Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

LIBRO IV – Misterios divinos y postrimerías

LIBRO IV – MISTERIOS DIVINOS Y POSTRIMERÍAS

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I. – Proemio
CAPÍTULO II. – Qué es la generación, la paternidad y la filiación en Dios
CAPÍTULO III. – El Hijo de Dios es Dios
CAPÍTULO IV. – Qué opinó Fotino sobre el Hijo de Dios, y su refutación
CAPÍTULO V. – Opinión de Sabelio sobre el Hijo de Dios, y su refutación
CAPÍTULO VI. – Opinión de Arrio acerca del Hijo de Dios
CAPÍTULO VII. – Refutación de la opinión de Arrio sobre el Hijo de Dios
CAPÍTULO VIII. – Solución a las autoridades que invocaba Arrio en su favor
CAPÍTULO IX. – Solución a las autoridades invocadas por Fotino y Sabelio
CAPÍTULO X. – Razones contra la generación y procesión divinas
CAPÍTULO XI. – Cómo ha de entenderse la generación en Dios, y lo que se dice en las Escrituras sobre el Hijo de Dios
CAPÍTULO XII. – En qué sentido se llama Sabiduría al Hijo de Dios
CAPÍTULO XIII. – No hay más que un Hijo en la divinidad
CAPÍTULO XIV.– Solución de las razones invocadas antes contra la generación divina
CAPÍTULO XV.– Existencia del Espíritu Santo en la Divinidad
CAPÍTULO XVI. – Razones por las que algunos creyeron que el Espíritu Santo era una criatura
CAPÍTULO XVII. – El Espíritu Santo es verdadero Dios
CAPÍTULO XVIII. – El Espíritu Santo es una persona subsistente
CAPÍTULO XIX. – Cómo hay que entender lo que se dice del Espíritu Santo
CAPÍTULO XX. – Efectos atribuidos en las Escrituras al Espíritu Santo con relación a toda criatura
CAPÍTULO XXI. – Efectos atribuidos al Espíritu Santo en la Sagrada Escritura en orden al hombre y referentes a cuanto nos da Dios liberalmente
CAPÍTULO XXII. – Efectos atribuidos al Espíritu Santo en cuanto que mueve la criatura hacia Dios
CAPÍTULO XXIII. – Solución de las razones aducidas antes contra la divinidad del Espíritu Santo
CAPÍTULO XXIV – El Espíritu Santo procede del Hijo
CAPÍTULO XXV.– Argumentos de los que intentan demostrar que el Espíritu Santo no procede del Hijo, y solución de los mismos
CAPÍTULO XXVI. – En Dios no hay más que tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo
CAPÍTULO XXVII. – Sobre la encarnación del Verbo, según la tradición de la Sagrada Escritura
CAPÍTULO XXVIII. – Del error de Fotino acerca de la encarnación.
CAPÍTULO XXIX. – Del error de los maniqueos acerca de la encarnación
CAPÍTULO XXX. – Del error de Valentín acerca de la encarnación
CAPÍTULO XXXI. – Del error de Apolinar acerca del cuerpo de Cristo.
CAPÍTULO XXXII. – Del error de Arrio y de Apolinar acerca del alma de Cristo
CAPÍTULO XXXIII. – Del error de Apolinar, quien dijo que Cristo no tuvo alma racional, y del error de Orígenes, que afirmaba que el alma de Cristo fué creada antes del mundo
CAPÍTULO XXXIV. – Del error de Teodoro de Mopsuestia y de Nestorio acerca de la unión del Verbo con el hombre
CAPÍTULO XXXV. – Contra el error de Eutiques
CAPÍTULO XXXVI. – Del error de Macario de Antioquía, que puso en Cristo una sola voluntad
CAPÍTULO XXXVII. – Contra los que dijeron que el alma y el cuerpo no constituyen un todo único en Cristo
CAPÍTULO XXXVIII. – Contra los que defienden dos supuestos o dos hipóstasis en la persona única de Cristo
CAPÍTULO XXXIX. – El sentir de la fe católica sobre la encarnación de Cristo
CAPÍTULO XL. – Objeciones contra la fe de la encarnación
CAPÍTULO XLI. – Cómo se ha de entender la encarnación del Hijo de Dios
CAPÍTULO XLII. – La asunción de la naturaleza humana convenía primordialmente al Verbo de Dios
CAPÍTULO XLIII. – La naturaleza humana asumida por el Verbo no existió antes de la asunción, sino que fué asumida en la concepción misma
CAPÍTULO XLIV. – La naturaleza humana asumida por el Verbo fué perfecta en la concepción misma, tanto en cuanto al alma como en cuanto al cuerpo
CAPÍTULO XLV. – Convino que Cristo naciera de virgen
CAPÍTULO XLVI. – Cristo nació del Espíritu Santo
CAPÍTULO XLVII. – Cristo no fué Hijo del Espíritu Santo según la carne
CAPÍTULO XLVIII. – No se debe decir que Cristo sea criatura
CAPÍTULO XLIX. – Solución de las razones expuestas anteriormente contra la encarnación
CAPÍTULO L.– El pecado original se transmite por nuestro primer padre a la posteridad
CAPÍTULO LI. – Objeciones contra el pecado original
CAPÍTULO LII. – Solución a las objeciones expuestas
CAPÍTULO LIII. – Razones con que parece probarse que no fué conveniente que Dios se encarnara
CAPÍTULO LIV. – Fué conveniente que Dios se encarnase
CAPÍTULO LV.– Solución de las razones expuestas antes contra la conveniencia de la encarnación
CAPÍTULO LVI. – De la necesidad de los sacramentos
CAPÍTULO LVII. – De la distinción de los sacramentos de la antigua y nueva Ley
CAPÍTULO LVIII.– Del número de los sacramentos de la nueva Ley
CAPÍTULO LIX. – Del bautismo
CAPÍTULO LX.– De la confirmación
CAPÍTULO LXI. – La eucaristía
CAPÍTULO LXII. – Del error de los infieles acerca del sacramento de la eucaristía
CAPÍTULO LXIII. – Solución de las dificultades anteriores, y en primer lugar las referentes a la conversión del pan en el cuerpo de Cristo
CAPÍTULO LXIV. – Solución a lo que se objetaba por parte del lugar
CAPÍTULO LXV. – Solución a lo que se objetaba por parte de los accidentes
CAPÍTULO LXVI. – Solución a lo que se objetaba por parte de la acción y de la pasión
CAPÍTULO LXVII. – Solución a lo que se objetaba por parte de la fracción
CAPÍTULO LXVIII.– Solución de la autoridad alegada
CAPÍTULO LXIX. – De qué pan y vino haya de hacerse este sacramento
CAPÍTULO LXX. – Del sacramento de la penitencia, y en primer lugar la cuestión de que los hombres, después de recibir la gracia sacramental, pueden pecar
CAPÍTULO LXXI.– El hombre que peca después de recibir la gracia sacramental, puede convertirse mediante la gracia
CAPÍTULO LXXII. – De la necesidad de la penitencia y de sus partes
CAPÍTULO LXXIII. – Del sacramento de la extremaunción
CAPÍTULO LXXIV.– Del sacramento del orden
CAPÍTULO LXXV.– De la distinción de las órdenes
CAPÍTULO LXXVI.– De la potestad episcopal y del jefe único que ha de tener
CAPÍTULO LXXVII.– Los sacramentos pueden ser dispensados por ministros malos
CAPÍTULO LXXVIII. – Del sacramento del matrimonio
CAPÍTULO LXXIX. – La resurrección de los cuerpos será realizada por Cristo
CAPÍTULO LXXX. – Objeciones contra la resurrección
CAPÍTULO LXXXI. – Solución a las objeciones anteriores
CAPÍTULO LXXXII. – Los hombres resucitarán inmortales
CAPÍTULO LXXXIII. – En los resucitados no tendrán lugar el comer ni el goce sexual
CAPÍTULO LXXXIV. – Los cuerpos de los resucitados serán todos de la misma naturaleza
CAPÍTULO LXXXV. – Los cuerpos de los resucitados tendrán otra disposición que la actual
CAPÍTULO LXXXVI. – De la cualidad de los cuerpos glorificados
CAPÍTULO LXXXVII. – Del lugar de los cuerpos glorificados
CAPÍTULO LXXXVIII.– Del sexo y edad de los resucitados
CAPÍTULO LXXXIX. – De la cualidad de los cuerpos de los condenados al resucitar
CAPÍTULO XC. – Cómo padecerán las substancias incorpóreas a causa del fuego corpóreo
CAPÍTULO XCI. – Las almas consiguen el castigo o premio inmediatamente después de su separación del cuerpo
CAPÍTULO XCII. – Las almas de los santos, después de la muerte, tienen la voluntad inmutable en el bien
CAPÍTULO XCIII. – Las almas de los malos, después de la muerte, tienen la voluntad inmutable en el mal
CAPÍTULO XCIV. – De la inmutabilidad de la voluntad en las almas detenidas en el purgatorio
CAPÍTULO XCV.– De la inmutabilidad de la voluntad en todas las almas después de la separación del cuerpo en general
CAPÍTULO XCVI. – Del juicio final
CAPÍTULO XCVII. – Del estado del mundo después del juicio

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