línea de aquella tradición y a la luz de la doctrina del Doctor Común puede y debe progresar la teología, y puede y debe ser impartida la enseñanza de la misma».

Hablando de la Relación entre filosofía y teología, es aún más claro: «No es posible admitir un pluralismo filosófico que comprometa aquel núcleo fundamental de afirmaciones que están ligadas con la Revelación, como sucede en algunas filosofías afectadas por el relativismo historicista o por el inmanentismo, ya materialista ya idealista. A causa de este su defecto radical, se explica por qué hoy no es tan fácil realizar una síntesis filosófica tal como fue realizada por Santo Tomás de Aquino… Por tal motivo aparece justificada la alusión a Santo Tomás en el decreto Optatam totius 16».

Se pone además a Santo Tomás como modelo al hablar del «Humanismo cristiano» y la relación naturaleza-gracia, alertando contra el «viraje antropológico» o el antropocentrismo de la teología, y se lo vuelve a citar como modelo de integración entre teología moral y dogmática.

[7] Cf. Discurso a los profesores y alumnos del Instituto Católico de París (1 de junio de 1980), 5: «¡Que la fe piense, según la expresión admirable de San Agustín! En París, desde antiguo, estáis viviendo esa efervescencia del pensamiento, que puede ser tan creadora, como la mostró Santo Tomás con brillantez en vuestra antigua Universidad, donde él fue, antes que el modelo de los profesores, el modelo de los estudiantes».

[8] Cf. Discurso a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la CulturaUnesco (2 de junio de 1980), 6: «Genus humanum arte et ratione vivit (cf. In Post. Analyt., 1). Estas palabras de uno de los más grandes genios del cristianismo, que fue al mismo tiempo un fecundo continuador del pensamiento antiguo… La significación esencial de la cultura consiste, según estas palabras de Santo Tomás de Aquino, en el hecho de ser una característica de la vida humana como tal. El hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura»; AAS 72 (1980) 737-738.

[9] Cf. Discurso en la Universidad Gregoriana (15 de diciembre de 1979), 9. Hablando a los profesores dice: «Necesitaréis equilibrio interior, firmeza de la mente y del espíritu y, sobre todo, una profunda humildad de corazón, que os haga discípulos atentos de la verdad, en dócil escucha de la Palabra de Dios, interpretada auténticamente por el Magisterio. Los soberbios, advierte Santo Tomás, dum delectantur in propria excellentia, excellentiam veritatis fastidiunt (S. Th., II-II, q. 162, a. 3, ad 1)». [mientras se deleitan en la propia excelencia, fastidian la excelencia de la verdad]; AAS 71 (1979) 1548.

[10] Discurso a los participantes en el VIII Congreso Tomista Internacional (13 de septiembre de 1980), 1; cf. AAS 72 (1980) 1036-1046.

[11] Discurso a los participantes en el Congreso Internacional de la Sociedad Santo Tomás de Aquino” (4 de enero de 1986), 1; cf. AAS 78 (1986) 633-637.

[12] Discurso a los participantes en el III Congreso Internacional de la Sociedad Santo Tomás de Aquino” (28 de septiembre de 1991), 1; cf. AAS 84 (1992) 602-606.

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