Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

La murmuración, pecado contra el prójimo

La murmuración, pecado contra el prójimo

“Tu boca fue muy maldiciente, y tu lengua urdía engaños. Te sentabas para hablar contra tu hermano, y armabas lazos al hijo de tu misma madre. Tales cosas has hecho, y yo he callado. –Pensaste injustamente que yo había de ser como tú. Mas yo te pediré cuentas y te lo echaré en cara” (Sal 49, 19-21).


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[I]Tu boca

Trata aquí del pecado de la boca, el cual se agrava de dos modos.

[1] Primero por las circunstancias; [2] segundo, por la condición de las personas: te sentabas

[1] Acerca de lo primero trata dos cosas: [A] primero pone las condiciones agravantes, es decir la [a] frecuencia; otra es el [b] dolo.

[a] La frecuencia: porque si alguien comete un pecado alguna vez, es de tolerar en algún modo. O si por una caída con la lengua dice algo desordenado, es más fácil de llevar. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto (St 3,2). Pero si alguien llena su boca de maldiciones, entonces procede de su propia malicia, puesto que de la abundancia del corazón habla la boca, (Mt 12,34); cuya boca está llena de maldición y amargura (Sal 13).

[b] El pecado de la lengua se agrava también por el dolo o fraude: Saeta afilada su lengua, habló engaño (Jer 9,8). Y por eso dice y tu lengua urdía, es decir componía, engaños, y casi como enseñando arreglaba engaños, para que sus palabras fuesen placenteras: el testigo inconsiderado suelta una jerga de mentiras (Pro 12,19).

[2] Te sentabas a hablar contra tu hermano. Aquí muestra como el pecado de la lengua se agrava por la condición de las personas.

[A] Primero, por la condición del que habla; [B] segundo, por la condición de aquel contra quién habla; [C] tercero, por la condición de los oyentes.

[A] Dice, pues, te sentabas. Algunas veces sucede que alguien, perturbado y enfadado, dice palabras amargas, lo cual es siempre tolerable. Pero cuando alguien, con el corazón tranquilo, no enfadado, dice cosas malas, esto es inicuo y detestable. Y por esto dice, te sentabas, es decir, tranquilo: Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta (Sal 68,13).

[B] El pecado se agrava también por la persona contra la cual habla, porque si hablara contra alguien inicuo, sería al contrario. Pero dice, contra tu hermano: Guárdese cada uno de su prójimo, y en ningún hermano tenga confianza, porque todo hermano engaña con falacia, y todo compañero anda calumniando (Jer 9,4).

[C] Ponías tropiezos (scandalum) al hijo de tu misma madre. Aquí muestra de qué modo se agrava por parte de aquellos que a raíz de esto se escandalizan, es decir los oyentes. Y por eso dice, ponías tropiezos (scandalum), esto es, diferentes cosas en contra de tu hermano. Y lo que dice: al hijo de tu misma madre, muestra que los pequeños de pecho son llamados hijos de la madre, y que los pequeños se escandalizan de las palabras malas que dice.

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[II] Tales cosas has hecho, y yo he callado.

Aquí trata del disimulo de Dios. Y [1] primero pone el disimulo de Dios. [2] Segundo, pone los efectos de tal disimulo en los malos, cuando dice: pensaste

[1] Pues dice, tales cosas has hecho, es decir todo lo que ha sido dicho arriba: hablaste cosas buenas pero hiciste cosas malas, y, hablando el Salmista en la persona de Dios dice, y yo he callado, es decir, no te corregí y castigué inmediatamente, sino que por clemencia y misericordia esperé que hicieras penitencia: he callado, he guardado silencio (Is 42,14); ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? (Ro 2,4).

[2] Pero el hombre malo y el pecador abusan de esta clemencia en su soberbia: Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios (Ro 2,5). Y por eso dice, Pensaste injustamente que yo había de ser como tú.

Arriba se dijo, si veías un ladrón, corrías con él… (cf. Sal 49,18). Por esto, argumentan los pecadores, y los inicuos creen que el pecado place a Dios y no castiga, porque calla: tales cosas has hecho, y yo he callado. Pero tal estimación es inicua, puesto que a Dios le son igualmente aborrecibles el impío y su impiedad, como se dice en Sabiduría 14,9; y Habacuc 1,13: limpios son tus ojos para no ver el mal, y no puedes mira la iniquidad.

[III] Mas yo te pediré cuentas.

Aquí se trata de la divina garantía. [1] Primero, en su reprensión; [2] segundo en el efecto.

[1] Pues dice, yo te pediré cuentas, esto es, te condenaré: Señor, no me reprendas en tu furor, ni me corrijas en tu ira (Sal 6,2).

[2] En la ira está el efecto: te lo echaré en cara. Dios no solo lo castigó por sí mismo, sino también por otras creaturas: todo el universo peleará con él contra los insensatos (Sab 5,21). Pero además el mismo hombre pelea contra sí por el remordimiento de la conciencia. Y de este modo pelea contra sí, y se acusa por sí mismo. Y esto es lo que dice, te lo echaré en cara, es decir tú mismo te condenarás: ¿Nadie te ha condenado?…Nadie, Señor… tampoco yo te condeno. O también, te lo echaré en cara, es decir por medio de las creaturas, como se dice en Sab 5,21, sean racionales como los ángeles y santos, o irracionales, de las cuales se usa mal por el pecado. ¿Por qué me has puesto por blanco de tus enojos, tanto que ya me he hecho intolerable a mí mismo? (Job 7,20), porque el pecador dice contra sí mismo, descarriados hemos ido del camino de la verdad (Sab 5,6); descubriré tus infamias ante tu misma cara (Nah 3,5); el semblante descarado que presentan da testimonio contra ellos (Is 3,9). Y esta pena es el remordimiento de la conciencia. [1]


[1] Os tuum. Hic agit de peccato oris, quod aggravatur dupliciter. Primo ex circumstantiis. Secundo ex conditione personarum, ibi, sedens. Circa primum duo facit. Primo ponit conditiones aggravantes, scilicet frequentiam. Aliud est dolositas. Frequentia: quia si aliquando quis committat aliquod peccatum, aliquo modo tolerabile est. Vel si ex lapsu linguae aliquod inordinatum dicat, facilius portatur: Jac. 3: si quis verbo non offendit, hic perfectus est vir. Si quis autem os suum implet maledictionibus, tunc ex malitia propria procedit: nam ex abundantia cordis os loquitur, Mat. 12. Psal. 13: quorum os maledictione et cetera. Aggravatur etiam peccatum linguae ex dolositate, sive fraude: Jer. 9: sagitta vulnerans lingua eorum dolum locuta est; et ideo dicit, et lingua tua concinnabat dolos, idest componebat, et quasi ut docens ordinabat dolos, ut verba ejus essent placentia: Prov. 12: qui testis est repentinus, concinnat verba mendacii.

Sedens adversus fratrem tuum loquebaris. Hic ostendit quomodo peccatum linguae aggravatur ex conditione personarum. Et primo ex conditione loquentis; secundo ex conditione ejus contra quem loquitur; tertio ex conditione audientium. Dicit ergo, sedens. Contingit aliquando quod aliquis dicit amarum verbum commotus et provocatus: et hoc utcumque tolerabile est. Sed quando aliquis quieto corde, non provocatus, dicit mala, hoc iniquum et detestabile est: et ideo dicit, sedens, scilicet quietus: Ps. 68: adversum me loquebantur qui sedebant in porta. Ex persona ejus contra quem loquitur, aggravatur peccatum: quia si loqueretur contra iniquum, secus esset. Sed dicit, adversum fratrem tuum: Jer. 9: unusquisque a proximo se custodiat. Et adversum filium matris tuae ponebas scandalum. Hic ostendit quomodo aggravatur ex parte eorum qui ex hoc scandalizantur, scilicet audientium; et ideo dicit, ponebas scandalum, scilicet aliorum contra fratrem tuum. Et quod dicit, filium matris tuae, ostendit, quod parvuli lactentes dicuntur filii matris, et pusilli scandalizantur de verbis malis quae dicit.

Haec fecisti, et tacui. Hic agit de Dei simulatione. Et primo ponitur dissimulatio Dei. Secundo ponitur effectus dissimulationis in malis, ibi, existimasti. Dicit ergo, haec fecisti, scilicet omnia quae supra dicta sunt: locutus es bona, et perpetrasti mala, ut sic loquatur Psalmista in persona Dei, et ego tacui, quasi scilicet non statim te correxi et punivi; sed ex clementia et misericordia te ad poenitentiam expectavi: Isa. 42: tacui, semper silui: Rom. 2: an ignoras quod benignitas Dei ad poenitentiam te adducit? Sed homo malus et peccator hac clementia abutitur in superbia: Rom. 2: secundum duritiam tuam et cor impoenitens thesaurizas tibi iram et cetera. Et ideo dicit, existimasti inique, quod ero tui similis. Dictum est autem supra, si videbas furem et cetera. Arguunt ex hoc peccatores, et credunt iniqui quod peccatum placeat Deo et non puniat, quia tacet, haec fecisti et tacui; sed haec existimatio est iniqua, quia similiter odio sunt Deo impius et impietas ejus, ut dicitur Sap. 14: et Habac. 1: mundi sunt oculi tui ne videant mala, et ad iniquitatem respicere non poteris.

Sed arguam te. Unde hic ponitur divina securitas. Et primo in ejus reprehensione. Secundo in effectu. Dicit ergo, arguam te, idest condemnabo te: Psal. 7: domine ne in ira tua corripias me. In ira est effectus, statuam contra faciem tuam. Deus qui punit, non solum punit per seipsum, sed per alias creaturas: Sap. 5: pugnabit cum eo orbis terrarum contra insensatos: item etiam ipse homo contra se pugnat per remorsum conscientiae. Et sic etiam contra se pugnat, et per seipsum arguit; et hoc est, quod dicit, statuam te contra faciem tuam, idest tu ipse te condemnabis: Joan. 8: nemo te condemnavit: nemo domine: nec ego te condemnabo. Vel, statuam contra faciem tuam, scilicet creaturas, ut dicitur Sap. 5. Sive rationales, idest Angelos et sanctos; sive irrationales, quibus male usus est in peccatis: Job 7: posuisti me contrarium tibi, et factus sum mihimetipsi gravis, quia contra seipsum peccator dicet, Sap. 5: erravimus a via veritatis: Nahum 3: revelabo pudenda tua in faciem tuam: Isa. 3: agnitio vultus eorum respondebit eis. Et haec poena est vermis conscientiae.

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