Santo Tomás de Aquino

«...fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinatur...»

Santo Tomás y la Ciencia Teológica-Filosófica en Oriente, Card. Josyf Slipyj

S. Tomás y la Ciencia Teológica-Filosófica en Oriente[1]

Slipyj-santo tomás[Quienes tengan dificultades para visualizar las fuentes griegas, puede descargar el pdf: Santo Tomás y la Ciencia Teológica – Filosófica en Oriente]

Mientras una gran crisis atormenta hoy al pensamiento teológico de Occidente, embistiendo de modo particular a la Escolástica y a Santo Tomás, nos ha parecido oportuno traer a consideración el filón teológico de Oriente para poder conocer qué piensan los Orientales respecto a la Escolástica y a Santo Tomás, y, por otra parte, traer a consideración al mismo Santo Tomás, para conocer qué pensaba de los Orientales[2]. De allí el tema de nuestra conferencia.

I

El Movimiento Ecuménico, que se inició con el Papa Juan XXIII y con el Concilio Ecuménico Vaticano II, ha abierto una gran puerta al coloquio y al acercamiento, y, en fin, a la unión de los no católicos con la Iglesia universal-católica. En el pasado ya varias veces se han tenido tales diálogos y discusiones, especialmente entre católicos y ortodoxos, por lo cual el Movimiento Ecuménico hoy puede muy bien remitirse a éstos, retomarlos y desarrollarlos. Aquellos diálogos y discusiones no eran, como incluso hoy no son y no pueden serlo, simples coloquios de amigos, sino serias tratativas fundamentadas en la argumentación filosófica y teológica, dado que los disensos entre los católicos y los no católicos se fundamentan principalmente sobre una base filosófica y teológica. En sus discusiones los interlocutores han alcanzado algunos resultados que pueden constituir el terminus a quo para ulteriores tratativas. Y cuando hablamos de los resultados nosotros pensamos de modo particular en los católicos y en los ortodoxos, occidentales y orientales, jerarcas y doctores.

Después de la deplorable ruptura del 1054, han sido retomados los largos debates que tuvieron lugar también en los Concilios ecuménicos de Lión y Florencia. Y aquí entra precisamente el gran y fundamental trabajo preparatorio realizado por S. Tomás, el cual tiene un particular mérito al respecto. En primer lugar, con su clara exposición de la doctrina cristiana y luego precisando las cuestiones controvertidas entre las dos Iglesias. La respectiva materia ha sido tratada en los Comentarios, en las Sumas, en las Cuestiones disputadas. Por un lado S. Tomás expone de modo positivo la doctrina cristiana y por otro las cuestiones controvertidas en todo el Occidente e informa al Oriente sobre los argumentos y la verdadera doctrina en la Iglesia universal, a fin de que hubiese una recíproca comprensión entre Occidente y Oriente.

Ya anteriormente, en los tiempos de San Juan Damasceno (650-750) y del patriarca Focio, se notaba un contraste entre Occidente y Oriente a causa de la ignorancia de las lenguas y una escisión cultural, económica y política. A partir del siglo XI en adelante se añadió también la escisión eclesiástica, viniendo a menos de este modo el intercambio de puntos de vista y de opiniones teológicas. De este hecho nació en los Ortodoxos orientales una aversión hacia la filosofía y la teología escolástica, que finalmente se ha extendido a todo el Occidente. Pero esto es verdadero sólo en parte. Por ejemplo, el teólogo griego Tantalides[3] declara que no se pueden abandonar a los padres griegos y unirse a los escolásticos. El teólogo ruso B. Bielajeff[4] llama la escolástica «ciencia sin vida y formalista» («безжизненное и слишкомъ формальное богословіе»). Otro teólogo ruso habla de la escolástica como de una ciencia fútil, vana, casuística, hiperdialéctica, etc. Quien se interese en la cuestión, debería consultar el libro de Aurelio Palmeri[5], dónde son citados Malinovskyj, Sylvester y otros. Allí vienen nombrados muchos autores griegos y rusos, que hablan con indignación de la escolástica. Pero es necesario decir que estos autores han examinado la escolástica en los períodos de su decadencia. Los otros, en cambio, ven en la escolástica la continuación de la filosofía y teología patrística. En efecto, para la escolástica es fundamental la filosofía aristotélica y la teología de los Padres griegos y de San Agustín. Es increíble como Santo Tomás, comentador del griego Aristóteles, versado en la Patrología griega, con su calma y objetividad, con su carácter estable e inflexible, y con su santidad –sanctissimus inter doctores et doctissimus inter sanctos– no haya podido quebrantar este muro divisorio y penetrar en las mentes y en los corazones de los Orientales, y abrir los ojos también a los Occidentales. Ciertamente la escolástica se ha desarrollado a partir de la doctrina de los Padres griegos, y Santo Tomás –el más excelente filósofo y teólogo escolástico– ha tomado como fundamento a los Padres griegos, ha expuesto su pensamiento y ha preparado de este modo el desarrollo posterior de la teología griega y la misma misión de las Iglesias.

II

Una mirada a la antigua historia de la filosofía y a teología cristiana nos permitirá comprender mejor su situación en los tiempos de Santo Tomás. Recordando el concepto de la filosofía y teología escolástica, tenemos que decir que ésta muestra las tendencias, nutre las aspiraciones y hace todos los esfuerzos posibles para exponer las verdades reveladas por Dios con una precisión lógica, organizándolas en un sistema con la ayuda de la filosofía aristotélica, o como dicen, de la sana razón. Para lograr una exposición lo más clara posible, se agregan las soluciones de las varias dificultades y objeciones. De las verdades conocidas se pasa a las verdades desconocidas, via deductionis et inductionis. Y puesto que este método ha sido seguido en las escuelas, toda la doctrina ha sido llamada escolástica. Sus principales representantes son: S. Anselmo, S. Alberto Magno, S. Buenaventura, S. Tomás y Escoto. Ellos han desarrollado con grande profundidad y precisión lo que hasta entonces la doctrina cristiana no había alcanzado.

Al mismo tiempo es necesario aclarar que este trabajo en gran parte ya había sido realizado por los Padres griegos y, por lo tanto, perfeccionado por los escolásticos. Incluso en la misma Sagrada Escritura se refiere que los Apóstoles incitaron a los cristianos a estudiar cuidadosamente la doctrina revelada, que la fe simple es como la leche para los niños y las cosas que [se presentan] en forma más profunda como el alimento sólido. Es necesario dar respuesta y razón de la fe a los objetores infieles[6]. Los frutos de esta incitación los notamos en la Escuela Alejandrina. S. Clemente en sus Stromata[7] busca la relación entre la Revelación y la razón: la fe es un conocimiento conciso. Según Orígenes en el peri. avrcw/n[8] es necesario investigar con la razón los escritos de los Apóstoles porque ellos han expuesto solamente la doctrina de Cristo, y en cambio es necesario profundizar su conocimiento –«ut ingenii sui fructum ostenderent»– [«para que muestren el fruto de su ingenio»]. Los Apóstoles han revelado el hecho, pero los amadores de la sabiduría tienen que buscar las razones. S. Basilio dice que la dialéctica es para las dogmas un muro: `H ga.r th/j dialektikh/j| du,namij tei/coj evsti toi/j do,gmasin [«en efecto, la fuerza de la dialéctica es un muro para los dogmas»][9]. S. Gregorio de Nacianzo, S. Gregorio de Nisa, S. Cirilo de Alejandría fueron genios especulativos. S. Juan Damasceno en el phgh. gnw,sewj [Fuente del conocimiento] ha dado un compendio de la filosofía y teología cristiana, convirtiéndose de este modo en precursor de la escolástica[10].

Mientras la escuela Alejandrina seguía a Platón con sus ideas, la escuela Antioquena (Diodoro de Tarso, Teodoro de Mopsuestia) se remitía a la filosofía de Aristóteles. Los Nestorianos y los Monofisitas adoraban a este último y lo llamaban el 13° Apóstol[11]. Con Leoncio Bizantino († 543) Aristóteles ya comienza a ser un filósofo reconocido y a hacer de fundamento para la teología patrística. S. Juan Damasceno († 750) en una parte (Fides orthodoxa) de su phgh. gnw,sewj (Fons cognitionis) es predominantemente aristotélico. Justiniano escribió un panfleto sobre Orígenes polemista y de aquel momento ha habido un vuelta hacia Aristóteles, cosa que ha hecho, como ya ha sido dicho, Leoncio Bizantino.

III

También la teología patrística occidental era platónica. S. Agustín era platónico y se remitía a Plotino. En el conocimiento de la razón defendía la teoría de las rationes seminales, ideas naturales infundidas en el conocimiento incoativo. Las opiniones de San Agustín fueron enseñadas y propagadas por Escoto Eriúgena (877) en la Escuela de los Carolingios. Agustín reinaba en las escuelas, y así hasta el siglo XIII en la universidad de París. El más grande platónico representante del agustinismo era S. Buenaventura.

Sin embargo, al mismo tiempo las obras patrísticas griegas, como se ha dicho, comenzaban a ser conocidas en Occidente. Juan Burgundio de Pisa († 1194) tradujo al Pseudo-Dionisio Areopagita, Máximo el Confesor, Gregorio Niseno, Juan Crisóstomo y Juan Damasceno. La Escuela Victoriana estudiaba las obras griegas. Santo Tomás se percató que Aristóteles en la traducción averroísta no era genuino y auténtico. Él no conocía la lengua griega, pero en Viterbo estaba junto con Guillermo de Moerbeke, el cual había traducido la Metafísica de Aristóteles. Santo Tomás escribió sobre ésta profundos comentarios. Las opiniones de Agustín, las ideas (rationes seminales) de Plotino, el alma superior (panteística) común a todos los hombres, la afirmación de la existencia separada de las ideas eran rechazadas. Así se arriba al segundo período de residencia de S. Tomás en París (1269-1271).

Nótese atentamente que la Revelación y la fe no se pueden identificar con ninguna cultura: VEkklhsi,aj ouvde.n i;son[12], eslogan de San Juan Crisóstomo. Pero en cambio la Revelación Divina y la fe pueden perfeccionar cada cultura: egipcia, griega, romana, germánica, china, japonesa, india, etc. No es verdad que la fe se ha convertido en un factor mundano cuando se acercó y apropió de la cultura romana. La fe actúa en cada nación según sus propiedades nacionales y culturales: Euntes docete omnes gentesId, enseñad a todas las naciones»]. Cada estilo de arte representa de alguna manera la Revelación, pero imperfectamente porque el modo humano, imperfecto y finito, no representa adecuadamente el ente divino, y de allí el estilo egipcio, siro, griego, romano, indio, gótico, bizantino.

De modo semejante ningún sistema filosófico y teológico puede comprender perfectamente y expresar la Divina Revelación. Los Molinistas con sus tesis sobre la predestinación «post previsa merita» tienen que reconocer la predestinación de la Bienaventurada Virgen «ante previsa merita». S. Agustín ha modificado y puesto las ideas platónicas en la esencia divina, en donde, en la existencia más perfecta, no hay más una idea general platónica sino la de cada cosa singular. Platón ha llegado a un Ente supremo, del cual todo proviene. De Aristóteles se introduce «substantia» e «transubstantiatio» en la Eucaristía. Por tanto no se puede decir que el sistema filosófico es inútil para la teología. Transubstantiatio es dogma definido.

El pecado original y la Redención se explican mejor y más fácilmente en el sistema platónico, porque la humanidad es una familia estrecha, unida en sí misma, y uno no puede separarse del otro. En el sistema aristotélico todos son individuos separados. Y es necesario subrayar la generación de Adán: porque persona es alguna cosa jurídica, independiente. Hay también un peligro en la idea platónica, porque sobre ésta se fundamenta la responsabilidad acumulativa. Por un revolucionario del pueblo era destruido todo el pueblo. Si era acusado un miembro de la familia, sufría toda la familia. Según Platón-Plotino existen las ideas generales del hombre, del caballo, de la planta –y todos los hombres son tipo-imágenes de esta idea general, eterna. Pero tales ideas son irreales –la creación de la mente– y es por esto que S. Agustín dice que cada cosa tiene su idea en la esencia Divina y estas ideas son eternas. Dios conoce todo con estas ideas.

Por tanto S. Tomás no ha eliminado totalmente a Platón. Otro ejemplo es la Epíclesis. En la Liturgia de S. Juan Crisóstomo, después de la consagración, se pide que el Espíritu Santo «descendat et transmutet dona haec in corpus et sanguinem Christi» [«descienda y transforme estos dones en el cuerpo y la sangre de Cristo»][13], –generaliter dictum [«dicho de modo general»]. En la Liturgia de S. Basilio incluso es más difícil. Después de las palabras de consagración el sacerdote continúa: «… y ofrecerte bajo los símbolos el Santo Cuerpo y la Sangre de Tu Cristo. Baje sobre nosotros y sobre estos dones que te ofrecemos…»[14]. En el sistema platónico se explica mejor que en el aristotélico. Tipo es símbolo, signo; antitipo es original. En alemán: Zeichen no está bien, mejor es «Gezeichnete». Así también en los íconos se ha representado como por la cruz crece del costado de Cristo el sarmiento de la vid, y Cristo mismo exprime la uva en el cáliz. La acción contraria a la liturgia transustanciativa, no del vino la sangre, sino la sangre bajo la especie del vino.

IV

Hacemos una pequeña digresión. En el año 1054 había ocurrido una escisión y ruptura de las Iglesias de Occidente y de Oriente. El Cardenal Humberto, hombre de grandes capacidades para su misión, procedió, como dicen los historiadores, demasiado a prisa y los dos anatemas recíprocos entonces pronunciados habían permanecido hasta nuestros días. Una equivocación que se tuvo que arreglar en estos tiempos, después de 900 años. Hubieron después algunos esfuerzos y tentativas de acercamiento, pero no alcanzaron un resultado eficaz. La ocupación y la destrucción de Constantinopla en el año 1204 ampliaron la separación y el recíproco odio entre Oriente y Occidente. Fue un desastre para toda la Iglesia. Pero en el 1261 el emperador Miguel el Paleólogo reconquistó Constantinopla y echó a los cruzados. Temiendo una nueva ocupación de Constantinopla, inició las negociaciones con el papa Urbano IV. Para conocer el estado teológico, el papa Urbano IV encargó a Santo Tomás de estudiar la cuestión en Orvieto, dónde en aquel tiempo se encontraba la corte papal. El Papa le entregó el libro De haeresibus Graecorum, quas Graeci in Latinos devolvunt de Hugo Eteriano del siglo XII, el cual vivió[15] largo tiempo en la corte del emperador Manuel III Comneno (1161-1166), conocía la lengua griega y leía los escritos de Focio en el original (primer occidental). Santo Tomás conocía suficientemente la patrística oriental, porque Escoto Eriúgena, Pisano, Moerbeke y los demás habían traducido en lengua latina las principales obras de los Padres Orientales. De este modo, al fin, podía escribir su trabajo De erroribus Graecorum[16]. Y se observa enseguida que la obra de Santo Tomás es más profunda. Ante todo puso en el título de erroribus y no de haeresibus, como había hecho Hugo Eteriano. Las divergencias provienen de una terminología no bien establecida: substantia, hypostasis, persona, prosopon, aivti,a, principium; consubstantialiter, que son [términos] vagos. Los primeros Padres y escritores eclesiásticos, antes del Concilio de Nicea, no se expresaban con exactitud y por esto surgieron malentendidos. Y de ese modo Santo Tomás ha explicado las diferencias entre Occidente y Oriente en el campo teológico.

En el libro II, Santo Tomás trata de la procesión del Espíritu Santo ab utroque[17]. Corrige el concepto de Ricardo de San Víctor de amor mutuo, pero sigue la exposición de S. Agustín. Valiéndose de la argumentación trinitaria de S. Tomás, el Card. Besarión ha propuesto la explicación de los dos conceptos de la Trinidad de los Padres griegos, de S. Agustín y de los primeros escolásticos, con un triángulo: Quomodo Patres graeci dicunt per Filium et latinos ex Patre Filioque [¿De qué modo los Padres griegos dicen «por el Hijo» y los latinos «del Padre y del Hijo»?].

La segunda cuestión concierne al Romano Pontífice[18]. Hay una Iglesia –un Pastor–, luce clarius. Los Orientales admiten la primacía, uti dicunt honoris, y por tanto recorrían a la suprema autoridad[19]. Se trata más bien del ambiente, del clima y del modo de gobernar. Los Obispos tienen también la potestad ordinaria sobre sus diócesis y en modo semejante debería ser esta potestad de los Orientales, Patriarcas y Obispos en sus autonomías. No se debería acusar solamente a los Orientales como culpables del cisma y separación. Los historiadores actuales no absuelven al Card. Humberto y no lo declaran inocente[20]. Cuando los bizantinos enviaron a Roma legados para las negociaciones, Federico II Barbarroja († 1250) los tuvo encerrados en prisión durante tres años, porque entonces estaba en lucha con el papa Inocencio III. ¿De quién es la culpa?[21].

Una vez fuera de la prisión, pude constatar que han sucedido algunos acontecimientos nuevos y originales. Entre éstos la concordia de los franceses con los alemanes. Como estudiante he vivido entre ellos y me acuerdo del odio recíproco que se tenían –Les bosches y Wacht am Rein. El pensamiento y los esfuerzos para poner término a estas luchas seculares eran plausibles. Habiendo encontrado al diplomático artífice de esta concordia, le he felicitado de corazón por este acto histórico y heroico.

Lo mismo puede ocurrir entre las Iglesias de Occidente y Oriente. Es necesario sin embargo elevarse por encima de las animosidades y preparar el clima de la Unión, porque la unidad de la Iglesia es un bien común, hoy más que nunca sentido, también para poder enfrentar juntos el propagado ateísmo. Con gran gratitud es necesario subrayar el mérito de un grupo de monjes del monasterio de las cercanías de Constantinopla (Isidoro, Besarión, Doroteo), que preparaban la Unión de Florencia en medio del odio vigente hacia los latinos.

El Card. A. Dell’Acqua en su artículo «La Chiesa Cattolica e i fratelli separati», entre otras escribe: «A nosotros [corresponde] insistir, en cada ocasión, para hacer comprender (a Occidentales y a Orientales –n.d.r.) como no sea admisible una verdadera unidad de fe sin el obsequio unánime de todos a una autoridad que enseñe y defina lo que se debe creer: y al mismo tiempo hacer notar como no existe en la Iglesia de Roma la voluntad de dominar, mortificar y humillar. Y respecto a esto jamás se insistirá suficientemente en notar delicadamente cómo, ocurrida la dolorosa separación, las Iglesias arrancadas del centro de unidad han acabado por someterse a los poderes políticos, a las varias formas de regímenes estatales, a las mudables y contrastantes exigencias de las varias naciones: iglesias de Estado, iglesias nacionales: no, en cambio, Iglesia de Cristo, porque ésta, por su naturaleza, es supranacional, por consiguiente, no atada a ningún Estado o algún régimen…». El Papa Juan en la primera audiencia que me concedió me dijo inmediatamente: «¿Cómo se puede desear la unión sin hablar con los Ortodoxos?»[22]. Y gran mérito tiene el Secretariado para la Unión de los Cristianos para el acercamiento de los hermanos separados[23]. Es necesario estar muy atentos a no rechazar a los separados sino más bien a atraerlos con la bondad. El Siervo de Dios metropolita Andrés Szeptyckyj rezaba cada día y le pedía a Dios la gracia de no hacer alguna cosa desagradable a los Ortodoxos. Solía repetir a menudo: «Si no se atraen a los Ortodoxos, intentemos al menos de no rechazarlos y de no darles amarguras». Y por esto Él era muy estimado por los Ortodoxos.

Santo Tomás también habla de los ácimos, una larga y estéril pelea, mientras que hoy se comulga tanto en el rito oriental como en el latino bajo las dos especies y también se va a los Orientales a comulgar con el pan fermentado.

El Purgatorio[24]. También aquí no hay mucho disenso, porque los Ortodoxos rezan más que los católicos por los difuntos. Pero de esto no se tiene una explicación dogmática, como ellos mismos reconocen.

V

Ya se dijo que S. Tomás, por una parte propuso la doctrina teológica y filosófica correcta, teniendo en cuenta los Padres griegos y el Aristóteles auténtico, –y así acercó el Occidente al Oriente– mientras por otra parte mostró a los Orientales la doctrina del Occidente. Mientras tanto eran traducidas al griego las obras de S. Agustín, de S. Anselmo y de otros. Las de S. Tomás eran dadas a conocer en griego por Guillermo Bernardi de Gallac († 1298), su contemporáneo. El nombre de S. Tomás aún más fue conocido en el Concilio de Lión, a donde tenía que llegar en calidad de experto en teología, y allí encontró adversarios y partidarios. Entre los primeros estaban Mateo Angelos Panaretos (1355-1369) y Nilo Cabasilas († 1361), que escribieron contra él y el patriarca Bekkos, grandes polemistas y adversarios de los latinos.

Favorable a Santo Tomás era en cambio Máximo Planudes († 1310), que tradujo el «De Trinitate» de S. Agustín y se pasó luego a los adversarios de la Unión. Incluso mucho más favorable era Demetrio Kydones (1324-1398), diplomático y teólogo. No obstante haber sido discípulo de Nilo Kabasilas, exhortaba a todos a unirse juntamente contra los Turcos. Se unió a la Iglesia católica, defendió a S. Tomás contra Nilo Kabasilas, que se mofaba del Aquinate como de un mocosuelo infame[25]. Vivió en la corte del basileus Juan VI Cantacuzeno (1341-1355). También Jorge Eskolarios (1453-1468), luego patriarca Gennadio, teólogo erudito, al principio era favorable a la unión, pero luego se convirtió en adversario. Pero estimaba mucho a S. Tomás y así se expresaba: «¡Tomás, si tú hubieras nacido no en Occidente sino en Oriente y hubieses escrito tan estupendamente sobre el Espíritu Santo como sobre otras temas! Era un sabio, ¡qué lastima que fuera latino!»[26]. Entre los amigos y partidarios de la Unión y la teología occidental es necesario también contar a Juan Kyparissiotes, quién ha escrito la dogmática con método escolástico. También Emmanuel Calecas († 1410), que se hizo dominico, escribió sus obras en griego, pero en modo escolástico. El Card. Besarión, eximio teólogo y conocedor de la teología occidental, llama a S. Tomás «hombre sabio y santo»[27]. Y así crecía el grupo de los Latinofrones.

VI

En 1453 Constantinopla fue ocupada por los Turcos. Las escuelas y la ciencia fueron destruidas. Entonces el centro de la ciencia filosófica y teológica para los Orientales se trasladó a Kiev, dónde los católicos y los ortodoxos cultivaban el método escolástico. El Metropolita católico ruteno José Rutskyj introdujo en el Seminario la Fe Ortodoxa de Juan Damasceno y la Suma de S. Tomás. El Metropolita ortodoxo Pedro Mohyla en su Academia de Kiev seguía totalmente el método escolástico; en ella estudiaban además de ucranianos, también rusos, griegos, rumenos, búlgaros y yugoslavos. La autoridad de S. Tomás era predominante sobre todos los teólogos. Después de dos años de estudios de filosofía seguían cuatro años de teología. Muchos ucranianos estudiaban en Vilnius, Cracovia, Praga, París y Würzburg. Los títulos de las obras de los profesores testimonian la doctrina contenida en las obras. El Prof. Popowskyj: Universa philosophia commentariis scholasticis illustrata, doctrinam peripatheticam complectens… (1699), [Filosofía universal ilustrada con comentarios escolásticos, que incluye la doctrina peripatética, publicada en 1699]. El Prof. Volcanskyj: Philosophia universa doc­trinam peripatheticam ad mentem principis philosophorum Aristotelis Stagyrithae complectens, commentationibus scholasticis illustrata atque in Alma Kioviensi Academia orthodoxa Mohyliana… extradita (1716-1718) [Filosofía universal que incluye la doctrina peripatética según la mente de Aristóteles el Estagirita, príncipe de los filósofos, ilustrada con comentarios escolásticos y editada por el noble auditor Roxolano en la venerable Academia ortodoxa Mohyliana de Kiev, en los años 1716-1718].

El Prof. Popowskyj: Tractatus in primam partem Summae theologiae doctoris angelici divi Thomae de Deo… Sequendo Thomam agemus de Deo uno… Ita Thomas, Scotus, Albertus Magnus, Avicenna, Arriaga et fere omnes philosophi — cum quibus sit conclusio nostra, etc. [Tratado sobre Dios en base a la prima parte de la Suma teológica del divino Tomás, doctor angélico… Siguiendo a Tomás trataremos acerca del Dios únicoAsí Tomás, Escoto, Alberto Magno, Avicena, Arriaga y casi todos los filósofos, con los cuales concuerda nuestra conclusión»][28].

Dos puntos –la procesión del Espíritu Santo y el primado– no eran admitidos por los Ortodoxos ucranianos. Muchos profesores de Moscú provenían de Kiev como Slavanceskyj, Lopatynskyj y otros, y también allí enseñaban la misma doctrina. Pero los rusos, no contentos de este latinismo llamaron a enseñar a los hermanos griegos Lejuda, que introdujeron la doctrina griega ortodoxa, hostil a la Unión de las Iglesias, y de ese la teología escolástica fue prohibida.

La Iglesia ortodoxa ucraniana entre todos los Ortodoxos era la más cercana a la Unión, y se puede tomar también hoy como fundamento para la conciliación la base Mohyliana. Desafortunadamente los estudios desde 1939 (Rackl, Hahn, Thumb) no han hecho ningún progreso y muchos manuscritos descansan bajo el polvo de los siglos.

VII

En conclusión, se puede afirmar tranquilamente que las obras de S. Tomás han contribuido mucho al acercamiento de las dos Iglesias en Oriente y Occidente. Su argumentación puede ser tomada como fundamento sólido en las discusiones y polémicas, en todas las cuestiones controvertidas entre las Iglesias de Occidente y Oriente, porque se apoya sobre una base firme.

Con esto no queremos afirmar que S. Tomás haya agotado la teología. Dicen que siempre puede venir un teólogo más grande que él, pero hasta ahora ha venido todavía. Sin embargo el progreso de la teología es necesario y las sucesivas investigaciones ulteriormente tienen que continuar y perfeccionarse. No obstante esto Santo Tomás, juntamente a Platón, Aristóteles y San Agustín, constituye un genio de la humanidad y como tal ha pasado a la historia.


[1] Artículo publicado en la revista «Angelicum» 46 (1969), fasc. 1-2. Dirección y Administración: Roma – Largo Angelicum, [1].

[2] Cf. Opera Omnia Josephi Slipyj (Roma 1968); Candal Emmanuel S.J., Nilus Cabasilas et theologia S. Thomae (Città del Vaticano 1945); Beck Hans Georg, Kirche und theologische Literatur in byzantinischen Recht (München 1959); Denissoff E., L’Eglise russe devant le thomisme (Paris 1936); Staffa Dino, «Il Tomismo è vivo», in Angelicum, XLIII (1966) 57-61.

[3] Papistikoi.  ;Elegcoi, vol. II (Constantinopoli 1850) 281.

[4] О соединеніи ңерквей [Para la unión de las Iglesias] 183.

[5] Theologia Orthodoxa (Florentiae 1911) 189 ss.

[6] 1 Cor 3,1.3.15; Tit 1,9; 1 Pe 3,15.

[7] PG 9, 481.

[8] PG 11, 116 ss.

[9] PG 30, 269 c.

[10] PG 94, 1141. Cf. R. Arnou S.J., De Platonismo Patrum, Pont. Univ. Gregoriana «Textus et documenta» (Romae 1935) 269 c

[11] Ivi.

[12]  PG 52, 397.

[13] Cf. La divina liturgia del Nostro Padre S. Giovanni Crisostomo, Ed. De Meester, (Roma 1925) 74-75.

[14] Pro,sqentej ta. avnti,tupa tou/ a`gi,ou Sw,matoj kai. Ai[matoj tou/ Cristou/… [«Ofreciendo los antitipos = “originales” del santo Cuerpo y Sangre de Cristo…»]. Cf. Liturgia di S. Basilio il Grande (Roma 1874) 117.

[15] PG202.

[16] S. Thomae de Aquino, Opera Omnia, t. XL, pars A., Contra errores Graecorum (Romae 1967). Algunos textos de los Padres griegos no son auténticos. Cf. J. N. Karmiris, Qwma/ tou// VAkina,tou Sou/ma Qeologikh. evxellhnisqei/sa, Tomás de Aquino, Suma Teológica traducida al griego (Athen 1935), e I. Baches, Byzantinisch-neugriechische Jahrbücher, herausgeb. von Prof. Dr. N. A. Bees (Be,hj) (Athen 1937).

[17] 1-20 c.

[18] C. 21-27.

[19] S. Atanasio, Ignacio, S. Teodoro Estudita y otros.

[20] Algunos ejemplos. Una vez he hablado con un Obispo latino sobre los Ortodoxos, que él acusaba fuertemente como cismáticos. Entonces le pregunté si sabía qué dicen los Ortodoxos acerca de los Occidentales, injustamente o con razón. Me contestó que se lamentan de su soberbia. Por tanto es necesario reflectere et fructum carpere [reflexionar y sacar fruto].

[21] Recuerdo que durante mi reclusión un ortodoxo, buen hombre, que tenía intenciones de prepararse también al sacerdocio y me pedía la ordenación, cuando un católico acusó a los Ortodoxos de ser culpables del cisma, saltó de su lecho y enfadado gritó: «¡También vosotros sois culpables de la separación!». Unde ei hoc?

[22] L’Osservatore Romano (ed. ital., 5 Aprile 1968) 5.

[23] Cuentan que uno de sus colaboradores visitó una aldea griega. El párroco griego lo condujo a una reunión de feligreses, los cuales le preguntaron quién era. El párroco respondió que era uno de los coadjutores del Papa. «¡Ah, el Papa!, era el jefe de aquéllos que destruyeron Constantinopla». Han pasado 765 años y tal ha permanecido todavía la mentalidad. Se cuenta que una vez un católico tuvo una discusión con un ortodoxo sobre problemas teológicos. El católico afirmaba que los cismáticos no veneran a S. Pedro, jefe de los Apóstoles. No, contestó el ortodoxo: Cada año tenemos la gran fiesta en honor de S. Pedro y S. Pablo. Aún más, tienes que saber que S. Pedro, una vez liberado por el ángel de la prisión herodiano-romana, se salvó en Antioquía, viajó por todo el Oriente, Asia Menor y Grecia, predicó libremente y nadie lo tocó, escribió una carta pastoral desde Babilonia-Roma a los Orientales, pero cuando vino a Occidente lo mataron. ¡He aquí el resultado de la discusión!

[24] C. 29.

[25] a;timon kai. pai/dai — Kanw.n eivj a[gion Qwma/n to.n VAgci,non (Cod. Vat. gr. 1103, fol. 1).

[26] Ei;qe( Qwma/( mh. h=sqa gegonw.j evn th/| du,sei avllV evn th/| avnatolh/|( i[na h=sqa ovrqo,doxoj kai. i[na evfro,neij kai. peri. th/j evkporeu,sewj tou/ a`gi,ou pneu,matoj ovrqw/j( w`j peri. kai. tw/n a;llwn kalw/j le,geijÅÅÅ Ou-toj sofo.j plh.n tou/ ei=nai Lati/noj (Cod. Vat. gr. 433). Cf. Rackl, Eine  griechische Abbreviatio der Prima secundae des hl. Thomas von Aquin, in Divus Thomas (Fr.) 9 (1922) 52.

[27] sofo.n te kai. a[gion a;ndra( th/j VAristotelikh/j scolh/j dia,docon, «varón sabio y santo, sucesor de la escuela de Aristóteles» (PG 161, 200).

[28] D. Wiszniewskij, Kiewskaja Akademia w pierwoj potowinie XVIII st. (Kiew 1903). Makaryj Bulgakov, Istorija Kiewskoj Akademin (Sanktpeterburg 1843) 39.

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