Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

La pérdida del ser y el quijotismo (IV), P. Carlos Miguel Buela IVE

La pérdida del ser y el quijotismo (IV)

nihilismo

II.2. La pérdida del ser y la estupidez

a. Negación y nihilismo

La anticultura como vaciamiento del logos constituye la insensatez esencial, la estupidez que, en cierto modo, es insensatez. La pérdida del ser es como una sombra negativa del logos: “La estupidez es omnipresente, infinita como el ser” y, en verdad, decía Sciacca en 1970, “nadie la ha hecho objeto de meditación filosófica”.[1] La medida, que es el signo de la inteligencia, es todo[2]; perdida la medida (que es lo mismo que perder el ser) nace, como perpetua amenaza, la estupidez que es el “oscurecimiento” de la inteligencia. Como se ve, la estupidez no es la ignorancia, porque consiste en “negar aquello que no se ve y no se comprende” y porque, simultáneamente, no quiere ver ni comprender y, desde el comienzo, “niega el límite y la inteligencia porque tiene una concepción del ser que es su negación[3]. Así no es ya el ser el que pone los límites del conocer sino el conocer los límites del ser y niega todo aquello que no sea experimentable y racionalizable. De ahí su mortal peligrosidad, porque “lo material y lo racional, abandonados a sí mismos y a su engranaje en la pérdida de la inteligencia del ser, marchan, entremezclados, hacia el nihilismo”[4]. La estupidez es, por eso, arrogante en el modo, autoritaria, pretenciosa, activista, privada de verdadera inquietud espiritual, enfática, niveladora por lo bajo, terminista; ha perdido, pues, no la razón sino la luz de la razón que es la inteligencia del ser y, con ella, pierde también la voluntad y los sentimientos a los que sustituye por la “imbecilidad sentimental” paralela a la “imbecilidad racional” y la “imbecilidad volitiva”. Como dice Sciacca con su prosa punzante: “la estupidez, perdido el límite, es capaz de cualquier estupidez y nada la detiene; su prueba maestra la efectúa en la negación de Dios con el arma, típica del estúpido, de arrojarles el ridículo y ridiculizar a quienes creen: el Cristo escarnecido es la obra maestra de la estupidez y se repite, es contemporáneo en la conciencia y en la acción de todo el hombre”.[5]

El proceso iniciado por el Iluminismo y que ha conducido a la negación tanto de la paideia griega cuanto de la paideia cristiana, que ha “resuelto” el ser en la nada desde el hegelismo en adelante, ha vaciado, como ya dije, al logos del ser, sumiéndolo en una suerte de estupidez metafísica que es la inversión de la vocación del hombre. Y esto no es otra cosa que el nihilismo que, como un abismo amenaza de muerte a la cultura occidental.

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b. El odio y la culminación de la estupidez

Este nihilismo utiliza un método propio que Sciacca denomina método de la reducción a: «niega el principio dialéctico o del “ser en relación a” y, con él, la dialéctica de los límites»; de modo que el reducir a, muestra al método como “adialéctico” procediendo por sucesivas negaciones del ser (nihilismo)[6]. Siempre reducción-sustitución, nivelamiento-fagocitación, porque el singular es reducido y fagocitado por lo “colectivo” primero y, luego, por la simple “cosa”. Al perder la inteligencia del ser y, con ella, los límites, cualquier cosa puede absolutizarse poniendo la raíz del fanatismo y, en el fondo, reduce y sustituye el amor del ser, la alteridad por amor (que ya he analizado) por la egoidad[7] por odio que es la causa más profunda de la impiedad como falta de respeto por todo (porque odia todo).

Perdido el ser y el respeto por todo, se pierde la pietas en sus tres formas: 1º “hacia sí mismos y aquellos con los cuales se constituye el núcleo familiar; 2º hacia sí mismos y los otros en el darse de las leyes, 3º y hacia Dios”; y por eso, es “la falta de respeto hacia toda cosa, institución y valor”, viniendo así a coincidir con el nihilismo[8] y con la anticultura. Y como la estupidez siempre se siente amenazada por la inteligencia del ser, se enmascara; por eso están frente a frente el prósopon como “apariencia exterior” [como careta] y la hipóstasis que es la persona[9]. Mientras la hipóstasis sólo aspira a ser lo que es en sus límites ontológicos, el prósopon se enmascara “y quiere aparecer prosopopeía[10], la personificación de todo”[11].  Así nos fabricamos máscaras, una para ti, una para mí, hasta lograr el máximo de la estupidez en la “masa” donde es posible llamarnos con un “nosotros” vago e indistinto, todo potenciado por los medios audiovisuales hasta generar un nuevo tipo de estúpido en una “sociedad” advenediza. Mientras la inteligencia resiste, la tentación de la estupidez es casi irresistible porque es “apreciada y bien remunerada”: Ella dirige las emociones colectivas, puede fabricar las opiniones hasta hacerlas valer como “opinión pública”. De semejante modo, la estupidez, mediante la propaganda, puede llegar a ser estado permanente y casi constitutiva de una sociedad y hasta de la humanidad toda[12]. En este juego negativo entra la relación consumo-producción, que Sciacca muestra simbólicamente como el acoplamiento de dos dioses, el dios Consumo y la diosa Producción, que en el tiempo por venir generará el mundo del hombre “felicísimo” consumidor de ilimitada cantidad de productos artificiales y artefactos, en virtud de su concupiscencia sin cesar estimulada. Este sometimiento de la inteligencia, culminación de la estupidez y la anticultura, es el momento en el cual se problematiza la hipóstasis la que, o cede a la tentación de su propia nadificación dejándose tragar por el prósopon, o rompe con el “sistema de la estupidez” por el re-descubrimiento del ser.  Llegados a este punto, aun es posible ir más lejos en el plano general de la historia y de la cultura de Occidente.


[1] L’oscuramento dell’intelligenza, p. 50.

[2] Il magnifico oggi, p. 107.

[3] L’oscuramento dell’intelligenza, p. 62. [Esto es típico del progresismo cristiano].

[4] Ibídem, p. 64.

[5] Ibídem, p. 68

[6] Ibídem, p. 70.

[7] Egoidad: es la cualidad propia del egoísta.

[8] Il magnifico oggi, p. 17-18.

[9] L’oscuramento dell’intelligenza, p. 78.

[10] Prosopopeya (del gr. προσωποποii,a). f. Ret. Figura que consiste en atribuir a las cosas inanimadas o abstractas, acciones y cualidades propias de seres animados, o a los seres irracionales las del hombre. || 2. Coloquial: Afectación de gravedad y pompa. Gasta mucha prosopopeya.

[11] Ibídem, p. 79.

[12] Ibídem, p. 84.

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