Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

La doctrina Tomista de los sentidos bíblicos (VII), P. Lic. Martín Villagrán IVE

Exégesis Tomista - santo tomás de Aquino

Consideraciones conclusivas

Como conclusión de nuestro trabajo, repasaremos sumariamente el camino recorrido a fin de obtener el panorama de lo dicho y destacar ciertos elementos que juzgamos centrales.

Si bien el corazón del trabajo ha sido el tratamiento de la doctrina y la praxis tomistas, hemos considerado que el punto introductorio dedicado a Lc 24 podría iluminar en algún modo lo que habríamos de exponer.

En este sentido, la consideración del último capítulo del Evangelio del apóstol san Lucas, ha resultado más que oportuna puesto que este texto, además de ser parte de la revelación bíblica, ha inspirado y formado la doctrina católica de todos los tiempos, en especial en este punto basilar de la interpretación de las sagradas Escrituras. Con mayor o menor conciencia, es este riquísimo capítulo evangélico que subyace en la comprensión que los cristianos proponen de la revelación divina.

Hay además dos observaciones al interno de la sección dedicada al Aquinate que puede resultar conveniente realizar nuevamente, si bien ya fueron mencionadas anteriormente.

La primera es sobre la relación de congruencia, continuidad y enriquecimiento que hemos querido evidenciar al interno de la obra de santo Tomás de Aquino en cuanto al punto de los sentidos de las Escrituras. Los dos “momentos” que hemos elegidos no han sido temporales sino cualitativos, es decir, un primer momento expositivo (deteniéndonos en sus exposiciones más o menos sitemáticas y completas del tema) y un segundo momento de aplicación de su doctrina (deteniéndonos puntualmente en una sección breve pero clave de su gigantesca obra exegética).

Hemos encontrados y evidenciado, entonces, que entre la teoría y la práxis del Aquinate, existe continuidad y mutuo enriquecimiento.

La teoría la hemos recolectado principalmente de los cinco lugares “clásicos”  que hemos buscado armonizar y confrontar para poder llegar a la mente del santo Doctor. Esta operación ha presentado sus dificultades por la diversidad sea del tiempo de composición, de la finalidad o del contexto de cada exposición en particular.

En efecto, el primer texto correspondía a la juvenil obra de Lector en París en relación al amplio tema del correcto trabajo teológico; el segundo, presenta a un santo Tomás maduro pero tratando brevemente un tema particular, la recta interpretación del relato de la creación; el tercero, también del tiempo de mayor madurez, nos daba la exposición más prolija y extensa sobre la doctrina de los sentidos bíblicos; en cuarto lugar, vimos una pequeña sección del vasto comentrio al Corpus paulino en el que trata el tema para iluminar el importante pasaje de Gal 4,21-24; finalmente, en un solo artículo se nos dio compendiada con precisión esta doctrina, como introduciendo la colosal obra de la Suma Teológica.

A pesar de la variedad señalada, se ha corroborado que la doctrina del Aquinate en este punto, se ha mantenido substancialmente firme a lo largo de su magisterio. Han quedado “abiertas” ciertamente algunas cuestiones en las que nos hemos limitado a notar sus dificultades y a proponer posibles soluciones, sin intención de zanjar las problemáticas concernientes.

Asimismo, la congruencia de estos textos considerados como un bloque de doctrina, la hemos podido extender a las obras exegéticas del Aquinate, aunque esto de un modo más discreto y limitado. En efecto, tan solo vimos una breve sección del comentario a los Salmos que, sin embargo, ha servido de base para realizar esta corroboración de continuidad, es decir, constatar que lo que santo Tomás expone sistemáticamente, tiene aplicación concreta en sus obras.

El comentario a los Salmos, tal como lo hace santo Tomás, es de una riqueza enorme suavemente opacada por el estilo de “apuntes de clases”. Sin embargo, es allí donde se puede ver la compleja red de relaciones que están involucradas en la doctrina de los sentidos bíblcos. Sentido literal (propio e impropio), sentido espiritual (alegórico, moral y anagógico), profecía y prefiguración, intención del autor humano y del divino, rol de la Iglesia en la interpretación de la Biblia (ya sean los santos Padres como los Concilios), y todos los elementos que hemos destacado en la sección teorética, están corroborados y puestos en acción, en las páginas del comentario analizado.

La elección concreta de este Comentario y, más en concreto aún, del proemio del mismo y del Salmo 22(21), han sido propicios para introducirnos -con cierta sutileza- a determinar qué entendía santo Tomás con sentido literal y espiritual.

Según el Aquinate los Salmos tienen una referencia literal a Cristo, lo cual difiere con la inteligencia moderna del Salterio que, a lo sumo, verá tan solo la posibilidad de una relectura cristiana o un sentido espiritual o una prefiguración, en el mejor de los casos. Para santo Tomás en cambio, está fuera de duda que en el Salterio exista una referencia literal cristológica, la cual podrá limitarse, es cierto, al excedente de la historia o personaje veterotestamentario, pero es referencia literal, es decir, profecía y no mera prefiguración ni, mucho menos, relectura o acomodación cristiana.

La segunda observación que queremos hacer apunta a determinar si la doctrina de los sentidos bíblicos de santo Tomás de Aquino y su práctica exegética sobreviven al ámbito hermenéutico que hemos querido establecer con el punto dedicado a Lc 24.

De ese breve punto introductorio concluíamos que el Espíritu Santo es el principal intérprete de sus Escrituras, que Cristo es su centro y cumplimiento y que los apóstoles y la Iglesia son también intérpretes “autorizados” de las mismas.

En este sentido, creemos que con lo dicho en los puntos dedicados al santo Doctor ha quedado fuera de duda su visión teándrica de las sagradas Escrituras. En efecto, su trabajo bíblico está dominado por la consideración de las dos causas que confluyen en la revelación bíblica: Dios, autor principal de todo el sentido literal de la Bilbia y el único que puede dar el sentido espiritual; el hombre, cuya intencionalidad es ciertamente considerada pues es causal instrumental y esto sin perder sus facultades propias. En la interpretación, entonces, del texto sacro es determinante principlamente la intención de Dios, dador del sentido más auténtico del mismo, aunque no se menosprecia ni descuida la intención del instrumento elegido por Dios.

Es también clara, la centralidad cristológica que presenta la noción exegética tomista. El complejo mundo de interrelaciones que hemos ya expuesto tiene como uno de sus principales fundamentos una concepción de la historia en la que el misterio de la encarnación es central. El sentido de las Escrituras está fuertemente ligada a este evento al punto que es en él que encuentra su última y más profunda explicación. Esto permitirá al Aquinate decir, por ejemplo, que en los Salmos se habla tan patentemente de la encarnación que pareciera evangelio y no profecía lo que allí se dice.

Por último, el papel de la Iglesia en el trabajo de explicar el sentido de las escrituras, es también un elemento patentemente presente en el Doctor angélico. La inteligencia que ella tiene de las Escrituras es un criterio irrefutable para el Aquinate, el cual hace recurso constante de la doctrina de los apóstoles y de sus sucesores, de las interpretaciones de los santos Padres, de las indicaciones dadas en los diversos Concilios de la Iglesia, etc.; y en todo esto, busca él, ponerse bajo la corriente de la Tradición para poner sólido fundamento a sus estudios y propuestas de interpretación.

Este es el camino recorrido, estas son las conclusiones a las que hemos arrivado a partir de las distintas operaciones realizadas en este trabajo.

Sin embargo, para concluir estas consideraciones finales, consideramos oportuno hacer al menos una mención, breve necesariamente, a dos importantes exposiciones “modernas” de la doctrina de los sentidos bíblicos para denotar la actualidad e importancia de nuestro tema. Los textos aludidos se encuentran, uno, en el conocido Documento que la PCB publicó en el año 1993 titulado La interpretación de la Biblia en la Iglesia y, el otro, en el CIC en su presentación definitiva del año 1997[1].

La oportunidad de traer a consideración este Documento de la PCB se debe a la fuerza representativa y a la autoridad que éste ha adquirido dentro del ámbito de los estudios bíblicos, especialmente en el mundo católico. De hecho es un Documento que, con justicia, se ha convertido en referente para tantos estudiosos y que ha ayudado grandemente a establecer principios, evitar abusos y abrir importantes líneas de investigación.

Sin embargo, hay otra razón, más negativa si se quiere, de la “oportunidad” de esta elección. En efecto, encontramos acá una exposición de la doctrina de los sentidos bíblicos en la que se puede notar algunas divergencias con respecto a lo que hemos venido diciendo hasta el momento. En efecto, la distinción que la PCB hace entre el sentido literal y el espiritual, y por ende la “definición” que da de cada uno de ellos, no corresponde al concepto tomista, a pesar de que en el Documento se haga mención a santo Tomás justamente al hablar del papel fundamental del sentido literal[2].

Tábet, que ha estudiado esta problemática, considera que las diferencias se deben a la perspectiva que ha asumido el Documento de la PCB al momento de tratar este punto de la hermenéutica bíblica. Según él, “se podría hablar substancialmente de dos tradiciones diversas: una, más en conformidad con la teología agustiniana-tomista”[3] y otra recogida por la exégesis histórico-crítica y, hasta cierto punto, por el Documento de la PCB[4]. El mismo autor trata de clarificar buscando las equivalencias y el acuerdo que hay entre ambas diciendo: “la exégesis histórica crítica y el Documento della PCB han tomado, si bien con sus matices propios, una definición de sentido literal que correspondería al ‘sensus principalis’ de la teología tomista, aunque la metodología usada en su estudio sea notablemente diversa (…). Más propiamente la exégesis crítica en cuanto tal busca el ‘sentido de la letra’ (o sea lo que el texto sometido al proceso de crítica histórica y literaria realmente debería decir, o aquello que puede ser reconstruido más allá del texto tomado como fuente), no el ‘sentido literal’ (entendido como sentido querido por el autor considerado en su dinámica sicológica personal), aunque ciertamente que no es el sentido ‘literalista’”[5].

En segundo lugar, la mención a los puntos 115-119 del CIC es también oportuna por ser una renovada propuesta magisterial de la doctrina de los sentidos de la Escritura. Más allá de la brevedad y consición de la misma, nos limitamos a destacar su afinidad terminológica y conceptual con la exposición tomista.

Por su parte, Tábet hace notar la amplitud que el concepto de sentido literal adquiere en la definición del CIC: “Se incluyen, dirá, en el sentido literal todos los niveles de profundización del texto bíblico, desde el más obvio y extrínseco al más interno y profundo, siempre que sean fruto de la investigación científica teológico-racional sobre las palabras de la Escritura. Por tanto, aquello que una cierta tendencia exegética ha llamado ‘sentido histórico-literal’ por ser producto de la aplicación de las técnicas de las ciencias históricas y literarias, como aquel que eventualmente ha recibido el nombre de ‘sentido teológico’ porque intenta encontrar el sentido querido por Dios según los principios teológicos de la exégesis, obtuvieron ambos derecho de ciudadanía como ‘sentido literal’”[6]. Y con esto no sólo señala Tábet la riqueza del concepto sino también la férrea unidad interna que posee. De hecho continuará del siguiente modo: “Más aún, se postula que no puede existir entre ambos sino un íntimo acuerdo y compenetración por aquello que se ofrece para ambos una única terminología, justamente la de ‘sentido literal’. Como consecuencia, tampoco puede desaparecer el necesario diálogo entre exégesis histórico-literaria y exégesis teológica, entre teología sistemática y exégesis bíblica, y ninguna de estas tareas puede ser considerada una sobre determinación extrínseca ”[7].

Basten estas breves menciones a ambos textos (omitiendo un análisis más detallado que sería desproporcionado en estas consideraciones finales) para conectar lo que hemos tratado con el momento actual de los estudios exegéticos.

Finalicemos nuestra labor con el Beda que, citado por santo Tomás en la Catena Aurea sobre Lucas 24, nos ayudará a entender la importancia de lo que hemos tratado en estas páginas:

“Si Moisés y los profetas han hablado de Cristo, y predijeron que habría de entrar en la gloria por la pasión, ¿cómo se gloría de ser cristiano quien ni investiga de qué modo las Escrituras se refieren a Cristo, ni desea llegar por la pasión a la gloria que desea tener con Cristo?”[8].

Deo gratias


[1] Ya en el año 1992 se había publicado una edición ad experimentum en lengua francesa.

[2] Cfr. PCB, La interpretación de la Biblia en la Iglesia, en Enquiridion bíblico, op. cit., § 1405. Allí se hace referencia al texto de Summa Theologiae, I, q. 1, a. 10, ad 1 donde se dice que “el sentido espiritual se funda sobre el literal y lo supone”. “[…] sensus spiritualis; qui super litteralem fundatur, et eum supponit”.

[3] M. Á. Tábet, «Il senso letterale e il senso spirituale della Sacra Scrittura: un tentativo di chiarimento terminologico e concettuale», op. cit., p. 46.

[4] Cfr. Ibidem, p. 48.

[5] Ibidem, p. 48-50.

[6] M. Á. Tábet, «La sacra Scrittura nel Catechimo della Chiesa Cattolica», Annales Theologici 7 (1993), p. 30.

[7] Ibidem, p. 30-31. Añade Tábet en seguida que “si bien no se menciona la cuestión del ‘sensus plenior’, la la misma definición dad del ‘sentido literal’ parece considerarla superada positivamente: esta definición de hecho va más allá de cualquier visión minimalista, propia de una exégesis que privilegia y absolutiza los criterios racionales, ofreciendo espacio al contenido total tal como se deduce del conjunto de la revelación y, en particular, del cumplimiento neotestamentario de los textos escriturísticos, en la medida en que este significado profundo fue intentado por Dios”.

[8] “Si autem Moyses et prophetae de Christo locuti sunt, et eum per passionem in gloriam intraturum praedixerunt; quomodo gloriatur se esse christianum qui neque qualiter Scripturae ad Christum pertineant investigat, neque ad gloriam quam cum Christo habere cupit, per passionem attingere desiderat?”. Santo Tomás de Aquino, Glossa continua super Lucam, c. 24.

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