Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

San Juan Pablo II y Santo Tomás de Aquino (6), P. Pablo Trollano IVE

Saint Thomas d'Aquin prêchant la confiance en Dieu pendant la tempête

Santo Tomás predicando la confianza en Dios durante la tempestad. Ary Scheffer 1824.

 

C. Por qué Santo Tomás merece el título de «Doctor Humanitatis».

En el mensaje del 2003, el Papa resume los distintos ítems que representan trabas concretas de la cultura moderna para alcanzar un verdadero humanismo, analizados más detenidamente en la Fides et ratio:

En la encíclica Fides et ratio analicé los factores que constituyen obstáculos en el camino del humanismo. Entre los más recurrentes se debe mencionar la pérdida de confianza en la razón y en su capacidad de alcanzar la verdad, el rechazo de la trascendencia, el nihilismo, el relativismo, el olvido del ser, la negación del alma, el predominio de lo irracional o del sentimiento, el miedo al futuro y la angustia existencial[1].

Hemos destacado de entre todos ellos al «olvido del ser», porque constituye el fundamento especulativo de todos los demás. En la Fides et ratio, Juan Pablo II escribía acerca de las consecuencias que la negación del ser acarrea a la dignidad humana un brillante párrafo que merece ser citado:

la negación del ser comporta inevitablemente la pérdida de contacto con la verdad objetiva y, por consiguiente, con el fundamento de la dignidad humana. De este modo se hace posible borrar del rostro del hombre los rasgos que manifiestan su semejanza con Dios, para llevarlo progresivamente o a una destructiva voluntad de poder o a la desesperación de la soledad. Una vez que se ha quitado la verdad al hombre, es pura ilusión pretender hacerlo libre. En efecto, verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente[2].

La antropología de Santo Tomás se fundamenta en la filosofía del ser que se remonta a la teología del Ser. Por esto, Juan Pablo II lo señala una vez más como el indicado para dar respuestas válidas a los antedichos obstáculos:

Para responder a este gravísimo desafío, que afecta al futuro del humanismo mismo, he indicado cómo el pensamiento de santo Tomás, con su firme confianza en la razón y su clara explicación de la articulación de la naturaleza y de la gracia, puede proporcionarnos los elementos básicos para una respuesta válida[3].

En el discurso del año 1990, al IX congreso Tomista internacional, el Papa Magno enumeraba esta vez las razones que hacen a Santo Tomás merecedor del título de Doctor Humanitatis, y los puntos concretos de sus enseñanzas que pueden rebatir las objeciones contra el verdadero humanismo:

éstas son, particularmente, la afirmación de la dignidad de la naturaleza humana, tan clara en el Doctor Angélico; su concepción de la curación y elevación del hombre a un nivel superior de grandeza en virtud de la Encarnación del Verbo; la exacta formulación del carácter perfectivo de la gracia, como principio-clave de la visión del mundo y de la ética de los valores humanos, tan desarrollada en la Summa, la importancia atribuida por el Angélico a la razón humana en el conocimiento de la verdad y en el tratamiento de las cuestiones morales y ético-sociales[4].

Tal visión integral del hombre y de la antropología, hace que las enseñanzas de Santo Tomás sean privilegiadas por encima de cualquier otra filosofía para «acoger los valores de todas las culturas». También por esto él merece con pleno derecho el título de Doctor humanitatis, y se convierte en un «maestro para nuestro tiempo», particularmente apto para la evangelización de la cultura:

«Doctor humanitatis» es el nombre que di a Santo Tomás de Aquino porque siempre estaba dispuesto a acoger los valores de todas las culturas. En las condiciones culturales de nuestro tiempo parece muy oportuno desarrollar cada vez más esta parte de la doctrina Tomista que trata de la humanidad, dado que sus afirmaciones sobre la dignidad de la persona humana y sobre el uso de su razón, perfectamente acorde con la fe, convierten a Santo Tomás en maestro para nuestro tiempo[5].

También en este aspecto particular, el de llamar a Santo Tomás como Doctor humanitatis, Juan Pablo II deja claro que lo hace en continuidad con el Concilio Vaticano II. Por esto creemos que todas estas recomendaciones y cometidos señalados por el Papa Magno, deben ser leídos e interpretados a la luz de dicho Concilio:

Al usar el apelativo «Doctor humanitatis», sigo las directrices del Concilio Ecuménico Vaticano II sobre el uso de la doctrina del Aquinate tanto en la formación filosófica y teológica de los sacerdotes (cf. Optatam totius 16), como en la profundización en la armonía y la concordia entre la fe y la razón en las universidades (cf. Gravissimum educationis 10)[6].

P. Lic. Pablo Trollano IVE

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[1] Mensaje al Congreso internacional sobre Humanismo Cristiano a la luz de Santo Tomás” (20 de septiembre de 2003), 6.

[2] Fides et ratio, 90.

[3] Mensaje (20 de septiembre de 2003), 6.

[4] Discurso (29 de septiembre de 1990), 1.

[5] Carta apostólica Inter munera academiarum (28 de enero de 1999), 4.

[6] Carta apostólica Inter munera academiarum (28 de enero de 1999), 4.

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