Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

LIBRO III – Dios, fin último y gobernador supremo

LIBRO III – DIOS, FIN ÚLTIMO Y GOBERNADOR SUPREMO

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I. – Proemio
CAPÍTULO II.– Todo agente obra por un fin
CAPÍTULO III. – Todo agente obra por el bien
CAPÍTULO IV – El mal existente en las cosas no es intencionado
CAPÍTULOS V y VI. – Razones por las que parece probarse que el mal no es ajeno a la intención [y solución de las mismas]
CAPÍTULO VII. – El mal no tiene esencia alguna
CAPÍTULOS VIII y IX. – Razones por las que parece probarse que el mal es una naturaleza o algo real [y solución de las mismas]
CAPÍTULO X. – La causa del mal es el bien
CAPÍTULO XI. – El mal se funda en el bien
CAPÍTULO XII. – El mal no destruye totalmente al bien
CAPÍTULO XIII. – El mal tiene cierta causa
CAPÍTULO XIV. – El mal es una causa accidental
CAPÍTULO XV. – El sumo mal no existe
CAPÍTULO XVI. – El fin de todas las cosas es el bien
CAPÍTULO XVII – Todo está ordenado a un solo fin, que es Dios
CAPÍTULO XVIII.– Cómo es Dios el fin de las cosas
CAPÍTULO XIX. – Todo lo creado intenta asemejarse a Dios
CAPÍTULO XX. – Cómo imitan las cosas la divina bondad
CAPÍTULO XXI. – Las cosas tienden por naturaleza a asemejarse Dios, en cuanto que es causa
CAPÍTULO XXII – De qué diversas maneras se ordenan las cosas a sus propios fines
CAPÍTULO XXIII.– El movimiento del cielo obedece a un principio inteligente
CAPÍTULO XXIV. – Cómo apetecen el bien incluso los seres que carecen de conocimiento
CAPÍTULO XV. El fin de toda substancia intelectual es el entender a Dios
CAPÍTULO XXVI. – Si la felicidad consiste en un acto de la voluntad
CAPÍTULO XXVII. – La felicidad humana no consiste en los deleites carnales
CAPÍTULO XXVIII. – La felicidad no consiste en los honores
CAPÍTULO XXIX. – La felicidad humana no consiste en la buena reputación
CAPÍTULO XXX.– La felicidad humana no está en las riquezas
CAPÍTULO XXXI.– La felicidad no está en el poder mundano
CAPÍTULO XXXII. – La felicidad no consiste en los bienes corporales
CAPÍTULO XXXIII. – La felicidad humana no está en la parte sensitiva
CAPÍTULO XXXIV. – La suprema felicidad del hombre no consiste en los actos de las virtudes morales
CAPÍTULO XXXV. – La felicidad suprema no está en el ejercicio de la prudencia
CAPÍTULO XXXVI. – La felicidad no consiste en el ejercicio del arte
CAPÍTULO XXXVII. – La felicidad suprema del hombre consiste en la contemplación de Dios
CAPÍTULO XXXVIII. – La felicidad humana no consiste en el conocimiento de Dios que comúnmente tienen muchos
CAPÍTULO XXXIX.– La felicidad humana no consiste en el conocimiento de Dios adquirido por demostración
CAPÍTULO XL. – La felicidad humana no consiste en el conocimiento de Dios tenido por la fe
CAPÍTULO XLI – Si el hombre puede en esta vida entender las substancias separadas mediante el estudio e investigación de las ciencias especulativas
CAPÍTULO XLII. – En esta vida no podemos entender las substancias separadas, como afirma Alejandro
CAPÍTULO XLIII – En esta vida no podemos entender las substancias separadas, como afirma Averroes
CAPÍTULO XLIV. – La felicidad última del hombre no consiste en el conocimiento de las substancias separadas, según imaginan las opiniones anteriores
CAPÍTULO XLV. – En esta vida no podemos entender las substancias separadas
CAPÍTULO XLVI. – En esta vida el alma no se entiende a sí misma por sí misma
CAPÍTULO XLVII. – En esta vida no podemos ver a Dios por esencia
CAPÍTULO XLVIII. – La felicidad última del hombre no está en esta vida
CAPÍTULO XLIX. – Las substancias separadas no ven a Dios por esencia por el hecho de conocerlo por sus propias esencias
CAPÍTULO L. El deseo natural de las substancias separadas no se aquieta con el conocimiento natural que ellas tienen de Dios
CAPÍTULO LI. – Cómo se ve a Dios por esencia
CAPÍTULO LII. – Ninguna substancia creada puede llegar por su propio poder a ver a Dios por esencia
CAPÍTULO LIII. – El entendimiento creado precisa de alguna influencia de la luz divina para ver a Dios por esencia
CAPÍTULO LIV. – Razones que parecen probar que no se puede ver a Dios por esencia, y solución de las mismas
CAPÍTULO LV. – El entendimiento creado no capta totalmente la substancia divina
CAPÍTULO LVI. – Ningún entendimiento creado ve, al ver a Dios, cuantas cosas pueden verse en Él
CAPÍTULO LVII. – Todo entendimiento creado, de cualquier grado que sea, puede participar de la visión divina
CAPÍTULO LVIII. – Uno puede ver a Dios más perfectamente que otro
CAPÍTULO LIX. – Cómo ven todas las cosas quienes ven la substancia de Dios
CAPÍTULO LX. – Quienes ven a Dios ven todo en Él simultáneamente
CAPÍTULO LXI. – Por la visión de Dios se hace uno participante de la vida eterna
CAPÍTULO LXII. – Los que ven a Dios, perpetuamente le verán
CAPÍTULO LXIII. – De qué manera serán colmados todos los deseos del hombre en aquella felicidad terminal
CAPÍTULO LXIV. – Dios gobierna las cosas con su providencia
CAPÍTULO LXV. – Dios conserva las cosas en el ser
CAPÍTULO LXVI. – Nada da el ser si no obra por virtud divina
CAPÍTULO LXVII. – Dios es causa del obrar de todos los que obran
CAPÍTULO LXVIII. – Dios está en todo lugar
CAPÍTULO LXIX.– Sobre la opinión de aquellos que privan a las cosas naturales de sus propias acciones
CAPÍTULO LXX.– Cómo un mismo efecto procede de Dios y, a la vez, de la naturaleza agente
CAPÍTULO LXXI. – La divina providencia no excluye totalmente de las cosas el mal
CAPÍTULO LXXII. – La divina providencia no excluye la contingencia de las cosas
CAPÍTULO LXXIII. – La divina providencia no quita la libertad de albedrío
CAPÍTULO LXXIV. – La divina providencia no excluye lo fortuito ni lo casual
CAPÍTULO LXXV. – La providencia divina alcanza a los contingentes singulares
CAPÍTULO LXXVI. – La providencia divina sobre lo singular es inmediata
CAPÍTULO LXXVII. – La ejecución de la divina providencia se realiza mediante las causas segundas
CAPÍTULO LXXVIII. – Dios gobierna mediante las criaturas intelectuales a las demás
CAPÍTULO LXXIX.– Las substancias intelectivas inferiores son regidas por las superiores
CAPÍTULO LXXX. – De la ordenación de los ángeles entre sí
CAPÍTULO LXXXI.– De la ordenación de los hombres entre sí y con respecto a las otras cosas
CAPÍTULO LXXXII. – Dios gobierna los cuerpos inferiores mediante cuerpos celestes
CAPÍTULO LXXXIII. – Epílogo de todo lo dicho
CAPÍTULO LXXXIV.– Los cuerpos celestes no influyen en nuestros entendimientos
CAPÍTULO LXXXV. – Los cuerpos celestes no son causa de nuestras voliciones ni de nuestras elecciones
CAPÍTULO LXXXVI. – Los efectos corporales de los cuerpos inferiores no son producidos necesariamente por los cuerpos celestes
CAPÍTULO LXXXVII. – El movimiento del cuerpo celeste no es causa de nuestras elecciones por virtud del alma que lo mueve, como dicen algunos
CAPÍTULO LXXXVIII. – Sólo Dios puede ser causa directa de nuestras elecciones v voliciones, y no las substancias separadas creadas
CAPÍTULO LXXXIX. – El movimiento de la voluntad es causado por Dios y no sólo por el poder de la voluntad
CAPÍTULO XC.– Las elecciones y voliciones humanas están sujetas a la divina providencia
CAPÍTULO XCI.– De qué modo se reduzcan las cosas humanas a las causas superiores
CAPÍTULO XCII. – En qué sentido se dice que alguien es bien afortunado y cómo sea ayudado el hombre por las causas superiores
CAPÍTULO XCIII. – De la fatalidad: si existe y qué es
CAPÍTULO XCIV.– De la certidumbre de la providencia divina
CAPÍTULOS XCV y XCVI. – La inmutabilidad de la providencia divina no excluye la utilidad de la oración
CAPÍTULO XCVII. – Cuál sea la causa de la disposición de la divina providencia
CAPÍTULO XCVIII. – Cómo puede Dios obrar o no fuera del orden de su providencia
CAPÍTULO XCIX.– Dios puede obrar fuera del orden impuesto a las cosas produciendo efectos sin causas próximas
CAPÍTULO C.– Lo que Dios hace fuera del orden natural no es contra la naturaleza
CAPÍTULO CI. – De los milagros
CAPÍTULO CII. – Sólo Dios hace milagros
CAPÍTULO CIII. – De qué manera las substancias espirituales obran algunas cosas admirables, pero que no son verdaderamente milagros
CAPÍTULO CIV.– Las obras de los magos no proceden solamente de la influencia de los cuerpos celestes
CAPÍTULO CV.– De dónde reciben su eficacia las obras de los magos
CAPÍTULO CVI. – La substancia intelectual que da eficacia a las obras mágicas no es moralmente buena
CAPÍTULO CVII. – La substancia intelectual de cuyo auxilio se valen las artes mágicas no es mala por naturaleza
CAPÍTULO CVIII. – Razones que, al parecer, prueban que en los demonios no puede haber pecado
CAPÍTULO CIX. – Que en los demonios puede haber pecado, y naturaleza del mismo
CAPÍTULO CX. – Solución de las objeciones expuestas
CAPÍTULO CXI. – Las criaturas racionales están sujetas a la divina providencia por un motivo especial
CAPÍTULO CXII. – Las criaturas racionales son gobernadas por ellas, y las demás, para ellas
CAPÍTULO CXIII. – La criatura racional es dirigida a sus actos por Dios no sólo específica o colectivamente, sino incluso individualmente
CAPÍTULO CXIV. – Dios da leyes a los hombres
CAPÍTULO CXV.– La ley divina ordena al hombre principalmente a Dios
CAPÍTULO CXVI. – El fin de la ley divina es amar a Dios
CAPÍTULO CXVII.– La ley divina nos ordena al amor del prójimo
CAPÍTULO CXVIII.– Los hombres están obligados por ley divina a aceptar la verdadera fe
CAPÍTULO CXIX.– Nuestra mente se dirige a Dios mediante ciertas cosas sensibles
CAPÍTULO CXX.– El culto de latría sólo se ha de tributar a Dios
CAPÍTULO CXXI. – La ley divina ordena al hombre según razón acerca de lo corporal y sensible
CAPÍTULO CXXII. – Por qué razón la simple fornicación sea pecado, según la divina ley, y que el matrimonio sea cosa natural
CAPÍTULO CXXIII. – El matrimonio debe ser indivisible
CAPÍTULO CXXIV. – El matrimonio debe ser de uno con una
CAPÍTULO CXXV. – No debe pactarse matrimonio entre allegados
CAPÍTULO CXXVI. – Si todo ayuntamiento carnal es pecado
CAPÍTULO CXXVII. – No es en sí pecado el uso de cualquier manjar
CAPÍTULO CXXVIII. – Cómo según la ley de Dios se ordena el hombre con el prójimo
CAPÍTULO CXXIX.– En las acciones humanas hay cosas que naturalmente son rectas y no sólo por ser sancionadas por la ley
CAPÍTULO CXXX.– De los consejos que se dan en la ley divina
CAPÍTULO CXXXI.– Error de los que impugnan la pobreza voluntaria
CAPÍTULO CXXXII.– De los géneros de vida de quienes abrazan la pobreza voluntaria
CAPÍTULO CXXXIII.– Cómo la pobreza es buena
CAPÍTULO CXXXIV.– Solución a las objeciones contra la pobreza expuestas anteriormente
CAPÍTULO CXXXV.– Solución a las objeciones contra los diversos géneros de vida de quienes abrazan la pobreza voluntaria
CAPÍTULOS CXXXVI y CXXXVII.– Error de los que impugnan la continencia perpetua
CAPÍTULO CXXXVIII. – Contra los que impugnan los votos
CAPÍTULO CXXXIX.– Ni los méritos ni los pecados son iguales
CAPÍTULO CXL.– Los actos del hombre son castigados o premiados por Dios
CAPÍTULO CXLI. – Sobre la diferencia y orden de las penas
CAPÍTULO CXLII. – No todos los premios ni todas las penas son iguales
CAPÍTULO CXLIII. – Sobre la pena debida al pecado mortal y venial con relación al último fin
CAPÍTULO CXLIV. – Por el pecado mortal es uno privado eternamente del último fin
CAPÍTULO CXLV. – Los pecados se castigan también con la sensación de algo nocivo
CAPÍTULO CXLVI. – Es lícito a los jueces imponer penas
CAPÍTULO CXLVII. – El hombre necesita el auxilio divino para conseguir la bienaventuranza
CAPÍTULO CXLVIII. – El auxilio de la gracia divina no fuerza al hombre a la virtud
CAPÍTULO CXLIX. – El hombre no puede merecer el auxilio divino
CAPÍTULO CL.– Este auxilio divino se llama gracia. Y qué es la gracia santificante
CAPÍTULO CLI. – La gracia santificante causa en nosotros el amor
CAPÍTULO CLII. – La gracia divina causa en nosotros la fe
CAPÍTULO CLIII. – La gracia divina causa en nosotros la esperanza
CAPÍTULO CLIV. – Los dones de la gracia gratis dada. En el cual se trata también de las adivinaciones de los demonios
CAPÍTULO CLV. – El hombre necesita del auxilio de la gracia para perseverar en el bien
CAPÍTULO CLVI.– Quien pierde la gracia por el pecado puede ser reparado por la gracia
CAPÍTULO CLVII. – EL hombre no puede librarse del pecado sino mediante la gracia
CAPÍTULO CLVIII. – Cómo el hombre se libra del pecado
CAPÍTULO CLIX. – Razonablemente se le imputa al hombre el no convertirse a Dios, aunque esto no pueda ocurrir sin la gracia.
CAPÍTULO CLX. – El hombre que está en pecado no puede evitar sin la gracia el pecado
CAPÍTULO CLXI. – Dios libra a algunos del pecado y a otros los abandona en él
CAPÍTULO CLXII. – Dios no es para nadie causa de pecado
CAPÍTULO CLXIII.– De la predestinación, reprobación y elección divinas.

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1 Comment

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  1. estimados señores. muchas gracias por su trabajo. es un gran aporte para la investigación. los saluda con afecto catalina velarde.

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